martes, febrero 18, 2020

Para los despedidos de Alestis: Resistir es existir.

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La historia se ha terminado, el proletariado es cosa del pasado y lo que no sale en la tele no existe. Si lo viéramos desde fuera, podría parecer una consigna orwelliana y “totalitaria”; pero, muy al contrario, es la base ideológica de nuestra presente democracia occidental. Sí: la misma que luego se pavonea arrogante cuando denigra a Cuba y Venezuela.

Aquello de lo que vamos a hablar no existe. En vano lo buscarán en cualquier medio de comunicación de masas. Porque es solo la vida de 34 obreros lo que está en juego, y no las prebendas institucionales de ningún respetable partido.

Los antecedentes del conflicto

Desde principios de diciembre, se está desarrollando una lucha histórica en Sevilla. Más concretamente, en la planta de San Pablo de Alestis, que produce estructuras para grandes compañías aeronáuticas como Airbus. Son, de nuevo, los chicos de la antigua LTK, subcontrata de Alestis, subcontrata a su vez de Airbus. Durante años, fueron víctimas de este sistema de “externalizaciones” creado para precarizar a los empleados. Pero respondieron con una actitud ejemplar.

Se trata de un colectivo de trabajadores que, aunque pequeño, lleva un histórico de luchas muy fuerte. En casi seis años, han convocado cinco huelgas, a lo que hay que sumar numerosas demandas. No solo tomaron el Comité de Empresa con una candidatura del SAT, manteniendo una posición de frontal intransigencia ante cualquier conato de abuso por parte de la empresa, y logrando una total unidad de la plantilla, que los elegía como sus representantes por unanimidad. Además, practicaron la más estrecha solidaridad con la clase trabajadora sevillana en su conjunto.

Durante años, los monos azules de LTK se dejaron ver por todo tipo de conflictos laborales de la ciudad: bares, hoteles, teleoperadores, servicios… e incluso en concentraciones en solidaridad con trabajadores en revolución de otras zonas del mundo, como Venezuela o Bolivia. Hicieron, con ello, realidad aquello de que no eran trabajadores “de” LTK, sino, simplemente, trabajadores… en LTK.

El golpe de gracia de Aciturri

Un día, a finales de julio, una oligarca (la dueña de Aciturri) compró el 76% de las acciones de Alestis. Entonces, decidió despedir a todos los trabajadores de LTK para no mezclarlos con los suyos propios, más “moderados” y con contratos “del siglo XXI”. Para esta señora venida del norte, dejar en la cuneta a más de treinta familias obreras es solo una cuestión de márgenes y beneficios. A todo esto, la SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales) compró el 24% restante: en este país, hasta los despidos por represión sindical se financian con dinero público… mientras que el dinero de los ERE lo mangonean los mismos que ahora dicen haber constituido un gobierno “progresista” o ser “sindicatos” de (¿qué?) clase.

Hay que decir también que, por aquel entonces, esta empresa sí que existía en la prensa. Tanto Aciturri como la SEPI prometieron que se crearían empleos y recibieron, por ello, elogios de la prensa: El País habló de cómo acudían heroicamente “al rescate” y ABC calificó la adquisición de “día histórico para la aeronáutica española”.

El 30 de noviembre, la renovada dirección de Alestis rompió el contrato mercantil con su subcontrata LTK, que se acababa el 1 de enero. La plantilla quedó entonces en un limbo. Como ya vimos, Alestis no se mostraba por la labor subrogarlos, siendo como son un colectivo fuertemente sindicalizado. Evidentemente, la sociedad temía un efecto contagio o que estos obreros entraran en su empresa con la misma actitud de lucha. Pero, como argumenta el SAT, dado que la actividad sigue en la factoría, según el artículo 44 del Estatuto de los Trabajadores Alestis debía subrogarlos.

El SAT inicia la resistencia

Ante la falta de claridad sobre qué iba a ocurrir con los puestos de trabajo, el Comité de Empresa lanzó una convocatoria de huelga para el 1 de diciembre, a lo que la empresa respondió contratando a un fuerte dispositivo de seguridad para denegarles la entrada. Una acción claramente antisindical que les impidió ejercer su derecho a huelga.

