La política municipal debe servir al pueblo, no a las redes clientelares
La política municipal debería ser la institución más cercana a la ciudadanía. El ayuntamiento tendría que ser la casa de todos y todas, el lugar desde el que solucionar problemas reales de la gente trabajadora: vivienda, empleo, limpieza, servicios públicos, cultura, deporte o atención social. Sin embargo, demasiadas veces los vecinos observan cómo la política local acaba convertida en un espacio dominado por el amiguismo, los enchufes, el oscurantismo y los intereses particulares.
Y ese es uno de los grandes problemas de muchos municipios: la pérdida absoluta de la vocación de servicio público.
Durante años se ha normalizado una forma de hacer política basada en redes clientelares donde algunos entienden las instituciones como si fueran propiedades privadas. Se colocan amigos, familiares o afines políticos mientras muchas personas preparadas quedan fuera. Se toman decisiones importantes entre despachos cerrados y demasiadas veces se gobierna pensando más en intereses partidistas que en las necesidades reales de la ciudadanía.
La política no puede convertirse en una agencia de colocación.
Los ayuntamientos no están para repartir favores ni para construir pequeños cortijos políticos. Están para gestionar recursos públicos que pertenecen a todos los vecinos y vecinas. Cada euro público debe administrarse con transparencia, honestidad y responsabilidad social.
Porque mientras algunos viven cómodamente instalados en la política profesional, muchos ciudadanos sufren problemas gravísimos: salarios insuficientes, alquileres disparados, falta de oportunidades para la juventud, abandono de barrios, listas de espera o precariedad laboral. Y ante eso no sirven las fotos, la propaganda vacía ni las luchas internas de partido. Hace falta compromiso real con la gente.
La ciudadanía está cansada de la opacidad y de escuchar siempre las mismas promesas incumplidas. Está cansada de ver cómo algunos aparecen únicamente en campaña electoral y desaparecen cuando llegan los problemas reales. Está cansada de una política convertida demasiadas veces en espectáculo y marketing.
Por eso es más necesario que nunca recuperar una política municipal honesta, cercana y profundamente democrática. Una política donde los representantes públicos entiendan que ocupar un cargo institucional no es un privilegio, sino una responsabilidad temporal al servicio del pueblo.
Hace falta abrir las instituciones, facilitar la participación vecinal y garantizar transparencia absoluta en contrataciones, subvenciones y gestión pública. Hace falta acabar con el oscurantismo y con quienes utilizan las instituciones para beneficio personal o partidista.
Y también hace falta valentía política. Porque enfrentarse a determinadas dinámicas de poder nunca es sencillo. Quienes cuestionan el amiguismo y denuncian irregularidades suelen sufrir presiones, ataques o intentos de aislamiento. Pero callar nunca puede ser una opción cuando están en juego los intereses de la mayoría social.
La política municipal debe volver a tener alma. Debe recuperar la ética, la cercanía y el compromiso con los barrios y con la gente trabajadora. Necesitamos representantes públicos que vivan los problemas reales de sus vecinos, que escuchen más y posen menos, que trabajen con humildad y entiendan que gobernar significa servir.
Porque las instituciones públicas no pertenecen a los partidos ni a las élites locales.
Pertenecen al pueblo.
André Abeledo Fernández

