El rey Juan Carlos I fraguó su fortuna con la venta de armas a países árabes

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Ésta es la verdadera historia de un fraude gigantesco y de quienes lo administraron.

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Carlos Enrique Bayo.— El rey Juan Carlos I fraguó su fortuna con la venta de armas a países árabes junto a Colón de Carvajal y Khashoggi

 

‘Público’ ofrece una serie de informaciones exclusivas que revelan los cimientos ocultos de la fortuna del rey emérito: no se asientan en las comisiones por un porcentaje del crudo importado como se hizo creer, sino en el tráfico de armas. Ésta es la verdadera historia de un fraude gigantesco y de quienes lo administraron.

Juan Carlos I con el recién coronado rey Salman bin Abdulaziz, durante el viaje privado que hizo a Arabia Saudí en 2015 para felicitar al que, siendo príncipe y gobernador de Riad, le prestó los primeros 100 millones de dólares sobre los que levantó su fortuna. — SAUDI PRESS

Antes de subir al trono, el heredero a la Corona borbónica designado por el dictador Francisco Franco ya está obsesionado con acumular una gran fortuna, la que su padre nunca llegó a tener. Para conseguirlo, Juan Carlos de Borbón promociona por todos los medios a Manuel Prado y Colón de Carvajal, su mejor amigo desde principios de los años sesenta, para que le haga rico por cualquier vía, sea suplicando dádivas de las otras casas reales —no sólo en las europeas— o sacando tajada de las relaciones económicas internacionales del Estado: en 1974 envía una carta a Henry Ford II —nieto del fundador de la famosa empresa automovilística— recomendándole a Prado como gestor de la entrada del coloso automotriz Ford en España.

Nada más ceñirse la corona, Juan Carlos I nombra (en 1977) senador por designación real a este descendiente directo de Cristóbal Colón, y lo hace embajador especial plenipotenciario (“Ambassador At Large“) permanente de España, así como administrador solidario al 50% –como pantalla de su propia participación– de todos sus negocios, empezando por el más rentable que hay: la venta de armas.

Manuel Prado y Colón de Carvajal, en 2009. — Efe

En la primera visita de los reyes españoles a Riad, en octubre de 1977, el hoy emérito negocia la creación de una empresa conjunta hispano-saudí, supuestamente para canalizar el comercio entre los dos países: Alkantara (“puente”, en árabe) Iberian Exports. El príncipe Fahd –en aquel momento, hombre fuerte del régimen teocrático del rey Jaled, sucesor de Faisal– nombra delegado saudí en Alkantara al magnate Adnan Khashoggi, traficante de armas cuyo holding Triad International ostentará el 50% del capital. Por su parte, Juan Carlos designa a Manuel Prado como presidente de la compañía, financiada con fondos públicos en la mitad española: el Instituto Nacional de Industria (INI) pondrá un 25% y Focoex (Fomento del Comercio Exterior, del Banco Exterior de España pero operando desde Panamá) el otro 25%.

La intención de que esa joint venture quede fuera del control fiscal de la Hacienda Pública se trasluce en el hecho de que Alkantara Iberian Exports no se constituye en Madrid ni Riad, sino en Londres, el 6 de julio de 1978, como “Private limited with Share Capital company” con registro 01377422Borja Prado Eulate, hijo del socio y testaferro del rey, es colocado en la empresa por parte de Focoex, para la que trabajará de 1980 a 1988. En ese momento, el presidente del INI es Francisco Jiménez Torres, quien después asesorará como abogado al propio Khashoggi en operaciones comerciales internacionales.

En aquellos años, todas las operaciones internacionales de ventas de armamento y material militar son consideradas “materias clasificadas” por tratarse de “asuntos, actos, documentos, informaciones, datos y objetos cuyo conocimiento por personas no autorizadas pueda dañar o poner en riesgo la seguridad y defensa del Estado”, según dispone el artículo 2 de la ley 9/1968, de 5 de abril, sobre secretos oficiales. Una ley que todavía hoy sigue vigente e impide obtener los documentos de esos contratos gestionados por Alkantara.

