A 7 años de las Marchas se impone el metro a Metro

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Salvo el poder es todo ilusión, decía un tal Lenin muy denostado con toda razón por el poder real y toda su caterva de mercenarios de los medios que no están en el medio. Y cómo no, muy denostado también por toda la politiquería que vive del cuento y se entrepelea por ver quién llega al gobierno, ese “consejo de administración de la burguesía” (palabra de Marx), que en ningún caso es el poder real.

 

Se cumplen 7 años del aquel 22M millonario de gente en la calle que sobrevino tres años más tarde de aquel otro 15M que gritaba en las plazas que “no quería ser mercancía  en manos de políticos y banqueros”.  Ni que decir tiene que el panorama del avance del poder de los de abajo es desolador, y encima con leyes mordazas y estados de alarma prestos para convertir en rediles toda protesta. Así que hemos dejado atrás toda una década para la reflexión… lo menos electoral posible, por favor.

Nos canalizaron la indignación haciéndonos creer que se podía llegar al poder accediendo al gobierno. No pocos sabíamos que era una falacia porque vimos, no uno, sino muchos Allendes sacrificados en la historia.  Pero por si no queríamos escarmentar en cabeza ajena, estamos viendo cómo las hienas enseñan sus fauces ante cualquier exigencia en materia de vivienda o de renta básica que un tal Podemos (¿no es para ponerle comillas?) osa plantear. Y que, seamos claros, no puede dejar de plantear si no quiere perder los últimos mohicanos de la ilusión electoral y justificar su propia existencia hasta dentro del gobierno.

Ya vemos cómo el poder real no accede ni a conceder miserias mientras se han rescatado bancas, autopistas y otros emporios empresariales de altos vuelos; de altos vuelos sí, en el sentido estricto: ahí tenemos cómo en nombre de la patria hasta las compañías aéreas habrá que rescatar. Vemos  cómo aumentan los millones de personas que caen en la miseria mientras se preparan para rescatar también a hoteles que están vacíos y que podían haber servido para alojar a tanto personal sanitario para evitar contaminar a sus familias; o que podían haber servido para dar alojo a tanta gente humilde que ha muerto en sus casas  con menos metros que la tan cacareada distancia social exige.

Efectivamente, asistimos a todo un espectáculo trágico de “socialismo rescatador de Estado” para un poder real insaciable dispuesto a quemar el teatro gritando “abajo el comunismo” ante la mínima concesión a un pueblo machacado a recortes.

Así que la lección es clara. Toda estrategia que hable de limitarse a conquistar el gobierno, y quiera disputar el poder al poder real, o termina reconvirtiéndose en meros gestores de la crisis abriendo el camino a la extrema reacción (porque encima al ir de izquierda empujaría a mucha gente a esa reacción) o termina por llevarnos al precipicio allende la vida.

Es inevitable la desmoralización cuando se vierten ilusiones de poder creyendo que este entra o sale de la raja de una urna burguesa. No es que haya que descartar por principio la urna, pero la calle y una estrategia que aproveche las crisis para desembarazarnos de banqueros y otros oligarcas, así como de sus mercenarios de la política, es algo que está aún por venir diez años después de haberse gritado en las plazas. Sí, a 7 años del 22M –y ahora más aMordazados- bueno es reconocer que la Spanish Revolution salió de la plaza para terminar en un callejón sin salida con dos leones de bronce al final que lo sellan bien sellado. Más vale volverse y trabajarla, la Revolution, metro a Metro. También desde sus túneles.

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