Guatemala. A los 70 años de la ilusión decapitada de Jacobo Árbenz

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Víctor Lucas (Unidad y Lucha).— Escasa atención nos ocupan relevantes episodios de la lucha de clases que se han desarrollado en Centroamérica desde el final de la II Guerra Mundial. Por coincidir con el 70 aniversario, en este mes, UyL dedica este artículo al proceso que lideró Jacobo Árbenz en Guatemala en junio de 1954.

Encontrándose en plena Guerra Fría, lo ocurrido en un país considerado “patio trasero de los EEUU”, resalta porque forma parte de las experiencias fallidas de reformar el capitalismo desde posiciones socialdemócratas, lideradas por personas honradas, con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de las clases productivas, buena parte de ellos en crónica subsistencia precaria. Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua han desarrollado procesos de soberanía e independencia que intentaban descolgarse del yugo norteamericano. Sólo Nicaragua intenta mantener la bandera que izó aquel 19 de julio de 1979 cuando el Frente Sandinista derrotó a la dictadura de Somoza.

Jacobo Árbenz fue en el proceso guatemalteco quien padeció la ira “monroesiana” aplicada con la crueldad y violencia con la que opera el imperialismo para impedir la libertad de los pueblos, su derecho a escoger su propio destino. Pero estos procesos confrontan con la hipócrita, falaz e impúdica imposición del autoproclamado “amo del cortijo” que argumenta su ya desgastada teoría de la “seguridad nacional” como justificativa de sus golpes de estado, que suele adobar con un relato lleno de mentiras calumniosas.

El proyecto que feneció con el golpe de estado contra Jacobo Árbenz, se desarrolla con elementos comunes de otros que se condujeron en los mismos términos. Guatemala disponía de un escaso desarrollo de las fuerzas productivas. El sector primario era dominante en la economía nacional. El imperialismo imponía, a través de multinacionales, instrumentos de saqueo de la riqueza guatemalteca. La oligarquía se mostraba clasistamente servil de los intereses de estas multinacionales, ejerciendo el dominio político con la dictadura, que contaba con el apoyo de la mayoría de la oficialidad de las fuerzas armadas.

Jacobo Árbenz formaba parte de una pequeña minoría de la oficialidad del ejército guatemalteco influido por las ideas progresistas defendidas por Haya de la Torre. Consiguió ràpidamente el reconocimiento y liderazgo de este grupo, semejante al que tuvieron los capitanes de Abril en la Revolución de los Claveles portuguesa. Tuvo su protagonismo en el derrocamiento del general Federico Ponce Valdés.

El triunfo electoral de Juan José Arévalo le condujo a regir el Ministerio de Defensa desde donde impidió hasta 32 intentonas golpistas, presentándose a las siguientes elecciones presidenciales de marzo de 1951 donde cosechó un sonoro triunfo sobre su oponente derechista Miguel Ydígoras Fuentes, con un programa básico de independencia económica que chocaba con los intereses de las multinacionales y de la oligarquía terrateniente.

Articulando una política reformista, encontró recursos con la nacionalización de algunas empresas, emprendiendo mejoras en transporte y comunicaciones con la construcción de carreteras y reformas en el puerto de San José.

La estrella de sus medidas estuvo en la Ley de Reforma Agraria de junio de 1952 que, favoreciendo a más de 100.000 familias campesinas, y siendo de naturaleza capitalista, atentaba a la propiedad de los que empezaban a preparar el golpe de estado. Casualmente, las familias de terratenientes y de empresas multinacionales encontraron el rechazo del imperialismo norteamericano, donde destacó Allan Dulles que era ejecutivo de una de las empresas afectadas. Árbenz llegó a rechazar la exigencia de 15 millones de dólares planteada por los que prepararon el golpe.

El 27 de junio de 1954 una intervención armada al mando del coronel Carlos Castillo Armas, que había obtenido su graduación en Kansas, invadió el país desde Honduras, con pertrechos militares modernos y el apoyo de F-47 pilotados por norteamericanos.

La resistencia del ejército guatemalteco se quebró con la traición de oficiales leales en principio a Árbenz, que tuvo que exiliarse en México mientras los invasores negociaban con el gobierno del coronel Carlos Enrique Díaz.

¿Nos recuerda algún que otro caso similar?, Casado, Pinochet,… ¡cuidado con la quintacolumna!

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