domingo, septiembre 27, 2020
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La teoría del «precariado» y el «rol revolucionario» del «lumpen» según Podemos…

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«Entre las teorías socio-económicas que se manejan en Podemos, está la famosa teoría del «precariado», la cual trata de negar en nuestra época la existencia del proletariado como clase social, con las evidentes consecuencias político-ideológicas que se derivarían de dicho hecho tan transcendental. Esto no es casual.

Unos han intentado negar la existencia del proletariado como clase:

«Si los revisionistas e ideólogos modernos de la burguesía cambian el nombre del proletariado, no es sin un propósito determinado. No se trata aquí de una cuestión de mera denominación, sino de la negación de la imperiosa necesidad de derrocar las relaciones sociales mediante la revolución, mediante la violencia. Los revisionistas son conscientes de que si hablamos del proletariado, cuando este último, bajo el capitalismo, solo posee la fuerza de sus brazos, lógicamente se deduciría que debe luchar contra sus explotadores y sus opresores, que debe romper sus cadenas. Es precisamente esta lucha, dirigida a la destrucción completa del antiguo poder del capital, lo que aterroriza a la burguesía. Al negar la existencia del proletariado como la principal fuerza revolucionaria de la sociedad y el sepulturero del capitalismo, los revisionistas también quieren allanar el camino para otras tesis antimarxistas. Mientras no haya proletariado tampoco puede haber dictadura del proletariado. Sobre este problema clave de la teoría del socialismo científico, de hecho, todos en el campo revisionista están alineados en las mismas posiciones». (Enver Hoxha; Informe en el VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1976)

Otros tratan de vender las ventajas del capitalismo, dando a entender que con la diversificación del ocio, los inventos y mejoras técnicas que facilitan las condiciones de vida respecto a épocas anteriores, se debe suprimir definitivamente toda lucha de clases:

«Hoy los revisionistas modernos, como Georges Marchais, Enrico Berlinguer, Santiago Carrillo y compañía, rechazan estas concepciones científicas de Marx. Actualmente, dicen ellos, ha dejado de existir el proceso de la pauperización relativa y absoluta del proletariado, debido al desarrollo de la revolución técnico-científica y a las conquistas que los obreros han logrado a través de las reformas. Quieren decir a los proletarios que con las limosnas que les da el capitalismo pueden cubrir todas sus exigencias y necesidades, y por lo tanto no tienen por qué lanzarse a la revolución. (…) En los Estados capitalistas el proletariado, no obstante de vestir ropas de nailon, producidas por la sociedad de consumo, de hecho sigue siendo proletariado. (…) Su objetivo es alejar al proletariado de la lucha de clase contra el capitalismo, tratando de centrar su atención en las «ventajas» de la «sociedad de consumo». (…) Su preocupación casi exclusiva serían las cuestiones de la religión, la familia, la mujer, el televisor, el coche, etc., que, según ellos, han hecho que el problema de la explotación económica haya dejado de ser el problema básico de la lucha de clases y de la revolución. Todo esto se hace para echar agua al vino, para alejar a las masas trabajadoras de su lucha por el derrocamiento del orden burgués». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Usando la demagogia barata, se lanza el discurso de «los de arriba contra los de abajo», pero a la vez se habla de colaborar con los «empresarios responsables y patrióticos y se condenan a los «empresarios irresponsables y antipatrióticos» que no quieren apoyar la «regeneración democrática»:

Con sus tesis de la «extinción de la lucha de clases» como consecuencia de los «cambios esenciales» que supuestamente habría sufrido la sociedad capitalista gracias al desarrollo de las fuerzas productivas, de la revolución técnico-científica, de la «reestructuración del capitalismo», etc.; con sus prédicas acerca de la necesidad de establecer una amplia colaboración de clases, dado que ahora, en el socialismo están supuestamente interesadas no sólo la clase obrera y las masas trabajadoras, sino también casi todas las capas de la burguesía a excepción de un pequeño grupo de monopolistas». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Pero este discurso vacuo les hace inútiles para los intereses de los trabajadores:

