Macron entre Sarraj y Haftar

Es tanto hipocresía como mentira. Consiste en decir una cosa y hacer la contraria. En Libia las potencias imperialistas reconocen oficialmente a un gobierno mientras ayudan militarmente al otro para derrocarlo.

La gran coartada es la “lucha contra el terrorismo”, mientras la única política del imperialismo consiste en promoverlo, armarlo y financiarlo.

En Mali ocurre lo mismo que en Libia. El gobierno francés, por ejemplo, apoya al gobierno de manera retórica al tiempo que presta asistencia a las fuerzas rivales para promover una guerra civil que perpetue su presencia en el Sahel.

El gobierno libio acusa a Francia de duplicidad, pero “París ha estado jugando un doble juego en Libia durante años”, reconoce Le Monde (*).

El 17 de julio de 2016 un helicóptero que transportaba a tres suboficiales franceses se estrelló en la región de Bengasi, el bastión de Haftar y el Ministerio de Defensa francés afirmó que estaban “de servicio”. Eran agentes de la DGSE, el servicio de inteligencia exterior francés.

Era sólo la parte secreta de la trama porque, al mismo tiempo, otros soldados de las fuerzas especiales colaboraban junto a las tropas de la parte contraria: el gobierno reconocido por la ONU y la mayor parte de los países del mundo.

Es posible que en más de una ocacasión unos soldados franceses se enfrentaran con otros en un tercer país africano. El Comando de Operaciones Especiales (COS) se vio entonces obligado a desmantelar urgentemente su despliegue.

La invasión de Libia desestabilizó Mali y en 2013 París justificó la Operación Serval por su deseo de ayudar al gobierno de Mali a recuperar la totalidad de su territorio, dos tercios de los cuales habían caído bajo el control de tuaregs, grupos separatistas y yihadistas.

Dicho y hecho: en pocos meses París cantó victoria y devolvió las llaves del país al gobierno, encabezado desde el verano de 2013 por Ibrahim Boubacar Keita.

Pero era mentira; las guerras imperialistas no se acaban nunca. Tras la Operación Serval, en 2014 llegó la Operación Barjan. Había que localizar a unos rehenes franceses que estaban secuestrados por los yihadistas y en el norte de Mali, el ejército francés depende de los tuaregs.

A su vez, desde 1960 los grupos tuaregs tratan de emanciparse del control del gobierno central de Bamako. A Mali le preocupan más ellos que los yihadistas, un problema de reciente creación. Los tuaregs no aceptan la creación del Mali como Estado desde su mismo surgimiento.

En toda África, pero en Bamako en particular, saben que el imperialismo ocupa el país con el pretexto de los yihadistas y que si alguna vez ese problema se acaba, seguirá el problema de los tuaregs, pero es necesario que siga habiendo problemas.

En otras palabras: el problema de Libia, el problema de Mali y el problema de África no son los yihadistas, ni los tuaregs sino los imperialistas. No hay nada más.

A principios de abril, pocos días después de una masacre de las milicias Dogon contra civiles Pel en la ciudad de Ogossagou, miles de personas se manifestaron en Bamako contra el gobierno, pero también contra Francia. Si Mali se ha llenado de tropas extranjeras para combatir el terrorismo, ¿cómo es posible que se produzcan esos atentados terroristas?

En África todos saben que el imperialismo no es la solución sino el problema.

(*) https://www.lemonde.fr/afrique/article/2019/05/07/en-libye-comme-au-mali-la-france-joue-un-double-jeu_5459262_3212.html

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