Oportunistas, obtusos y ciegos: la revolución ya está en marcha, aunque no lo vean

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En el “Prólogo de la contribución a la crítica de la economía política”, a principios de 1859, Marx hace una síntesis magistral de sus indagaciones, de la relación entre el Estado y la Economía o cómo la “sociedad civil” no es un reflejo del espíritu humano sino de la base o estructura económica. Dicha síntesis, leída 162 años después demuestra no sólo la certeza de la ciencia de Marx, sino que, sin duda, nos encontramos ante la mente más preclara que haya parido el ser humano. Señala Marx:

en la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella. Cuando se estudian esas revoluciones, hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra, las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo. Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas épocas de revolución por su conciencia, sino que, por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, pues, bien miradas las cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo brotan cuando ya se dan, o por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización.” [1]

Este extracto condensa de manera sintética la esencia del materialismo histórico, de tal modo que concibe a la historia como un proceso regular y continuo donde las formaciones socioeconómicas se suceden por el desarrollo de la base económica, mostrando con precisión cuales son los puntos de “ebullición” o revolucionarios que se producen en la base y que hacen que se produzcan los cambios en las formaciones socioeconómicas concibiéndose la sociedad como un ser en permanente evolución o desarrollo.

Partiendo de la ciencia del marxismo-leninismo, y de este extracto que condensa enciclopedias de teoría y que es una lección de práctica magistral sintetizada por Marx, debemos analizar, con motivo del día en el que se conmemora el 43º aniversario de la Constitución de 1978 por el que el Estado franquista fue maquillado como “estado democrático” gracias a la traición perpetrada por el oportunismo – en aquel momento histórico encarnado por PCE y PSOE – contra la clase obrera, lo que dicen unos y otros – reaccionarios, por un lado, y el oportunismo por el otro – y calibrar, siguiendo el método de análisis del desarrollo de la historia y de la sociedad de Marx, dichos planteamientos.

La posición de los herederos de Franco –PP y sus diferentes marcas, ya sean verde o naranja– así como aquéllos que, siendo tan reaccionarios como los fascistas, se colocan ropajes socialdemócratas -PSOE- para engañar al pueblo demostrándose que tanto unos como otros son iguales de lacayos de los monopolios – coinciden todos ellos en la defensa a ultranza de la Constitución de 1978, en su veneración.

Sin duda la posición de los dos partidos por excelencia de los monopolios, de la banca, es la de cumplimiento a rajatabla de la misma, señal inequívoca de que el gran triunfador en lo que se llamó periodo de Transición fueron los monopolios, los mismos que siempre apoyaron y sostuvieron al fascista Franco. Y señal inequívoca de que la Constitución de 1978 define y expresa la voluntad de los monopolios y sus intereses. Estos esbirros de los monopolios contemplan la Constitución de 1978 como la solución para todos los problemas del país, sin embargo, los hechos acontecidos durante estos 43 años evidencian no solo un agotamiento del capitalismo monopolista de Estado en España, sino cómo los problemas que trataron de cerrar en falso con la traición de 1978 siguen latentes y exacerbados. Es evidente que para ellos país es sinónimo de su clase social y de sus intereses económicos que no son otros que los del gran capital.

Pero ellos mismos han demostrado, con hechos, que dicha Constitución no sólo no es la solución para los problemas de la mayoría, de la clase obrera, sino que tan siquiera ha sido suficiente para ellos mismos pues, durante estos años, han tenido que ir modificándola para adaptarla a la agudización de la explotación de los monopolios así como para reprimir al pueblo, no solo transformándola mediante las sucesivas redacciones de leyes orgánicas (que es la forma en la que se implementan los artículos constitucionales), sino también para desplazar parte de la soberanía del Estado en favor de instituciones imperialistas supranacionales que son las que marcan tanto las políticas económicas como belicistas del bloque imperialista en el que se halla integrado el capitalismo monopolista de Estado español. Por tanto, esa Constitución que dicen que es inamovible, no ha cesado de moverse siempre que le ha sido necesario a los monopolios. Algo lógico, por otro lado, pues “la burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y, por consiguiente, las relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales.” [2] Y ello se visualiza perfectamente donde la concentración extrema del capital, donde la acentuación de la putrefacción del capitalismo estrangula no sólo a la clase obrera sino a capas más importantes de la burguesía, propiciando que los consensos que los monopolios y las diferentes facciones de la burguesía sellaron en el 78 hayan saltado por los aires. La concentración de capital provoca que grandes partes de la pequeña y mediana burguesía sean arrojadas a la ruina. Por otro lado, la incardinación e integración plena de los monopolios en las estructuras imperialistas internacionales y los consiguientes cambios jurídicos que armonizan la superestructura con el desarrollo de la base imperialista hacen que las burguesías periféricas de las naciones oprimidas contemplen como caen sus prebendas y cómo los monopolios arrasan sus feudos y les arrebatan parte de las plusvalías que antaño acumulaban estas, produciéndose el consiguiente choque.

