
Comienzo a escribir este texto el día veintisiete de marzo. La camarada Paola me ha mostrado cortésmente un texto que recientemente ha escrito sobre un fenómeno dentro de la militancia. Digamos para mayor concreción: de la militancia en Jalisco. La observación es bien sencilla: se ha identificado una narrativa que reproduce con relativa facilidad respuestas acríticas (es decir no sintéticas) a las propuestas y diferencias de apreciación respecto a conductas e ideas dentro de la organización. La narrativa posee identificación con la frase “Nuestras formas” la cual tiene como referencia a una idea nebulosa, de forma difícil de delimitar y con condiciones de abstracción que dan cuenta (en la generalidad de su uso) de las aspiraciones, las costumbres, las filias y fobias de quienes invocan “Nuestras formas” como un factor determinante.
Digámoslo claramente “Nuestras formas” son absolutamente irrelevantes y despreciables cuando el proceso critico se centra sobre ellas, si un cuestionamiento o propuesta de corrección a “Nuestras formas” es formulada, traerlas a colación durante la discusión como argumento consolidado es un ejercicio de insistencia léxica, mas, mucho más que un ejercicio de apertura autocritica. Caso distinto y que debe ser tomado en cuenta con profunda seriedad tanto para postulantes, como defensorxs o detractorxs de “Nuestras formas” es cuando durante un proceso paulatino de aprendizaje, la persona que transita por primera vez ciertos tipos de trabajos e ideas formula cuestionamientos sobre su conducta y se le imprimen “Nuestras formas” es decir: se le forma, asunto absolutamente necesario y prudencialmente prescriptivo. Aun cuando en segunda instancia la persona en formación que busca comprender los procesos que podemos llamar “Nuestros” ya posee las condiciones experienciales, intelectivas y sensibles para proponer puntos de vista vanguardistas y demostrablemente efectivos o inefectivos. La formación es pues un asunto sensible y que requiere de grados altos de tolerancia a la crítica por su grado de interconexión con tensiones y contradicciones gestadas en nuestra perspectiva del poder, la autoridad y la experiencia, factor relevante pero no garante del éxito ante la crítica tanto en su función de necesidad por su formulación como en su recepción tolerante.
Así pues. “Nuestras formas” son al menos tres cosas distintas y claramente diferenciables. A) Una construcción subjetiva, con diferentes dimensiones acríticas de consecución con las costumbres que puede reproducirse fácilmente sin una perspectiva perpetuamente escéptica, B) Las formas concretas de trabajo que se reproducen y buscan ser transferidas a las personas en formación y en ese ejercicio buscan ser planteadas con claridad y certeza por lxs formadorxs y C) Una narrativa en disputa que se desarrolla desde condiciones hegemónicas y antihegemónicas dentro de nuestra organización. Sobre este tercer punto y en ambos casos (El de la narrativa hegemónica y antihegemónica) me permitiré decir que debería llevarse a cabo con las mejores intenciones y siguiendo la majestad del fuero interno desde una condición de franqueza, asunto en el que tenemos flancos débiles que no son reconocidos universalmente y producen por ello una asimetría de fuerzas, similar a la muy conocida diferencia de fuerzas que denuncia “La dialéctica del amo y el esclavo” salvando las discrepancias y confesando los episodios donde un ejercicio de dominación a desplazado un esfuerzo más creativo en el plano formativo. Entendiendo aquí formativo como lo que sucede más allá de los estudios (Sin por ello excluirlos). En su sentido de praxis. En la práctica y la discusión organizativa. De la revisión de estos aspectos y las relaciones guardan entre sí he reflexionado hasta llegar a las ideas que expongo a continuación.
Las ideas invisibles
Hace una semana nos encontrábamos estudiando (como toda la vida) las diferencias entre materialismo e idealismo. La camarada Kat en uno de esos momentos donde por medio del chiste se expresan los aprendizajes y se recorre el camino que el estudio ha sugerido, formuló una frase fantástica y llena de poder creativo que me sacudió profundamente, provocándome risa, sorpresa y estimulando mi sensibilidad intelectiva. Me dije: “Estoy ante un descubrimiento”. La frase descontextualizada no provocará quizás la risa, pero podría igualmente maravillar a lxs lectorxs de esta reflexión “…es como una idea invisible” Idea invisible. Idea invisible. Idea invisible. El eco llenó mi cabeza hueca. Primero me hizo entender una serie de lugares comunes por medio de los cuales suelen explicarse los efectos de la hegemonía. Explicaciones del tipo “Los peces no saben que están bajo el agua”, “Estamos en el surco del disco”, “El mapa sustituye al territorio”, “No necesitas creer en la gravedad para permanecer ancladx al suelo” o “Sentido común” se acoplaron rearmando mi cabeza y por primera vez pude apreciar el paisaje, que se dibujó en mi mente, que no por esto dejaron de ser paisajes de lugares comunes, formas de explicación que hasta entonces me parecían soeces e infructíferas para entender la hegemonía.
No obstante, hay algo en la imagen de las ideas invisibles que sobrepasa el potencial de esas formas de explicación. Las ideas invisibles no son solo la naturalización de diferentes fenómenos de opresión y encausamiento forzoso. Las ideas invisibles son nuestros deseos, las propuestas antes de formularse, la anticipación de un cambio necesario que se dibuja sin que conozcamos la fuente de nuestra inconformidad. Sobre esto hay otros lugares comunes “Amiga date cuenta”, “Ponerse los lentes”, “Darse contra la pared” o “Romper el hechizo”; todas comparten la condición de ser dichas por una persona a la otra. Una primera persona que sale de la caverna y regresa por sus hermanxs.
Pero aun no terminamos con los lugares comunes (ahora comunes) pues este mecanismo se ha enrevesado sin sofisticarse. Hace algunos años había escrito sobre alejarse del fuego encendido al centro del circulo de la comunidad porque fuera de la caverna lo único que había era una caverna nueva. Este fenómeno es apropiado para pensar ambos casos. Como en Calderón de la Barca “La vida es sueño y los sueños, sueños son”. “Despertar es solo abrir los ojos al sueño de la vigilia”. Así la expectativa de “Abrirnos” se dialectiza en una consecución de imágenes nuevas o de “Aperturas” consecutivamente reproducidas hasta el infinito. “Como si miráramos nuestro reflejo con un espejo al frente y otro detrás nuestro”.
Dicho esto, podemos centrarnos en lo que es de nuestro interés verdadero. ¿Cómo disparamos la espiral? Ahí es donde realmente brillan las ideas invisibles -¿Aun puede brillar algo invisible? -. ¿Qué hacen quienes primero nos advierten de los peligros invisibles? ¿Cómo los ven? ¿Qué órgano capta la señal de una existencia intangible a nuestros sentidos?
