Recursos susceptibles de uso sanitario ocultos en instalaciones industriales

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Saúl Fernández.— El 21 de marzo se retiraron de un almacén de Ponferrada perteneciente al grupo empresarial Victorino Alonso 158.000 mascarillas. Ante la circunstancia del hallazgo, facilitado según la prensa local, a un chivatazo anónimo, Victorino Alonso no dudó en decir que las cedía.

Es necesario denunciar la actitud de sobra conocida de este repugnante parásito burgués. No hay otra forma de definirlo. En primer lugar, por su desfachatez ante el hecho. ¿Cómo se puede ceder lo que te incautan? ¿O acaso le preguntaron si las cedía ante el descubrimiento del hallazgo? En caso de ser así, y puede ser, es deplorable, pero independientemente de uno u otro, estando recogido en el decreto del Estado de Alarma la requisa e intervención del Estado, ¿por qué el Estado no efectúa el método de requisa y da la oportunidad de blanquearse a la burguesía, dueña de los medios de producción que esconden y guardan la mercancía que hoy necesita el pueblo? ¿Acaso hay que esperar a que un anónimo informe de lo que es un secreto a voces para que el Estado actúe?

Pero en este caso ni siquiera ha sido así, este terrorista empresarial, que arrasó una cueva del neolítico, constituyendo un delito contra el Patrimonio de la Humanidad, que arrasó comarcas enteras después de exprimir y explotar a miles de trabajadores mineros (algunos de ellos muertos por graves negligencias de sobra conocidas entre la clase obrera minera, sin que se hubiera hecho justicia), dice ceder lo que primero escondía.  Pero no es el único, el Estado, en manos del Gobierno socialdemócrata, prefiere la colaboración empresarial antes que la intervención estatal, a pesar del precio, que por otra parte ya está pagado, habiendo creado los mecanismos de los ERTE sin prohibición explícita de despedir o de posteriores EREs, asumiendo los costes de Seguridad Social, lo que hace socializar las pérdidas. No nos llevemos a engaños, el Estado no es un ente neutral que equilibra los intereses entre trabajadores y empresarios, entre explotados y explotadores, la pérdidas las vamos a pagar los trabajadores y los beneficios se los llevan los empresarios. Ante este manifiesto robo al pueblo, solo les cabe la filantropía, y hasta en el peor de los casos, como este, se les da la opción de hacerlo, por muy descarado, oportunista y repugnante que sea. Tal como analizaba F. Engels: “Primero chupáis la sangre a los trabajadores y luego practicáis con ellos autocomplacencia filantrópica, presentándoos al mundo como benefactores”.

Mientras los mineros donan las pocas mascarillas que tienen, el empresario que los expulsó al paro las esconde. Mientras ingenieros y especialistas ponen su ingenio de manera colectiva al servicio del pueblo cediendo y fabricando con sus medios respiradores automáticos, el Estado no interviene ni nacionaliza empresas, mientras los trabajadores de líneas de producción de vehículos aseguran poder adaptar la producción a líneas de respiradores y otros bienes, las empresas mantienen la producción no esencial para garantizar seguir generando riqueza. Por eso no se puede llamar a la unidad patriótica contra un enemigo común, porque lo que nos une como especie, nos separa como clase.

Volviendo a la cuestión de las mascarillas, aún quedan muchos almacenes mineros y de otro tipo, unos están parados almacenando material susceptible de aprovechamiento sanitario en esta crisis y otros en activo, priorizando la producción a la salud pública con los mismos equipos, como Vestas.

Hace una semana, el PCTE mandó a Delegación de Gobierno en Asturias un documento exigiendo la requisa de mascarillas y material susceptible de uso sanitario de los almacenes mineros y de todo tipo, en activo, en concurso de acreedores, etc. Así como la intervención en Fusba para la implementación de una línea en su taller de textil, para la fabricación de mascarillas, patucos, etc. Esta empresa es además medio propio de la SEPI. Pero de este hecho, a pesar de haberlo comunicado a la prensa, nadie se ha hecho eco. Tal es la libertad de prensa en el capitalismo, para publicar que el empresario cede hay página, para publicar que la clase obrera exige no la hay.

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