Kissinger: “Ser enemigo de Estados Unidos es peligroso, pero ser amigo es fatal”

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Telma Luzzani.— La famosa frase de Kissinger, “ser enemigo de Estados Unidos es peligroso, pero ser amigo es fatal” debería figurar como una directriz esencial de Argentina. Nuestro país hoy es una pieza clave en la pugna entre potencias y Estados Unidos está decidido a usarnos a como dé lugar. Las continuas y numerosas visitas de altos funcionarios norteamericanos así lo indican. ¿A qué vino el director de la CIA, William Burns? ¿A qué viene en una fecha tan significativa para los argentinos, el 2 de abril, la jefa del Comando Sur del Pentágono, Laura Richardson?

 

Primero, una breve reseña política de Burns, pez gordo menos conocido que la generala Richardson, pero con mucho más poder. Luego, una reflexión sobre el riesgo que entraña la visita del director de la CIA a la Argentina y el rol de agente fragmentador que podría tener asignado nuestro país en el futuro de América latina.

La prensa norteamericana llama a Burns el «arma diplomática secreta para los desafíos de política exterior más espinosos de Estados Unidos». Desde hace décadas, es una pieza estratégica para mantener el viejo orden anglo estadounidense y contener los otros polos de poder (Rusia, China).

Burns trabajó sigilosamente, tanto para gobiernos demócratas como republicanos, en tareas complejas como el acuerdo nuclear con Irán y la humillante retirada del Pentágono de Afganistán. Desde el 2008, enviado por George Bush hijo, se reunió varias veces, en secreto con funcionarios iraníes y, en 2013, condujo entre bambalinas el equipo de negociación estadounidense con Irán. En 2021, ante el fracaso de Estados Unidos en Afganistán y la evacuación contrarreloj de su ejército, Burns viajó a Kabul donde también mantuvo reuniones secretas con líderes talibanes para negociar la retirada del Pentágono.

Como no podía ser de otra manera, Burns tuvo también misiones de alto nivel en Rusia. Ya en 1995 (¡hace 30 años!), como consejero de asuntos políticos en la embajada en Moscú, sondeaba secretamente sobre Ucrania y la expansión de la OTAN y advertía a sus superiores en Washington: “se siente hostilidad en todo el espectro político ruso en relación a una expansión temprana de la OTAN”. Luego, ya como embajador en Rusia (2005-2008), le escribió a la canciller Condoleezza Rice: «La entrada de Ucrania en la OTAN es la más intensa de todas las líneas rojas para la élite rusa (no solo para Putin). En más de dos años y medio de conversaciones con actores rusos clave, desde políticos en los oscuros rincones del Kremlin a los críticos liberales más agudos de Putin, todavía tengo que encontrar a alguien que vea a Ucrania en la OTAN como algo más que un desafío directo a los intereses rusos».

El año pasado, en plena guerra entre Rusia y Ucrania (o Rusia y la OTAN), Burns cumplió tareas extremas como ser parte del equipo que planificó los ataques a los oleoductos Nordstream 1 y 2, que proveía de gas ruso a Alemania.

En febrero de 2023, el reconocido periodista estadounidense, Seymour Hersh, publicó una exhaustiva investigación sobre el atentado y llegó a la conclusión de que fue “decisión del presidente Joseph Biden sabotear los oleoductos. Esto se produjo después de más de 9 meses de debate altamente secreto de ida y vuelta dentro de la comunidad de Seguridad Nacional de Washington sobre la mejor manera de lograr ese objetivo”. William Burns, ya como director de la CIA, “autorizó rápidamente un grupo de trabajo de la Agencia que elaboró un plan para una operación encubierta que utilizaría buzos de profundidad para provocar una explosión a lo largo del oleoducto”, denunció Hersh.

Divide y reinarás

Operado con facilidad por la Casa Blanca, el presidente Javier Milei ha sabido transformar, en poco tiempo, a Argentina en un agente de enfrentamientos entre nuestros países. La estrategia es obvia: debilitar y dividir a América latina para beneficio del “estado profundo”. El intelectual estadounidense Noam Chomsky suele citar una frase contenida en un documento desclasificado del Consejo de Seguridad Nacional, máximo órgano asesor del presidente norteamericano en temas estratégicos: “Si EE.UU. no logra controlar América latina no podrá consolidar con eficacia su dominio sobre el planeta”.

