El problema de la vivienda es el problema de los salarios

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El problema de la vivienda es el problema de los salarios.  “El valor de la fuerza de trabajo es el valor de los medios de vida necesarios para asegurar la subsistencia de su poseedor”1. O bien, en el mismo sentido: “el valor de la fuerza de trabajo se reduce al valor de una determinada suma de medios de vida2.

En los últimos 10 años, los alquileres han subido un 51,4 %, mientras que los salarios solo lo hicieron un 3,4 %.

Según los últimos datos del Banco de España, para comprar una vivienda, solo el primer año, hay que destinar más del 36 % de los ingresos brutos disponibles, el mayor porcentaje desde 2012. Si se alquila, el esfuerzo es aún mayor, un 43 %, la cifra más alta de la última década,  En Baleares, Cataluña, Madrid o País Vasco este porcentaje superó el 50 %3.

Según estos datos el salario actual que recibe gran parte de la población, sobre todo la juventud y el trabajo migrante, está por debajo de su valor, puesto que quienes buscan vivienda que no tienen, no perciben el salario necesario para satisfacer esta necesidad básica.

Engels ya argumento en “Contribución al problema de la vivienda” que uno de los efectos de la propiedad de los obreros sobre la vivienda era la exclusión salarial de la parte que debiera dedicar a la habitación. Esta parte se lo ahorraría el capitalista disminuyendo así la parte correspondiente al trabajo necesario y aumentando por tanto el excedente convertido en plusvalor4.

En España, según los datos del censo de población y vivienda del INE, en 1960, la vivienda en propiedad se situaba en un 51,9 %, llegando en un proceso imparable hasta principios de siglo, al 82,2 %. A partir de aquí, se produce un descenso del porcentaje de propietarios de vivienda en España: del 79,8 % en 2010 al 75,1 % de la población en 20205.

Paralelamente los alquileres no han cesado de aumentar.  El número de hogares que vive en este régimen aumentó un 19,25 % entre 2011 y 2021. En los últimos 20 años, el crecimiento del alquiler ha sido del 41 %.

La conclusión es que se está pasando de la propiedad al alquiler, sin que los salarios alcancen para solucionar el problema habitacional de quienes no disponen de la propiedad o de quienes sí la tienen, pero meramente nominativa, puesto que sujeta a cargas o hipotecas, nadie asegura su posesión in aeternum. Los datos comparados de 2007 y 2017 (último año disponible) extraídos del INE, sobre edad de los propietarios de hogares, nos dejan la clara conclusión que los segmentos poblacionales más jóvenes son los más afectados proporcionalmente en este cambio de paradigma con respecto a la vivienda.

Por lo tanto, las obreras y obreros jóvenes, que no tienen vivienda en propiedad, además de percibir nominalmente un salario menor que sus mayores, deben afrontar el pago de unos alquileres que otras generaciones no tuvieron que pagar, al menos en las condiciones actuales, sufriendo doblemente una desvalorización de su fuerza de trabajo.

En estas circunstancias, ante la pregunta del por qué existe un problema de la vivienda, la respuesta debería ser simple: porque los salarios son bajos para poder cubrir la necesidad habitacional. Si a esto se le suma que el resto de productos básicos como la alimentación, la energía… también ha   experimentado (por otras circunstancias) brutales subidas, la elección de estirar la manta para cubrir pies o cabeza se hace menos conjugable.

Pero al igual que Engels, que ya tuvo que enfrentar las “causas y soluciones” de proudhonianos y burgueses, hoy día, las causas y soluciones expuestas por sus sucesores socialdemócratas y/o liberales, difieren en poco de aquellas y mantienen la misma entelequia, confundiendo consecuencias con causas y soluciones con anécdotas.

