«Usted tiene que aprender a perder» (1)

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Fue lo que le dijo, en 1966, un alto personaje del Ministerio de Justicia franquista dirigido por Oriol a José Satué Malo, preso político desde hacía casi 20 años, recluido en el Penal de Burgos.

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Durante largos años, a menudo en condiciones muy adversas y duras, miles de hombres y mujeres llenaron las siglas PCE de un significado hoy irreconocible en los restos a los que las han reducido las orientaciones liquidacionistas impuestas por sus máximos dirigentes, en su día encabezados por Santiago Carrillo, y rematadas por sus sucesores.

Los combates de esos hombres y mujeres, muchos de ellos demasiado poco conocidos hoy, desgraciadamente, prestigiaron aquellas siglas: contra el fascismo y sus crímenes, por la libertad y la democracia, por el bienestar de las grandes mayorías trabajadoras y populares. En las fábricas y en los campos, en los barrios obreros y en las universidades, en despachos profesionales… Y, muy particularmente, también en las comisarías y los cuartelillos del franquismo, y en sus cárceles. La Prisión Central de Burgos pasa por haber sido de las más duras, aunque ninguna dejara de serlo.

Puerta del Penal de Burgos. Fuente: Biblioteca histórica de la UCM.

José Satué Malo (Zaragoza 11/06/1903-Alicante 13/07/1991) fue uno de esos héroes, solo un caso «singularizado» entre los colectivos con los que, en múltiples escritos, permanentemente se identificó: el de los trabajadores («desde los 15 años he trabajado siempre», 1964; «jamás dejé, ni en la calle ni en los 19 ½ años de prisión de trabajar, manual e intelectualmente, ni un solo día», 30/10/1966); el de los luchadores por un sindicalismo de clase; el de los comunistas; el de los presos políticos y de todas las víctimas de la arbitrariedad consustancial al franquismo. «Solo» y nada menos que eso. Quienes tuvimos el honor de conocerle sabemos de sobra que el más leve rasgo de inmodestia le era completamente ajeno («la proclamación de propias virtudes no me satisface en absoluto», 30/10/1966). Antes, durante y después de su reclusión de veinte años, Pepe Satué se esforzó intensamente en formarse, en reflexionar y en escribir: constantemente, diariamente. En las cárceles por las que pasó, preparó y redactó cientos y cientos de páginas: recursos ante los tribunales franquistas, reclamaciones a las direcciones de los penales, al gobierno, a las Cortes…; correspondencia con abogados, con cargos eclesiásticos y, desde luego, con su familia: su hermana Pilar y su compañera, Luci, fueron intermediarias asiduas para comunicarse con el exterior y particularmente con los letrados. Lucía Barón Herráiz había sido detenida con Satué y otros seis antifranquistas, el 10 de mayo de 1947, por agentes del 2º Grupo de la Brigada Político-Social, permaneciendo «más de veinte días incomunicada  ̶ y sometida, en ocasiones, a procedimientos excepcionalmente sugerentes para obligarla a declarar determinados extremos, dicho sea en honor a la verdad…»[1].

Prepararse, pensar y actuar, incluyendo reiteradas, insistentes y muy estudiadas acciones legales, constituía para Satué un mismo e «imprescriptible deber ciudadano de no someterme a la opresión de que se me hace objeto» (noviembre de 1966). No se sometió. Enormemente autoexigente en sus actos y en sus escritos, los elaboraba minuciosamente, buscaba y comprobaba «palabra por palabra» la justeza de sus afirmaciones y se aseguraba rigurosamente de que las podía «apoyar con hechos». Disponer del rico archivo personal de José Satué Malo nos da un conocimiento detallado y preciso de su lucha y, a través de ella, de un capítulo importante de la resistencia antifranquista y de la aportación de la organización que fue su pilar indiscutible, el PCE, su Partido. Huelga subrayar la importancia de un testimonio personal de esta naturaleza y calado, fechado a la vez  que vivido, y sostenido en el tiempo. Nada que ver con el ejercicio de  reelaboración retrospectiva propio de unas memorias, aunque el autor sabía muy bien retrotraerse con precisión y «hacer memoria» cuando el propósito lo requería.

Manuscrito de Pepe Satué. Fuente: Archivo Satué.

