Atroz dictadura de la “gente de bien”

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La muerte recorre las filas del pueblo colombiano, causada principalmente por el coronavirus y las balas de los esbirros del régimen. Y son las clases dominantes, de burgueses y terratenientes, hoy comandadas por la mafia uribista, las determinadoras del exterminio.

Trabajadores son la inmensa mayoría de las 700 personas que en promedio están muriendo cada día por covid-19, de las 106.544 muertes acumuladas al 30 de junio, de los más de 30.000 nuevos contagios diarios… todo lo cual, son simples cifras para la contabilidad oficial, son el pasatiempo de los noticieros domesticados, son los registros “de quienes tenían que morir” para el beneplácito de los capitalistas pues disponen de fuerza de trabajo por montones para consumir en su sistema de explotación.

La pandemia del coronavirus ha causado más muertes que todas las ocurridas en el país por desastres naturales. La pandemia ha dejado al descubierto el fracaso de la privatización de la salud, el asqueroso negocio de acumular ganancias a cuenta de condenar al pueblo además de la muerte por hambre, a la muerte por insalubridad, por falta de prevención, por lentitud en las pruebas, por demora en la adquisición de vacunas, por falta de infraestructura sanitaria para su aplicación masiva inmediata. Un sistema sanitario diezmado por la corrupción, que solo en las UCI tiene en promedio 4 intensivistas infectados por cada 10 de ellos, que disputa los primeros lugares en el mundo en el pésimo manejo de la pandemia…. Y son ellos, “la gente de bien”, los capitalistas, el Estado podrido, el régimen mafioso, los únicos responsables de la mortandad de trabajadores vencidos por el virus. Y sin embargo, en el colmo del cinismo echan la culpa a las manifestaciones de protesta, mientras les importa un comino el hacinamiento en los barrios populares, en el transporte público, en las grandes superficies, en las zonas comerciales, en el infierno de las fábricas y empresas, pues para la “gente de bien” solo cuenta la prosperidad de sus negocios.

Las balas del régimen son otra de las causas de la estela de muerte que enluta a diario las filas del pueblo. El régimen mafioso y paramilitar defensor de una putrefacta minoría de explotadores, solo puede gobernar a la población a sangre y fuego. Y así como la pandemia ha sido el fenómeno natural que mostró las funestas consecuencias de un sistema de salud administrado por la dictadura mafiosa uribista de la “gente de bien”, el Paro nacional ha sido el fenómeno político que reveló la estructura sanguinaria de esa dictadura. En el Paro nacional, la sociedad comprobó que las llamadas “águilas negras” son en realidad una dependencia paramilitar de la policía; que los paramilitares y sicarios de la mafia no eran proscritas bandas criminales, sino mesnadas armadas al servicio del régimen; que la policía no era la sagrada institución de héroes defensores de los ciudadanos, sino la banda criminal oficial más grande del país, y el Esmad, un verdadero escuadrón de la muerte; que las fuerzas militares de conjunto no son los héroes defensores de los colombianos, sino la columna central armada del atroz poder dictatorial de “la gente de bien”.

El Paro nacional dejó al descubierto que los reformistas autollamados “alternativos” son solo perros falderos de la burguesía, que a veces le ladran pero siempre lamen sus zapatos. Perros falderos de los cuales, unos ya le sirven gobernando en las alcaldías de Bogotá, Medellín y Cali replicando el terror de la mafia uribista contra los jóvenes que combaten en diversos puntos de resistencia; y otros, están en el mercado de promesas ofreciendo el bombón de trapo electoral del 2022, para disuadir la ira y la violencia popular en respuesta al terror estatal. Unos y otros, son falsos amigos del pueblo porque confían, defienden y se apoyan en la institucionalidad de los capitalistas que es la institucionalidad de su dictadura de clase.

La pandemia y el Paro nacional han rasgado el velo democrático que cubría las atrocidades de la dictadura de clase en Colombia, hoy similar a un gran Circo Romano donde, desde lo alto, la “gente de bien” dueña del capital, los guardianes del capital, los lacayos del capital, se complacen y celebran la muerte de los modernos esclavos del salario, de los descamisados sin nada que perder. Pero su festín y éxtasis de sangre y poder no serán eternos, pues no podrán evitar que su gran circo sea derrumbado por la unión y lucha de los esclavizados, en cuyas filas hoy se destacan los jóvenes proletarios, quienes como lo fue Espartaco, son ejemplo de rebeldía e inspiración para la lucha revolucionaria del pueblo colombiano, bajo la cual caerá todo el podrido orden burgués. Tal es la ley inexorable de la historia.

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