Algunos partidos nacionalistas, ya sean abiertamente de derechas, como JxCat, como de “izquierda” como ERC, EH-Bildu, CUP o BNG, suscribieron para el día 6 de diciembre un documento, “Declaración: 43 Aniversario de la Constitución Española”. En dicha Declaración, estas organizaciones señalan que la Constitución es hija “de un referéndum constitucional, condicionado por la transición impuesta por la estructura fáctica heredada del franquismo, con la Monarquía Borbónica al frente” [3] y concluyen que “esta Constitución se sitúa como impedimento estructural de un futuro en democracia para nuestras naciones, siendo indispensable su reforma radical tanto en modelo de Estado como en derechos sociales (…) Seguiremos demandando y luchando por exigir al Estado un modelo que, desde el reconocimiento de la plurinacionalidad del Estado y del derecho de autodeterminación de los pueblos, permita a la ciudadanía de nuestros respectivos pueblos decidir democráticamente su modelo político y relación con el Estado. Somos naciones y queremos decidir democráticamente nuestro futuro.” [4]

Nadie que tenga la más ligera noción de lo que es una nación, de su definición, puede negar que Cataluña, Galicia o el País Vasco son naciones. El problema para estas naciones es que son naciones postergadas “que ya no se constituyen en Estados nacionales independientes: tropiezan con la poderosísima resistencia que les oponen las capas dirigentes de las naciones dominantes, las cuales se hallan desde hace largo tiempo a la cabeza del Estado”. [5]

La nación no es simplemente una categoría histórica, sino una categoría histórica de una determinada época, de la época del capitalismo ascensional. El proceso de liquidación del feudalismo y de desarrollo del capitalismo es, al mismo tiempo, el proceso en que los hombres se constituyen en naciones. (…) Pero allí, la formación de naciones significaba, al mismo tiempo, su transformación en Estados nacionales independientes.” [6]

Sin duda, Cataluña, Galicia o el País Vasco son naciones oprimidas, en tanto se les está negando su derecho a la autodeterminación. ¿Pero son una nación oprimida por el Estado español únicamente – es decir, por la burguesía del Estado opresor – o es oprimida también, y fundamentalmente, por el imperialismo, por los monopolios?

El capitalismo hoy no se encuentra en la fase de capitalismo ascensional, no se encuentra en la fase en la que se daban las condiciones para el surgimiento de las naciones que se constituyesen libremente en Estados-nación. Hoy nos encontramos en la fase putrefacta, monopolista del capitalismo donde un puñado de manos, de monopolios, son los que controlan el mercado mundial y dirigen con puño de acero el mundo desde instituciones imperialistas supranacionales – como por ejemplo es la Comisión Trilateral, el Club Bildelberg, Foro de Davos, etcétera, – siendo los Estados nación existentes auténticas marionetas, sucursales desde dónde se ejecutan lo que los organismos imperialistas supranacionales de los monopolios dictan.

A diferencia de la fase de capitalismo ascensional que es el periodo de alumbramiento de las naciones y la constitución de estas en Estados-nación, desde finales del siglo XIX “el capital se ha hecho internacional y monopolista. El mundo está ya repartido entre un puñado de grandes potencias, es decir, de potencias que prosperan en el gran saqueo y opresión de las naciones.” [7]

Las asociaciones monopolistas de capitalistas – cartels, sindicatos, trusts – se reparten entre sí, en primer lugar, el mercado interior, apoderándose de un modo más o menos completo de la producción del país. Pero bajo el capitalismo el mercado interior está inevitablemente enlazado con el exterior. Hace ya mucho que el capitalismo ha creado un mercado mundial. Y a medida que ha ido aumentando la exportación de capitales y se han ido ensanchando en todas las formas las relaciones con el extranjero y con las colonias y las ‘esferas de influencia’ de las más grandes asociaciones monopolistas, la marcha ‘natural’ de las cosas ha llevado al acuerdo universal entre las mismas, a la constitución de cártels mundiales.” [8]

