‘La Marea’ se suma a la ola inquisidora y propone censurar la red Telegram

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La pandemia ha desatado una furia inquisidora como pocas veces se ha visto. Las redes sociales han ido cerrando progresivamente todas las cuentas críticas hacia la represión sanitaria, con el aplauso entusiasta de los grupos y medios de la oposición domesticada, como Público, ElDiario.es o La Marea.

Son muy malos momentos para la libertad de expresión, sobre todo porque la cloaca de sitios web que dicen defenderla, son sus más acérrimos enemigos, para lo cual suministran a cada paso su conocido gazpacho de adjetivos: magufos, conspiranoicos, negacionistas, antivacunas, ultraderechistas…

Ante la marea de movilizaciones en toda Europa contra los pasaportes de vacunas, las webs domesticadas y sus periodistas estelares, como Miquel Ramos, siguen buscando ultraderechistas con lupa. Es el mejor servicio que le prestan a la reacción, tanto dentro como fuera del gobierno.

Ayer La Marea volvía a la carga con un artículo venenoso del plumífero alemán Thilo Schäfer (*) que sugiere, con una sutilieza farisaica, “tomar medidas” contra Telegram, una red social que no ha entrado en la ola censora de otras, como Facebook, Twitter o YouTube.

Malos tiempos para la libertad de expresión y malos tiempos para redes, como Telegram, que no han entrado en el juego inquisidor. El gobierno alemán quiere responsabilizar a Telegram de los contenidos que introduzcan sus usuarios, como se hace con Facebook, Twitter o YouTube, lo que supone una espada de Damocles para que contrate “verificadores de hechos” y empiece a eliminar mensajes e incluso errar cuentas completas.

Telegram ha crecido porque se ha convertido en un refugio para quienes han tenido que huir de la censura de otras redes. En los medios digitales el tamaño importa mucho. Hasta ahora la red rusa se ha librado de la furia de los inquisidores, como La Marea, sólo porque era marginal. Albergaba pocos usuarios que, además, están ubicados en Europa oriental y en países de Oriente Medio.

La ola censora ya ha comenzado como comienzan estas novedades: con un “debate sobre si se debe actuar contra Telegram”. Por su parte, el gobierno alemán ya ha lanzado dos advertencias contra Telegram, pero los responsables “no hacen caso”. La nueva ministra de Interior, Nancy Faeser, tomará medidas para “forzar a Telegram a cooperar”, lo que se traduce así: deberán empezar a censurar lo mismo que censuran las demás redes sociales.

El pretexto del plumífero tampoco es nuevo, los contenidos violentos, por lo que —siguiendo ese mimso criterio— deberíamos cesurar también el cine de terror, o “La naranja mecánica”, o “Reservoir dogs”, o “Asesinos natos”, o “El club de la lucha”, por poner algunos ejemplos. ¿Por qué no se permite en una red social lo que aparece con tanta abundancia gráfica en el cine o la televisión?

En una red social no se pueden contar mentiras, sobre todo contra las vacunas, mientras que en el cine todo es mentira por definición. ¿Por que no cerrar los cines?, ¿por qué no emitir documentales exclusivamente en las televisiones?

El caradura de Schäfer acaba con un requiebro torero: si el gobierno alemán interviene en los contenidos de las redes sociales, Putin también lo podría aprovechar “para sofocar cualquier crítica u oposición”. Lo que es bueno para Alemania no lo es para Rusia.

Este es el tipo de basura que difunden medios como La Marea.

(*) https://www.lamarea.com/2022/01/04/telegram-el-refugio-de-la-ultraderecha-y-los-antivacunas-en-alemania/

Fuente: mpr21.info
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