Ley colombiana de trabajo en casa: un dardo almibarado de la explotación asalariada

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El pasado 23 de marzo fue aprobado el Proyecto de Ley 352 de 2020 Senado, 429 de 2020 Cámara, “por el cual se regula el trabajo en casa y se dictan otras disposiciones”. Según el Ministro de Trabajo Ángel Custodio Cabrera, la ley era necesaria, porque en medio de la pandemia el trabajo en casa se impuso, pero las condiciones de este no fueron reglamentadas. Pues resulta que ahora el Estado capitalista “preocupado por el bienestar de los trabajadores” decidió legislar al respecto.

 

A cualquier incauto que mire la Ley 352 le parecerá una verdadera maravilla. Su articulado considera el respeto de la jornada laboral, de los descansos durante la jornada (desconexión laboral), de los auxilios para internet, etc., etc. Sin embargo, como dicen los obreros, la ley parece el policía bueno, que tiene la única intención de persuadir y llevar al prisionero a hacer lo que ellos quieran.

Observándola detenidamente, los micos empiezan a colgar en los artículos; por ejemplo, en el artículo 4, literal b referente a la desconexión laboral, palabras más palabras menos, se dice que el trabajador está en su derecho a abstenerse de ejecutar su labor durante los períodos de descanso… pero ¿qué trabajador realmente puede hacer eso? Basta con que el patrón le escriba un mensaje, para que, por miedo a perder el empleo, a bajar los índices de productividad como empleado, o a llenarse de más trabajo si no atiende, el obrero deba responder así se encuentre en el baño. Y, punto seguido, el literal expresa que la desconexión laboral no puede perturbar la prestación del servicio en el sector público…ni el cumplimiento de tareas impostergables en el sector privado; es decir, si toca contestar durante su derecho a la desconexión laboral ¡pues le toca! Esa es la realidad que miles de obreros viven si trabajan desde casa y que se generalizó durante la pandemia.

Ni hablar del supuesto subsidio para internet, que básicamente es el mismo subsidio de transporte y solo para quienes ganan menos de dos salarios mínimos; es decir, un obrero que trabaje 8 horas diarias, o todo el día -como sucede en la práctica-, puede que reciba el auxilio para internet por $106.454 (que es el actual subsidio de transporte) pero la luz, el agua, la adecuación y mantenimiento del lugar de trabajo sale de su bolsillo y, directamente se lo ahorran los capitalistas. Esta situación del trabajo en casa realmente fue aprovechada por los patronos para ahorrarse gran parte del capital constante, aumentar o intensificar las jornadas laborales y jugar con el salario de los obreros.

En cuanto al salario, la ley no pasa de decir que los trabajadores percibirán salarios y prestaciones sociales derivadas de su relación laboral… pero la realidad es que en muchos sectores se redujo la jornada laboral y con ello el salario, sin embargo, a la vez que se redujeron horas laborales, se intensificó la labor lo que en la práctica significa que el obrero debe cumplir con las mismas labores que antes en menos tiempo y con menos salario.

Otro aspecto que considera esta ley es el de los derechos laborales, sindicales y de seguridad social; allí se afirma que el trabajador podrá seguir gozando de dichas garantías; léase bien “¡podrá seguir gozando!” de ¿cuáles garantías? El Estado nunca ha garantizado los derechos sindicales de los trabajadores ni presencialmente, ni mucho menos trabajando desde casa, al contrario, este se ha usado para golpear la sindicalización de los trabajadores aislándolos unos de otros junto con otras medidas como los contratos de prestación de servicios, la ley del trabajo por horas, etc. Además, la organización de la clase obrera jamás ha sido una prebenda del Estado capitalista, sino un derecho ganado con la fuerza organizada de los obreros, enfrentada a los patronos y al Estado que los representa. Ni qué decir de las labores que muchos trabajadores desarrollan fuera de su jornada y que deberían considerarse como horas extras o, de la seguridad social cuando por ejemplo el sector del magisterio no cuenta ni siquiera con ARL.

Y termina la ley 352 con artículos referidos a bienestar y capacitación, control y vigilancia del cumplimiento de la ley e inaplicabilidad de la emergencia sanitaria, teniendo en cuenta que esta ley está supeditada a la situación de pandemia; he ahí más micos, porque el tal bienestar y capacitación no considera el acceso ni conocimiento previo de los trabajadores de todas las edades, algunos de ellos con pocos conocimientos tecnológicos, otros sin contar con equipos adecuados para su labor, porque no fueron o no son suministrados por sus empleadores, teniendo que endeudarse para adquirir los insumos requeridos y poder trabajar, muchos -sobre todo las mujeres- lidiando con el trabajo, los hijos en clases no presenciales, las labores de la casa o el cuidado de enfermos y en lo que a la inaplicabilidad se refiere es una cereza de pastel, pues la pandemia es la mejor excusa para tomar decisiones políticas que favorezcan a las clases explotadoras e indiscutiblemente, esta ley será aplicada a conveniencia de los capitalistas.

El trabajo en casa le está gustando a la burguesía; ya no es solo un tema de pandemia, pues es una realidad que gran parte de la economía se ha reactivado, pero la intención es mantener a una buena parte de los trabajadores, enjaulados en sus casas, produciendo sin límite de tiempo, divididos como si fueran seres por fuera de una clase social y por ende débiles ante el patrón y el Estado capitalista, sometidos al embrutecimiento que trae consigo la menospreciada labor doméstica que se entremezcla de manera abigarrada con la producción de la fábrica, empresa o taller. El trabajo en casa lo están imponiendo en muchas partes, y la promulgación de una legislación especial, no es como ellos quieren mostrarla, en beneficio de los trabajadores; sino una perversa e interesada intención de volverla parte natural de las formas de explotación y opresión capitalistas.

Del Estado burgués y toda su podrida burocracia, nada bueno pueden ni deben esperar los trabajadores.

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