Sobre el precio de la vivienda

En este sentido, son legión quienes gastan tinta en exponer que el problema de la vivienda es la subida de precios, en lugar de los bajos salarios. Así, confunden algo que sin duda es y será coyuntural, fruto de la distorsión que sobre el valor tiene la oferta y la demanda, problema que de un lado o del contrario siempre será recurrente; con aquello que se está convirtiendo, con el natural proceso de descomposición del capitalismo en estructural, que es el incremento de la explotación absoluta y relativa.

Efectivamente, los precios de adquisición y/o alquiler de la vivienda y de los inmuebles en general son altos y no paran de subir. Continuando con la mención a Engels, y siguiendo la concepción marxista del valor y la determinación de los precios que todas las mercancías (incluyendo la vivienda), podemos decir que tienen un valor que resulta del trabajo socialmente necesario para producirlas. Y respecto del alquiler, en el que intervienen más variables “el precio del alquiler…, se compone: 1) en parte, de la renta del suelo; 2) en parte, del interés del capital de construcción, comprendido el beneficio para el contratista de la obra; 3) en parte, de gastos de reparaciones y seguros; 4) en parte, de la amortización por anualidades del capital de construcción, comprendido el beneficio, proporcionalmente al deterioro de la casa.”.

Pero como indicábamos, a esta concepción del valor le falta el elemento del momento dado, el de la situación de la oferta y la demanda con su capacidad para distorsionar el equilibrio de la equivalencia del precio y el valor.

Aquí, es cuando aparecen las soluciones mágicas y tantas veces repetidas de que la solución del problema de la vivienda pasa por incrementar la oferta.

Respecto si la intervención de los poderes públicos debe facilitar esta oferta, entendiendo que fuera a precios “no de mercado” (subvencionados), difícilmente serían suficientes para dar solución a un problema como este, en el que el 65,1 % de la juventud española de entre 16 y 34 años sigue viviendo en el hogar familiar. Por otro lado, si hacemos abstracción a esa imposibilidad, reiteramos lo dispuesto sobre el descenso del porcentaje de trabajo necesario, expuesto anteriormente y renovamos la afirmación de que al final se trataría de una concesión al Capital.

Pareciere que efectivamente, según exponen a veces con vehemencia, la falta de oferta fuera la culpable y que no hubiera vivienda disponible cuando en España hay 3,4 millones de viviendas vacías, según el INE.

Por otro lado, si la pretensión es que la oferta aumente a través de la promoción privada, igual hay que recordar que el objetivo de las empresas no es solo la obtención de beneficios, sino su maximización, con lo que queda sin resolver el problema fundamental, la falta de capacidad de adquisición de quienes necesitan la vivienda para vivir y no para especular. Es decir, el problema está en los salarios.

De hecho, como hemos visto, mientras el número de propietarios ha descendido en los últimos años, ha aumentado el de multipropietarios. En 2002, el porcentaje de hogares con dos o más propiedades era de un 29 %. En 2017, la cifra había aumentado hasta el 42 %. Es más, el porcentaje de hogares con cuatro propiedades creció desde el 5 al 11 %. Más del doble. (Datos extraídos del Confidencial 17 enero 2023)

La especulación como causa

Lo que está rompiendo el equilibrio entre valor y precio, al igual que ocurrió hasta la Gran Recesión de 2008 y como causa aparente de la misma, es la dificultad de dar salida a la sobreacumulación de capital. Las bajas tasas de beneficios empujan a los capitales a salir de la esfera productiva hacia el gran casino de los activos especulativos, y los bienes raíces, despojados de su usabilidad por el Capital, en perjuicio de las capas populares, se han convertido a pesar de su improductividad, en un sector con una gran capacidad de generar rentas y por tanto detraer plusvalor social de los sectores generadores de la riqueza real.