«En una incoherencia y contradicción profundas. Prácticamente ya no están en condiciones de explicar ninguna de las contradicciones actuales del mundo capitalista, ni de dar respuesta a los problemas que emanan de ellas. Es cierto que hablan de fenómenos tales como «crisis», «desempleo», «degradación y degeneración» de la sociedad burguesa, pero no pasan de las constataciones generales que nadie niega, ni siquiera la propia burguesía. De manera consciente, tratan de velar la causa de estos fenómenos, la feroz explotación capitalista, y no mostrar que ésta puede desaparecer sólo por medio de la revolución, derrumbando las viejas relaciones que mantienen en pie el sistema de opresión capitalista». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Ha sido el petulante intelectual: Juan Carlos Monedero, una figura altamente sacralizada dentro de Podemos, uno de los principales difusores de la tesis del «precariado». Pero cuando Monedero intenta explicarnos que sería este «precariado», no especifica nada concreto y visible, sino que dibuja vagamente los rasgos típicos de cualquier capa social en un país en crisis:

«El precariado, dice Standing, hace referencia a una nueva clase social en formación que, si bien aún no sería una «clase para sí» –es decir, que se reconoce y lucha por sus intereses propios, tiene ya una serie de rasgos propios que nos invita a entenderla como una entidad que promete una acción colectiva propia. El precariado vive en una flexibilidad laboral no siempre querida, en la eventualidad y temporalidad y con una constante sensación de llevar una existencia de baja calidad. No serían los proletarios tradicionales ni las clases medias sobreexplotadas. Tampoco una «subclase» ni «la capa inferior de la clase obrera». Quiere buena parte de las seguridades de los obreros tradicionales pero no quiere una vida laboral como la de sus padres o abuelos. Sus incertidumbres y sus inseguridades son peculiares. Carentes de memoria y consumistas, parecen pijos a ojos de los mayores, a quienes ellos ven como dinosaurios privilegiados. (…) Aunque los sindicatos no terminen de entenderlo, el precariado existe y tiene rasgos propios, aunque sólo fuera porque lee de una manera diferente su realidad. Son gente formada, a la que le prometieron –en la escuela, en la universidad, en la televisión, en los anuncios, en el ejemplo de los que tienen suerte– un mundo divertido, cómodo y creativo que nunca llega. Son los que han visto cómo la escalera por la que subían ha sido pateada por los que llegaron antes. Pero no parecen tener todavía prisa –como sí la tuvo la clase obrera desde finales del XIX–. Son gente con cierta red familiar –que se sostiene crecientemente con los abuelos pero que también está precarizándose–, con una formación que les permite soñar con un futuro laboral luminoso –cosa que no haría un proletario tradicional, condenado a un realismo inclemente–, son mujeres y jóvenes –en sociedades donde las mujeres están luchando por lograr un espacio de igualdad y diferencia, y donde existe un aumento de la esperanza de vida que alarga la juventud hasta los cuarenta–, son receptivos a los mensajes de rebeldía e inconformismo heredados del 68, son urbanitas –resultado del éxodo del campo a la ciudad desde los años 60 del siglo XXy, por tanto, sujetos a la condición paradójica de estar profundamente conectados a las redes, al tiempo que desconectados del mundo real». (Juan Carlos Monedero; «Precariado», o la frustración en el capitalismo del deseo, 13 de septiembre de 2013)

Y en una conclusión donde parece estar describiendo a su futuro público de electores, concluía sobre el «precariado»:

«¿Puede convertirse en voluntad política de cambio? No es sencillo. A día de hoy, el precariado opta más por la teatralidad de la protesta –que suma más gente que la apelación tradicional de izquierda y derecha– pero que lo más que llega es a desconcertar al Estado, no a emplazarlo. (…) Pensar revolucionariamente al precariado sin cambiar el capitalismo es un exceso. Un precariado que, de momento, lo que quiere es mejorar sus condiciones de vida». (Juan Carlos Monedero; «Precariado», o la frustración en el capitalismo del deseo, 13 de septiembre de 2013)

Bajo los auspicios de la teoría del «precariado» se trató de difuminar al proletariado como clase dentro de una masa amorfa donde se mezclarían diversas clases y capas de la población, como si todos: clase obrera, pequeños propietarios, intelectuales, juventud, tuvieran exactamente los mismos intereses en todos y cada uno de los campos; y poniendo por delante por supuesto, no la lucha contra el capital sino la lucha contra la precariedad, una política destinada pues, a aliviar los males del capitalismo, a suavizarlo apelando al término «masa», «pueblo», «nación», como acostumbran los reformistas.