A diferencia de las ideas invisibles, esta es opaca y claramente reconocible en sus lindes a la luz de la razón, sus bordes son definidos pese a ser una idea porosa y absorbente que atrae a su centro la atención. Un pensamiento sensible a las señales sutiles puede ver en el cuerpo, comportamiento y discurso tanto propios como ajenos las afectaciones provocadas por el influjo de las ideas invisibles. Pero decir que existe es tan escueto, al menos describamos el proceso ¿Cómo es el flujo de pensamiento óptimo para la detección de las ideas invisibles?
Vamos a la concreción. Se trata de un flujo de pensamiento que acepta tajantemente su condición de indivisibilidad en la ejecución de sus capacidades, es decir, no cae en falsas dicotomías que contrapongan “El corazón y el cerebro” pensémoslo sistémicamente, no hay supervivencia de un órgano sin el otro, y en la dimensión de su metáfora, no hay pensamiento lógico sin emociones en su ejecución viva. Las otras clásicas dicotomías son: “Individualidad contra sociedad”, “Teoría contra practica”, “Contenido contra forma” y “Naturaleza contra cultura”. Doy por hecho que la reflexión sobre estas dicotomías las demostrará falsas para lxs lectorxs. Desde la aceptación de bicondicionalidad entre todas estas formas falsamente dicotómicas de entender los procesos de pensamiento puede verse con total claridad la interconexión entre ellas, como un tejido que une todos los puntos, o un tamiz y por el tamiz debemos hacer pasar nuestros juicios sobre el juicio propio.
Ahora tenemos la herramienta crítica. El tamiz, pero deberemos darle un uso. Eso de “hacer pasar nuestros juicios sobre el juicio propio” … No es suficiente para pensar el pensamiento en su acción pensante. El pensamiento posee múltiples canales de atención, puedes por ejemplo pedalear la bicicleta, con suma atención al tránsito, mientras elucubras el argumento para tu propuesta de la siguiente reunión y escuchas o hasta cantas las canciones que llegan a tus oídos desde los autos o auriculares (que no deberías usar sobre la bici). A su vez otros pensamientos llegan a ti espontáneamente, sobre la horda niña del crucero, sobre el convoy policiaco, sobre el amarillo, el verde y el rojo arcanos y sobre los que se funda quizá la mitad de la gobernanza en las ciudades, sobre tu cuerpo que se piensa entrando en calor y si el pensamiento es una excreción de mayor flujo bajo la elevación de tu temperatura corporal como sucede con el resto de tus excreciones. En fin. Que sí que el pensamiento actúa con efectividad y atención sobre diferentes canales a la vez con suma familiaridad y sencillez casi automática.
Va tomando forma el proceso. Un pensamiento no dicotómico de atención distribuida y sensibilidad esforzada. Pero aún falta el “cómo” Podríamos decir si la idea fuera solo satisfacernos de ver a lo lejos el monte que en su ejercicio constante aparecen las pautas del camino. Pero lo que verdaderamente nos apremia es abrir brecha. Sobre esto hay cinco pasos recursivos y que con adiciones personales (prácticamente de estilo) puede facilitarle a cualquiera la identificación de las ideas invisibles, las ideas invisibles son conflictos ya sea en su anticipación o en su atención: 1) Discrepar de las primeras formulas interpretativas que nos alcancen a iniciar una observación. Esto significa ser pacientes en primera instancia y boicotear activamente nuestras primeras impresiones, al menos no entregar nuestra integra confianza a las opiniones que nos nacen, aceptar un estado de indeterminación del juicio, este es un ejercicio de menor intensidad que la “Epojé” pues no pretende la suspensión del juicio sino del juicio dado como “fiable”, la suspensión de nuestros juicios sobre nuestros juicios es más sencilla que la del juicio per sé. 2) Reconocimiento sensible del origen emocional de nuestros juicios, aquí nos encontramos con la supresión dicotómica, podríamos preguntarnos ¿Estoy tomando partido en una disputa inútil? ¿Me encuentro enfrascado en una dicotomía que no promueve su resolución salvo por las vías de la exclusividad de interpretación? 3) Identificación del fenómeno externo, hemos tenido acaloradas discusiones de forma desapasionada, eso es seguro, pero en la implicación multifocal de la atención se nos dibuja con facilidad el ánimo de lxs interlocutorxs incluso cuando no lo reflejamos o permanecemos en un menor grado de afectación, estxs interlocutorxs pueden incluso ser imaginarios ¿Acaso no sabes cómo se tomará tu camarada lo que vas a decirle? Y en caso de no saberlo, esx fantasma que imaginas ¿No tiene nada que decir que sea valioso, sea o no, un reflejo fiel de la realidad? 4) La explicitación de los contrastes, describe qué diferencias de origen hay entre una y otra expresión de inconformidad dentro del procesos critico de identificación del fenómeno externo, ¿Quién percibe a quién como amenaza y qué es lo que está en juego? Eso que se juega ¿Es un juego necesario o puede por medio de su explicitación diluir la intensidad del conflicto? 5) Tematización y recursividad, una idea invisible lo es no por ser inaccesible a nosotrxs, sino por no estar tematizada, a veces nos enfrascamos en una discusión o investigación difícil por no haberla logrado tematizar, pensemos en las dificultades que enfrentaron lxs desposeidxs de la tierra antes de poder tematizar su indignación como una serie de opresiones, sin tema no hay discusión, sin discusión no hay táctica ni estrategia y sin estas dos no hay futuro nuestro, esa tematización es una versión reducida de las metodologías para la creación categorial, pero puede resumirse a dos puntos segmentarios: A) Comparar con otras ideas invisibles previamente descubiertas y B) Gestar la propuesta critica con especial énfasis en sus condiciones de criticabilidad. Estos dos pasos del paso cinco autorizan el reinicio del proceso, ante la investigación lograda o la discusión tenida regrese a Discrepar de las primeras formulas interpretativas. Tampoco perdamos la cabeza, no es tan importante ascender (O caer) en la espiral hasta las últimas consecuencias, como lo es avanzar un poco y compartir los resultados para lograr una cualificación socializada y critica, que resista el paso del tiempo.
Quiero, pero no puedo terminar ahora. Aún hay algo por decir sobre las ideas invisibles y es sobre su facultad de anticipación. No debemos ver venir demasiado pronto las nuevas fricciones y actuar siempre para impedirlas. Debemos dejarlas suceder. Fracasar. No me juzguen como cruel ni como arrogante. Yo me siento tierno y cariñoso. Lo que deseo hacer ver con este último párrafo es que la paciencia y la tolerancia a los diferentes ritmos es universalmente necesario. Doy por seguro que la mayoría de las tensiones desde las más irremediables hasta las más inocuas son tratables en el largo proceso de formación continua y compartida si nos profesamos la paciencia suficiente. Es seguro también que en cada uno de esos casos de fricción de apariencia irresoluble lleve cada lado una pequeña porción del mejor futuro para todxs nosotrxs, si no en la razón esgrimida si en el corazón que afectado se pronuncia, deberemos por ello atender con plena tranquilidad a las condiciones subjetivas, pues estas a diferencia de las materiales, cuando buscan ser cambiadas radicalmente por medio de la fuerza (de la razón) se encuentran con la temprana respuesta de la ofensa, del orgullo y la falsa modestia. En el fondo sabemos quién es la persona (Tú) con la que debemos ser más pacientes, pasamos tanto tiempo con ella que es difícil no vivir con algo de enfado.