José Satué Malo estudió mucho, continua y profundamente. Es difícil dar idea en unas páginas de hasta qué punto el estudio fue para él una auténtica necesidad vital, inseparable de sus convicciones y de su acción como comunista. Aquí no hemos venido a estudiar es el título de un libro de Enric Juliana publicado, con bastante eco mediático, en el verano de 2020 (editorial Arpa). A través de su visión de un debate estratégico en la organización del PCE en la Prisión de Burgos, en los años 60, que ese título evoca, el autor desarrolla su perspectiva de las claves de la larga supervivencia del franquismo y, en cierto modo,  de su proyección en la evolución política española desde la Transición. Director adjunto y delegado en Madrid del periódico barcelonés La Vanguardia y tertuliano asiduo de la Cadena Ser y de más de un canal de televisión, Juliana es un curtido periodista de verbo y pluma efectistas, aunque sin duda brillantes. Su libro se adscribe más al reportaje periodístico que al ensayo histórico. Constatarlo no encierra ningún juicio de valor, ni le resta interés, desde luego, tanto por el hilo narrativo que en él se invoca (el debate interno entre comunistas en el penal burgalés), como por el modo en que lo aborda y por el sesgo de su presentación. «Aquí no hemos venido a estudiar» fue una frase dirigida por Ramón Ormazábal Tifé a sus camaradas de la dirección del PCE en la Prisión de Burgos, en 1962: en el fondo, un debate sobre valoraciones de la situación, objetivos y plazos, y también un problema de métodos de dirección. El esquematismo de Juliana no distingue entre ambos aspectos y los reduce a una oposición entre activismo impaciente, de un lado, y estudio reflexivo, de otro. Escribe (pág. 240): «A partir de 1963, las protestas ganan en intensidad y pasan a un primer plano. Aquí no hemos venido a estudiar». Hasta el examen más descuidado de un testimonio como el que contiene el archivo de Pepe Satué advertiría que cualquier sugerencia de equiparar toda protesta a precipitación o déficit de análisis, en ese lugar y en esos años, sería, en el mejor de los casos, no solo una completa equivocación, sino una verdadera osadía. Identificar, además, como sugiere sin probarlo Juliana, la pasión estudiosa de los presos políticos (muy real) con las posiciones favorables a una revisión en profundidad de la línea del Partido, de enfrentamiento con la Dictadura, defendidas fuera, esos mismos años, por Claudín y Semprún o por quien, como recuerda el autor del libro, se afirmaría una década más tarde como uno de los intelectuales orgánicos de la Transición como editorialista principal del diario El País (Javier Pradera), se asemeja mucho a un salto en el vacío. Cierra el círculo de un final ya escrito: vino lo que tenía que venir. En resumidas cuentas, desde el acomodo de la España de Franco bajo el tutelaje estadounidense y el Plan de Estabilización de 1959, la suerte estaría echada. Quienes se apercibieron de ello se adaptaron y los que no lo hicieron se estrellaron. Carrillo acabó siguiendo los pasos de los primeros. Unos quedaron «ganadores» y otros abocados a seguir «perdiendo» o a «aprender a perder».  Fin de la historia, o al menos de esa historia.

Solo que la realidad es más compleja y para comprenderla se exigen otros mimbres. Para empezar, un estudio más profundo y atento de las fuentes para documentarnos.

Las efemérides conmemorativas no son siempre momentos propicios para el mejor conocimiento y comprensión del tiempo y el objeto de celebración. Dependen del momento de ésta y de los objetivos de sus promotores. En realidad, dicen mucho más de esa coyuntura y de esos fines que de los acontecimientos evocados. Las implicaciones actuales de la Transición española condicionan mucho lo que se ha escrito sobre ella, en gran parte memorias y biografías de políticos que jugaron papeles destacados en ella y obras de periodistas que acompañaron el proceso desde los grandes medios. No poco de lo que se ha escrito y promovido sobre el PCE de este período comparte los mismos rasgos característicos. Hace pocas fechas, con ocasión del 40º aniversario del 23F, y con una institución monárquica necesitada de reinmunización ante la opinión pública, volvimos a asistir a un enésimo ensalzamiento en medios del grupo Prisa de un Santiago Carrillo proclamando entregado agradecimiento al Rey Juan Carlos.

El hundimiento electoral del PCE que dirigía Carrillo, hasta las fronteras mismas del extraparlamentarismo, queda más cerca en el tiempo de los Pactos de la Moncloa (que lo precedieron) que de la disolución de la URSS (que se produjo después). Las fechas cuentan si se intenta comprender los hechos.

Y los testimonios también. Todos los testimonios. Incluidos, muy especialmente, los de quienes rechazaron «aprender a perder».

Presos políticos en la Prisión Central de Burgos. Fuente: lasmerindadesenlamemoria 21.12.2011

Fernando Ricol

[1] Escrito dirigido al Juzgado de Instrucción nº 3 de Madrid, el 18/10/1947, por Don José Luis García López, Procurador de los Tribunales.

Fuentes:

Ilustración: Pepe Satué retratado por Luis Van Ischott (2006).

Ilustración: Puerta del Penal de Burgos. Fuente: Biblioteca histórica de la Universidad Complutense de Madrid. https://biblioteca.ucm.es/historica/pc-puerta-principal-del-penal-de-burgos

Ilustración: Manuscrito de Pepe Satué. Fuente: Archivo Satué.

Ilustración: Presos políticos en la Prisión Central de Burgos. Fuente: lasmerindadesenlamemoria 21.12.2011 https://lasmerindadesenlamemoria.wordpress.com/2011/12/21/prision-central-de-burgos/

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