Ya en 1973, David Harvey en “Urbanismo y desigualdad social” situaba, en relación con el problema de la vivienda y en referencia a la distinción entre valor de uso y de cambio que “Poseemos una enorme cantidad de capital social bloqueado en el total de casas construidas, pero en el sistema de mercado privado de la vivienda y del suelo, el valor de la vivienda no se mide siempre en función de su uso como refugio y residencia, sino en función de la cantidad recibida en el mercado de cambio, que puede verse afectada por factores externos, como la especulación”.

Esto nos sirve para explicar parte del problema actual de la vivienda en las ciudades: su valor de cambio es tan distinto del de uso, que se especula con ellas, se convierten en alojamientos turísticos  o, se mantienen vacías a la espera del pelotazo.

En este sentido, ¿hasta cuándo o cuánto se inflarán los precios, despojando a trabajadoras y trabajadores de la posibilidad de dotarse de vivienda? Tratándose de un bien especulativo, es complicado saberlo. Llevamos tiempo esperando el reflujo económico. Mil datos nos dicen que estamos ahí, pero… la mejor respuesta nos la da André Kostolany 7 con aquello de que “Si en el mercado hay más tontos que papel, la bolsa sube. Si hay más papel que tontos, la bolsa baja”. Y siguiendo esta línea argumental, la burbuja inmobiliaria actual (que la hay, aunque también negacionistas) estallará cuando ya no haya un tonto más a quien venderle “El pisito”8.

La rueda sigue

Sin embargo, el sector siempre es capaz de sorprendernos, buscar y encontrar a alguien más tonto. En 2013, cuando el sector inmobiliario languidecía, el gobierno de Rajoy, nos propuso, la “Golden Visa”.

La golden visa es un permiso dirigido a personas extranjeras que a cambio de una inversión, a partir de 500.000 euros, y a través de la compra de un inmueble, reciben para sí y su familia el visado  de residencia.

Recientemente el Gobierno constató que 4.940 visados de inversores (incluyendo todos los conceptos que la norma establece) fueron expedidos entre 2013 y 2022.

Esto es algo que en parte explica que a pesar de las subidas de tipos de interés con el consiguiente encarecimiento de las hipotecas, las peores condiciones crediticias y las miserables nóminas, la vivienda se siga encareciendo. Y es que, según la Cadena Ser, el 29 de enero de este año, “de enero a octubre, último dato disponible, se vendieron en España 832.756 viviendas, pero sólo pasaron por notaría para hipotecar 323.998, es decir, el 38,9 % o dicho de otra forma, sólo cuatro de cada diez requieren hipoteca. La mayoría, seis de cada diez, se hacen a tocateja.”… “el grueso de esas compras son las llamadas “inversiones mayoristas” …, es decir, ciudadanos extranjeros con mucho poder adquisitivo que compran esas casas no para vivir sino para invertir.”

Por si alguien tenía alguna duda, valgan estas cifras para demostrar que ninguno de los gobiernos que pasaron por Moncloa en los últimos diez años pecaron de xenófobos, que las leyes de extranjería, como no podría ser de otra forma, se aplican solo a trabajadoras y trabajadores, para quienes no queda más que con mucho esfuerzo y perseverancia obtener, quien tiene la suerte de ello, la “precarius visa”.

Si esto fuera poca competencia para los partidarios de la usabilidad de la vivienda, desde EEUU nos traen la posibilidad de “tokenizar” inmuebles. Es decir, a través de tecnología “blockchain”, dividir en partes pequeñas los inmuebles y representar estas partes en “tokens”.

Bajo esta tecnología está aflorando una incipiente multitud de plataformas digitales cuyo objetivo es abrir la inversión especulativa a quienes quieran jugar a partir de 100 euros a unas reglas, que con el eufemismo de “democratizar las finanzas”, encuentran los perfectos comensales para aquella “Cena de los idiotas”9 .