Vértigo vertical e inercia horizontal
Nuestra dirección tiene vértigo, si su vértigo llega al pararse sobre un ladrillo o a hombros de gigantes, es, aunque importante de diferenciar, despreciable para los fines de este texto. Importa poco si la camarada “X” soporta grandes alturas antes de que el mareo suba a sus rodillas o si el camarada “Y” al pararse apenas de puntitas se siente caer hacia un cielo centrifugado en pleno desprendimiento del suelo. Lo que quiero es pensar el vértigo. A su vez nuestra base participa de una serie de inercias no admitidas, no nombradas, sin tematizar como dijimos antes y para repartir en justa medida la critica que omitiremos (en su profundidad) importa poco si se es presa de una inercia feroz con el arrastre de un caudal ancho y denso o si se trata apenas de un soplido que podría apagar lo mismo la flama que se entroniza sobre una vela o el fuego de sus espíritus críticos. Es decir, aquí atenderemos de manera abstracta al asunto de este vértigo y esta inercia. Atienda cada quien bajo responsabilidad flagrante y auto infligida la crítica sobre su propia susceptibilidad al mareo de las alturas o su debilidad frente al movimiento. Recomiendo en todo caso hacerlo con celeridad pues llevadas a su dimensión social y de responsabilidad compartida concreta son más difíciles de llevar estas críticas. Gobiérnese pues, que nos estamos aprendiendo a gobernar.
Lo primero salvando la advertencia previa es dejar claro lo siguiente: No hay mutua exclusión entre los dos fenómenos. Nuestrxs camaradas con menor autoridad conferida son susceptibles aún al vértigo, y lxs camaradas que mayor autoridad conferida reúnen para si son excepcionales víctimas de la inercia. No son pues el eje “X” y “Y” ejes exclusivos, lo que son, son ejes de análisis móviles que se sobreponen de manera efectiva y no alternativos. Todx mundo estamos bajo el influjo de estas dos ideas invisibles.
¿Cuáles? ¿Cómo operan? Primero el vértigo vertical. Cuando unx camarada adquiere nuevas responsabilidades ya sean mediante una comisión temporal de trabajo, una comisión de larga duración, una secretaría o el solo encargo de un trabajo, se le dota de agencia para determinar la forma y los mecanismos por medio de los cuales se cumplirá con la labor, es decir, se le otorga autoridad sobre un proceso. Esto sucede así de facto, incluidos los casos donde sólo se le asigna un encargo a cubrir, puesto que, y esto es sabido de sobra, un inconveniente cualquiera exige que nuestrx hipotéicx camarada tome decisiones en pro del cumplimiento. Es decir que incluso en el caso donde la autoridad se le reduce al mínimo a estx camarada, estx aún pose autoridad sobre si para decidir cómo actuar en una contingencia de cualquier estilo. Este formato de autoridad que es nativo de los modelos disciplinares donde la disciplina es consensuada, es valioso, merece nuestro reconocimiento como virtuoso y formula una curva de aprendizaje sobre la gestión de la autoridad que resulta accesible y hasta noble con quienes expresan menos habilidades directivas natas.
El problema está en la caracterización que se hace de esta autoridad. He escuchado a camaradas con poco y mucho tiempo en posiciones de dirección utilizar oraciones del estilo “Yo no soy cualquiera, soy su secretarix general”, o “No se te olvide que soy tu dirección”. Esto podemos matizarlo, nuestra dirección merece nuestro integro respeto, igual que cualquier camarada, pero ¿a quién no le gusta más escuchar cuando ha sido soez un sencillo
“Hey, somos camaradas”? El dispositivo del poder que se activa ante las distinciones de autoridad suma en general poco a las discusiones. Con total franqueza, ¿Qué aportan las distinciones de autoridad en una discusión táctica entre camaradas? Si la respuesta es “El reconocimiento a la experiencia que ayuda a asegurar resultados mejores…” Que se demuestre esa supuesta superioridad sin necesidad de lucir la posición, es lo que se espera de cualquier camarada en posiciones de dirección. Lo mismo podemos decir de cualquier discusión moral, teórica, organizativa, etc. ¿Para que existe entonces la autoridad? Es sencillísimo, es para no discutir precisamente, para que existan mecanismos de toma de decisión cuando la discusión no es una alternativa por las condiciones materiales, no por las condiciones subjetivas, evadir una discusión no debiera ser en ningún caso “Porque no quiero que se cuestione mi autoridad”, “Porque no quiero que se señale un error”, “Porque el tema me parece sensible en lo personal” Sigue siendo verdad que la dirección debe guardar la armonía dentro de la organización pero mientras no sea un tema competente a la Comisión de Atención a las Violencias muy probablemente sea un tema competente a la discusión colectiva.
Esas ideas invisibles sobre la autoridad como un ejercicio que dota de nuevas dignidades a quien sea que la ejerce es uno de los primeros vértigos de la verticalidad y la idea madre de los autoritarismos. El autoritarismo en la organización es incipiente, pero no por ello inexistente, principalmente en el fuero interno de nuestrxs camaradas, incluso si las practicas organizativas están exentas del vicio autoritario (que no lo están esto es hipotético) aun afectan emocionalmente a lxs camaradas que se creen merecedorxs de diferenciarse del resto según sus labores asumidas, sobre todo cuando esa creencia arraigada por el capitalismo golpea de frente con la realidad moral de lo colectivo y donde por los trabajos no es necesario ni obligatorio dar las gracias y mucho menos premios o alabanzas, en el fondo de nuestros corazones hay una necesidad de reconocimiento que es prácticamente innegociable con nuestra moral más racionalizada y colectiva, pero no por ello debemos darnos el permiso de expresar de forma desmedida esa necesariedad del reconocimiento. ¡Qué distinto es cuando en una reunión se dice! “Camaradas no me he sentido suficientemente escuchadx pese a que soy su secretarix general” frente a un “Camaradas no se les olvide que soy su dirección”. Incluso hay matices más profundos “¿Están segurxs de la elección que hicieron conmigo?” es distinto en demasía a “Ustedes me eligieron”. Puedo parecer ahora un cínico al decir esto, pero, aunque yo no veo grandes diferencias entre ese par de fraseos, porque en todos los casos me parece un recurso pobre ante la negociación sobre el trabajo incumplido, veo con claridad que el diablo está en los detalles y la gran diferencia está en la impronta desde la que se dicen las cuatro oraciones. En el primer caso se pone en juego por un lado la sensibilidad y se la reconoce ligada a la percepción de autoridad que debiera significar el ser escuchadxs, mientras por el otro lado, la oración es casi amenazante. En el segundo caso la oración parte del reconocimiento de que la autoridad ha emergido de una decisión colectiva previa y aunque pueda parecer que tenga tintes lastimeros encierra la afirmación flagrante de que los acuerdos deben ser seguidos, mientras la otra expresión buscando decir lo mismo lo plantea desde una condición de consecuencia “Ustedes me eligieron”.
