
Ni dios ni amo (Mundo Obrero).— Es obsceno el asesinato de miles de niños y niñas en Palestina. Es obscena la operación de exterminio, planificada quirúrgicamente, con el único propósito de cumplir el sueño del sionismo judío, extenderse a lo largo y ancho del mal llamado Oriente Medio. Una realidad obscena que ha superado con creces la barbarie del Holocausto, gracias a la complicidad o al silencio del mundo rico, que ha sabido reconocer la ocasión de perpetuar su añejo poder colonial.
Es obsceno cómo cuatro millonarios promocionan su proyecto urbanístico, levantar un resort sobre los cadáveres de inocentes criaturas. Es obsceno ese frotarse las manos de los inversores calculando las ganancias y es, si cabe, aún más obsceno, que un coro de malos bufones y cortesanos travestidos de periodistas, supuestos demócratas y presidentes, les aplaudan tamaña obscenidad.
Es obsceno el bombardeo premeditado de una escuela infantil en Irán acabando con la vida de 170 niñas. Es obsceno segar la tierna infancia con la inmundicia de un misil y es obsceno el soporte que el sionismo cristiano y los pastores evangélicos brindan al nuevo emperador del planeta, la viva imagen de la obscenidad.
Es obsceno el sistemático llanto de plañideras que ejercen los suplantadores del pueblo y la cultura judía. Son obscenas las acusaciones de antisemitismo a quienes combaten su comportamiento, que deja en juego de niños el de los nazis.
Es obsceno que definan despectivamente como teocracia al Estado iraní, cuando Israel y Estados Unidos, también justifican sus atrocidades en nombre de su dios y también sus leyes les permiten asesinar, invadir y reprimir por elección divina.
Es obscena la equidistancia en el discurso del poderoso Vaticano, un Estado que tiene implantados sus tentáculos a lo largo y ancho del mundo, que sabe suficientes sucios secretos como para poder ejercer el chantaje, perdón, la diplomacia, en beneficio de la paz.
Es obsceno que pretendan hacernos creer que estamos en manos de unos locos, cuando son las grandes multinacionales, energéticas, tecnológicas, de comunicación o armamentistas, quienes dirigen sus acciones. La humanidad se burla de las extravagancias del pedófilo anaranjado y su camarilla, identifican al moderno Satán ávido de sangre en la imagen del maldito Netanyahu y, mientras perdemos el tiempo en tertulias, memes y chistes, los capitanes de empresa aumentan beneficios hasta límites obscenamente insospechados.
Es obsceno que, tras cientos de miles de asesinatos, expulsiones, torturas e invasiones, el mundo que se autoproclama civilizado, todavía no haya roto todo tipo de relaciones con las dos mayores organizaciones terroristas, Estados Unidos e Israel. Es obsceno que antepongamos las ventas de aceite, vino o acero, a los cuerpecillos quemados vivos, arrasados por la miseria y el hambre que han provocado.
Es obsceno que se hable de guerra preventiva ante posible ataque nuclear, cuando quienes lo hacen, son potencias nucleares que no han parado de causar dolor a otros pueblos. Es obsceno que enarbolen el derecho a la defensa, los dos mayores ejércitos del mundo.
Es obsceno que, los mismos que nos metieron en la ilegalidad de la invasión de Iraq, causando lo que sabemos que causó, aun hoy, sigan defendiendo a quien desprecia el derecho internacional. Es obsceno el secuestro del presidente de Venezuela y su mujer. Es obsceno el criminal bloqueo a Cuba. Y, aunque lo saben, callan.
Y entre tanta obscenidad, resulta obsceno que la izquierda no consigamos ponernos de acuerdo para plantarle cara a tanto criminal obsceno y, juntos, darles en todos los morros.

