El 9 de diciembre el Comité Ejecutivo de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) se reunirá en París para sancionar a Rusia y eliminar a sus deportistas de los Juegos Olímpicos y el campenato mundial de fútbol del año que viene.

Rusia tiene que ser suspendida durante cuatro años para todos los acontecimientos deportivos internacionales porque es un país tallado a la manera de su Presidente: falsario, fraudulento, mentiroso, engañador… Es el complemento propagadístico del bloqueo económico, que se aferra a lo que el diario ABC llama “maquinaria rusa de injerencia” y en el terreno deportivo “dopaje”.

Sólo los atletas elegidos por los organismos internacionales tendrán la oportunidad de participar en los Juegos Atlánticos, con una condición: que renieguen de su país. Si Rusia quiere tener la oportunidad de no desaparecer definitivamente de la escena deportiva internacional, es de esperar que su reacción vaya más allá del marco de un formalismo jurídico estéril, en el que se encerró hace cuatro años.

Entre 2011 y 2015 dijeron que Rusada, el instituto ruso contra el dopaje deportivo, era el centro de un sistema institucional de dopaje deportivo, en torno al cual orquestaron un enorme escándalo propagandístico para sacar a Rusia de los eventos deportivos internacionales.

Ahoras las cosas son un poco diferentes pero la consecuencia es la misma. La AMA reconoce que Rusada funciona correctamente pero dice que transmite datos incorrectos. “Los datos de Moscú no son completos ni totalmente auténticos”, criticó la AMA.

Ahora bien: el suministro de los datos fue una condición impuesta por la AMA para levantar las sanciones contra Rusada, por lo que al levantar las sanciones suponíamos que todo funcionaba normalmente.

Pero Rusia y normalidad nunca pueden ir de la mano. El AMA sospecha incluso que les han remitido pruebas falsas a la base de datos para acusar al antiguo director del laboratorio antidopaje de Moscú, Grigory Rodchenkov, ahora refugiado en Estados Unidos, que fue uno de los principales denunciantes del fraude en el sistema antidopaje ruso o, en otras palabras, el sujeto que se prestó a un montaje para sacar a Rusia de las Olimpiadas.

Antes de huir a Estados Unidos, Rodchenkov fue procesado en Rusia por falsificar los datos de los atletas a cambio de dinero. Ahora sigue ejerciendo de Caballo de Troya contra Rusia a cambio de inmunidad.

Por un lado, la AMA está convencida de que alguien introdujo deliberadamente los datos falsos. Por el otro, hay indicios de que Rodchenkov fue el responsable de ello, pero el movimiento olímpico no tiene como objetivo cargar contra él, una marioneta en manos de Estados Unidos. La pieza es Rusia.

Hasta ahora las acusaciones basadas en las declaraciones de Rodchenkov contra Rusia han sido -en gran parte- rechazadas por el Tribunal Deportivo, que tampoco ha involucrado a Rusia en los casos de dopaje, lo que no ha impedido que iniciara una investigación independiente y que el COI declarara que “no ser castigado no confiere el privilegio de ser invitado” a los Juegos Olímpicos. En otras palabras: a los Juegos Olímpicos acuden los que a ellos les da la gana.

Más información:

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