Esta misma idea tiene expresiones variadísimas, pero no podemos tratarlas a profundidad todas, de manera que sólo enunciare las más comunes y los clasificare en cuatro estratos: A) Ideas de percepción de estatus, B) ideas sobre la toma de decisiones, C) ideas del control del sentido y D) ideas de la estructura y el procedimiento.
Las ideas invisibles de percepción de estatus más comunes son las siguiente: 1) La infalibilidad del juicio: Según la cual el acceso a más información y una visión panóptica más nutrida autoriza juicios sobre aspectos en los que no se posee expertiz sobre camaradas con mayor grado de comprensión en temas concretos. 2) El fuero moral: Según el cual la dirección emite opiniones morales que se confunden con el “deber ser” excluyéndolos de la crítica moral necesaria en la organización. 3) El paternalismo organizativo: Desde la cual las ideas de la base son consideradas “semillas” que podrán alcanzar la madurez cuando la dirección las reformule (generalmente con sus palabras) y de con ello el visto bueno. 4) La disponibilidad diferenciada: Desde la cual incluso cuando las condiciones materiales no lo exigen, la flexibilidad de la base se espera mayor que la de la dirección y gesta lógicas erróneas sobre quien espera a quien. 5) La representación absorbente: Que mediante el “Nosotros” o “Nuestras” como en “Nuestras formas” homogeniza las posibles discrepancias dentro de la organización.
Ahora las ideas invisibles sobre la toma de decisiones: 1) La consulta ritual: Que consiste en solicitar la aprobación de propuesta prácticamente aprobadas y definidas. 2) El silencio como acuerdo: Según la cual el silencio de una posible disidencia se pasa como una nula oposición pese a poderse tratar de un acto prudencial más no de acuerdo. 3) Urgencia artificial: Que establece plazos críticos para la toma de decisión, a veces con la intención de saltar procesos de toma de decisión democrática. 4) La fragmentación de la información: Que distribuye la información que considera necesaria dejando la visión de conjunto solo en manos de la dirección lo que la torna esencial para cualquier síntesis.
Sigamos con las ideas del control del sentido: 1) El arbitraje de la relevancia: La dirección puede sin censura directa estratificar la relevancia de los temas dejando de lado los temas que le son incomodos o en los que están a la merced de la decisión democrática. 2) La paráfrasis de autoridad: Autoriza a ciertas personas a tomar hallazgos inmediatos, refrasearlos y hacerlos pasar como suyos o como valiosos, muchas veces modificando sutilmente el sentido de una propuesta o la interpretación de un dato. 3) La costumbre: Funda sobre el virtuosismo de viejas acciones una lógica de perpetuación de las conductas que dieron frutos antes, esto también es como en “Nuestras formas”. 4) La validación selectiva: Conduce a elogiar solo las ideas que sostienen una línea concreta de pensamiento o acción.
Y finalmente las ideas invisibles de la estructura y el procedimiento: 1) La burocracia de control: Implementa pequeños procesos de revisión o control con la idea de generar presencia y recordar quien controla el flujo de decisiones o información sin aportar nada que verdaderamente justifique la incidencia. 2) Delegar la culpa: Si todo sale bien es resultado de la planificación y la visión de conjunto, si sale mal es resultado de la indisciplina y la operatividad de la base, plagando el panorama de éxitos individuales y fracasos colectivos. 3) Opacidad del mérito: Funciona mediante el obscurecimiento de las métricas del éxito en el ascenso del escalafón directivo dejando casi a criterio de la dirección quien lxs acompañara. 4) La operatividad concentrada: Que deja en manos de la base solo los “cómo” apropiando en la dirección las discusiones sobre los “qué” y “por qué” creando condiciones disímiles de comprensión organizativa.
Aquí solo hemos señalada diecisiete de estas ideas invisibles clasificadas además en cuatro ejes, pero estas son solo las más visibles, las menos sutiles, las más fáciles de identificar, lo que significa que hay más fuera del foco inmediato de este texto otro puño de ideas invisibles. También es valioso decir esto, no se trata de vicios presente de manera universal, ni que se ejecuten todas las veces, si no, que se muestran en algunos casos y que sostienen un entramado complejo de poder en las dimensiones explicitas de lo jerarquizado (y no jerarquizado, pero de eso hablamos al rato). Es menester individual reconocer los vicios en nosotrxs mismxs, también es menester colectivo trabajarlos y huelga decir además que esta propuesta no es una propuesta completa de identificación, las propias divisiones deben ser modificadas, las ideas refraseadas y profundizadas, e incluso por bloques probablemente, habría que ampliar el espectro visible de estas ideas que se resisten a ser vistas, por ejemplo, no plantee un eje de lo afectivo porque lo veo asociado al tema que trataremos al final de este apartado sobre las ideas invisibles.
Pasemos ahora a la inercia horizontal. Cuando un esquema interpretativo ya está armado tiende a persistir, pese a las correcciones particularizadas o nucleares, las lógicas de bloque, la unidad ideológica, el sentimiento de grupo y otras de las expresiones que contemplan lo colectivo en su movilidad conjunta, no pueden ser desplazadas de su eje sin que se modifique la forma, se utilicen varios puntos de apoyo o las dos. Entonces hay dos formas de desplazar la organización si nos pensamos como un conjunto sólido, dotándole de una forma que aproveche bien la fuerza que le se imprime, como una esfera, rueda o con una forma paneable que por medio del vaivén facilite ser empujada o arrastrada, la otra es utilizar varios puntos de apoyo donde se imprima fuerza hasta lograr desplazar incluso la estructura menos móvil. Lo mejor es a todas luces, si se piensa en la movilidad, es redondear las formas y colaborar formando varios puntos de apoyo para moverla, reduciendo al mínimo el desgaste energético que exige el móvil en su desplazamiento. Pero aquí la cosa no es tan sencilla, cada militante es al mismo tiempo parte de la fuerza y del móvil, y cuando ha iniciado un movimiento ese movimiento expresa una tendencia, que, salvo que el único objetivo sea moverse y no “llevar a algún lugar”, nos exigirá aplicar una fuerza igual y opuesta a la tendencia inercial del móvil. Un doble gasto de energía. Gasto que puede no duplicarse si al momento de aplicar la primera fuerza, la que genera la tendencia inercial, se calcula con justa medida la interrelación de fuerzas que experimentara nuestro móvil y la fricción, las fuerzas externas y el desgaste habiendo formado parte del cálculo, nos posibilitan que la inercia expresada termine justo por “llevar a un lugar” previamente establecido. No obstante, esto no sucede nunca, es casi milagroso, muy rara será la organización que desplazándose de un momento a otro no deba aplicar fuerzas inversas para reajustar su posición a la deseada.
