Nakba, la catástrofe del despojo

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La matanza de más de 35 000 palestinos en Gaza, de ellos más de 15 000 niños, a los que se suman unos 80 000 heridos y mutilados, impregnó este año de los tintes más trágicos y dolorosos la recordación —el 15 de mayo— del Día de la Catástrofe (Nakba), la jornada que desde 1948 evoca una de las mayores operaciones de limpieza étnica del siglo XX

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Leonel Nodal (Juventud Rebelde).— La expulsión violenta de 800 000 residentes árabes originarios de la histórica Palestina, a los que bandas terroristas sionistas y un ejército bien armado por aliados de Occidente arrancaron sus tierras y desalojaron de sus viviendas, consagró la proclamación del Estado de Israel en 1948.

 

A sangre y fuego, sobre los cadáveres de cientos de familias masacradas y las ruinas de decenas de aldeas y ciudades arrasadas, quedaron sentados los cimientos de un ambicioso proyecto colonial engendrado por el Reino Unido de Gran Bretaña para arrancar estratégicos y ricos territorios al decadente Imperio Otomano, mucho antes del inicio de la Primera Guerra Mundial.

El hipócrita y ambiguo lenguaje de aparente inspiración humanitaria, con el que se redactó la inofensiva Declaración Balfour, apenas contenía una promesa: «el Gobierno de su Majestad ve favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío», decía la carta firmada por el secretario de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Arthur Balfour.

La niñez sufre cada día la barbarie israelí.

Tal como refiere el notable académico judío Ilan Pappé, el Gobierno británico en Palestina era consciente de la intención del movimiento sionista de apoderarse de la mayor cantidad posible de territorio palestino con el menor número posible de sus habitantes; y, sin embargo, «proporcionó a ese movimiento poder económico, militar y político para llevar a cabo el despojo».

La despiadada operación de tierra arrasada desencadenada el 7 de octubre pasado, en venganza por el sorpresivo ataque a cuarteles y colonias judías militarizadas por parte del Movimiento de Resistencia Palestina, que derrumbó el mito de la superioridad del ejército sionista y su infalible aparato de espionaje, ha dado lugar a una nueva versión de catástrofe humanitaria sin paralelo.

La mayor parte de las viviendas de la Franja ha sido reducida a escombros y sus más de dos millones de habitantes, convertidos en refugiados, obligados a evacuar de un extremo a otro de un territorio inhabitable, sin agua, alimentos, medicinas ni atención médica apropiada, sujetos a continuos bombardeos por aire, mar y tierra.

Encerrados y sin escapatoria posible, después de la entrada del ejército sionista en la ciudad de Rafah, fronteriza con Egipto, ahora quedan expuestos a la muerte por hambre, ante el arbitrario control israelí de la ayuda humanitaria que entraba en cantidades insuficientes, y en los días recientes colonos judíos han estado asaltando los convoyes y destruyendo las cargas de alimentos.

Palestinos desplazados en marcha hacia el sur cerca de la frontera con Egipto. Foto: AFP

Es el pueblo palestino el que realmente enfrenta el tan «peligro existencial» en el que se ampara el sionismo para cometer sus crímenes genocidas, violatorios del derecho internacional.

Sin embargo, ni los continuos bombardeos y asesinatos, ni el hambre, consiguen doblegar la resistencia y el patriotismo de la población palestina de Gaza o de la ocupada Cisjordania y Jerusalén Oriental.

Un nuevo sondeo de opinión realizado por el Centro Palestino de Políticas e Investigación de Encuestas, publicado el miércoles 15 de mayo, muestra que el apoyo a Hamás se ha más que triplicado en Cisjordania —en comparación con tres meses atrás—, en tanto en la Franja de Gaza, esa aprobación también aumentó a pesar de la guerra y las difíciles condiciones que soporta la población. Una gran mayoría, que pasó de 72 a 82 por ciento en Cisjordania y 57 por ciento en la Franja de Gaza, apoyó la decisión de Hamás de atacar a Israel.

El proceso de limpieza étnica nunca se detuvo. A menudo tuvo lugar de forma gradual —lo que se conoce como genocidio incremental— o mediante violencia generalizada, como fue el caso durante y después de la guerra de junio de 1967, conocida como Naksa.

La expulsión masiva de la población palestina en 1948 alcanzó al 80 por ciento de todos los palestinos nativos que vivían en la Palestina histórica en ese momento.

Israel ordena a gazatíes que abandonen el norte de la Franja.

Las fuerzas israelíes destruyeron entonces más de 530 aldeas y llevaron a cabo muchas masacres, que provocaron aproximadamente 15 000 muertes, incluidas las masacres de Deir Yassin, Tantura y Beit Daras, entre otras. Israel capturó el 78 por ciento de la Palestina histórica. Las casas de los palestinos que fueron obligados a abandonar sus hogares fueron entregadas a colonos judíos.

Actualmente hay casi seis millones de refugiados palestinos en países vecinos. La mayoría todavía vive en sus campos de refugiados originales. A 76 años de la Nakba original, Israel sigue construyendo asentamientos judíos ilegales en territorio palestino, desplazando familias y violando el derecho internacional.

La Nakba, la catástrofe del despojo, continúa hasta el día de hoy.

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