El 5 de agosto un decreto presidencial de India revocó el artículo 370 de la Constitución, poniendo fin al estatuto de autonomía que había prevalecido en Jammu y Cachemira durante siete décadas. Los habitantes pierden su derecho exclusivo a poseer tierras en el Valle del Himalaya. Además, según una ley ratificada esta semana por el Parlamento indio, el Estado federado queda dividido en dos territorios, bajo la administración directa de Nueva Delhi.

El Primer Ministro Modi justifica la medida para impulsar el desarrollo económico de la región. La oposición denuncia un proyecto nacionalista que pretende una asimilación forzada de Cachemira al resto de India.

Cachemira es una región montañosa del subcontinente indio. Desde la partición de India y la desaparición del estado principesco de Jammu y Cachemira, Cachemira ha sido un territorio en disputa. Con el estallido de la primera guerra indo-pakistaní en 1947, Cachemira se dividió de facto entre la India, Pakistán y China: tres autoridades separadas que administraban el Estado de Jammu y Cachemira en el caso de la India, los territorios de Azad Cachemira y Gilgit-Baltistán en el caso de Pakistán, y la región de Aksai Chin y el Valle Shaksgam en el caso de China. India sigue reclamando toda la Cachemira histórica, a saber, Aksai Chin, el valle de Shaksgam, Gilgit-Baltistán y Azad Cachemira, además de los territorios que ya controla.

Pakistán, una potencia nuclear equiparable a India, reivindica la parte de Jammu y Cachemira controlada por India. Por su parte, China controla los territorios que le han sido cedidos por Pakistán, a saber, Aksai Chin y el valle de Shaksgam. Los movimientos separatistas también siguen exigiendo la restauración de la independencia de Cachemira. Desde 1989 ha habido una insurgencia separatista en la parte india del país, que ha matado a más de 70.000 personas.

Los 8 millones de habitantes del valle indio de Cachemira están aislados del mundo. Desde el domingo pasado, los medios de comunicación han sido bloqueados y se ha introducido un toque de queda. Con unos 40.000 soldados adicionales enviados para evitar cualquier tipo de protesta, el valle es una de las zonas más militarizadas del mundo.

La repentina decisión india ha relanzado la tensión, por no hablar de una guerra directa con Pakistán. También ha perturbado a China, que se apoy en su principal aliado: el gobierno de Islamabad.

Estados Unidos ha decidido encender todos los fuegos posibles contra China y Cachemira eds uno de ellos, junto a Tibet, Xinjiang, Hong Kong y Taiwan. Cachemira es, pues, otro ataque contra China y como en el caso de la guerra del Golfo Pérsico contra Irán, esta nueva crisis hay que verla en su contexto.

1. Guerra comercial y guerra naval

El estancamiento comercial que se ha producido entre Washington y Pekín durante varios meses cada día da un giro más preocupante. Ahora, ha estado en el campo de la moneda desde la sorprendente devaluación del yuan el pasado lunes por parte de Pekín en represalia por la decisión de Trump de gravar aún más los productos chinos. El Tesoro estadounidense acusó a China de manipular el yuan. El martes, la decisión de Pekín de suspender sus compras de productos agrícolas estadounidenses agravó aún más la guerra comercial.

A pocos meses de las elecciones presidenciales estadounidenses, Trump parece decidido a situar la guerra comercial con China en el centro de la campaña para la reelección.

Aparte de la feroz competencia entre Pekín y Washington por el control de los hidrocarburos y las tierras raras, que son esenciales para la industria electrónica avanzada, el caso Huawei enfrenta a los dos países en el sector de la telefonía 5-G, donde cualquier movimiento es posible.

Pero es en la cuestión estratégica donde las cosas han empeorado, y es ahí es donde la cuestión de Cachemira adquiere toda su importancia.

La disputa más antigua se refiere a Taiwán. Reclamado por Pekín durante 70 años, Taiwán sigue siendo uno de los puntos más críticos del planeta. Xi Jinping reafirmó el pasado mes de enero que utilizaría la fuerza militar si fuera necesario para tomar la isla con sus 23 millones de habitantes.

