martes, octubre 20, 2020
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¿Cuáles son los rasgos característicos de la lengua?

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«PREGUNTA. ¿Cuáles son los rasgos característicos de la lengua?

Stalin: La lengua es uno de los fenómenos sociales que actúan mientras existe la sociedad. Nace y se desarrolla con el nacimiento y el desarrollo de la sociedad. Muere cuando muere la sociedad. No hay lengua fuera de la sociedad. Por eso, la lengua y las leyes de su desarrollo solamente pueden ser comprendidas si se estudian en ligazón inseparable con la historia de la sociedad, con la historia del pueblo al que pertenece la lengua estudiada y que es su creador y portador.

La lengua es el medio, el instrumento con el que los hombres se relacionan, intercambian ideas y logran entenderse unos a otros. Directamente ligada al pensamiento, la lengua registra y fija en palabras y en palabras combinadas en oraciones los resultados del trabajo del pensamiento, los progresos de la actividad cognoscitiva del hombre, y, de esta forma, hace posible el intercambio de ideas en la sociedad humana.

El intercambio de ideas constituye una necesidad permanente y vital, ya que sin él sería imposible organizar las acciones conjuntas de los hombres en la lucha contra las fuerzas de la naturaleza, en la lucha por la producción de los bienes materiales indispensables; sería imposible conseguir éxitos en la actividad productora de la sociedad y, por tanto, lo sería también la existencia misma de la producción social. De ahí que sin una lengua comprensible para la sociedad y común a sus componentes, la sociedad tenga que cesar de producir, se desintegre y deje de existir como tal. En este sentido, la lengua, siendo medio de relación, es, al mismo tiempo, un instrumento de lucha y de desarrollo de la sociedad.

Es sabido que todas las palabras de una lengua constituyen, juntas, lo que se llama su vocabulario. Lo principal en el vocabulario de una lengua es su caudal de voces, del que forman parte, como núcleo suyo, todas las palabras raíces. El caudal de voces básico es mucho menos amplio que el vocabulario de la lengua, pero vive mucho tiempo, durante siglos, y suministra a la lengua una base para la formación de nuevas palabras. El vocabulario refleja el estado de la lengua: cuanto más rico y variado es el vocabulario, más rica y desarrollada es la lengua.

Sin embargo, el vocabulario, por sí solo, no constituye todavía la lengua: es, más bien, el material de construcción para la lengua. Del mismo modo que los materiales de construcción no constituyen el edificio, aunque sin ellos no es posible levantarlo, así también el vocabulario no es la propia lengua, aunque sin él es inconcebible toda lengua. Pero el vocabulario adquiere una importancia enorme cuando se halla a disposición de una gramática, que establece las reglas que rigen las modificaciones de las palabras y la combinación de las palabras en oraciones y, de este modo, hace de la lengua algo armónico y coherente. La gramática –morfología, sintaxis– es el conjunto de reglas que rigen las modificaciones de las palabras y su combinación en oraciones. Por tanto, gracias precisamente a la gramática, la lengua obtiene la posibilidad de dar a los pensamientos humanos una envoltura lingüística material.

El rasgo distintivo de la gramática consiste en que da las reglas para la modificación de las palabras teniendo en cuenta no palabras concretas, sino las palabras en general, desprovistas de todo carácter concreto; da las reglas para formar oraciones teniendo en cuenta no oraciones concretas con un sujeto concreto, un predicado concreto, etc., sino todas las oraciones, sin relación con la forma concreta de una u otra oración. Por consiguiente, la gramática, haciendo abstracción de lo particular y de lo concreto, tanto en las palabras como en las oraciones, toma lo que hay de general y básico en la modificación de las palabras y en su combinación en oraciones, sacando de ello las reglas gramaticales, las leyes gramaticales. La gramática es el resultado de una prolongada labor de abstracción realizada por el pensamiento humano, un exponente de los enormes progresos del pensamiento.

En este sentido, la gramática se parece a la geometría, que da sus leyes haciendo abstracción de los objetos concretos, considerando los objetos como cuerpos carentes de concreción y estableciendo las relaciones entre ellos no como relaciones concretas de determinados objetos concretos, sino como las relaciones de los cuerpos en general, desprovistos de todo carácter concreto.

A diferencia de la superestructura, que no está ligada a la producción directamente, sino a través de la economía, la lengua está directamente ligada a la actividad productora del hombre, lo mismo que a todas sus demás actividades en todas las esferas de su trabajo, sin excepción. A ello se debe que el vocabulario, por ser lo más susceptible de cambiar, se encuentra en un estado de transformación casi incesante; al mismo tiempo, la lengua, a diferencia de la superestructura, no tiene que esperar a que la base sea liquidada e introduce modificaciones en su vocabulario antes de la liquidación de la base e independientemente del estado de la base.