Toda esta extensa analogía tiene como función ahorrarnos la explicación más extensa aún de la inercia en sentido de nuestras creencias, nuestras posiciones, nuestras relaciones, nuestras labores, nuestras regiones, nuestras emociones y “Nuestras formas”. Es mucho más en su concreción que expande el discurso lo que tendría que escribirse para explicitar la inercia, respecto del vértigo y la razón es muy sencilla, la coreografía es más difícil de describir que el papel de cada persona sobre la puesta en escena. Por eso no se piense este primer asunto sobre la inercia como terminado, la función de la analogía es hacerle recordar e imaginar qué veces ha estado y estará bajo el influjo de la inercia, sin muchos adjetivos de momento, las veces que ha sido placentero, doloroso, cuando salió el plan, cuando fracasó, si estuvimos consciente o inconscientemente bajo la inercia, la función de la analogía es que reconozcas en un sentido experiencial el fenómeno, digamos apenas identificar el fenómeno.
Ahora bien, este fenómeno tiene una fuerte conexión con la autoridad de la misma manera que la tiene el vértigo. En una primera impresión la agencia sobre la estructura y el compromiso adquirido con la estructura está distribuido de manera ascendente en la escala de autoridad, digamos en el sentido de la agencia, es difícil imaginar al militante más reciente de nuestrx colectivx darle un giro a la política general de la organización, potencia que se le atribuye en cambio a nuestra dirección nacional, tampoco esperamos en el sentido del compromiso, que esx nuevx militante esté pese a todo en una organización que recientemente está explorando, caso contrario con nuestra dirección nacional. Desde esta primera impresión el lindísimo cliché, o gloriosa formula (Según se le vea) de que “de cada cual, según sus capacidades, a cada…” Se cumple en realidad al centro del esquema formal de las autoridades y mientras se desplaza hacia la base se laxan las exigencias según la capacidad y predomina el cuidado a las necesidades (Buscando facilitar la curva de aprendizaje de nuevxs militantes), por otro lado, a la dirección se le exige casi insensiblemente más allá de sus capacidades humanas una cuasi santidad y sus necesidades son obviadas como satisfechas en el trabajo cumplido.
Pero como dije esa solo es la primera impresión y desde la mirada de observación crítica de alguien menos indulgente o ingenux que yo mismo, probablemente no sería ni la primera impresión. No es exageración alguna decir que la dirección cuenta con el beneplácito de la base para cubrir sus fallas bajo la idea, sana y de buena camaradería, de comprender el margen de error al que se enfrentan con semejantes paquetes de responsabilidades, no es común, sino, habitual identificar la ausencia en trabajos de base de la dirección por cubrir sus actividades directivas, nadie con sanidad de juicio exige a alguien más ocupar dos espacios a la vez, pero el hábito es eso, un sentido que se absorbe y expande fuera de lo exclusivamente permitido por la “sanidad del juicio”, es automático, y entonces un día se les dignifica el enojo, se les permite alzar la voz, se les hace impermeables a la crítica, se les premia por el trabajo que es de todxs (De muchas formas diferentes) y en algunos casos hasta se les exhorta a recurrir a estos mecanismos si no son claramente escuchadxs o la reacción del resto a una decisión ejecutiva no es percibida como asumida con inmediatez o suficiente contundencia disciplinar como si fuera esto (La vida, la militancia, la disciplina y la acción) algo susceptible al control remoto. Y así como con un control remoto que deja de funcionar, aparece un doble enojo, frente al televisor, con su panel de botones bajo la pantalla. Qué fea esta caracterización que he hecho, por ello es importante decir que, aunque la caracterización describe gestos verdaderos y emociones verdaderas de nuestra dirección, no es el estándar, ni es sostenido de forma acrítica, sino que se reconoce el malestar y no les es ajeno el pensar críticamente su rol, no se entienda como una generalización vacua, esa no es la naturaleza de este texto, sino como un segmento móvil dentro del entramado material y subjetivo de la organización, le ha pasado a camaradas, le pasa a camaradas y les volverá a pasar, leerlo quizá promueva otras formas de transitar por el fenómeno, ojalá no solo haciendo más corajes.
¿Y qué pasa con la base? Esa no es la verdadera pregunta, sino ¿Qué hay de la relación inversa?, donde la dirección –Así como la base le considera ocupada y reconoce la imposibilidad de una cobertura absoluta de funciones– identifica en la base la falta de experiencia, la necesidad de acompañamiento y la dificultad de “montarse” en una organización que le exigirá largas jornadas de trabajo no remunerado, incluso, cada vez más largas y en algún momento no sólo no remuneradas sino costosas y así, le facilita descentrarse de las responsabilidades cuando estas se reconocen como no asumibles por la militancia, en algunos casos, menos intrépida de lo que debería y en otros más, provocando un doble hábito aún más pernicioso que el de la propia dirección, que como dijimos se trata de un sentido admitido y expandido más allá del juicio limpio, donde la falibilidad es entendida como parte del aprendizaje y la reticencia a actuar como una mesura justificada, para por su automatismo, convertirse en los vicios que más apartan a nuestra clase de la dignidad meritoria del trabajo, la pereza y la cobardía. Cuando la militancia adquiere el hábito de faltar a sus responsabilidades y el de no tomar responsabilidades, se empiezan a parecer más lxs rompehuelgas que a lxs verdaderxs trabajadorxs. Estas conductas llevan en última instancia a la facción, cuando la sombra del orgullo mal entendido obstruye la luz e impide a la base retomar sus trabajos y recuperar su agencia sin culpar de su propia pereza y cobardía a su dirección. Oprimidxs eternxs que ni en medio de un proceso de liberación dejan de asemejarse en conducta a los corderos, que nada de responsabilidad guardan, en la dirección que toma el rebaño, es decir ni en su destino, ni en el destino de sus pastores. Otra fea caracterización. Pero sin ellas sería fácil dejar de grado el asunto al considerarlo tangencial, los asuntos sutiles que movilizan en la larga duración un proceso político son centrales, pero en su calidad de ideas invisibles son fácilmente denostados como insignificantes, por eso es necesaria la respuesta emocional también dentro de la autocrítica. Dicho esto, aclaremos nuevamente, que esta no es una generalización vacua, al igual que no lo es lo expuesto en el párrafo anterior.