Además de la guerra comercial existe otra naval. En un corto período de tiempo, China ha construido una marina considerable, al menos en términos de tonelaje. En cuatro años, lanzó el equivalente a la Armada francesa, estableciéndose como el principal rival estratégico de Estados Unidos en el Extremo Oriente. Pekín afirma su soberanía sobre todo el Mar de China Meridional, oponiéndose regularmente a la libertad de navegación de otras marinas de alta mar. Desde la apertura de su primera base militar en el extranjero en junio de 2017, en Yibouti, Pekín ha afirmado ser una de las armadas dominantes en el Océano Índico, donde las de otras dos potencias nucleares también se enfrentan entre sí: Pakistán e India.

2. China y Pakistán apoyan a Irán

Otro escenario de choque entre Estados Unidos y China es Irán. Desde el 2 de mayo, Washington ha prohibido unilateralmente las exportaciones de crudo iraní. Este nuevo embargo estadounidense es consecuencia de otra decisión: la renuncia al acuerdo nuclear iraní, firmado el 14 de julio de 2015 en Viena tras más de 15 años de negociaciones entre Teherán y el formato 5 más 1, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania. La decisión estadounidense generaliza la extraterritorialidad de su derecho interno y expone a los infractores a fuertes sanciones financieras y comerciales.

El bloqueo estadounidense perjudica las economías de varios países asiáticos que son clientes de Pekín, sobre todo a Pakistán. Más que una resistencia frontal, Pekín y Teherán parecen haber optado por un puente indirecto en el que Islamabad desempeña un papel importante. Los puertos pakistaníes constituyen lanzadoras para los petroleros que violan el embargo estadounidense.

El papel saboteador de Pakistán ha impulsado al Pentágono a ayudar a Nueva Delhi a construir cuatro portaaviones que se desplegarán en el Océano Índico, en particular frente a los puertos pakistaníes. En este contexto, el repentino despertar del conflicto de Cachemira es una forma de atacar a Pakistán y un argumento adicional para justificar las transferencias de tecnología militar estadounidense e israelí a India.

3. La paz en Afganistán pasa por Islamabad

Además de la disputa iraní, también está la gestión de otras crisis que implican la competencia entre Washington y Pekín, como Corea del norte, donde nada se resuelve a pesar de la diplomacia mediática de Trump, y Hong Kong, donde la CIA acaba de ser atrapada en el tarro de la mermelada. El 8 de agosto el New York Times informó de que una agente de la CIA “especializada en subversión” se fotografió en el vestíbulo de un hotel de Hong Kong mientras participaba en una reunión con los cabecillas del movimiento de protesta antichino. Es evidente que Washington regresa a Hong Kong (como lo ha hecho durante años en el Tíbet y los uigures de Xinjiang) con sus retorcidas “revoluciones de colores”, fomentadas en su momento en Georgia, Ucrania y Líbano.

La situación en Cachemira condiciona las conversaciones de paz en Afganistán. Lanzadas en septiembre del año pasado en Doha entre el principal movimiento insurgente de Afganistán y Estados Unidos, sin la presencia del gobierno afgano, las negociaciones han hecho progresos innegables. Como un absoluto fiasco estadounidense, Afganistán representa para Washington una especie de segundo Vietnam. Ha gastado miles de millones de dólares y ha perdido muchos soldados. ¡Qué fracaso! Es un fracaso indescriptible ver a los talibanes volver al poder con la aprobación del gobierno de Trump. Por motivos electorales, es esencial que los soldados estadounidenses “de uniforme” abandonen el país a finales de 2020.

Pero sigue habiendo un desacuerdo significativo en el que Pakistán mantiene una posición de cabecera: Washington quiere retener a una serie de asesores militares asignados para mantener una fuerza antiterrorista en Afganistán.

Empujado por Islamabad, el portavoz de la delegación talibán en Doha, Suhail Shaheen dijo el pasado jueves en la BBC: “Hemos dado todas las garantías de que nadie podría utilizar nuestro territorio para atacar los intereses americanos, sus aliados o cualquier otra nación”. Sin embargo, los expertos del Pentágono saben mejor que nadie que el espionaje pakistaní ha seguido apoyando los ataques yihadistas en los últimos años, particularmente en… ¡Cachemira!

