sábado, septiembre 19, 2020
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Ancestros del nuevo coronavirus durante décadas se escondían en murciélagos que podrían albergar más linajes capaces de propagarse a los humanos

"La pregunta es si ¿hay media docena de estos linajes, 20 o 100?", cuestionan autores de un nuevo estudio dedicado a los orígenes evolutivos del linaje del SARS-CoV-2.

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Los antepasados del nuevo coronavirus podrían haber estado circulando en murciélagos de forma desapercibida durante décadas, ya desde entonces gozando de la capacidad de infectar a los humanos, indica un nuevo estudio. En esta investigación, científicos de EE.UU., China, Bélgica y el Reino Unido trataron de determinar los orígenes evolutivos del linaje del SARS-CoV-2 —coronavirus responsable de la actual pandemia de covid-19— para entender cómo se propagó a los humanos.

Un ancestro común

Los orígenes evolutivos se analizan mediante el estudio de los genes del virus, codificados en su ácido ribonucleico (ARN), una tarea que se dificulta por el hecho de que los coronavirus de varios tipos intercambian frecuentemente material genético entre sí en un proceso conocido como ‘recombinación genética’. Pero este equipo científico internacional logró determinar por primera vez y estudiar las secciones de ARN en el genoma del SARS-CoV-2, que habían estado evolucionando, «como una pieza completa», sin recombinación genética, explicó a Live Science uno de los coautores principales de la investigación, Maciej F. Boni, del Departamento de Biología de la Universidad Estatal de Pensilvania.

Científicos compararon estas secciones no alteradas con las de los coronavirus similares encontrados en murciélagos y pangolines, lo que les llevó a la conclusión de que el SARS-CoV-2 está estrechamente relacionado con un tipo de coronavirus de murciélago, conocido como ‘RaTG13′.

Al mismo tiempo, al examinar los genes responsables del llamado ‘dominio de unión con el receptor’ (RBD) de la proteína ‘espiga’ del coronavirus —que le permite acoplarse al receptor ACE2 en las células humanas e infectarlas—, el nuevo estudio encontró que esta parte de RBD genéticamente es más similar a la del coronavirus Pangolin-2019, encontrado en pangolines, que a la del RaTG13 de murciélagos.

De acuerdo con el profesor Boni, hay varias posibles explicaciones para este hallazgo. La primera es que el coronavirus SARS-CoV-2 había desarrollado su capacidad de propagarse a los humanos en pangolines, una opción poco probable, dado que el SARS-CoV-2 está más estrechamente relacionado con el coronavirus RaTG13 que con cualquier virus de pangolín conocido. La segunda es que el SARS-CoV-2 había adquirido este RBD mediante recombinación con un virus de pangolín. No obstante, el nuevo análisis no encontró ninguna evidencia de la recombinación en los genes de la proteína de la espiga del SARS-CoV-2.

En cambio, los nuevos datos de secuenciación genética han sugerido una tercera explicación: los genes de la proteína espiga y, por lo tanto, la capacidad del nuevo coronavirus de infectar las células humanas, se le transmitieron de un ancestro común. Esto dio lugar a los tres tipos de coronavirus: SARS-CoV-2, RaTG13 y Pangolin-2019.

El SARS-CoV-2 circuló en murciélagos durante 50 o 60 años

Este linaje único, que eventualmente daría lugar a los tres virus, existía hace más de un siglo. Ya entonces «probablemente tenía todos los aminoácidos necesarios en su sitio de unión al receptor para infectar células humanas», señaló Boni. En aquel momento, el virus Pangolin-2019 divergió del linaje único y luego —en los años 1960 o 1970— este linaje se dividió en dos, creando el virus RaTG13 y el SARS-CoV-2. Posteriormente, en algún momento entre los años 1980 y 2013, el linaje del RaTG13 perdió su capacidad de unión al receptor de las células humanas, pero el SARS-CoV-2 no lo hizo.

«El linaje del SARS-CoV-2 circuló en murciélagos durante 50 o 60 años antes de saltar a los humanos» y en un momento, a finales del 2019, «alguien acabó teniendo la mala suerte» de entrar en contacto con el SARS-CoV-2, infectarse y desencadenó una pandemia, reveló Boni.

Los científicos no descartan que haya otros linajes del virus del mismo ancestro centenario que hasta el momento no han sido caracterizados. «La pregunta es si ¿hay media docena de estos linajes, 20 o 100? Y nadie lo sabe. Pero es probable que haya otros [virus] por ahí escondidos en murciélagos que puedan propagarse a los humanos», concluyó.

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