La CIA y el odio como arma en las redes sociales

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Nadie que, en las redes, se oponga a los patrones que defienden sus pagadores, escapa a la furia de los haters asalariados. Para este fin, la caja contadora de la cia no tiene límites, como tampoco la moral rastrera y la ética ruin de sus mercenarios

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Raúl Antonio Capote.— El Grupo de Acción Política (GAP), que forma parte del Centro de Actividades Especiales, división de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de EE. UU., realiza, entre otras misiones, análisis basados en el Big Data, procesa perfiles de los sujetos de interés y elabora planes de acción que son enviados a la Fuerza de Tarea de Internet, encargada de ejecutarlos.

 

Mediante el Big Data se obtiene información que puede ser usada para la labor subversiva, permite organizar mejor a las fuerzas para movilizarlas en el cumplimiento de determinado objetivo y, sobre todo, mediante la microsegmentación del público, manejan, de forma particular y específica, las preocupaciones de cada barrio, de cada familia, de cada persona.

Los analistas del enemigo pueden construir modelos capaces de predecir atributos ocultos, entre ellos, preferencias políticas, orientación sexual, cuánto confía usted en las personas con las que se relaciona, cuán sólidas son esas relaciones, todo gracias a la información que los propios usuarios suben a las redes.

En febrero de 2018, siguiendo orientaciones del expresidente Donald Trump, se creó la llamada Fuerza de Tarea de Internet para Cuba o Grupo Operativo de Internet para la subversión en Cuba, subordinado al gap, que es lo mismo que a la CIA.

Es la que se encarga de contratar a los denominados netcenters, que ejecutan las campañas contra Cuba, por medio del reclutamiento de especialistas que, a su vez, reúnen a su alrededor a decenas de cibersicarios. También tienen la misión de coordinar las acciones de las plataformas y medios contrarrevolucionarios, y de buscar colaboradores en la Isla, entre otras faenas.

En el ciberespacio existe además un espécimen sórdido, temido por muchos, el hater. El término, importado del inglés, hace referencia a aquellas personas que se dedican a acosar a otras a través de las redes sociales.

Se valen de las características físicas de sus víctimas, de la orientación sexual, de la raza, de la ideología o de la religión, para realizar su trabajo de hostigamiento. Utilizan el dolor, los miedos e inseguridades de los que toman en serio sus afirmaciones.

Algunos actúan por diversión, por resentimiento o por envidia, pero hay otros que son verdaderos mercenarios, personas contratadas para realizar campañas de descrédito o asesinatos del carácter. Por eso se les llama cibersicarios.

El asesinato del carácter, cívico o de la reputación, como también es nombrado en los manuales de guerra sicológica de varias agencias y organismos de inteligencia en el mundo, forma parte de los métodos utilizados por los servicios especiales de EE. UU. para destruir a los adversarios del imperio.

El cibersicario busca que la persona sometida a la agresión se sienta indefensa, piense que no tiene el control de la situación, se desgaste en inútiles defensas, se agote y trate de aislarse, alejarse todo lo posible de sus hostigadores. El propósito es lograr que la víctima trate de justificarse públicamente, y se autocensure, lo que no necesariamente pone fin al ataque, incluso puede ser que este se intensifique.

Utilizan el envío repetido de mensajes ofensivos e insultantes, altamente intimidatorios, hacia un determinado individuo, que incluye amenazas de daños que hacen que la persona tema por su propia seguridad; hacen circular rumores sobre alguien, para quebrar su reputación; manipulan materiales digitales, fotos, conversaciones grabadas, correos electrónicos, roban contraseñas para suplantar identidad; hacen circular noticias falsas y «chismes» crueles sobre sus víctimas; realizan chantaje económico… Nada, por deshumanizado que sea, detiene a los asalariados de la cia.

Cuando múltiples hostigadores participan del acto del ciberacoso, la acción se llama mobbing, y forma parte de la estrategia contra los usuarios cubanos de internet, sobre todo, de las figuras públicas. Cientos de trolls, de sicarios digitales, de cibermercenarios, todos entrenados y pagados por la cia, participan en los ataques, los cuales son perfectamente planeados y cuentan con guiones elaborados en los laboratorios de guerra sicológica estadounidenses que trabajan para la Fuerza de Tarea.

Dirigentes revolucionarios, periodistas, artistas, músicos, personalidades de diferentes ámbitos de la vida social, cultural y política del país han sido sometidos a intensos ataques de este tipo.

Nadie que, en las redes, se oponga a los patrones que defienden sus pagadores, escapa a la furia de los haters asalariados. Para este fin, la caja contadora de la CIA no tiene límites, como tampoco la moral rastrera y la ética ruin de sus mercenarios.

Fuente: granma.cu
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