El referéndum del 1 de octubre de 2017 y los hechos que acontecieron durante todo el mes de octubre de dicho año, así como antes del referéndum, demuestran la certeza del marxismo-leninismo, del mundo ya repartido en un puñado de monopolios que saquean inmisericordemente al mundo porque a día de hoy el mundo es exclusivamente suyo. Y por ello Puigdemont, Romeva y demás miembros del Govern de Catalunya trabajaron durante mucho tiempo las relaciones internacionales para que hubiera “un reconocimiento internacional”, siendo conscientes que el verdadero sujeto que autodeterminaría Cataluña, al igual que autodeterminaron determinados países de la Europa del Este tras la caída de la URSS a pesar de que los pueblos estuvieran en contra de las separaciones, no sería el pueblo catalán sino las potencias imperialistas, los monopolios. Si los EEUU, Rusia, China, Alemania y demás potencias imperialistas hubieran reconocido el referéndum, o reconocieran sin referéndum la independencia de Cataluña poco importaría lo que dijera o hiciera el Estado español. Pero la cuestión está en que la gran burguesía vasca, así como la catalana, está integrada en las estructuras imperialistas a través de la burguesía monopolista del Estado español que, a su vez, forma parte de esos órganos de poder de los monopolios y es una obra directa de los monopolios que gobiernan el mundo, primero sosteniendo al asesino Franco tras la derrota de Hitler y, después, diseñando y realizando la Transición cuyo resultado padecemos desde hace más de 4 décadas.

El derecho de autodeterminación significa que sólo la propia nación tiene derecho a determinar sus destinos, que nadie tiene derecho a inmiscuirse por la fuerza en la vida de una nación, a destruir sus escuelas y demás instituciones, a atentar contra sus hábitos y costumbres, a poner trabas a su idioma, a restringir sus derechos (…) El derecho de autodeterminación significa que la nación puede organizarse conforme a sus deseos. Tiene derecho a organizar su vida según los principios de la autonomía. Tiene derecho a entrar en relaciones federativas con otras naciones. Tiene derecho a separarse por completo. La nación es soberana, y todas las naciones son iguales en derechos.” [9] ¿Acaso la nación española es hoy soberana cuando no tiene tan siquiera capacidad para establecer una política monetaria propia o realizar unos presupuestos generales sin intervención exterior? ¿De qué soberanía se puede hablar en el Estado español si existe una Constitución que define un Estado hija de una Transición hecha a imagen y semejanza de la CIA? “En todo momento, la Transición se tutela desde Washington y se maneja desde dentro del Régimen, para que la actualización del franquismo no se desborde. Y en esa tarea colaboran también destacados políticos de la oposición. La acción coordinada de la CIA y el SECED busca imponer la reforma controlada e impedir a toda costa la ruptura. Desde marzo del 72, en el SECED se sigue con detenimiento la evolución de cada ‘familia política’ que pretende participar en la Transición (…)” [10] “En 1975, poco antes de la muerte de Franco, el New York Times afirma que la CIA mantiene importantes relaciones con todos los partidos políticos españoles, incluido el PCE de Santiago Carrillo para buscar una salida al Régimen. Dos años más tarde, el secretario general de esta formación comunista será invitado a viajar a Estados Unidos, caso único en la historia de los partidos de este signo, cuyos dirigentes han tenido prohibida la entrada en los Estados Unidos desde siempre. (…) La principal preocupación de los norteamericanos es mantener bien amarrado el régimen de Franco con el menor coste político para ellos en el plano internacional. Los norteamericanos mantienen hilo directo con Laureano López Rodó y apoyan también la Operación Lolita, que prepara a Juan Carlos de Borbón para suceder al Generalísimo. Inmediatamente después de subir al trono, el monarca realiza su primer viaje oficial a los Estados Unidos, donde recibe el espaldarazo del Imperio”. [11]

Mientras existió la URSS los movimientos de liberación nacional tenían un apoyo firme en su lucha por su emancipación nacional para romper la opresión imperialista. Sin embargo, una vez implosiona la URSS y fenece y el imperialismo no encuentra obstáculo, lo que hacen todos estos partidos que dicen llamarse independentistas no es más que una prédica estéril con la que sólo desvían a la clase obrera de la lucha primaria y real, que no es otra que la lucha por acabar con el imperialismo y construir el socialismo.