Sin embargo, el vocabulario de una lengua no cambia como la superestructura, es decir, aboliendo lo viejo y construyendo lo nuevo, sino enriqueciendo el vocabulario existente con nuevas palabras, surgidas en relación con los cambios en el régimen social, con el desarrollo de la producción, el progreso de la cultura, de la ciencia, etc. Además, aunque cierto número de palabras anticuadas desaparece habitualmente del vocabulario, a él se suma un número mucho mayor de palabras nuevas. Por lo que respecta al caudal básico, se conserva en todo lo que tiene de esencial y es usado como base del vocabulario de la lengua.

Eso es comprensible. No hay ninguna necesidad de destruir el léxico básico cuando puede ser utilizado eficazmente en el transcurso de varios períodos históricos, sin hablar ya de que la destrucción del caudal básico, acumulado durante siglos, vista la imposibilidad de crear un nuevo vocabulario básico en plazo breve, conduciría a la parálisis de la lengua, a la desorganización total de las relaciones entre los hombres.

La estructura gramatical de una lengua cambia aún más lentamente que su caudal de voces básico. La estructura gramatical, elaborada a lo largo de varias épocas, y siendo como es carne de la carne y sangre de la sangre de la lengua, cambia más lentamente todavía que el caudal básico. Naturalmente, sufre cambios con el curso del tiempo, se perfecciona, mejora y precisa sus reglas, se enriquece con nuevas reglas, pero las bases de la estructura gramatical subsisten durante un período muy largo, ya que, como lo demuestra la historia, pueden servir eficazmente a la sociedad en el transcurso de muchas épocas.

Por lo tanto, la estructura gramatical y el caudal básico constituyen la base de la lengua y la esencia de su carácter específico.

La historia demuestra que la lengua posee gran estabilidad y una colosal capacidad de resistencia a la asimilación forzosa. Algunos historiadores, en lugar de explicar este fenómeno, se limitan a manifestar su asombro. Pero aquí no hay ninguna razón para asombrarse. La lengua debe su estabilidad a la estabilidad de su estructura gramatical y de su caudal básico. Los asimiladores turcos se esforzaron durante siglos por mutilar, destruir y aniquilar las lenguas de los pueblos balcánicos. En este período, el vocabulario de las lenguas balcánicas sufrió cambios considerables, fueron adoptadas no pocas palabras y expresiones turcas, hubo «convergencias» y «divergencias», pero las lenguas balcánicas resistieron y han perdurado. ¿Por qué? Porque la estructura gramatical y el léxico básico de estas lenguas se han mantenido en lo fundamental.

De todo esto se desprende que la lengua y su estructura no pueden ser consideradas como el producto de una sola época. La estructura de la lengua, su estructura gramatical y caudal básico son el producto de varias épocas.

Es de suponer que los elementos de las lenguas contemporáneas se constituyeron en la antigüedad más remota, antes de la época de la esclavitud. Era aquélla una lengua poco compleja, con un caudal de voces muy exiguo, pero con su propia estructura gramatical, que, si bien era primitiva, no dejaba, por ello, de ser estructura gramatical.

El posterior desarrollo de la producción; la aparición de las clases; la aparición de la escritura; el nacimiento del Estado, que necesitaba para la dirección una correspondencia más o menos ordenada; el desarrollo del comercio, que precisaba de ella todavía en mayor medida; la aparición de la imprenta, los progresos de la literatura: todo eso ocasionó grandes cambios en el desarrollo de la lengua. Durante este tiempo, las tribus y los pueblos se fraccionaban y dispersaban, se mezclaban y se cruzaban, y posteriormente aparecieron las lenguas nacionales y los estados nacionales, se produjeron revoluciones, a los viejos regímenes sociales sucedieron otros. Todo ello introdujo cambios mayores aún en la lengua y en su desarrollo.

Sin embargo, sería un error de bulto suponer que la lengua se ha desarrollado del mismo modo que la superestructura, es decir, destruyendo lo que existía y edificando lo nuevo. En realidad, las lenguas no se han desarrollado destruyendo las existentes y creando otras, sino desarrollando y perfeccionando los elementos fundamentales de las lenguas existentes. Además, el paso de un estado cualitativo de la lengua a otro estado cualitativo no se ha operado por explosión, destruyendo de un solo golpe lo viejo y edificando lo nuevo, sino por acumulación gradual y prolongada de los elementos del nuevo estado cualitativo, de la nueva estructura de la lengua, por la extinción gradual de los elementos del viejo estado cualitativo.

