Gaza, Palestina y la crisis del derecho internacional: una denuncia política y humana
Lo que está ocurriendo en Palestina, especialmente en la Franja de Gaza, ha atravesado desde hace tiempo el umbral de lo tolerable para cualquier conciencia mínimamente comprometida con los derechos humanos universales. No llamarle genocidio es una decisión política e hipócrita que demuestra el poder del sionismo a nivel internacional.
Más allá de los debates terminológicos por otra parte lógicos y necesarios, o de las disputas diplomáticas, lo que se observa sobre el terreno es una catástrofe humanitaria de dimensiones históricas: miles de civiles muertos, entre ellos una proporción insoportable de niños y niñas, barrios enteros reducidos a escombros, infraestructuras básicas destruidas y una población atrapada en condiciones extremas de bloqueo, desplazamiento y supervivencia.
Organismos internacionales, agencias de Naciones Unidas, ONG humanitarias y expertos en derecho internacional han documentado de forma reiterada la magnitud del sufrimiento civil y las graves vulneraciones del derecho internacional humanitario. Lo que está en juego no es una disputa abstracta, sino la vida concreta de millones de personas privadas de seguridad, alimentos, agua potable, atención médica y refugio.
La asimetría del conflicto es evidente. Mientras una de las partes dispone de uno de los aparatos militares más avanzados del mundo, la otra población civil soporta las consecuencias directas de operaciones militares a gran escala, bloqueos prolongados y una situación estructural de ocupación y fragmentación territorial. Esta realidad ha sido objeto de denuncias constantes por parte de múltiples actores internacionales.
En este contexto, el lenguaje importa, pero no debe convertirse en una forma de evasión. Las palabras no pueden sustituir los hechos, pero tampoco los hechos deben ser invisibilizados por debates semánticos. Lo esencial es reconocer la gravedad de lo que ocurre y asumir la responsabilidad política y moral de actuar ante ello.
El derecho internacional fue construido precisamente para evitar la repetición de atrocidades masivas contra poblaciones civiles. Sin embargo, su credibilidad se ve erosionada cuando su aplicación parece depender del contexto geopolítico o de los intereses de las grandes potencias. Esa percepción de doble rasero debilita todo el sistema internacional y alimenta la desconfianza global.
Frente a esta realidad, la exigencia no puede ser el silencio ni la neutralidad ante el sufrimiento. La exigencia es el respeto efectivo de los derechos humanos, el fin de las políticas que generan destrucción masiva de vidas civiles y la búsqueda de una solución política justa basada en el reconocimiento mutuo y la igualdad de derechos.
La historia juzgará no solo los hechos, sino también la capacidad del mundo para reaccionar ante ellos. Y lo hará en función de la coherencia entre los principios proclamados y las acciones reales.
Porque los derechos humanos no pueden ser selectivos. O son universales, o no son nada.
¡Paremos el genocidio en Palestina!
André Abeledo Fernández