Felipe González se opuso a las comisiones por el crudo del Golfo

Dos años después, en 1980, Adolfo Suárez viaja a Riad para asegurarse el suministro de crudo saudí, pero la total ignorancia del idioma inglés del presidente del Gobierno no le permite desentrañar los negocios con ese país de Colón de Carvajal, al que había nombrado primer presidente de Iberia (1976-78) y después presidente del Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI, hasta 1982).

De aquella época parte la denuncia que hizo en diciembre de 2014 el catedrático de Economía y ex consejero delegado de Campsa, Roberto Centeno, quien asegura que Prado se llevaba una comisión de “uno o dos dólares” por cada barril de petróleo adquirido en el Golfo Pérsico, y que el entonces ministro de Hacienda de Suárez, Francisco Fernández Ordóñez, le impidió en 1979 cerrar la compra de 150.000 toneladas de crudo que había negociado a buen precio con la Kuwait Petroleum Company, advirtiéndole de que “Manolo Prado es la única persona que tiene derecho a comprar petróleo en Arabia Saudita y los Emiratos” Árabes.

Mucho se ha insistido en que ese trato de favor con la Corona pervivió durante la presidencia de Felipe González, pero una fuente consultada por Público afirma que el líder socialista no permitió esas comisiones e incluso fue oído, a la salida de un despacho con Juan Carlos en La Zarzuela, diciéndole a Sabino Fernández Campo (jefe de la Casa Real) en voz muy alta, de forma que lo escucharon varias personas del círculo íntimo del soberano: “¡Y de ese uno o dos por ciento del petróleo que dice Prado, nada de nada! ¿Eh?” Entre los que escucharon esas palabras, en 1982, estaba el teniente general Agustín Muñoz Grandes, ayudante de campo del rey, quien relató esa anécdota a la citada fuente.

Zourab Tchokotua y Juan Carlos I. — EFE

Préstamo de cien millones, sin interés, del príncipe saudí Salmán

Una prueba de que el rey no llega a ingresar cuantiosas comisiones de las compras de crudo es que, para conseguir los fondos con los que poder operar como intermediarios de otros negocios, Juan Carlos envía en 1980 a sus dos hombres de confianza, Manuel Prado y el príncipe georgiano-ruso Zourab Tchokotua –del que es amigo desde niño porque estudiaron juntos en un internado de Friburgo (Suiza)–, a pedirle un préstamo a otro de los siete hijos de la esposa preferida del fundador de Arabia Saudí, el legendario Saud: Salmán bin Abdulaziz, entonces emir de Riad –actualmente, es el rey del país–, a su fastuoso palacio de Marbella, el Al-Riyad, donde pasa largas temporadas.

Para sorpresa de Prado y Tchokotua, Salmán accede a la petición de Juan Carlos, habla con sus hermanos, y les proporciona un crédito a diez años, sin interés, por valor de 100 millones de dólares (unos 7.500 millones de pesetas en esas fechas). Una cantidad que, en pesetas, llegará a ascender a más de 17.000 millones cuatro años después a causa de las continuas devaluaciones de la moneda española.

Una de las personalidades más cercanas al rey durante ese periodo afirma a Público que ese dinero es depositado en una cuenta de Sogenal (Société Générale Alsacienne de Banque), de Ginebra. La importancia de ese depósito acredita a Prado para convertirse en consejero de la entidad –uno de los mayores bancos europeos–, al ser nombrado presidente de la Société Generale de Banque en Espagne, y retira anticipadamente los intereses de diez años (unos 33 millones de dólares), dinero con el que se financiarán a partir de entonces sus actividades como intermediarios de operaciones comerciales internacionales y especulaciones inmobiliarias.

Tráfico de armas con Khashoggi y la compañía Alkantara

La voluntad de Manuel Prado y de Khashoggi de hacer negocios opacos de tráfico de armas a través de Alkantara se demuestra cuando, el 13 de agosto de 1982, la registran en el paraíso fiscal de Chipre como “Compañía Limitada con registro HE18048”. Así puede operar fuera del control tanto del Gobierno saudí como del español, que en 1985 hace su primer informe oficial sobre las más importantes compañías de venta de armas españolas, con datos de años anteriores, y coloca a Alkantara a la cabeza de la lista, aun admitiendo que sigue siendo incompleta y que La Moncloa no controla el destino final de las exportaciones de material bélico español, menos aún las comisiones.

