
Hace años que las negociaciones de paz se apoyan en una rama de la matemática, la “teoría de juegos”, que propone infundir miedo cuando la diplomacia fracasa. Aparentemente, en una mesa de negociaciones la racionalidad puede dar paso a la irracionalidad sin solución de continuidad.
Durante la Guerra de Vietnam, las negociaciones de paz de París se basaron en esa teoría. Ante el estancamiento, el asesor de seguridad nacional, Henry Kissinger, intentó convencer a los vietnamitas de que Nixon estaba loco. Era lo suficientemente impredecible como para tomar medidas drásticas, incluso recurrir a las armas nucleares (1).
La “teoría del loco” es parte de la teoría matemática de juegos aplicada a las negociaciones de paz. Nixon estaba tan desesperado por su derrota en todos los escenarios que se le podía ocurrir cualquier iniciativa.
En 1969 ordenó a los bombarderos B-52 armados con misiles nucleares realizar vuelos provocadores cerca del espacio aéreo soviético como parte de la Operación Giant Lance (2), una iniciativa dentro de una estrategia más amplia para demostrar su disposición a hacer “lo que fuera necesario” para poner fin a la guerra de Vietnam.
Por su parte, los imperialistas no estaban dispuestos a someterse frente a un enemigo inferior; quien tenía que aflojar era Vietnam. O los vietnamitas cedían en París, o comenzarían los bombardeos.
Para poner la situación en su contexto, hay que recordar que en aquellos tiempos los vietnamitas eran considerados como “proxies” de la URSS, exactamente lo mismo que hoy ocurre con Hezbollah o los huthíes con respecto a Irán. Por lo tanto, la amenaza de bombardeo nuclear se dirigía contra la URSS. El Kremlin debía presionar a los vietnamitas para que cedieran en París.
Como es evidente, Trump sigue esa misma táctica, y desde el inicio de la guerra en febrero nadie ha dicho y hecho más “locuras” que él. Los comentaristas aún no se han dado cuenta de que su imprevisibilidad es una ventaja. Sus ultimátums así lo demuestran, igual que su histrionismo.
Es el “loco” perfecto. Los medios de comunicación están pendientes de él para escenificar cada uno de sus gestos. Tan pronto tensa la cuerda, como relaja la presión. No hay más que consultar las oscilaciones de las bolsas mundiales, que suban y bajan con cada una de las frases de Trump.
Pero no es una conducta personal sino que forma parte de la estrategia de Estados Unidos. En 2015 Obama firmó un acuerdo nuclear con Irán y tres años después Trump lo revocó.
Naturalmente, el éxito de la táctica del “loco” depende de la convicción del adversario de que su conducta puede ser irracional. Pero sobre todo debe dar la impresión de que puede hacer algo que no estaba previsto, de que no todo está bajo control. Por eso hay tantos “expertos” que dicen que Trump puede lanzar bombas nucleares sobre Irán.
(1) https://www.geopolitika.ru/en/article/madman-theory-returns
(2) https://nsarchive2.gwu.edu/NSAEBB/NSAEBB81/index2.htm