Esta idea de la inercia horizontal, posee a su vez también expresiones variadas que encontramos con frecuencia, nos dirigimos ahora como en el caso del vértigo, a su enunciación, bajo las mismas precauciones. No se trata de un esquema terminado y existen montones de ideas invisibles asociables a la inercia horizontal. La siguiente división tetrapartita funciona como un espejeo aproximado de las previamente expuestas sobre el vértigo: A) Ideas de la abdicación de la agencia, B) ideas sobre la identidad, C) ideas del descontrol del sentido y D) ideas de la estructura y la complacencia.
Primero las ideas de la abdicación de la agencia: 1) La tutela acomodaticia: Delegar la carga ética y estratégica en la dirección para evitar el peso de la responsabilidad individual. Es el vicio de preferir ser guiadx para no tener que decidir. 2) La transferencia de la culpa: Evitar tomar iniciativas propias para que, ante un posible fracaso, la responsabilidad recaiga sobre otras personas, la autoridad, en muchos de los casos. 3) El trabajo acrítico: Adoptar el ritmo y las prioridades de la inercia sin cuestionar su relevancia actual, simplemente porque es el flujo de trabajo establecido. 4) La resignación al paternalismo: Adoptar un rol de aprendiz perpetux, incluso poseyendo el conocimiento técnico necesario para actuar con autonomía, con tal de evitar la exposición. 5) El exceso de mesura: Suprimir la crítica legítima para no romper la armonía –¡Ajá! – o no ser percibidx como disruptivx en un espacio que se autodefine como virtuoso.
Ahora las ideas sobre la identidad: 1) La opción por la ceguera: Decidir activamente no informarse sobre los mecanismos de poder de la organización para mantener intacta la imagen idealizada del proyecto. 2) La autoanulación: Minimizar las propias capacidades o hallazgos frente a la palabra de la autoridad, asumiendo que si algo no está implicado en la inercia debe ser que no es relevante o alguien más lo habría nombrado. 3) El mimetismo: Adoptar no solo las ideas, sino los gestos, el lenguaje y hasta los gustos que inercialmente se reproducen como una forma de validación y pertenencia acrítica. 4) La consecución del deseo: Intentar adivinar qué es lo que la inercia prefiere en lugar de expresar lo que se piensa, convirtiendo el diálogo en un ejercicio de ventriloquía.
Pasemos entonces a las ideas del descontrol del sentido: 1) El vigilantismo: Convertirse en censorx de lxs pares que cuestionan la inercia, percibiendo la crítica ajena como un ataque personal a la mística del grupo. 2) La delegación del conflicto: No resolver tensiones entre pares y esperar siempre que la figura de autoridad intervenga como árbitrx, atrofiando la capacidad de mediación. 3) El culto a la disponibilidad: Validar la jerarquía permitiendo que el tiempo propio sea colonizado por las necesidades inerciales. 4) La aceptación de la opacidad: Justificar la falta de transparencia en ciertas decisiones como una necesidad estratégica que no está demostrada en su necesariedad. 5) La parálisis por reverencia: No proponer mejoras o cambios por el temor de que sugerirlos implique una crítica indirecta a la gestión del trabajo colectivo.
Y por último las ideas invisibles asociadas a la estructura y complacencia: 1) El entusiasmo como performance: Sentir la obligación de mostrar un compromiso emocional inauténtico con lo que la inercia establece para no parecer desalineadx. 2) La resignación generalizada: Aceptar procesos ineficientes o burocráticos solo porque están revestidos del estilo o la filosofía que la inercia imprime en la organización este caso es también como en “Nuestras formas”. 3) La autolimitación: Negar el propio crecimiento organizativo o intelectual para no incomodar o hacer sombra de procesos más paulatinos o ya sedimentados en el orden inercial. 4) La externalización del criterio: Consultar sobre decisiones banales que están dentro de la esfera de competencia propia, buscando una validación constante que exime de pensar. 5) La censura preventiva: Defender el status quo actual apelando a los éxitos fundacionales de los movimientos inerciales, impidiendo evoluciones más allá de la visión inicial del colectivo.
Por ultimo en este apartado dirijámonos a la síntesis para que nos sea más llevadero atender a este conflicto, así en nuestro fuero interno, como en nuestros espacios de toma de decisiones. Mientras pensamos en estas ideas invisibles es también menester que las reconozcamos poco a poco más claras a la vista si constantemente ejercitamos la mirada para poderlas observar, así como las debemos pensar en coexistencia e interacción perpetua con las ideas que por antípodas deben existir en las regiones ya visibles de nuestras psiques, entendidas igualmente, como flujo de pensamiento, conducta, potencia y sistema. Así pues, las ideas invisibles son también por su vulnerabilidad a la tematización, poco más que expresiones que habitan en la región de lo desconocido, como lo fueron un día las ideas (Ahora visibles) del apoyo mutuo, la solidaridad, la clase, lo común, la dialéctica materialista y otras tantas… ¿Qué significa esto último? Qué hay buenas razones para pensar que avanzando sobre estas regiones al estudio de sus entornos naturaleza, podríamos encontrar nuevas especies, no sólo las nocivas de las que somos presas y que nos traen afecciones (motivo ya suficiente para interesarnos en su estudio y atención como problemáticas) sino también de ideas invisibles, que podrían sernos extremadamente beneficiosas. Como con el caso del chechén y la chacá. Podríamos estar a punto de encontrar el árbol de cura, justo a espaldas del árbol que nos provoca el dolor de las llagas, salpullidos y quemaduras. Incluso puede ser que ese árbol sea la propia tematización.
Teatromaquia
Regresando un poco a lo de los lugares comunes, hay uno que me ha fascinado toda la vida. A saber, es la constante comparación entre la vida y el teatro. Me fascina por ser sintética y por siempre haberme despertado el rechazo a sus interpretaciones de primera intención, todas muy fáciles. Diría con honor a la verdad que es una idea que me ha acompañado por muchos años durante el desarrollo más consiente de mi pensamiento. Veamos los siguientes ejemplos de esta comparativa: “Si el teatro es el doble de la vida, la vida es el doble del verdadero teatro, y no me refiero al teatro de bulevar ni al teatro burgués, sino a una idea mágica y antigua del teatro de la que el teatro de ahora ha perdido el sentido” que aparece en “El teatro y su doble” de Artaud. “El mundo entero es un escenario y todos los hombres y mujeres simplemente actores” de Shakespeare en “Como quieras”. “No hay papeles pequeños, solo pequeños actores. Lo mismo ocurre en el gran drama de la existencia” de Stanislavski. Hay una que provoca temblores ya bien entendida de Augusto Boal “El teatro no es, ni debe ser, un espectáculo; es un lenguaje. El teatro es un ensayo para la revolución”. Luego la de Lorca que me parece la más amplia de las definiciones sobre esta comparativa “El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y al hacerse humana, habla y grita, llora y se desespera” de la conferencia “Charla sobre el teatro”.