La “Declaración: 43 Aniversario de la Constitución Española” suscrita por partidos que se autodenominan de izquierda, aunque hayan refrendado la política de Rajoy en la moción de censura de junio de 2018, no pasa de ser una engañifa más contra la clase obrera, una nueva traición donde se desvía a la clase obrera del auténtico responsable de que los derechos nacionales que exigen sean barrados y negados. Hoy la lucha estriba en socialismo o imperialismo, hoy o la emancipación es de clase o no habrá emancipación de ningún tipo y ello es así no porque lo digamos nosotros, sino porque el desarrollo de las fuerzas productivas establece unas relaciones sociales que nada tienen que ver con las que tienen en sus cabezas esas direcciones pequeñoburguesas, más preocupadas en erigirse las patas socialdemócratas de las nuevos Estado-nación que anhelan, que en constatar que la concentración, la centralización, la prevalencia del mercado internacional sobre los mercados nacionales, los cuales ya han sido arrasados por los monopolios, siendo el mundo, en realidad, un único mercado, que en ver que la burguesía monopolista practica el canibalismo no sólo con el proletariado, sino con vastas partes de la burguesía a la que devoran y empujan a la ruina. Todo ello entierra progresivamente la forma histórica de comunidad humana burguesa, la nación y el Estado burgués que se vinculan inexorablemente a los designios del imperialismo, que no son otros que su óbito.

La “pata izquierda” del sistema (PODEMOS-IU-PCE), una pléyade de oportunistas y socialdemócratas que anteponen sus intereses particulares a los intereses de la clase obrera, no dudan en abrazar a la reacción del Estado y, por tanto, colaboran en la represión y la explotación de la clase obrera – algo, por otro lado, refrendado tanto con su voto en el parlamento la política de los fascistas en la moción de censura al corrupto Rajoy el pasado 1 de junio de 2018, así como por su acción de Gobierno. Todo esto no es novedoso, es lo que llevan realizando desde hace más de 43 años.

Como buenos oportunistas que son, sus mensajes son totalmente contradictorios. Por un lado hablan de que la Constitución es papel mojado porque no se cumplen sus articulados consistentes en los supuestos derechos de la ciudadanía, por otro lado hablan de avanzar hacia un proceso constituyente. Dentro de esa amalgama de oportunistas, PODEMOS defiende una reforma constitucional que pivote sobre tres ejes: profundizar la democracia en la sociedad española acrecentando la participación electoral, dar una solución territorial (que para ellos pasa por el federalismo) y solventar la cuestión social, fórmula a la que estos personajes que se ocultan en la palabra para tapar su adhesión inquebrantable al imperialismo denominan “república solidaria, plurinacional y feminista”. Pero tras todo el follaje dialéctico de estos charlatanes, lo que comprobamos es su sometimiento lacayuno a los monopolios, a las instituciones y, totalmente clarificador es leer su programa con el que concurrieron a las elecciones generales de 2019 titulado “la historia la escribes tú” y, concretamente, lo que hay que hacer con el artículo 38 de la Constitución de 1978:

Quiere decir esto que para PODEMOS el capitalismo monopolista es sacrosanto. Quiere decir esto que para PODEMOS la propiedad privada sobre los medios de producción es sagrada y que los poderes públicos garanticen el capitalismo y la productividad en favor de los empresarios, o lo que es lo mismo, que si el pueblo osa ir contra el capitalismo el Estado no dude en restablecerlo, y para ello están las fuerzas represivas del Estado.

Por tanto, si PODEMOS no plantea cambiar la base económica es falso que pretenda transformar la sociedad pues es el ser social el que determina la conciencia social, la superestructura y no la charlatanería barata de sus dirigentes que lo único que hacen son ejercicios de ambigüedad y filibusterismo al objeto de engañar a los trabajadores y salvaguardar los intereses del gran capital. PODEMOS es tan defensor del capitalismo monopolista de estado como el PSOE, el PP y demás partidos burgueses y así lo acredita no solo su programa sino su acción de gobierno totalmente lacayuna a los monopolios y su régimen.