Esto es lo que nos toca vivir en estos momentos de descomposición del capitalismo. “Esa es la sociedad; una reunión de víctimas y de verdugos. ¡Dichoso aquel que no es verdugo y víctima a un tiempo! ¡Pícaros, necios, inocentes! ¡Más dichoso aún, si hay excepciones, el que puede ser excepción!”10

Conclusión

El sector más radical de la izquierda integrada, institucional y comprometida con la reproducción ampliada, vocifera que el problema es del neoliberalismo, de la falta de inversión productiva, de la personalización perversa del mal: el especulador, el capitalista despiadado, salvaje y sin moral social.

En este término, vale la pena reproducir la reflexión de Rolando Astarita en la tesis “el problema son los especuladores”: “El resultado es que, igual que ocurre con la tesis banqueros versus pueblo, se desplaza la contradicción entre el capital y el trabajo. Solo que ahora se establece en términos de “especuladores / pueblo”. Lo cual conecta con la creencia de que el capitalismo “salvaje” se debe a la hegemonía del capital especulador, e incontrolado, por sobre el capital “no especulador” y los Estados.

Vuelve a aflorar, para esta gente, la necesidad de devolver a la sociedad otro tipo más humano de capitalismo (como si alguna vez este hubiera existido), sin entender nada del camino al que inexorablemente esa misma contradicción capital-trabajo, nos lleva. Sin embargo, ni siquiera son capaces de proponer la solución reformista, clásicamente vinculada al movimiento obrero y al sindicalismo de clase. La subida salarial en condiciones de poder afrontar el problema de la vivienda. La omisión no puede ser otra que el conocimiento que la fase actual de desarrollo del capitalismo, no puede permitirse sobrevivir si no es a través de la sobrexplotación de la clase trabajadora y del expolio (desposesión) de lo público.

Y por ello, la conclusión al problema no puede ser otra, que la reivindicación de la solución clásica revolucionaria, todavía más necesaria y vigente que nunca. Para ello, qué mejor exposición que la vuelta al escrito ya mencionado de Engels:

“Lo cierto, sin embargo, es que ya hoy existen en las grandes ciudades edificios suficientes para remediar en seguida, si se les diese un empleo racional, toda verdadera “penuria de la vivienda”. Esto sólo puede lograrse, naturalmente, expropiando a los actuales poseedores y alojando en sus casas a los obreros que carecen de vivienda o que viven hacinados en la suya. Y tan pronto como el proletariado conquiste el poder político, esta medida, impuesta por los intereses del bien público, será de tan fácil ejecución como lo son hoy las otras expropiaciones y las requisas de viviendas que lleva a cabo el Estado actual.”

Otros Medios: Nueva Revolución. Kike Parra

1 ( (Marx,1959a:124)

2 (Marx,1959a:124)

3 Datos del portal inmobiliario Fotocasa y la plataforma de empleo InfoJobs.

4 “Supongamos que en una región industrial determinada sea normal que cada obrero posea su propia casita. En este caso la clase obrera de esta región está alojada gratuitamente; los gastos de vivienda ya no entran en el valor de su fuerza de trabajo.”… “El salario descendería así, por término medio, en una cantidad igual a la economía realizada sobre el alquiler corriente, es decir, que el obrero pagaría el alquiler de su propia casa, no como antes en dinero al propietario, sino bajo la forma de trabajo no pagado que iría al fabricante para el cual trabaja.”

5 Dato de Eurostat

6 Según “Cincodias”, A 31 de marzo de 2023 había 80.680 anuncios de viviendas de uso turístico en las veinte ciudades que más pernoctaciones registran en España, lo que supone un crecimiento del 23 % respecto a las cifras del primer trimestre de 2022

7 André Kostolany (Budapest, 9 de febrero de 1906 – París, 14 de septiembre de 1999) fue un especulador y experto en bolsa reconocido mundialmente

8 https://es.wikipedia.org/wiki/El_pisito

9 https://es.wikipedia.org/wiki/La_cena_de_los_idiotas_(pel%C3%ADcula_de_1998)

10 Mariano José de Larra

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