¿Estamos viviendo el fin del neocolonialismo francés?

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A pesar de su pasado colonial, Francia ha conseguido mantener una importante presencia en sus antiguos dominios durante décadas. Sin embargo, una nueva corriente revolucionaria se extiende por las excolonias y los territorios de ultramar.

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La semana pasada, los titulares de todo el mundo anunciaban la decisión del presidente francés, Emmanuel Macron, de desplegar al Ejército en Nueva Caledonia, tras declararse el estado de emergencia en el territorio insular, en medio de violentas protestas masivas.

 

Los altercados, que en principio fueron desencadenados por los cambios en las leyes electorales locales respaldados por París, tienen un trasfondo más amplio, derivado por el control del níquel, recurso abundante en la nación insular, entre el 20% y el 30% de las reservas mundiales.

El control del “oro verde” es de suma importancia tanto para los separatistas, que buscan la plena soberanía, como para París, que lo necesita, en gran parte, para producir baterías para los coches eléctricos que se venden en la Francia continental, según afirma Christine Demmer, antropóloga del Centro Nacional de Investigación Científica.

A pesar de su oscuro pasado colonial, Francia ha conseguido mantener una importante presencia en sus antiguos dominios imperiales durante décadas, moldeando paisajes políticos, economías y culturas. Sin embargo, una nueva corriente revolucionaria se extiende por las naciones del Sur Global, que reclaman el pleno control de sus recursos naturales, encaminadas hacia la autodeterminación.

Vestigios imperiales

Aunque en la década de 1960, Francia se vio obligada a conceder la independencia a casi todas sus colonias, en África ocurrió algo particular: París decidió mantener intacto su imperio en todo menos en el nombre. El plan era sencillo, cuando un país africano obtenía su independencia, se le hacía firmar un llamado ‘acuerdo de cooperación’, similar al “pacto del níquel”, que el gobierno de Macron promueve actualmente en Nueva Caledonia, según recoge Reporterre.

A cambio de la ayuda exterior francesa, los países africanos debían conceder a París derechos sobre los recursos naturales, permitir que mantuviera tropas en su territorio indefinidamente y mantener las monedas de estos países vinculadas a la entonces moneda gala, el franco. Sin embargo, esta persistencia no se debe únicamente a la dominación francesa. Las élites africanas han trabajado junto a sus socios franceses para proteger intereses comunes. Autoridades antidemocráticas y oligarcas empresariales tanto en Francia como en el África francófona han unido sus fuerzas para defender los vestigios del antiguo imperio, que tiene su propio nombre: la Françafrique.

Ciudadanos se manifiestan en apoyo a los golpistas en Niamey, capital de Níger, el 3 de agosto de 2023. | Djibo Issifou / picture alliance / Gettyimages.ru

En la Françafrique, los países que utilizan el franco CFA carecen prácticamente de soberanía monetaria: el valor de su moneda está vinculado ahora al euro. Esto significa que los países más pobres del mundo tienen una moneda controlada por los países más ricos, por ende, cualquier apreciación del euro hace que las exportaciones de estos países sean menos competitivas en precio. El encarecimiento de los productos nacionales hace casi imposible el crecimiento impulsado por las exportaciones, necesario para sacar a un país de la pobreza.

¿Fin del franco CFA?

A finales de abril del año pasado, el presidente de Costa de Marfil, Alassane Ouattara, indicó que se estaba debatiendo la cuestión de la moneda única de África Occidental, el Eco, tanto a nivel de jefes de Estado como de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO). Inicialmente previsto para el 2020, el lanzamiento de la moneda única Eco fue aplazado por los 15 países de la Comunidad al 2021, y después al 2027.

Asimismo, el líder de la junta militar que gobierna Níger, Abdourahamane Tiani, dio a conocer en febrero que su país sopesa crear una moneda común junto con Burkina Faso y Mali para desvincularse del dominio francés. Tiani afirmó en la televisión nacional que “la moneda es una salida a esta colonización” y también “un signo de soberanía”. “No se trata de que nuestros Estados sean la gallina de los huevos de oro de Francia”, aseveró Tiani, sin brindar más detalles sobre la posible introducción de una nueva divisa común en las tres naciones africanas.

Manifestantes sostienen banderas del Frente de Liberación Nacional Canaco y Socialista durante una concentración en París (Francia), el 16 de mayo de 2024. | Thomas Padilla / AP

Por su parte, en Senegal, donde se votó mayoritariamente al candidato izquierdista del Pastef, Bassirou Diomaye Faye, bajo el apodo de ‘Panafricanismo de Izquierda’, este ha prometido hacer a su país más soberano en materia alimentaria, energética y financiera.

