El aumento de la influencia de los BRICS es un “signo de transformación sistémica”

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Recientemente, el número de Estados que han expresado interés en unirse a los BRICS ha aumentado significativamente. Entre ellos, potencias regionales como Turquía, Irán, México, Indonesia, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Argentina, Egipto y varios otros países africanos.

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Entre 2021 y 2022 ya se han sumado cuatro países al Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) de los BRICS, tales como Bangladés, Emiratos Árabes Unidos, Uruguay y Egipto, ampliando el alcance global de las instituciones en América Latina, Oriente Medio, África y Asia.

 

Como resultado, el grupo ya está estudiando seriamente la posibilidad de formular nuevos criterios para aceptar a nuevos miembros, ampliando aún más su influencia en la arena internacional. Ciertamente, una mayor cooperación entre los países BRICS junto a otros centros de poder podría tener el efecto de acelerar la recuperación de sus economías, además, de brindar alternativas de financiamiento para proyectos de infraestructura y desarrollo sostenible a través de préstamos del NBD.

Valdir da Silva Bezerra, especialista en Relaciones Internacionales, explica que las ganancias bilaterales resultantes de esta cooperación, el aumento de la influencia y el atractivo de los BRICS representa una señal de una importante transformación política a nivel sistémico.

“Estamos hablando aquí del debilitamiento y la pérdida de legitimidad de los mecanismos de gobernanza global liderados por Occidente en los últimos años”, señaló da Silva.

Conforme al especialista, las instituciones internacionales eran un símbolo de la posguerra y su legitimidad descansaba en gran medida por una supuesta neutralidad. Sin embargo, el conflicto en Ucrania llegó a demostrar, que los organismos bajo control occidental pueden —de un momento a otro— ser utilizados como herramienta de presión política y económica contra países considerados ‘indeseables’, sostuvo.

Al mismo tiempo, agregó que este orden también tenía como pilar de apoyo la primacía absoluta e ‘indiscutible’ del dólar como moneda de cambio internacional y reserva de valor, resultado de la posición económica privilegiada de EEUU tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

“Hoy, sin embargo, tanto la neutralidad de las organizaciones internacionales originadas en el siglo XX como la posición del dólar están bajo sospecha, dando inicio a un proceso de transformación sistémica con fuerte participación de los BRICS”, resaltó.

Da Silva añadió que, las llamadas instituciones de Bretton Woods, representadas precisamente por el FMI y el Banco Mundial, se han convertido en verdaderos instrumentos utilizados por los países ricos para controlar las políticas económicas y de desarrollo de los países más pobres del sur global.

En este contexto, el FMI ayuda económicamente a los Estados con problemas en sus balanzas de pagos, pero sobre la base de que los países cumplan con ciertas exigencias.

Algunos de los requisitos son tener un modelo económico basado en el libre mercado, la implementación de políticas de desregulación financiera, dar incentivo a las privatizaciones y verse sometidos a injerencias extranjeras. Todos estos factores se han traducido a menudo en problemas internos para los prestatarios y han generado un alto nivel de resentimiento hacia la institución entre las élites políticas, puso de relieve da Silva.

En cuanto al dólar, su gran fortaleza desde la década de 1940 se debió a la paridad inicial de la moneda con el oro, que posteriormente fue abandonada por el Gobierno estadounidense tres décadas después, así como al uso obligatorio del dólar para las transacciones comerciales internacionales, especialmente para la compra de materias primas importantes como el petróleo, indicó.

Ante esto, desde su fundación en 2009, los países BRICS se han posicionado para proponer cambios a favor de los países en desarrollo, sobre todo lo que tiene que ver con reformar la obsoleta arquitectura financiera y económica internacional de las instituciones de Bretton Woods, un discurso que no le ha gustado a los Estados pertenecientes al G7 (especialmente a los europeos). Es por ello, que el papel de los BRICS resulta especialmente incómodo para los poderes establecidos.

Un argumento que complementa la falta de legitimidad del actual orden mundial, es que, por ejemplo, en el FMI, el G7 tiene actualmente un 41,2% del poder de voto. Sin embargo, los europeos estarían sobrerrepresentados en la institución si se analiza su contribución porcentual al PIB mundial. Por otro lado, el grupo BRICS posee alrededor del 13,54% del poder de voto, por lo tanto, están infrarrepresentados en el FMI si se revisan sus actuales contribuciones porcentuales en el PIB mundial.

En segunda instancia, más allá de la desconfianza con respecto a las normas y reglas del sistema financiero regido por Occidente, está la cuestión del exorbitante privilegio del dólar como unidad internacional de cambio y valor de reserva. En 2000, la cuota del dólar en las reservas mundiales de divisas era del 70%. Hoy, su cuota es del 59% y la tendencia apunta a su disminución gradual con el paso del tiempo. Ya como moneda principal del comercio internacional, la posición del dólar también muestra signos de enfrentarse a problemas.

En este contexto, señaló da Silva, el BRICS, una vez más, es un actor muy importante en este proceso, puesto que el grupo ya ha estado debatiendo la posibilidad de que el comercio entre sus países miembros se base en la moneda local. La India, por ejemplo, ya ha realizado la mayoría de sus compras de petróleo a Rusia en divisas distintas del dólar. Mientras tanto, las tensiones entre Estados Unidos y China han empujado a Pekín a elevar el estatus del yuan a nivel internacional, también como forma de librarse de posibles sanciones de los estadounidenses en el futuro.

No obstante, a partir de 2022 China y Rusia empezaron a comerciar gas en sus monedas nacionales en el contexto de una asociación “sin límites” y Arabia Saudita (uno de los países deseosos de unirse a los BRICS) ha estado estudiando —aunque de forma embrionaria— la posibilidad de vender su petróleo por medio de pagos en otros activos, como en el caso del yuan.

En conclusión, da Silva pone de relieve que el orden mundial en el que las instituciones de gobernanza global dominadas por Occidente y el dólar estadounidense han reinado sin oposición muestra signos de debilitamiento.

“Cuantos más países muestren interés en unirse a los BRICS, más rápidamente se producirá esta transformación sistémica. Como resultado, el ocaso de este orden de posguerra significará el amanecer de un nuevo mundo multipolar”, finalizó.

 

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