Por otro lado, IU habla abiertamente y sin ambages de III República. En el programa de esta organización y con el que se presentó a las elecciones generales de 2019, denominado “Programa para un país que lucha, programa para un país con futuro” apela a “una nueva Constitución hecha por el pueblo y para el pueblo” donde señala “algunas de las conquistas de la izquierda para el texto constitucional no son hoy más que papel mojado (…) En los últimos años son varios los síntomas del colapso del modelo, con una crisis económica y política que ha golpeado a la clase trabajadora y supone un vaciamiento de la democracia representativa al evidenciarse que las decisiones clave las adoptan las grandes fortunas, capaces de hundir o reflotar una moneda, los poderes económicos salvajes y carentes de control democrático, así como organismos europeos y mundiales que tampoco responden a ninguna legitimación democrática. Y con una crisis del modelo territorial cuyas costuras han saltado en Cataluña y que ha puesto de manifiesto la necesidad de un modelo territorial diferente. (…) Defendemos la República no solo por la Jefatura del Estado, sino porque es la afirmación de una radicalidad democrática: solo es legítimo el régimen que es república (…) No existe libertad si no se dan las condiciones materiales que la hagan posible (…) La libertad republicana es la ausencia de dominación, tanto en los ámbitos públicos como privados, por eso entendemos que el Estado republicano debe ser un Estado social y laico. Un Estado que ponga en el centro de su actuación la garantía de los derechos humanos, sin distinción de jerarquía ni relevancia entre ellos(…) Para ello, proponemos el inicio de un proceso constituyente que devuelva la voz y el poder de decisión de la ciudadanía (…) La III República se fundamentará en un modelo de Estado federal, defendiéndose el derecho de autodeterminación de los pueblos que conforman el Estado (…) tenemos como objetivo la consecución de una democracia avanzada en el marco de un Estado federal, republicano y solidario que amplie los marcos de libertad y participación y garantice el bienestar económico, social y cultural de los ciudadanos y ciudadanas”.

La indecencia de IU todavía es mayor a la de PODEMOS, y eso que en este último caso estamos hablando de niveles superlativos de indecencia, puesto que reconocen que “los poderes económicos”, como denominan a los monopolios, imponen sus dictados pasando por encima del pueblo, demostrándose que no hay más que la dictadura despiadada de los monopolios y, sin embargo, en lo concerniente a atacar la raíz de la forma de actuar de los monopolios, que no es otra que el pleno control sobre los medios de producción, IU no dice absolutamente nada como tampoco dice nada de salir de las agrupaciones imperialistas en las que el Estado español está presente. Nuevamente Marx desenmascara a estos farsantes que pretenden alterar y cambiar la superestructura sin alterar en lo absoluto la base económica, o lo que es lo mismo, el ser social. Si como dice IU “No existe libertad si no se dan las condiciones materiales que la hagan posible” y no toman medidas en el terreno económico para cambiar la base económica imperialista, la cual es la responsable de que la mayoría obrera esté despojada de los medios de producción y, por consiguiente, del acceso a los bienes materiales necesarios para la vida y por tanto sufren la explotación ¿Cómo pueden construir una libertad de algún tipo si la mayoría está sometida a los poseedores de los medios de producción sobre los que no se actúa en lo absoluto? Y, tras el indecente comportamiento de Rabell, Coscubiela y demás diputados en el Parlament de Catalunya en octubre de 2017, votando de manera pública en lugar de en secreto para que los instrumentos de represión del Estado – jueces en este caso – vieran claramente que votaban NO a la declaración que se sancionaba en el Parlament actuando como auténticos chivatos del Estado fascista es, cuanto menos obsceno, que hablen de derecho a la autodeterminación a la luz de su forma de actuar. Más adelante hablaremos del federalismo.

Los Partidos Comunistas

Llegados a este punto, lo que procede es valorar las soluciones y las consignas que los partidos comunistas dan con respecto del modelo de Estado que en estas fechas suelen reiterar.

Comprobamos que algunos de los partidos que se autodenominan comunistas reiteran consignas como la República democrática y popular, la República popular y federal, República federal, etcétera donde los términos federal, confederal y popular se llevan la estrella por su reiteración.