Hay quien dice que la teoría del desarrollo estadial de la lengua es una teoría marxista, porque reconoce la necesidad de explosiones súbitas como una condición para el paso de la lengua de su vieja calidad a una calidad nueva. Eso es falso, claro está, pues resulta difícil encontrar en esta teoría algo de marxista. Y si la teoría del desarrollo estadial reconoce efectivamente las explosiones súbitas en la historia del desarrollo de la lengua, tanto peor para ella. El marxismo no reconoce las explosiones súbitas en el desarrollo de la lengua, la muerte repentina de una lengua existente y la súbita creación de una nueva lengua. Lafargue no tenía razón cuando hablaba de la «súbita revolución lingüística que se produjo entre 1789 y 1794» en Francia –Véase el folleto de Lafargue La lengua y la revolución–. En la Francia de entonces no se produjo ninguna revolución lingüística, y menos aún súbita. Claro está que en ese período el vocabulario de la lengua francesa se enriqueció con nuevas palabras y expresiones; desaparecieron algunas palabras caídas en desuso, cambió el sentido de ciertas palabras, y nada más. Sin embargo, tales cambios no deciden en modo alguno la suerte de una lengua. Lo principal de una lengua lo constituyen su estructura gramatical y su caudal básico. Pero la estructura gramatical y el vocabulario básico de la lengua francesa, lejos de desaparecer en el período de la revolución burguesa en Francia, se conservaron sin cambios esenciales, y no sólo se conservaron entonces, sino que continúan existiendo hoy día, en la lengua francesa contemporánea. No hablo ya de que para suprimir una lengua nacional y crear otra –¡«una súbita revolución lingüística»!–, cinco o seis años son un plazo ridículamente breve: para eso hacen falta siglos.

El marxismo considera que el paso de la lengua de una vieja cualidad a una cualidad nueva no se produce por explosión ni por destrucción de la lengua existente y creación de una nueva, sino por acumulación gradual de los elementos de la nueva cualidad y, por tanto, por extinción gradual de los elementos de la vieja cualidad.

Hay que decir en general, para conocimiento de los camaradas que sienten pasión por las explosiones, que la ley del paso de una vieja cualidad a una cualidad nueva por explosión no sólo es inaplicable a la historia del desarrollo de la lengua; tampoco puede aplicarse siempre a otros fenómenos sociales de la base o de la superestructura. Esa ley es obligatoria para la sociedad dividida en clases hostiles. Pero no es obligatoria, en modo alguno, para una sociedad en la que no existan clases hostiles. En un período de ocho a diez años realizamos en la agricultura de nuestro país la transición del sistema burgués, basado en las haciendas campesinas individuales, al sistema socialista, al sistema koljosiano. Fue una revolución que liquidó el viejo sistema económico burgués en el campo y creó un nuevo sistema, el sistema socialista. Sin embargo, esta revolución no se efectuó por explosión, es decir, derrocando el Poder existente e instaurando un nuevo Poder, sino por transición gradual del viejo sistema burgués en el campo a un nuevo sistema. Y ello fue posible porque se trataba de una revolución desde arriba, porque la revolución se llevó a cabo por iniciativa del Poder existente con el apoyo de las masas fundamentales del campesinado.

Hay quienes dicen que los numerosos casos de cruce de lenguas que registra la historia dan fundamento para suponer que con el cruce se crea una nueva lengua por explosión, por transición súbita de una vieja cualidad a una cualidad nueva. Eso es absolutamente falso.

El cruce de lenguas no puede ser considerado como un solo golpe decisivo que surte efecto en unos pocos años. El cruce de lenguas es un proceso largo, que dura siglos. Por eso no puede hablarse aquí de ninguna explosión.

Prosigamos. Sería absolutamente erróneo suponer que el cruce de dos lenguas, pongamos por caso, produce una lengua nueva, una tercera lengua que no se parece a ninguna de las dos cruzadas y se distingue cualitativamente de ambas. En realidad una de las lenguas suele salir victoriosa del cruce, conserva su estructura gramatical y su léxico básico y continúa desarrollándose con arreglo a sus leyes internas, mientras que la otra lengua pierde gradualmente su cualidad y se extingue poco a poco.

Por consiguiente, el cruce no da una lengua nueva, una tercera lengua, sino que conserva una de las lenguas cruzadas, su estructura gramatical y su caudal básico, permitiéndole desarrollarse con arreglo a sus leyes internas.

Verdad es que con el cruce el vocabulario de la lengua victoriosa se enriquece en cierta medida a cuenta de la lengua vencida, pero eso, lejos de debilitarla, la fortalece.

Ese ha sido el caso, por ejemplo, de la lengua rusa, con la que se han cruzado en el curso del desarrollo histórico las lenguas de otros pueblos y que ha salido siempre victoriosa.

Naturalmente el vocabulario de la lengua rusa se ha completado a cuenta del vocabulario de esos otros idiomas, pero esto, lejos de debilitarla, la ha hecho más rica y fuerte.

En cuanto al carácter específico nacional de la lengua rusa, no sufrió el menor daño, pues, conservando su estructura gramatical y su vocabulario básico, la lengua rusa ha continuado progresando y perfeccionándose según las leyes internas de su desarrollo.

No cabe la menor duda de que la teoría del cruce no puede aportar nada serio a la lingüística soviética. Si es cierto que la tarea principal de la lingüística consiste en estudiar las leyes internas del desarrollo de la lengua, habrá que reconocer que la teoría del cruce ni siquiera la plantea, sin hablar ya de que no la resuelve; sencillamente no la ve o no la comprende». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Acerca del marxismo y la lingüística, 1950)

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