En pocos meses, el presidente argentino boicoteó el ventajoso ingreso de Argentina a los BRICS; insultó a los líderes de los países y socios más importantes de la región –Lula da Silva (Brasil); Andrés Manuel López Obrador (México); Gustavo Petro (Colombia); Nicolás Maduro (Venezuela)-, todos ellos orgullosos defensores de la soberanía de sus pueblos y autorizó la presencia militar extranjera (Pentágono) de forma inconsulta en la Hidrovía Paraná-Paraguay, un corredor natural de agua dulce y transporte fluvial clave de los ríos Paraná y Paraguay que permite la navegación continua entre los puertos de Argentina, Brasil, Bolivia Paraguay y Uruguay.

La presencia en nuestro país de Burns (“quemaduras” en inglés) es altamente preocupante. Ser director de la CIA es tener uno de los cinco cargos más influyentes en el gobierno estadounidense. Vale como ejemplo el caso de George Bush padre, quien antes de ser vicepresidente de Ronald Reagan y luego presidente (1989 y 1993) había dirigido esa agencia de inteligencia. Bush padre asumió en una etapa clave para la gran potencia: el mundo -por la caída del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética- había entrado en convulsión, se estaba transformando drásticamente y Estados Unidos planeaba quedarse con todo. Burns, la dirige en otro momento dramático de la gran potencia y la historia mundial.

En el caso de Argentina, tanto en la primera etapa (gobierno de Carlos Menem) como en la actual, Washington forzó y obtuvo una obediencia total. No es casualidad. Tanto en aquella década de los 90 del siglo XX como en la presente coyuntura, el mundo atraviesa un proceso de transformación hacia un “nuevo orden global” que exige a Estados Unidos poner todas sus fichas en juego.

En el primer caso, la transición fue de la bipolaridad de la Guerra Fría al unipolarismo. Ya sin contrincantes, Estados Unidos decidió rediseñar sus estrategias para conquistar la hegemonía global e imponer un sistema capitalista financiero globalizado con una institucionalidad democrática ambigua y cambiante según el lugar del planeta. Como reflejaba la prensa de la época, la Argentina de Menem, que tenía “relaciones carnales” con el imperio, se había convirtió en “la mejor alumna” y ejemplo para otros países del modelo neoliberal a seguir.

En la fase actual la transición histórica es a la inversa, de la crisis del orden unipolar (decadencia y clara pérdida de su liderazgo de Estados Unidos) hacia un multipolarismo de características, por ahora, imprecisas. Varios de los conflictos geoestratégicos, como la guerra en Ucrania, son parte de la pugna entre bloques de poder.

Europa central, el mar de la China (con Taiwán), Oriente Medio y América latina son puntos de tensiones y disputas donde se juega el tipo de mundo en el que viviremos. Estados Unidos, como todo imperio en decadencia, luchará por su hegemonía global o por sufrir el menor daño posible, pero en cualquier caso está decidido a hacer todo lo necesario –desde asfixiar la soberanía de los países o estrangular económicamente a sus pueblos, hasta llevar al mundo a una guerra- con tal de impedir que se interfiera en sus planes.

Se busca que Argentina cumpla de fusible también en el caso de China. En su anterior visita la generala Richardson no ocultó ni el deseo de Estados Unidos de apropiarse de nuestros recursos naturales ni la orden de rechazar cualquier trato con Beijing. En su última exposición ante el Senado estadounidense, reiteró sobre la “malignidad” de China y su carácter de “amenaza contra las democracias”.

En esta nueva gira, con los tanques recargados, la generala buscará imponer a Milei el libreto que Argentina debe seguir. Ya ha anunciado que una de las herramientas será implementar la “disuasión integrada”, un nuevo plan militar de Estados Unidos encuadrado en la Doctrina Monroe, pero readaptado al siglo XXI. El tema ya apareció en la última Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas (Brasilia, julio 2022). La disuasión integrada, en palabras de Colin Kahl, ex asesor de seguridad del gobierno de Barack Obama, “significa estar integrados con nuestros aliados y socios, que son la verdadera ventaja asimétrica que Estados Unidos tiene sobre cualquier otro competidor o adversario potencial».

Argentina debe plantarse firme sobre su heroica tradición sanmartiniana y no permitir que la sangre corra en Nuestra América.

* Argentina, periodista y escritora

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