“La movilización popular contra la moneda ha sido intensa en los últimos años en África Occidental”, reconoce Kai Koddenbrock, profesor de Economía Política en el Bard College de Berlín. “Sin embargo, abandonar el franco CFA ha conllevado históricamente un alto riesgo de sabotaje francés“, añade.

‘Afrique adieu’

La tendencia de autodeterminación no se reduce a lo económico y se extiende en todas las esferas, incluida la militar, especialmente en el Sahel, donde tras la guerra de la OTAN contra Libia, dirigida por Francia y EE.UU., la región se ha visto envuelta en conflictos, por actividad yihadista, piratería y contrabando. Tanto París como Washington han utilizado esto como pretexto para aumentar sus intervenciones militares en toda la región. Bajo el ‘G5 Sahel’, París amplió o abrió nuevas bases militares en Mali, Chad, Níger y Burkina Faso.

El descontento generalizado con la tendencia neocolonial, sumado a las altos niveles de pobreza, desencadenó numerosos golpes de Estado en toda la región. Los legítimos agravios han llevado a los ciudadanos de países como Burkina Faso, Mali, Guinea y Níger a buscar nuevos gobiernos.

Uno de los precursores ha sido Níger, que encabezó una emblemática oleada de resistencia en la región. Durante el golpe de julio del 2023, la población salió a la calle contra el resabio colonial francés, que ha facilitado una corrupción rampante y estructural, especialmente en el sector minero de uranio. Acontecimientos similares en el llamado ‘cinturón de juntas de África’ han sido objeto de gran atención recientemente, donde miles de tropas francesas tuvieron que salir no solo de Níger, sino también de Burkina Faso y la República Centroafricana por decisión de las autoridades locales.

En septiembre del 2023, después de abandonar la CEDEAO, Mali, Níger y Burkina Faso crearon la Alianza de Estados del Sahel (AES) con el objetivo declarado de construir “una arquitectura de defensa colectiva y asistencia mutua”. La alianza llega en un momento crucial, mientras que Níger corre el riesgo de una intervención militar de la CEDEAO, y Mali lucha contra la insurgencia vinculada al extremismo islámico.

Aunque algunos comentaristas políticos han afirmado que los repetitivos golpes de Estado auguran problemas para la estabilidad política y la integración regional, el cambio de orden podría confirmar el fin de la era neocolonial. “La tendencia profunda se confirma: nuestra presencia militar ya no es aceptada. Tenemos que replantearnos totalmente nuestra relación con África”, declaró un antiguo diplomático francés, a Politico. “Nos han echado de África, tenemos que salir de otros países antes de que nos digan que nos vayamos”, añadió.

Nuevos socios y aliados

En los últimos años se han hecho cada vez más evidentes los signos de la disminución de la influencia occidental en África, lo que marca un cambio notable en la dinámica geopolítica del continente hacia nuevos actores. Mientras que China ha impulsado plataformas como el Foro de Cooperación China-África, que ha reunido a los líderes africanos para priorizar el desarrollo del continente de forma colectiva, Rusia ha llevado a cabo dos exitosas cumbres Rusia-África, donde se han discutido y firmado decenas de acuerdos en materia de cooperación energética y militar.

Asimismo, hay varios factores que impulsan el significativo aumento del comercio entre África y la India, consolidando la posición de Nueva Delhi como socio en ascenso para el continente. Gracias, en parte, a las fuertes presiones indias, la Unión Africana fue incluida como miembro de pleno derecho del G-20 en la Cumbre de Nueva Delhi de septiembre del 2023, recoge el investigador asociado del Africa Center, Paul Nantulya.

La relación de las excolonias con nuevos socios se ha caracterizado por ser más transparente y cordial, enfocada en el beneficio mutuo, bajo una agenda de cooperación que se populariza aceleradamente en el Sur Global.

“Cuando utilizamos el término ‘Sur Global’, no se trata solo de un término diplomático. En nuestra historia común, nos hemos opuesto juntos al colonialismo y al ‘apartheid’. Fue en suelo africano donde Mahatma Gandhi utilizó poderosos métodos de no violencia y resistencia pacífica. Sobre esta sólida base histórica estamos dando forma a nuestras relaciones modernas”, declaró en aquel entonces el primer ministro indio, Narendra Modi.

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