El Secretario General de la OEA, Luis Almagro, y otros representantes en reunión en Medellín, Colombia, el 28 de junio de 2019. | David Estrada / Reuters

Los presidentes de México, Venezuela, así como algunos líderes políticos de América Latina, criticaron el papel de la Organización de Estados Americanos (OEA) frente al golpe de Estado en Bolivia, luego de que algunos intelectuales denunciaran en meses previos la alianza entre EE.UU. y el secretario de ese ente hemisférico, Luis Almagro, para intervenir en la política interna de algunos países.

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, calificó como «lamentable» el golpe en Bolivia e hizo un llamado a la OEA a no permanecer callada.

«Se van a hacer planteamientos como el exhorto a la OEA para que con urgencia convoque a reunión y se fije con claridad una postura. No al silencio«, dijo el presidente mexicano en su conferencia matutina de este lunes 11 de noviembre.

El Gobierno mexicano, a través del canciller Marcelo Ebrard, no dudó en llamar golpe de Estado lo ocurrido en Bolivia y señaló que su país convocará a una reunión urgente tras el silencio de la OEA.

«Vamos a solicitar en consecuencia una reunión urgente de la OEA porque a pesar de la gravedad de los acontecimientos, lo que hubo ayer frente al posicionamiento militar y las operaciones policiales, fue el silencio«, dijo Ebrard.

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, calificó la actuación de la OEA como una «puñalada por la espalda» contra Morales y denunció que golpe era ejemplo de la «violencia y fascista» de la derecha.

«Evo siempre buena persona, siempre legalista, constitucionalista, siempre buscando el diálogo y la paz. Invitó a la OEA y a todos los actores a hacerle una auditoría, y ahí está la auditoría de la OEA, que no es capaz de mostrar ni una sola irregularidad, pero la OEA le mete una puñalada a Evo por la espalda», sostuvo el mandatario en un mensaje transmitido por la televisión local.

«La OEA forma parte de este golpe de Estado contra Evo Morales», agregó.

Por su parte, el expresidente de Ecuador, Rafael Correa, se refirió a la OEA como el «ministerio de las Colonias» y enfatizó que lo ocurrido en Bolivia «por supuesto que es un golpe de Estado».

En este sentido, el exmandatario, quien se encuentra refugiado en Bélgica tras una persecución judicial y política en su país natal, señaló que la decisión de Morales de renunciar a la presidencia ante las presiones de los mandos militares, impidió un «baño de sangre en Bolivia».

Las irregularidades de la OEA

Correa citó un tuit de Alfredo Serrano, director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), en el que se detalla que el informe de la OEA sobre las elecciones en Bolivia documentó «irregularidades» en 0,22 % de las actas, una muestra que no es representativa del total.

El informe de la OEA señala que de la muestra seleccionada de 333 actas electorales, se detectaron irregularidades en 78, de un total de 33.048 actas electorales, según documenta la Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP), órgano encargado de contabilizar los votos en Bolivia.

En contraste, académicos del Center for Economic and Policy Research (CEPR), con sede en Washington, señalaron en un informe que «no hay evidencia de que las irregularidades o un fraude hayan afectado el resultado oficial que le dio al presidente Evo Morales una victoria de primera ronda».

El CEPR cuenta con los economistas ganadores del Premio Nobel, Robert Solow y Joseph Stiglitz, en su Consejo Asesor, además de otros académicos de la Universidad de Harvard y la Universidad de la Ciudad de Nueva York.

Tras las críticas, la OEA emitió un comunicado casi 20 horas después de la renuncia de Morales, a través del secretario general del organismo, Luis Almagro, rechazando «cualquier salida no institucional a la situación» en Bolivia.

Política injerencista

El papel de la OEA ha resaltado en el último año, debido a su intervención e injerencia en conflictos políticos en América Latina.

El caso más notorio fue la manera en que el organismo operó políticamente para desconocer al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, a inicios de 2019, y admitir como mandatario legítimo al diputado opositor Juan Guaidó, sin que existiera ninguna elección de por medio.

En octubre pasado, la OEA también generó polémica al respaldar al presidente ecuatoriano, Lenín Moreno, a pesar de la brutal represión contra la población civil. En un comunicado, el organismo descalificó las protestas populares contra el incremento a los precios del combustible.

Es «injustificable que algunos actores los conviertan en un derecho a la violencia, el saqueo y el vandalismo», sostuvo la OEA.

En ese mismo sentido ha actuado con respecto a Chile. A pesar de las multitudinarias protestas, en las cuales el mismo presidente, Sebastián Piñera, ha reconocido que han existido «excesos y abusos» por parte de las fuerzas de seguridad a la hora de contener a los manifestantes, la OEA ha permanecido en silencio. Hasta ahora no hay ningún comunicado de la situación, aunque hasta ahora se reportan más de 23 muertos.

Además del pronunciamiento de los Gobiernos, académicos y líderes progresistas han criticado la manera en que la OEA ha sido utilizada como un instrumento de la política exterior de EE.UU. en América Latina.

En este sentido, una carta firmada por 70 intelectuales, entre los cuales se encuentra Noam Chomsky, sostiene que EE.UU. y sus aliados, como Luis Almagro, secretario de la OEA, «han empujado a Venezuela al precipicio». Esto, en el contexto de la ofensiva de Washington contra Caracas para tratar de deponer al presidente Maduro.

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