«Luego sigue la escuela humanitaria, que toma a pecho el lado malo de las relaciones de producción actuales. Para su tranquilidad de conciencia, se esfuerza en paliar todo lo posible los contrastes reales; deplora sinceramente las penalidades del proletariado y la desenfrenada competencia entre los mismos burgueses; aconseja a los obreros que sean sobrios, trabajen bien y tengan pocos hijos, recomienda a los burgueses que moderen su ardor en la producción. Toda la teoría de esta escuela se basa en distinciones interminables entre la teoría y la práctica, entre principios y resultados, entre la idea y su aplicación, entre el contenido y la forma, entre la esencia y la realidad, entre el derecho y el hecho, entre el lado bueno y el malo.

La escuela filantrópica es la escuela humanitaria perfeccionada. Niega la necesidad del antagonismo; quiere convertir a todos los hombres en burgueses; quiere realizar la teoría en tanto que se distinga de la práctica y no contenga antagonismo. Ni qué decir tiene que en la teoría es fácil hacer abstracción de las contradicciones que se encuentran a cada paso en la realidad. Esta teoría equivaldría entonces a la realidad idealizada. Por consiguiente, los filántropos quieren conservar las categorías que expresan las relaciones burguesas, pero sin el antagonismo que es su esencia y que les es inseparable. Creen que combaten firmemente la práctica burguesa, pero son más burgueses que nadie». (Karl Marx; Miseria de la Filosofía, 1847)

Para 2014, el discurso de Podemos era ya: si la gente no está preparada para un cambio, por tanto no hay que explicarles algo demasiado complejo, sino que simplemente habrá que rebajar el nivel del programa, aunque eso suponga maleducar a las masas, o ir detrás de los elementos sin conciencia. «¡Aquí uno está para hacer política, no para ser puros señores! ¡Superemos los bonitos sueños de juventud!».

Pero vayamos a lo fundamental, ¿existe una desproletización? Rescatemos los extractos más interesantes de un artículo escrito por un colaborador ocasional de este medio, sobre los intentos de negar la existencia de la clase obrera:

«Tomemos por sentado el hecho de que «clase obrera» es un término sinónimo de «proletariado». Esta clase, incluso en las definiciones de Marx y Engels que murieron antes de la época de la terciarización, cuando aún la clase obrera era una clase fundamentalmente situada en el sector secundario de la economía, no tiene por qué estar atada a un sector dado de la economía. (…) ¿Dónde encontramos una clase social de asalariados no cualificados que, en el proceso de trabajo, no ponen en uso medios de producción propios a excepción de su fuerza de trabajo? En el sector servicios, la industria y la agricultura/pesca. Aquélla imagen arcaica de varones con boinas y tirantes cubriendo ropajes desarrapados saliendo llenos de hollín de una humeante fábrica situada en el centro urbano es hoy más una leyenda que una realidad. Quienes alzan el grito en el cielo: «¡no existe el proletariado!» lo hacen, en realidad, porque son incapaces de sacarse de entre las sienes semejante imagen anticuada que, creen, hace justicia al término por su antigüedad. (…) Se ha hablado de terciarización, y esto parece llevar a conclusiones acerca del supuesto «post-industrialismo» cuando el output total de productos industriales es, hoy, mayor que nunca y de «desproletarización». De ahí la conclusión: «la clase obrera ha perdido protagonismo». Pero si ya hemos procurado demostrar, en el menor número de líneas posibles, que el proletariado no es una clase meramente industrial, ¿por qué debería llevar la terciarización a su pérdida de protagonismo, cuando el proletariado está presente también en el sector servicios? Lo que cabe demostrar es que el proletariado, hoy transectorial, sigue en pie de lucha como antes, aunque en un contexto temporal más desarrollado. Una simple sucesión de noticias sobre huelgas debería bastar para arrancarnos la idea de que «la clase obrera ha perdido protagonismo». El problema real es, sin embargo, más profundo. Debido a las nuevas prácticas industriales la división espacial de los obreros es mayor que antes. En lugar de que se concentren cientos en una decena de lugares, se concentran decenas en cientos de lugares, por así decir. En esta situación se hace más difícil programar la lucha de la clase obrera, puesto que se presupone una agitación multifacética en muchos espacios a la vez con el fin de compenetrar sus acciones en torno a unos intereses vitales, de clase, comunes. La separación entre los proletarios ha dañado, asimismo, su conciencia de clase pese a que en los períodos de crisis esta vuelve a ponerse en marcha como nunca. La conclusión no es que «faltan proletarios», sino que faltan medios para organizarlos: la crisis ideológica del movimiento obrero, a la que contribuye gente como Antonio Negri, ha hecho de los revolucionarios, en su mayoría, un conjunto de jóvenes ilustrados sin capacidad práctica de acción, incapaces de fundirse con las masas y ayudar a su organización común por un objetivo común. El problema hoy no está en las condiciones objetivas para la revolución, sino en sus condiciones subjetivas». (Lev W.; La crítica a Antonio Negri y su teoría de la multitud, 2019)