El teatro y la vida. El escenario y el territorio. La actuación y el acto. El acto y la actuación. Me siento alcanzado por un arma envenenada, una a la que solo es susceptible el cuerpo, que da hospicio a una mente educada para el combate. Deseo subvertir esta síntesis, lo siento en las entrañas, debo curar a mis envenenadores. Esta idea es un riesgo paralizante y debo permanecer en movimiento. Escribo ahora una Teatromaquia. Me apongo al teatro que se suspende de hilos fuera del alcance de nuestra vida, me opongo al secreto oculto tras las bambalinas, me opongo al guion, a quien dirige la obra, me opongo de serme posible al papel de lxs observadorxs, me opongo a las ideas invisibles, declaro como Boal que el teatro solo es un ensayo para la revolución y que la vida que es uno de sus otros nombres debe como Lorca dice hacerse humana, hablar, gritar, llorar y desesperarse. Rechazo la falsa igualdad tener un papel y tener un destino, pues el papel es el deber y el deber y el destino son antónimos.
Las luces rompen la obscuridad del recinto centrando la atención de todo el público sobre el escenario del foro. Lxs asistentes están hombro con hombro, la música, la similar posición de observadorxs y el ambiente compartido acompasan sus respiraciones, ponen en el mismo sitio su pensamiento y les llena de una sensación de dirección que les excluye del elenco, tienen dos papeles contrarios, unxs interpretaran la obra y otrxs interpretaran el teatro. Escondida entre los bastidores la actriz principal regulariza su nerviosismo a la frecuencia necesaria para arrebatar la atención, para convertirse en un objeto de deseo para las mentes que, habidas de sentido, asisten al teatro a la espera de una historia, en la frecuencia practicada de su acto se alinea con el de la obra y en un gesto que puede asimilarse al de la transustanciación la copa de vino que bebió antes, es ahora su sangre y entra a escena transfigurada, lo que la luz toca es un cuerpo de otros tiempos, tiempos bíblicos, un cuerpo que no es de este mundo, si no de esta escena. En uno de los extremos de la mesa Herodes y Herodías, en el otro Juan Bautista bordeando la mesa con un centurión a su espalda, la danza es contradictoria, seductora e infantil, de ejecución limpia y burda de movimientos, derrotista y grandilocuentemente heroica en la apoteosis. – Pideme lo que quieras hija – Es lo que Herodes indica a su hija – La cabeza de Juan Bautista – Dice, sencilla, como desconociendo el significado de la indicación que le fue sugerida por su madre Herodias. El centurión desenvaina su espada de utilería y hace correr sangre falsa desde abajo del mentón del Bautista que en un movimiento acrobático de ejecución perfecta se arroja hacia adelante ocultando su cuerpo tras la mesa y simulando poner su cabeza desprendida sobre una bandeja plateada al centro de la composición. El teatro ha hecho con la máscara del artista escénico lo que el yoga al cuerpo de sus santxs, posibilitando una expresión de contorciones imposibles, que sublimemente dotan al rostro de las figuras propias de muerte lo que sería inviable a la vida y que la contradice hasta el grado que solo las artes autorizan para la sensibilidad de lxs expectadorxs. El telón se corre, el silencio es siervo del sonido entre butacas ocupadas por los animales del ritmo, un ritmo doméstico y elástico, aprendido y reforzado por la buena costumbre de quien se sabe educadx para el consumo. Más tarde aplaudirán de pie con la algarabía arrítmica de la libertad, una vez la reverencia del elenco lo permita, o, mejor dicho, les dé permiso.
La libertad no debiera ser algo subsumido a la permisividad de ideas invisibles. Porque “Libertad” es también otro de los nombres de la vida y la revolución, así como, con la “Democracia”, que comparte también su objeto señalado. Que objeto extraño, invisible, como las ideas de las que hemos hablado, un objeto con múltiples caras, que bien podría ser confundida con la verdad, pero la verdad es solo el nombre de las ideas que adquieren total opacidad y con ello posibilitan su acceso a todos los sentidos, las dos contraposiciones son la verdad y las ideas invisibles y por otro lado el trabajo y las fuerzas invisibles. La vida, la revolución, la libertad y la democracia son eso: El trabajo y está en enfrentamiento franco con las fuerzas invisibles que son retroalimentadas por las ideas con las que comparte su
condición de invisibilidad en un danzón inconsciente, una corriente que arrastra, una altura que provoca el vértigo.
Con todo esto dicho dirijámonos al asunto central de esta última entrada. Hemos hablado de las ideas invisibles y de cómo subvertir su condición de inaccesibles por medio de la tematización y recursividad. También lo hemos puesto en práctica señalando los vicios producto de algunas de estas ideas invisibles y para ello hemos enlistado diferentes
expresiones de estos males “Intangibles” (Aquí las comillas son irónicas), ahora estableceremos un piso más o menos parejo de desarrollo para el trabajo concreto vinculo a crear condiciones de verdad respecto de nuestras motivaciones, “Nuestras formas” es decir sobre nuestra vida, libertad, revolución y democracia.
Pero para ello no deben asumirse las condiciones materiales, discrepantes y diferenciables de la militancia por regiones y ya por regiones, en ocupaciones, ejes de trabajo, personalidades dispares, dispares habilidades y disparidad toda, necesaria, loable y que nos exige su cultivo. Por ello esta será la sección más abstracta de trabajo pues sus condiciones de concreción están dadas y dependerán de la traducibilidad del texto y las facultades
intelectivas y sensibles con las que la militancia podría aplicarlas. Caso opuesto a las otras dos secciones donde la condición abstracta del objeto estudiado exige una concreción esforzada.
Para esto atenderemos a tres mecanismos recursivos que si se interiorizan como actitud o se plantean como etapas del proceso organizativo de toma de decisiones reducen el efecto de lo invisible y ponen al centro el trabajo y las condiciones de verdad. Estas tres son: El desplazamiento de la intención por el efecto, el reconocimiento de la sospecha como un acto virtuoso incluso en su expresión desleal, y la desarticulación de la organización como un refugio.