Hay organizaciones que lanzan la consigna de la república democrática y popular como vía hacia el socialismo. La república democrática y popular fue una forma de dictadura del proletariado que surgió y se desarrolló bajo unas condiciones que hoy no existen. El momento histórico de las repúblicas democráticas y populares fue aquél donde existía la URSS que otorgaba todo tipo de apoyo a dichas democracias populares. Se dieron en países, fundamentalmente, que pretendían realizar una transformación de la etapa de liberación nacional, de democratización y rompimiento con el imperialismo hacia el socialismo. Unos procesos que se dieron tras la victoria de la URSS contra el fascismo, donde capas de la pequeña y mediana burguesía del campo y de la ciudad se aliaron con el proletariado para deshacerse de la gran burguesía y los grandes terratenientes. Las condiciones internas y externas que se daban en aquel periodo histórico de la década de los 40s del siglo pasado tras la Segunda Guerra Mundial y la victoria de la URSS permitieron que cuajase la fórmula de la alianza del proletariado con parte de la pequeña y mediana burguesía que organizativamente se mostraba como un sistema multipartidista que representaba los intereses de las diferentes clases sociales que componían la alianza o frente popular.

Sin duda, las condiciones existentes hoy son diferentes: no existe la URSS, los monopolios han avanzado y han instalado al mundo en la reacción, la cual hoy no está a la defensiva sino a la ofensiva por la tremenda derrota que supuso para la clase obrera y para el progreso social la caída de la URSS. Por otro lado, el desarrollo del imperialismo ha hecho que la pequeña y la mediana burguesía hayan sido arrojadas a la ruina, de tal modo que la proletarización de la sociedad cada día es superior. El desarrollo de las fuerzas productivas ha fortalecido a la clase obrera como sujeto revolucionario – tanto cuantitativamente por el incremento de la desigualdad y la progresiva desaparición de la pequeña burguesía como cualitativamente, puesto que la clase obrera hoy está más instruida y tiene un nivel cultural superior – pues hoy la clase obrera es la única responsable no solo de la producción sino también es la responsable de que se muevan las propias instituciones de los imperialistas siendo capaces, por sí mismos, de mover la maquinaria administrativa y burocrática del Estado burgués. Por el contrario, en la década de los 40s y 50s del siglo pasado, el nivel de instrucción del proletariado hacía que éste requiriese de la participación de capas de la burguesía para desarrollar las mencionadas tareas.

El desarrollo de las fuerzas productivas materiales hoy es infinitamente superior comparándolo con el siglo XX, habiendo generado este desarrollo unas relaciones de producción y una sociedad que no sólo no es igual al de la proliferación de las repúblicas democrático-populares, sino que las condiciones hoy, con la robotización y la automatización de la producción consecuencia del ingente desarrollo tecnológico, son totalmente revolucionarias porque la revolución, atendiendo a las tesis de Marx, ya está lanzada pues, sin duda, hoy se cumplen las condiciones objetivas expuestas por Marx para la desaparición del capitalismo y su superación por una formación socioeconómica de orden superior, esto es, el socialismo, como se constata en lo expresado por Marx: “Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, pues, bien miradas las cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo brotan cuando ya se dan, o por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización”.

Hoy, el desarrollo de las fuerzas productivas no se corresponde ya con las relaciones de producción del capitalismo. La automatización de la producción desequilibra por completo la composición orgánica del capital en favor del capital constante y, por tanto, agudiza todavía más la agonía del imperialismo pues, por un lado, se acrecienta la producción y, por el otro, y al minimizarse el capital variable se reduce la extracción de plusvalía y al automatizarse la producción se arrojan a más trabajadores a la miseria, al paro, perpetuando las crisis de superproducción.

Por tanto, reivindicar hoy la república democrática y popular no es más que no entender absolutamente nada del marxismo-leninismo, es no conocer cómo se han desarrollado las fuerzas productivas durante estas 8 últimas décadas ni la desarmonización de éstas con las relaciones de producción que el imperialismo ha ido generando durante este periodo de tiempo y, por consiguiente, tampoco aquellos que reivindican la república democrática y popular han sido capaces de comprobar cómo el desarrollo de las fuerzas productivas ha ido alterando y transformando una sociedad mucho más desigual, donde la pequeña burguesía tiende a la desaparición, al igual que más capas de la burguesía, y donde el proletariado no sólo se ha ensanchado numéricamente – como consecuencia de la ruina y desaparición de la pequeña burguesía fruto de la concentración del capital – sino también cualitativamente, correspondiendo no otra cosa que la sustitución del imperialismo por el socialismo, un socialismo mucho más desarrollado que el que pudo existir en el siglo XX pues el desarrollo de las fuerzas productivas es infinitamente superior. Y como no, lo que corresponde a la base económica socialista, ya con un alto grado de desarrollo, no es otra cosa que únicamente la dictadura del proletariado, sin alianzas de éste con nadie.