Llegando a un punto de rizar el rizo, otro defensor de la teoría del precariado, Pablo Iglesias, tras hacer unas declaraciones donde parecía condenar al lumpen contando un caso personal donde se sufría el acoso y robo de estos elementos. Pero esto no nos interesa ahora. Pocos días después, debido a que las declaraciones causaron descontento entre sus filas y simpatizantes, rectificó sus palabras; ahora venía a decir que él como profesor ya recomendaba a sus alumnos las teorías que hablaban de reconocer el rol infravalorado del revolucionario lumpemproletariado (sic):

«Cualquiera que haya asistido a mis cursos en la facultad me habrá escuchado referirme, cuando explico el colonialismo, a los análisis de Frantz Fanon que ponía el acento sobre la incapacidad de la izquierda europea para entender el papel revolucionario que el lumpemproletariado tenía en el tercer mundo, frente al papel contrarrevolucionario de la minúsculas clases trabajadoras asociadas a las burguesías importadoras. Lo cierto es que, al final, no voy ni a poder excusarme en Marx». (Pablo Iglesias Turrión; Lúmpenes y gentuza, 2014)

Como sabemos se ha demostrado con las encuestas y votos electorales, Podemos no ha logrado desde 2014 asegurarse una influencia seria ni entre el proletariado ni entre el lumpenproletariado. Esta claro que la cúpula de intelectuales de Podemos está muy aislada de la realidad como para entender cómo piensa uno y otro grupo. Lo que sucedió es que simplemente, en ese momento Pablo Iglesias temía perder la imagen de «partido de la calle» si se atrevía a negar la herencia y mitos de algunos grupos de «izquierda» sobre el carácter revolucionario del lumpen, por lo tanto, prefería condenar el marxismo que al resto de grupos, ya de los segundos cree que puede obtener algo de simpatía y votos para Podemos. Sin duda, una maniobra defendible desde el pragmatismo.

Aunque sea de forma demagógica, alentar el lumpenismo en una época en que ya de por sí la burguesía hace todo lo posible por inculcar tal cultura degenerada entre los trabajadores, y sobre todo, entre la juventud, debería ser considerado no solo amoral, sino casi criminal desde el punto de vista proletario. Véase el capítulo: «Reflexiones sobre «cultura lumpen» y su rol en la sociedad capitalista y en las organizaciones revisionistas» de 2017.

Esto demuestra que gran parte del revisionismo, esté más a la izquierda o a la derecha, tiene estas tendencias oportunistas de rehabilitar la figura del lumpen e incluso imitarla como si fuese un modelo a seguir. Aunque no menos cierto es, que dependiendo del público que les escuche, estos líderes dicen una cosa u otra, pero insistimos, eso son cuestiones populistas que traería otro debate de fondo sobre cual es la postura real del grupo político.

Para quién no este familiarizado con este término, le recordamos:

«El lumpemproletariado también llamado subproletariado es la población obrera situada socialmente por debajo del proletariado y fuera de los procesos de producción, y socialmente marginados desde el punto de vista de su realidad político-económica. Supone un ejército industrial de reserva creado por el capitalismo e íntimamente ligado a la pauperización de la población; crece directamente proporcional a la concentración de capitales; o lo que es lo mismo, lo que en un polo es acumulación de riqueza, en el polo contrario, significa acumulación de miseria, de ignorancia, degradación moral, etc. Este margen funcionará como elemento indispensable para el sistema, para evitar el colapso del sistema, pues estos «obreros» al verse incapaces de vender su fuerza de trabajo son empujados a aceptar condiciones laborales que en otras condiciones no aceptarían, convirtiéndose de facto en enemigos de su clase y de sus propios intereses, cuando dedicándose a trabajos moralmente repudiables para sobrevivir como son los sicarios, rateros, estafadores, matones, timadores, traficantes, chivatos, dueños de burdeles, etc. En tanto no son prescindibles o una secuela indeseada como el sistema hace suponer, sino una pieza fundamental en el engranaje funcional del sistema productivo capitalista y de hecho son los que permite mantener las relaciones sociales inamovibles. La marginalidad es consustancial a la sociedad capitalista. Los hechos anteriores aunado a la alienación de este sector social mediante la cultura, la caridad, la beneficencia, los servicios sociales, etc; hacen que el lumpemproletariado adolezca de conciencia de clases, en tanto vulnerable a los dictados del sistema, y es esa la razón de que los vemos defendiendo el sistema económico que les explota y posicionados en contra del proletariado. Debe de comprenderse que este sector no se caracteriza por su inadaptación como se cree comúnmente, sino por lo contrario, una adaptación absoluta al sistema que le hace aceptar las contradicciones existentes como inherentes a la condición humana». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2013)