Datos de Alkantara Iberian Exports.

Fuentes gubernamentales incluso reconocen a El País: “El funcionario que en el extranjero se presta a proporcionar el certificado de último destino “puede llegar a cobrar una comisión de hasta el 30% del valor del contrato. Comisiones y corruptelas también han existido y existen en España, aunque no más, por ejemplo, que en Alemania”.

En enero de 1989, el INI decide disolver Alkantara a causa del escándalo provocado por la imputación de Khashoggi en el caso Irán-Contra; la venta de armas a Irán, violando el embargo, para financiar a los mercenarios que combatían al Gobierno de Nicaragua (1985-86).

Pero, antes de ser imputado, Khashoggi le pasa los trastos de Alkantara al traficante de armas de origen libanés Abderramán el Assir, al que ha introducido en la beautiful people de Marbella –”gente guapa” como el gran amigo de Felipe González, el empresario Enrique SarasolaLos Albertos (Alcocer y Cortina) o el ministro Carlos Solchaga, todos ellos asiduos de las fastuosas fiestas privadas de Khashoggi–, hasta el punto de que El Assir se acaba casando con María Fernández-Longoria, hermana de la esposa de Adrián de la Joya (socio y padrino del comisario Villarejo, quien es amigo de otro traficante de armas, Monzer al Kassar), Cristina. El padre, Carlos Fernández-Longoria de Pavía, es embajador en Egipto (1985-90), país con el que veremos que les será muy rentable la intermediación de Alkantara en la venta de armamento.

Así que los negocios de venta de armas de la filial chipriota de Alkantara continúan casi dos años más, hasta su disolución en Chipre el 14 de noviembre de 1990. Por ejemplo, en el verano de 1989 El Assir negocia en Rabat la venta a Marruecos de siete aviones de transporte CN-235 fabricados por Construcciones Aeronáuticas (CASA). Cada aparato cuesta 1.100 millones de pesetas, así que el montante total del negocio ronda los 7.700 millones de pesetas, de los cuales unos 2.750 se van a abonar con préstamos del Fondo de Ayuda al Desarrollo (FAD) y el resto con créditos blandos españoles, a un interés que oscila entre el 7 y el 9% (en aquel tiempo los préstamos al consumo superan el 18% en España y los de Vivienda de Protección Oficial están en torno al 11,25%).

Por descontado, El Assir y sus socios (Prado, en nombre del rey, con el que es socio a medias de todas las inversiones que hace, y Tchokotua) se embolsan una cuantiosa comisión del 20% sobre el precio total, es decir unos 1.500 millones de pesetas, que paga el Estado español, tal como recogerán José Díaz Herrera y Ramón Tijeras en su obra El dinero del poder. La trama económica en la España socialista (1991 Información y Revistas, S.A./Cambio 16).

12.500 millones en comisiones por venta de armas a Marruecos

Después, El Assir consigue una carta de intenciones firmada por el secretario general de la Administración de la Defensa Nacional marroquí, que le permitirá seguir vendiendo armas a Marruecos durante años por un importe total de 570 millones de dólares (más de 62.000 millones de pesetas en aquellas fechas). Un negocio que ansiaban las empresas de armamento españolas como ENASA y Land Rover Santana (vehículos militares), la Empresa Nacional Santa Bárbara y Explosivos Alaveses (minas y proyectiles) o ENOSA, Amper e Inisel (material electrónico y comunicaciones).

Esa operación es la mayor venta de armamento del Gobierno español a Marruecos de la época y las comisiones que se reparten los mediadores sumarían unos 12.500 millones de pesetas. Pero “los comisionistas que trabajaban con Alkantara hacían tráfico de armas con todos los países que podían, aprovechando todas las guerras y conflictos de aquellos años”, asegura a Público uno de los amigos del rey consultados, que conoció bien aquellos negocios.

