Abolir la propiedad privada! el camino para acabar con los feminicidios y toda forma de opresión a la mujer

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En menos de una semana dos jóvenes mujeres fueron cruelmente agredidas por sus compañeros sentimentales: Ángela del Pilar aún vive gracias a la respuesta rápida de su hijo menor y sus amigos, pero desafortunadamente no corrió la misma suerte Nayelhi Ramírez quien murió después de recibir 30 puñaladas.

Cuando suceden estas cosas, es natural que cualquier mujer se pregunte: ¿Puede nuestro compañero sentimental llegar a odiarnos? Los hechos hablan por sí mismos, pues es en medio de la convivencia diaria cuando se desatan esos episodios de violencia. El hombre se vuelve instrumento ciego de la violencia contra la mujer, especialmente por celos, pues siente que está perdiendo lo que es suyo, su propiedad, e incluso en algunos casos justifica la agresión y la violencia con las viejas frases machistas: “se lo merecía”, “usted es mía”, “no quiero que me deje”, etc. o se escuda el salvajismo en un estado de alicoramiento, como lo hizo el compañero de Ángela del Pilar, quien reclama inocencia después de casi asesinarla con un hacha. Un hecho que debe llamar a una profunda reflexión.

En primer lugar, el sistema de por sí, por el sólo hecho de ser mujer la mantiene sometida y violentada, pues la sociedad de clases, y en este caso el capitalismo, reproduce y alimenta la condición de inferioridad de la mujer frente al hombre. En segundo lugar, la hipócrita sociedad capitalista defiende la sagrada propiedad privada de los bienes de los ciudadanos y desde que surgió la propiedad privada sobre los medios de producción, la mujer se convirtió en un bien para el hombre, por tanto, propiedad de éste, y únicamente en un ser para garantizar la reproducción de la clase a la que pertenece y los quehaceres domésticos. Hecho que se ha venido reproduciendo por milenios.

En ese sentido, si queremos acabar definitivamente con los asesinatos de mujeres, lograr que tengan todo el derecho a terminar con el compañero que tienen y conseguirse la pareja que deseen, no queda otro camino que abolir la propiedad privada.

La burguesía hipócrita, tratando de canalizar la justa rebeldía de las mujeres, ha influido en las organizaciones feministas, planteando que el problema es de género, y por tanto la lucha debe enfocarse contra el patriarcado, una frase que al final no deja claro el blanco de ataque y objetivamente desvía hacia donde deben apuntar las organizaciones femeninas para garantizar la verdadera emancipación de las mujeres.

Hay que oponerse rotundamente al machismo, organizar a las mujeres y movilizarse contra este engendro que reproduce y mantiene el capitalismo, pero no olvidando que el hecho de vivir en una de las últimas sociedades signadas por la lucha de clases, en su etapa de agonía, se agudizan profundamente todas las contradicciones que, así como contribuyeron a su desarrollo en su fase naciente, hoy preparan sus días finales y una de esas contradicciones es entre el hombre y la mujer que no puede resolverse mientras se siga manteniendo este sistema.

Solo acabando con la propiedad privada y la división de la sociedad en clases, se puede conquistar la verdadera y completa emancipación de la mujer. El proletariado es la clase llamada a dirigir el entierro de la sociedad capitalista y con ello a crear las condiciones objetivas para sepultar definitivamente la opresión contra la mujer. Las revoluciones en Rusia y en China fueron capaces de demostrar que la opresión a la mujer, como cualquier fenómeno de la vida social y material, así como tuvo un origen, tendrá un fin cuando se llegue al Comunismo.

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