Ahora bien, esta empresaria llegada del norte con actitud colonial (como mostró en la propia puerta, mirando prepotentemente al piquete y protegida por la policía) no contaba con la capacidad de resistencia de un proletariado concienciado y unido. Alguien como ella, criada entre algodones, en una burbuja artificial de vanidades y lujo, que no habrá tenido que luchar nunca en serio por nada de lo que tiene, debió de pensar que iban a rendirse sin más; que desfilarían hacia el SEPE con la cabeza agachada y la mirada perdida, soñando con nacer de la estirpe de ella en su siguiente reencarnación.

No fue así. Los trabajadores de LTK se unieron para demostrar, como los 300 en las Termópilas, que hasta un emperador invencible puede sangrar. Y allí están aún cada mañana, tras más de 50 días de huelga y de lucha. Cada día desde las 5:00 de la madrugada. No importa que llueva o haga frío. O que los cuerpos y fuerzas de seguridad y la subdelegación los tengan cada vez más maniatados.

Su pancarta reza “Si no hay solución, habrá revolución”. Tienen una carpa que anuncia que esto va para largo. Están organizados y divididos en grupos para turnarse. Acuden invariablemente de lunes a viernes a realizar un piquete informativo para informar al personal. Falta hace la información: el Comité de Empresa de Alestis, de CC OO y UGT, no se solidariza con ellos y, de hecho, amedrentó a la plantilla para que ejercieran de esquiroles e hicieran el trabajo de los huelguistas.

Declaran que no pararán

Parece ser que, a estos anticuados trabajadores, la realidad de la vida no les ha dejado entender que ahora solo hay que hablar de guerritas culturales, de progresismo y de la gestión institucional más adecuada para un modelo de sociedad ya establecido de antemano y donde nada – aparte de eso, claro- hay que discutir.

Declaran que no pararán. Pero su debate no saldrá en la prensa, ni en el telediario, ni será objeto de indignada respuesta para que los nuevos (vice)ministros polemicen con Abascal, ni tampoco será recibido por los “fatiga”dos manoteos del señor Ferreras.

Se llaman Manu, Ismael, Santi, Rubén, Guille, David… No son héroes de una serie, ni de una película. Son solo obreros, gentes sencillas que han acabado teniendo claro quiénes son sus enemigos, y que solo uniéndose a sus iguales podrán derrotarlos.  Tampoco son lacayos de los debates que nos imponen los panfletos de los medios de comunicación: ni siquiera para decir lo contrario. No son de los que sustituyen la acción por “posicionamientos” verbales. Son ejemplo de coherencia, valentía y tenacidad.

El socialismo no son los libros, ni los personajes del pasado. Ellos son el socialismo, germinando a las puertas de una fábrica, cuando sus cerebros se preguntan qué tipo de economía es esta que ni siquiera te garantiza un trabajo y un sustento, qué tipo de libertad es esta en la que ni siquiera puedes decidir si tienes un empleo o no, qué tipo de democracia es esta en la que una magnate puede decidir despedir a toda una plantilla ejemplar porque le molesta la gente que no se deja escamotear derechos por los que manó tanta sangre (rusa, por cierto).

Ellos son el socialismo, cuando acaban comprendiendo lo que esto demuestra: que su sociedad -la de los tiránicos señoritos con 80 millones de euros disponibles para comprar una fábrica- no solo no es la mejor posible, como estos se jactan de sostener: es que ni siquiera funciona.

Suerte… y gracias

No sabemos cómo acabará esta épica lucha. Lo que sí sabemos es que, con su resistencia tenaz frente a la puerta, ya le han dado más de un quebradero de cabeza a esa élite que se creía por encima del bien y del mal. Quizá algún día esto se recuerde como uno de los primeros ejemplos en los que aquellos que se creían dioses inmortales fueron desafiados y heridos, antes de acabar siendo por fin derrocados y despedidos -esta vez ellos- del poder.

Ganarán o perderán, pero los trabajadores de Alestis-LTK ya son historia. Y, por ello, ya han ganado y nos han hecho ganar a todos. Gracias.

 

Neus Pérez (del colectivo Flamenco Rojo, para cuyo sitio se escribió originariamente este artículo: https://www.flamencorojo.org)

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