En cualquier caso, Manuel Prado pronto ve la necesidad de ocultar mejor sus actividades lucrativas a medias con Juan Carlos. Así que en 1983 fija su residencia en Ponilly, junto a Lausana, y funda en Suiza la compañía Trébol S.A. con el otro socio íntimo del monarca, Tchokotua, casado con la aristócrata mallorquina Marieta Salas Zaforteza, gran amiga de la princesa María Gabriela de Saboya, conocida como el “primer amor” de Juan Carlos I. El tercer socio de ese “trébol” es el propio rey, aunque su nombre nunca figura en los documentos, según asegura a Público uno de los que estaban en el círculo íntimo del monarca. Esta fuente subraya que en aquellos años muchos de los millonarios de la élite económica y financiera de Madrid saben que Trébol SA es el vehículo de las inversiones de Juan Carlos I porque ni Prado ni Tchokotua hacen gran cosa por ocultarlo en ese ámbito, aunque rige un silencio informativo absoluto en los medios de comunicación.

Borja Prado Eulate, tras su etapa en Focoex y Alkantara, pasa a ser vicepresidente para España de la Unión de Bancos Suizos (UBS AG), una de las 29 principales entidades financieras del mundo, cargo que ocupa de 1989 a 1994. Público ha tratado reiteradamente, sin éxito, de ponerse en contacto con Borja Prado, tanto a través de sus antiguos colaboradores en Endesa –cuya presidencia abandonó recientemente– como con las sociedades en las que figura actualmente como consejero –Almagro Asesoramiento e Inversiones SA, Key Capital Partners y otras– para que comentara el contenido de este artículo.

Las operaciones desde Suiza del Holding Trébol

Desde Suiza, para Manuel Prado es fácil evadir fiscalmente los beneficios del holding Trébol en España (Trébol Internacional, Trébol Condal, Trebolquivir…), a pesar de que sigue pasando la mayor parte del tiempo en la Zarzuela, “y Juan Carlos, que lo que necesita es el reconocimiento de todas las monarquías europeas, adopta a dos primos, que no pegan golpe ni tienen un duro (Carlos de Borbón y Dos Sicilias, Duque de Calabria, y el rey Simeón de Bulgaria) y los pone a trabajar en la compra-venta de armas de Alkantara”, explica a este diario la fuente antes citada. “Pero tampoco disponen de muchos fondos, porque gastan demasiado: se compran un avión, caro, a reacción, cuando casi no había ninguno de ese tipo en España, al que Tchkoutoua trata de sacar rentabilidad alquilándolo a altos ejecutivos para viajes de negocios de larga distancia. Y despilfarran las ganancias con gastos suntuosos”.

Respuesta gubernamental en el Congreso sobre las ventas de material militar de Alkantara a Egipto. — PÚBLICO

Aún así, en 1984 Alkantara Iberian Exports Ltd es ya la mayor exportadora de armas de España y su mejor cliente acaba siendo Egipto, que compra buques de guerra y vehículos militares a empresas españolas. Enasa obtiene por esa vía contratos para vender miles de camiones Pegaso y cientos de blindados al Ejército egipcio por valor de casi 600 millones de dólares. Por su parte, Bazán vende al gigante árabe dos corbetas, todo ello gracias a la línea de créditos blandos que abre España al Gobierno de El Cairo a través de ocho convenios por un valor total previsto de 22.000 millones de pesetas. Préstamos españoles con los que el Ministerio de Defensa egipcio adquiere ese armamento.

Comisiones millonarias del rey y sus socios, pagadas con fondos públicos

Sin embargo, en 1985 Egipto suspende pagos en plena crisis financiera internacional y nunca devuelve aquellos créditos a España. Eso sí, las empresas fabricantes españolas cobran la totalidad de lo facturado y los socios de Alkantara se embolsan sus comisiones millonarias íntegras, a cuenta de esos préstamos del Estado. Diez años después, España tendrá finalmente que condonar a Egipto 18.800 millones de pesetas, con los que se han financiado esos negocios. Por tanto, toda la operación, incluidas las comisiones del rey y sus socios, se pagan con fondos públicos, según la obra ya citada de Díaz Herrera y Tijeras.

No obstante, los gastos fastuosos en los que incurren los socios del Holding Trébol merman enseguida esos ingresos y Prado trata de hacer también negocios inmobiliarios, aprovechándose de sus conexiones al más alto nivel. Aunque en ese terreno es un desastre y sus sucesivas inversiones fracasan continuamente, como las del Castillo de los Garciagos (un proyecto faraónico que idea en Jerez en 1988 y acaba siendo ruinoso), para el que le saca un crédito de 3.500 millones a Mario Conde (Banesto) con los que en realidad acaba tapando otros agujeros.