4. Una nueva crisis de los misiles en Asia

La diplomacia china ha criticado duramente al nuevo cabecilla del Pentágono, Mark Esper, que se ha pronunciado a favor de desplegar lo antes posible nuevos misiles estadounidenses en Asia. “China no se quedará de brazos cruzados y se verá obligada a tomar medidas de represalia”, advirtió inmediatamente un portavoz chino. Todas las opciones están sobre la mesa para hacer frente a lo más parecido a la crisis de los misiles cubanos durante la Guerra Fría.

El funcionario chino hizo un llamamiento a los países de la región, entre los que se encuentra Australia, para que no permitan el despliegue de misiles estadounidenses en su territorio, ya que ello no redundaría en beneficio de su defensa y seguridad nacional. El Pentágono se está preparando para colocar sus nuevos misiles en la isla de Guam, en el Océano Pacífico y China ha advertido que esa decisión equivale a “instalar armas de destrucción masiva a las puertas de China”. Un acto de este tipo se percibirá como un acto de provocación por parte de Estados Unidos, un acto muy peligroso que podría tener consecuencias graves.

La advertencia se produce cuatro días después de que Estados Unidos se retirara del Tratado de Desarme de la Guerra Fría (NIF) firmado por Washington y Moscú para prohibir los misiles de alcance intermedio (500 a 5.500 kilómetros). Washington está ahora en condiciones de competir con China, que también tiene ese arsenal y siempre se ha negado a unirse a su prohibición. Pekín ha insistido en que no participará en unas negociaciones trilaterales de reducción de armamentos con Rusia y Estados Unidos, como pide Washington.

En el fondo, la guerra de los misiles concierne a los arsenales iraníes y sirios y ese tipo de proyectiles son los que equipan a las unidades de combate de Hezbolah.

5. Quebrar la Ruta de la Seda

Al agitar la cuestión de Cachemira, Estados Unidos está dando un nuevo giro a uno de los tramos marítimos de la Ruta de la Seda, anunciado en 2013 por Xi Jinping para conectar económicamente Asia con Europa mediante el desarrollo de infraestructuras en casi 70 países.

Esta estrategia tiene cuatro objetivos. En primer lugar, las nuevas carreteras abren las regiones continentales chinas. Mientras que la costa oriental está bien explotada económicamente, la parte occidental de China sigue sin salida al mar. En segundo lugar, se trata de proteger la inestable región de Xinjiang, que se enfrenta a las reivindicaciones yihadistas de los uigures. En tercer lugar, China está emergiendo como la potencia dominante en el continente asiático, al contener mediante la economía a sus principales competidores regionales, especialmente India y Rusia. Por último, las carreteras hacia Europa no sirven simplemente como rutas de transporte, ya que permiten a Pekín invertir en tierras ricas en recursos naturales.

En este contexto, en 2013 China concluyó un acuerdo especial con Pakistán para desarrollar una asociación dentro del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC). Las inversiones comprometidas hoy en día ascenderían a unos 65.000 millones de dólares. Originario de Kashgar, Xinjiang chino, este corredor atraviesa Cachemira y desciende a la costa pakistaní a través de Islamabad.

En el sur, el proyecto conduce a dos puertos: Karachi en el este, pero especialmente Gwadar en el oeste. El puerto de Gwadar es un lugar eminentemente estratégico para China y su aliado pakistaní. Situado en aguas profundas, Gwadar es capaz de albergar grandes barcos. Pero también abre el Mar Arábigo a China. Pekín se da así acceso a las costas africanas y se posiciona en una zona por la que transita una quinta parte de los recursos petrolíferos del mundo.

Al mismo tiempo, facilita el acceso al Estrecho de Ormuz, al Canal de Suez y, en última instancia, al Mediterráneo. El alcance estratégico del puerto pakistaní es, por tanto, considerable para Pekín.

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