Esto significa, como ya expresamos, que el revisionismo, suele tomar una postura liberal, cuando no justificadora del lumpenproletariado como se acaba de demostrar:

«Estos ideólogos hacen verdaderos marabarismos con el tema de la alienación y lo justifican todo en base a ello para dar carpetazo final al tema. Esto que dicen es cierto: son productos del propio sistema y sus deficiencias, son sujetos alienados, hemos hablado infinidad de veces de la presión ideológico-cultural que se ejerce desde la superestructura sobre los sujetos sociales, pero cuando se exponen los errores de estos elementos y persisten sus errores –sobre todo cuando existe una vanguardia organizada– no hay compasión posible con ellos, es imposible mirar hacia otro lado –y hacerlos en periodos de desorganización y falta de clarividencia ideológica es más peligroso aún–; insistir en un trato amigable, aparcar las diferencias y confiar en una reeducación futura –incluso de sujetos abiertamente recalcitrantes– no deja de ser una idea-excusa liberal del todo estúpida, que se acerca más a una premisa cristiana de ejercer el perdón automático sin rencor ni análisis alguno, que a otra cosa, dichos elementos que no quieren o pueden rectificar son un claro obstáculo para el progreso, ¿quién si no los comunistas deben analizar en profundidad y criticar estas actitudes que perjudican la causa? ¿Se lo dejamos a los liberales burgueses y sus intelectuales para que creen teorías como que todo el proletariado ha degenerado en lumpemproletariado o que el comunismo es igual a ejercer el viejo terrorismo individualista o de un pequeño grupo conspirativo? Además para evidenciar la falsedad de esta teoría que justifica estos actos solo hay que mirar una vez más el rastro de la historia, observar que dentro de las experiencias históricas donde se ha puesto en pie una sociedad socialista, creándose condiciones económicas propicias para que el sujeto pudiera desarrollar en gran medida sus habilidades físicas y mentales, incluyendo una oportunidad no solo de redimirse sino de vivir dignamente, siempre ha habido y habrá elementos que han rechazado tomar este camino de reinsertarse-reeducarse, y han preferido seguir con su modo de pensar y actuar contra el sistema socialista, casualmente han acabado siendo parte de las filas de la contrarrevolución por su indisciplina, individualismo, egolatría, falta de autocrítica y de escrúpulos. Debe concluirse que por supuesto las condiciones materiales tienen el peso decisivo que dan luz a estos fenómenos, en eso hemos insistido siempre, pero no olvidemos la personalidad de cada sujeto y el nivel de fuerza de voluntad de cada uno para autotransformarse, ya que no somos elementos pasivos. No olvidemos que en una futura sociedad socialista, el espíritu liberal e individualista, el afán autojustificador no le va a valer a nadie de excusa para causar un perjuicio al bien colectivo ni la propiedad común, no servirá para estar por encima de las leyes populares». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

Y como hemos expresado en otras ocasiones, la teoría del precariado y la idea de adular al lumpen, beben directamente de la famosa Escuela de Frankfurt, la cual:

«Niega al proletariado como clase ascendente de la historia, como clase que debe hegemonizar la superación del capitalismo. Clamaban que a causa de los medios masivos de información la alienación existente entre el proletariado en los países de la «sociedad de consumo» era enorme, que se había aburguesado, no pudiendo ser ya el sujeto determinante, transformador. Así algunos autores finalizaron calificando que la intelectualidad o incluso al lumpen proletariado como vanguardia, como capa social que cumplirían las veces de «clase determinante o ascendente», una completa aberración teórica por varias razones.

1) Gran parte de la intelectualidad en el capitalismo no puede sobrevivir sin prestar servicio a disposición de quién le paga: la burguesía; además la intelectualidad es una capa social que procede de varias clases sociales, gran parte de ella sale de las capas acomodadas, sus miembros están muy alejados del peso del tipo de trabajo físico, por lo que corre el riesgo de alejarse del proletariado sino asimila su teoría y mantiene lazos cercanos con él.