En 1989, Prado va a presentarse a Javier de la Rosa, cuyo cargo de delegado en España del potentísimo Kuwait Investment Office (KIO) es ambicionado por las más altas autoridades económicas y políticas del país, muchas de las cuales acuden directamente al presidente de esa oficina kuwaití de inversiones internacionales, Ahmad Al-Fahad Al-Sabah, para asegurarle que se ha equivocado al escoger a su apoderado español. Hasta Solchaga intenta conseguir ese puesto, hablando con el vicepresidente de KIO.

Prado: “El rey es socio mío en todo, al 50%”

Lo primero que hace el testaferro del rey es mostrar a De la Rosa una carta de Juan Carlos I, dirigida a su “hermano” el emir de Kuwait –entonces, el jeque Yaber III–, subrayando que la persona adecuada para representar los intereses de KIO en España debe ser el propio Manuel Prado y Colón de Carvajal. Pero éste tranquiliza de inmediato al financiero catalán, prometiéndole que no cursará esa misiva regia ni tratará de arrebatarle el puesto, porque confía plenamente en él… pese que aún no lo conoce. Y le asegura (como declarará De la Rosa después ante el juez): “Prefiero hacer negocios contigo, y si los hacemos has de saber que la mitad de todo de lo que se gane es para mí y la otra mitad para el patrón” [refiriéndose al rey]. “Porque es socio mío al 50% en todo”.

Ya de salida del despacho, en la puerta y como si fuera una idea de último minuto, Prado indica a De la Rosa que, como primera operación conjunta, KIO debe adquirir la mitad de la finca que el rey y él tienen junto al circuito de velocidad de Jerez y donde proyectan el desarrollo inmobiliario Sherry Golf Montecastillo. Incluso le fija el precio a pagar: 1.500 millones de pesetas por la mitad de un terreno que dos años antes les había costado 125 millones.

Como no es una mera sugerencia, y a KIO le interesa gozar del favor del jefe del Estado, De la Rosa accede a esa inversión, desaconsejada por todos los técnicos de la división inmobiliaria del grupo kuwaití, y en junio de ese año Trebolquivir (cuyo presidente es Prado) anuncia a bombo y platillo que ambas compañías van a invertir 10.000 millones en la construcción de un complejo turístico y deportivo en 1,8 millones de metros cuadrados, con unas mil viviendas, dos campos de golf, una escuela de equitación, dos hoteles y un club deportivo con todo tipo de instalaciones. Aunque la verdad es que KIO no tiene intención real de meterse en semejante proyecto faraónico de dudosísima rentabilidad, ya que requiere una inversión total de 25.000 millones, de los que habría que obtener 15.000 de sociedades inmobiliarias locales.

Son este tipo de operaciones las que llevan a la ruina a los socios de Trébol, pues se gastan el total del crédito de 100 millones de dólares de Salmán bin Abdulaziz, y, al cumplirse el plazo de diez años para devolverlo, Prado y Juan Carlos tienen que mendigar a KIO que les preste esa misma cantidad.

Además, en 1990 Sadam Husein invade Kuwait y esa guerra da al traste con los negocios conjuntos, así que finalmente Prado –acosado por las causas judiciales– deberá apartarse de sus funciones como administrador personal del rey y traspasar esa sociedad secreta con el monarca a Alberto Alcocer, siempre asistido por su primo Alberto Cortina, como veremos en el próximo capítulo de esta serie.

*Para la realización de esta serie de investigación se han consultado decenas de fuentes, numerosos materiales y se ha obtenido el testimonio confidencial de algunos de los más estrechos amigos y colaboradores de Juan Carlos I. También se ha contactado con la Casa Real, que ha declinado hacer cualquier tipo de comentario.

https://www.publico.es/politica/exclusiva-juan-carlos-i-rey-juan-carlos-i-fraguo-fortuna-venta-armas-paises-arabes-colon-carvajal-khashoggi.html

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