Otras organizaciones apelan a lo que denominan república popular y federal, consigna que muestran que esas organizaciones siguen ancladas en el oportunismo que impregnó el Movimiento Comunista en la segunda mitad del siglo XX y a las que se les ha olvidado cómo se analizan los hechos y los fenómenos siguiendo el método de análisis marxista, y más concretamente, se les ha olvidado completamente el materialismo histórico. La república popular y federal es una forma de estado donde la clase obrera establece una alianza con la pequeña burguesía de la ciudad y del campo y demás sectores populares que se establece como un paso intermedio para profundizar en la democratización y nacionalización de los medios de producción como paso previo a avanzar al socialismo, que se desarrollaría en una segunda etapa como culminación del citado proceso de tránsito del capitalismo hacia el socialismo.

Sin embargo, la democracia burguesa no es más que la expresión o reflejo político de la libre competencia donde las diferentes fracciones de la burguesía pugnaban por salvaguardar sus intereses económicos en la fase de capitalismo ascensional. “Así, pues, el siglo XX señala el punto de viraje del viejo capitalismo al nuevo, de la dominación del capital en general a la dominación del capital financiero.” [12]. Ergo, como “el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general” [13] con el dominio del capital financiero, con el imperialismo, el capitalismo pasa a su fase monopolista donde la libre competencia pasa a formar parte del museo de la historia imponiéndose la dominación de los monopolios y, por tanto, al producirse una transformación de la base económica se produce forzosamente una transformación de la superestructura, pues de lo contrario estaríamos negando la filosofía del marxismo-leninismo, la dialéctica, de tal modo que “en el aspecto político el imperialismo es, en general, una tendencia a la violencia y a la reacción” [14]. Por tanto, en el desarrollo del capitalismo, en su fase imperialista ya han sido completadas todas las tareas democráticas que la burguesía podría efectuar siendo lo único que puede hacer el trancar las ruedas de la historia para dilatar lo más posible la sustitución del capitalismo por un sistema superior, por el socialismo. Al igual que el viejo no puede retornar a su adolescencia, el capitalismo en su fase putrefacta y monopolista no puede volver a la libre competencia, ello lo ve hasta un niño de teta pero no los oportunistas ni aquellos que por más que enarbolen la bandera roja no han comprendido en nada el materialismo histórico.

El imperialismo ha centralizado hasta la extenuación el capital y, consecuentemente, el poder, ha arrasado los mercados nacionales convirtiendo el mundo en un único mercado donde los monopolios son los amos y señores, han liquidado las fronteras para el capital financiero, para los monopolios, que distribuyen internacionalmente el trabajo y han liquidado a la pequeña y mediana burguesía a las que han arrojado a la ruina a la par que dichos monopolios se han hecho más grandes mediante lo que los economistas burgueses denominan crecimiento inorgánico, o lo que es lo mismo, por haberse engullido a las capas inferiores de la burguesía las cuales han sido lanzados al pasto de la ruina incrementando las filas del proletariado en términos cuantitativos. Los Estados-nación se han convertido en lacayos de las agrupaciones supranacionales de los monopolios, desde donde éstos imponen a nivel planetario sus dictados en una centralización extrema del poder. Y mientras esta es la realidad y este es el barro sobre el que se va a erigir el socialismo – la concentración, la centralización y la automatización de la producción – aquéllos que dicen ser comunistas, pero que siguen repitiendo metafísicamente consignas que no corresponden ya a la realidad presente sino al siglo pasado, no se dan cuenta, porque han sido incapaces de analizar el presente con el materialismo histórico como método para ello, de que los imperialistas han hecho más por socavar el capitalismo que su prédica reiterativa y desfasada negando el desarrollo de la historia y pretendiendo llevar a la única clase revolucionaria, el proletariado, a aliarse con cadáveres que no tienen nada ya que aportar, como son la pequeña y la mediana burguesía – devoradas por los monopolios -, o pretenden dividir a los trabajadores con el federalismo, sosteniendo la forma histórica de comunidad humana que no se corresponde con el socialismo, cuando los imperialistas han arrasado con todo antagonismo, con toda división simplificando todo en un única cuestión: La socialización de los medios de producción que es la única manera de armonizar el desarrollo de las fuerzas productivas con las relaciones de producción, totalmente enfrentadas por el imperialismo. Ese es el único paso que corresponde hoy dar y no dar vueltas a la noria, cual burro con orejeras, que es lo que plantean los oportunistas que o no han comprendido nada o tratan de prestarles los últimos servicios a sus creadores, los imperialistas, tratando de desviar a la clase obrera de su misión histórica.