2) El lumpen por lo general es un elemento oportunista carente de todo principio ideológico y moral, es el esquirol y matón por excelencia, sobrevive gracias a cumplir los servicios de la burguesía, reúne en él los peores vicios de la sociedad burguesa, de hecho esta última se vale de su modo de pensar y actuar para hacer degenerar a los trabajadores, en especial a los jóvenes, propagando la cultura lumpen en los medios de comunicación como modelo a seguir para desactivar el movimiento proletario revolucionario.

3) La clase obrera es la única clase que por su lugar en la producción asegura su reproducción conforme el capitalismo se expande, no se produce su descomposición como ocurre con otras capas como la pequeña burguesía, su carencia de cualquier medio de producción y su concentración en zonas de trabajo hace proclive a su agrupamiento y solidaridad entre sus miembros, el rol que ocupa en la producción le da una posición decisiva, suponiendo el mayor peligro para la burguesía en caso de que decida levantarse, la condición de desposeída de toda propiedad hace que a diferencia de otras viejas clases de la historia que pugnaban por el poder, la clase obrera no necesita tomar el poder para asegurar su poder y propiedad, sino para liberar al ser humano de la explotación del hombre por el hombre, eso sumado a que es la única clase social que cuenta con una doctrina científica como es el marxismo-leninismo, hace que la clase obrera sea la clase de vanguardia para destruir al capitalismo sin discusión.

4) La alienación no es un fenómeno exclusivo de la sociedad capitalista, ya estaba presente en el feudalismo y en otros sistemas, solo que los medios por los que ejercer esta alienación son diferentes, la clase obrera puede repeler esta alienación si se agrupa, difunde su doctrina, analiza y expone las causas de los problemas candentes y les propone dar solución por la vía revolucionaria.

Pese al bajo nivel de concienciación política en muchos lugares, a la burguesía le es muy difícil camuflar las contradicciones existentes en la sociedad de clases: un proletario sabe distinguir que él está desposeído de los medios de producción y que un burgués los posee.

a) Sabe de sobra que en caso de perder su puesto de trabajo depende de que otro burgués le requiera para poder trabajar, que ni siquiera con una formación laboral adecuada o una larga experiencia tiene garantizado el derecho al trabajo.

b) Es consciente que en las profesiones no se cobra acorde a su importancia, que él por ejemplo cobra un salario ridículo para el tiempo que trabaja y el esfuerzo que dedica y que otro de otra rama o incluso un superior cobra el triple.

c) Conoce de sobra que si comete una infracción la justicia no será la misma que para alguien adinerado.

d) Se da cuenta perfectamente que los políticos que están en el poder y se postulan para entrar en él, no son de su misma clase social.

e) La experiencia le dice que las crisis no las pagan los ricos ni siquiera cuando la han provocado por especulaciones y corruptelas manifiestas, que siempre terminan siendo pagadas por los trabajadores, etc.

Todo esto arrastra espontáneamente quiérase o no al proletariado hacia la lucha de clases, y los que toman concienciación, hacia inclinaciones anticapitalistas.

Otra cosa muy diferente es que a falta de un factor subjetivo como es la organización del proletariado y el estudio de su doctrina marxista-leninista y bajo la presión ideológica constante de la burguesía y sus agentes, no lleguen a buen puerto y el proletariado se desvíe.

Por todo esto, la llamada Escuela de Frankfurt tuvo una influencia brutal en los movimientos de mayo de 68, en la propia conformación del hippismo, del eurocomunismo y del postmodernismo. La «Escuela de Frankfurt» ha hecho las veces de «quinta columna» dentro del marxismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

Este es el punto de degeneración hasta donde han llegado los «marxistas» de Podemos». (Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas de fracciones en Podemos y su pose ante las masas, 2017)

2 COMENTARIOS

  1. En general, de acuerdo.
    Solo objetaría que existe un lumpen de precarios y desempleados con moral e instintos anticapitalistas. Veo así, por ejemplo a ese grupo de jóvenes hijos de obreros del barrio madrileño de La uva-Hortaleza que imprecaron al pijo Errejón.

  2. El verdadero «precariado» lo conforma el colectivo Podemos y sus mareas (aunque algunas ya lo han abandonado), porque es un precariado ideológico e intelectual, una de las fantasmadas políticas surgidas desde que Izquierda Unida y el invisible PCE decidieron lanzarse a los brazos del PSOE para «trincar» cualquier cargo desde donde, pese a su presunta importancia (vicepresidencias, ministerios, direcciones generales y asesorías) siguen sin materializarse. Venden incienso, pero huele que apesta.

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