Primero el desplazamiento de la intención por el efecto: La nuestra es una organización que sin nombrarlo parte de “La buena fe”, de la disciplina consensuada, de la camaradería entendida no como amistad si no como unidad y de la puesta en prácticas de las buenas intenciones. Es importante operar desde el reconocimiento de que nuestras ideas no nos pertenecen, en realidad hablan por nosotros las estructuras burguesas, del patriarcado, la colonialidad y la esclavitud voluntaria. No te conformes con la primera capa de esta crítica. Estas lógicas operan atravesando nuestros deseos y nos engañan por medio de nuestra propia percepción de bondad. Aquí no hay santos, todxs somos malxs, sin excusas. Hay que deshacernos de los escrúpulos obtusos al observarnos, las buenas intenciones no autorizan, nada, los efectos sí. Ni una conducta de servilismo ingenuo, ni una de autoritarismo puede suponerse buena, por ser buenas sus intenciones. Esto es más que pragmatismo o efectivísimo, es poner el bien en la tierra y reconocer el mal sobre nuestras cabezas. ¿Cómo empezar? Radicalice su autocritica y en el sentido democrático, implemente un análisis de impacto material. En las reuniones evalúa la acción según los resultados tangibles (Esto implica nuestras emociones, el impacto material, el éxito de la medida, etc.) o dicho de otra forma “visibles”, no por el discurso que la acompaña. Si una práctica reproduce jerarquías desde una conducta acrítica, es irrelevante si quien la ejecutó quería ayudar. Se combate la narrativa de las buenas intenciones con la evidencia de lo que realmente sucedió.
Segundo el reconocimiento de la sospecha como un acto virtuoso incluso en su expresión desleal: Para que la sospecha sea virtuosa y no una vigilantía moral enceguecida por el ánimo antagonista – Muy común entre revolucionarixs – debe estar integrada en la personalidad de la militancia, de manera proporcional, pues es importante aprender a sospechar de la propia sospecha, no somos heroicxs más que en un sentido retórico, es una palabra linda el heroísmo para los discursos no para dirigir la acción. Lo invisible no se ve porque es cómodo, hace falta un esfuerzo consiente para ver lo invisible, y así convertir lo cotidiano en extraño. ¿Qué piensas al ver a un hombre exponiendo su defensoría del combate al patriarcado? Piensas que es un depredador, aunque sofistiquemos la idea al exponer. ¿Qué piensas cuando un hombre denuncia esa actitud depredatoria de vestirse como oveja? Piensas que es un conservador, un frustrado, un hombre pegado a sus genitales. Ambas ideas son falsas, en un espacio de naturalización de la crítica ambas posturas convergen en la concreción y alcanzan un grado de especificidad apropiada para cada caso. ¿Qué piensas de una mujer haciendo cualquiera de las cosas anteriores? Que es su papel, es más su responsabilidad y su espacio de agencia predominante. Para romper estos esquemas cómodos es importante identificar que motivaciones no se nombran o reconocen, que palabras se usan como fetiches (democracia, decisión, unidad ideologica, etc.) ocultando los vacíos de método, y que beneficios no reconocidos pueden producir una decisión. ¿Porque hasta el extremo de la deslealtad? Porque la lealtad se personaliza, en nuestros camaradas y no nos debemos ese tipo de lealtad que silencia. Más bien la contraria la que acepta con gracia la mueca de desagrado que nace al reconocer un trabajo nuevo que se desarrollara en nuestros corazones.
Tercero y último (de este texto) la desarticulación de la organización cómo refugio: El obstáculo más grande para la autocrítica en su expresión radical, es decir, la que hacemos lxs radicales, es la de entender las organizaciones como espacios seguros o refugios del sistema. Pues esta narrativa impide ver como el mundo exterior habita el interior de la organización igual que los demás espacios, no hay un afuera del sistema, no hay teatro, la organización es un campo de batalla, no un monasterio donde por buenas costumbres no se peca. Para esto es importante realizar una cartografía de nuestras contradicciones sin presentar excusas, en lugar de buscar la coherencia total, que es la narrativa imperante de la simulación donde todo está bien. Esto tiene un efecto simple pero poderoso en vez de asumirnos como, lxs defensorxs de la coherencia organizativa, no asumimos como combatientes de nuestras propias contradicciones. La simulación es el teatro no hace falta decirlo mucho, apenas recordárnoslo, la salvedad de conciencia es un privilegio que debemos rechazar tajantemente.
Estas tres son solo actitudes ante la sospecha. Abstractas y por lo tanto útiles a cada condición concreta. Desde esa concreción deberán aparecer nuevas, ojalá sean compartidas. En este párrafo que es el final, vale quizá la pena hacer una confesión, ninguna de las cosas denunciadas en este texto me son ajenas, todas me atraviesan, por ello es que las veo y creo con la firmeza del observador activo, que toda resistencia al reconocimiento de las problemáticas, no así su reformulación, su discusión o subversión, es en el fondo una clara muestra de la existencia efectiva de estas fuerzas e ideas invisibles. También deseo advertir a manera igualmente confesional, que este proceso de radicalización me parece urgente, plenamente atingente a la proximidad de nuestro congreso y no por ello central, si no totalizante, me expresare con algo de cursilería. La revolución es algo que nos tomará el resto de nuestras vidas. Y yo siento la necesidad de declarar mi propio amor por la humanidad. Proclamo el ingenio y la astucia como la más tiernas de las necesidades del espíritu. El amor es el deber de la libertad. La armoniosa y picaresca obviedad de que a partir de ahora las decisiones que tomemos son nuevas hasta el último de nuestros días, originales y las tomaremos con conciencia estilística y totalizando nuestras acciones y deseos o simulando apenas vivir. Se han quedado en el camino las oportunidades para hacer aquello que no es esencial a la voluntad. Me he concentrado todo en una pequeña y densa esfera indispensable por elemental para sí misma, sin partes o secciones, sin mezcla o substancias disociables. Todo mi tiempo. Mi vida entera les rinde su utilidad y devoción a otras distintas vidas – Entre ellas las de ustedes –. Está en aceptación plena de este absurdo, mi futuro, todo pactado. Estoy igual que como terminaré mi vida. Henchido de acción. Es lo que mi corazón pobre, mi estómago pobre, mi pobreza toda, me acompaña a hacer. Siempre eh querido hacer de por vida la obra de mi naturaleza y si hay naturaleza tal debe tratarse del trabajo. El trabajo es de entre todo lo que existe lo único que se asemeja cuando se piensa seriamente en el asunto a la verdad. Es en su equilibrio asimétrico y sin equidad, esta verdad absurda la que nos garantiza, la necesidad de la colaboración.
Camarada Pavel Neikame al 28 de abril del 2026.
Posdata.
Para que este texto y cualquier otro producido por la militancia tenga un impacto real, es importante considerar su lectura como algo que excede el divertimento o la satisfacción de la curiosidad propia. Por eso sugiero darle lectura en colectivo como parte de los trabajos de formación, se trata de una provocación, que invita entre líneas a responder, a ampliar los análisis, a contradecir lo dicho, a decirlo de otras formas, a decir que ya se ha dicho, a proponer tácticas, a problematizar el fenómeno aún más. Me parece que vale la pena utilizar nuestros medios digitales como un circuito de discusión y no solo como uno de textos con los que todxs sabemos que todxs estamos de acuerdo.