Sin duda hoy nos encontramos en las precondiciones que Marx expresa para la desaparición de una formación socioeconómica (en este caso el imperialismo) y su superación por una formación socioeconómica superior, el socialismo: “Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, pues, bien miradas las cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo brotan cuando ya se dan, o por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización.” [15]

La automatización no corresponde ya al capitalismo, “la condición esencial de la existencia y de la dominación de la clase burguesa es la acumulación de riqueza en manos de particulares, la formación y el acrecentamiento del capital. La condición de existencia del capital es el trabajo asalariado” [16], y la automatización desequilibra completamente la composición orgánica del capital haciendo disminuir el capital variable y, consecuentemente, devorando el trabajo asalariado, es por ello que se cumple a rajatabla la ley de la tasa decreciente de ganancia. La automatización bajo el imperialismo conduce al despido de millones de trabajadores, al incremento exacerbado del ejército de reserva incurriendo en una contradicción pues el mayor perfeccionamiento de los instrumentos de producción en lugar de generar progreso social lo que hace es condenar a millones de seres humanos a la ruina, al paro, a la pobreza a la par que se reduce la obtención de plusvalía y la tasa de ganancia de los monopolios evidenciándose la caducidad plena del capitalismo monopolista. La automatización corresponde al socialismo a pesar de que se está desarrollando en el seno de la formación social capitalista, así como garantiza las condiciones materiales para la superación del imperialismo por un sistema superior, por el socialismo.

El propio capitalismo en su devenir evidencia que los padres del marxismo-leninismo tienen razón. Atendiendo al desarrollo de la formación socioeconómica capitalista el barro sobre el que se debe alumbrar el socialismo es el barro de la centralización, del internacionalismo proletario y dicho alumbramiento del socialismo, de una base económica diferente, sin duda, generará una superestructura diferente, donde patria será humanidad y las fronteras se irán diluyendo a la par que el socialismo se vaya imponiendo. Sin duda las condiciones revolucionarias que hoy se dan permitirán que el socialismo que está por construirse sea superior a la experiencia soviética y, sin duda, liquidará de la faz de la Tierra al capitalismo ya moribundo.

Diciembre de 2021

Francisco J. Barjas.

Secretario General del Partido Comunista Obrero Español (P.C.O.E.)

Bibliografía:

[1]: C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas Tomo I, págs. 269-270. Editorial Progreso. Moscú, 1980.

[2]: C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas Tomo I, pág. 56. Editorial Progreso. Moscú, 1980.

[3]: Declaración: 43 Aniversario de la Constitución española. BNG, CUP, EHBILDU, ERC, Junts, Més per Mallorca, Més Menorca.

[4]: Ibidem.

[5]: J.V. Stalin. Obras Completas Tomo II, pág. 115. Editorial Progreso. Moscú, 1973.

[6]: Ibidem.

[7]: V.I. Lenin. Obras Escogidas Tomo I, pág. 370. Editorial Progreso. Moscú, 1961.

[8]: V.I. Lenin. Obras Escogidas Tomo I, pág. 399. Editorial Progreso. Moscú, 1961.

[9]: J.V. Stalin. Obras Completas Tomo II, pág. 117. Editorial Progreso. Moscú, 1973.

[10]: Alfredo Grimaldos (2013). Las claves de la Transición 1973-1986 (para adultos). De la muerte de Carrero Blanco al referéndum de la OTAN. Pág. 94.

[11]: Alfredo Grimaldos (2013). Las claves de la Transición 1973-1986 (para adultos). De la muerte de Carrero Blanco al referéndum de la OTAN. Pág. 58.

[12]: V.I. Lenin. Obras Escogidas Tomo I, pág. 390. Editorial Progreso. Moscú, 1961.

[13]: C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas Tomo I, págs. 269-270. Editorial Progreso. Moscú, 1980.

[14]: V.I. Lenin. Obras Escogidas Tomo I, pág. 408. Editorial Progreso. Moscú, 1961.

[15]: C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas Tomo I, págs. 269-270. Editorial Progreso. Moscú, 1980.

[16]: C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas Tomo I, pág. 60. Editorial Progreso. Moscú, 1980.

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