
Víctor Lucas (Unidad y Lucha).— En el contexto actual de la lucha de clases, el momento presente se convierte en pasado en un ligero instante. La agenda del motor de la historia se gestiona principalmente desde el Poder, y la clase obrera en los países donde es hegemónico el modo de producción capitalista trata de responder con lucha a las medidas criminales que el enemigo de clase adopta para seguir manteniendo la plenitud de su dominio. Evidentemente, este párrafo inicial es una boutade, pero hay que señalarla para poder analizar decisiones que se adoptan para sobrevivir.
Parco resulta pues este artículo que trata de valorar a “bote pronto” las medidas que el Partido Comunista de Cuba propone para debatir y aprobar en la Asamblea Nacional de Cuba. Vamos a ver si el etiquetismo de revolucionario y comunista lo podemos seguir pronunciando con ese ardor “pechero”, sin renunciar ni obviar las leyes científicas del marxismo, de la dialéctica, de la termodinámica y/o de todas las ramas del saber y el conocimiento.
Prejuiciando – por valoraciones marxistas – que el capitalismo se encuentra en su fase final, asistido mecánicamente y con abruptos espasmos cardiacos, no somos capaces de anunciarle a Las Parcas (sobre todo a Átropos) para que intervenga en favor de los pobres del planeta y lo traslade al basurero de la historia.
Y, mientras tanto, nos debemos ocupar de lo que siempre nos preocupa. Inquietante resulta pensar que lo que estamos haciendo no es lo correcto, lo conveniente, lo práctico y eficaz, pero en la guerra, la duda te degüella, así que hay que seguir machadianamente “haciendo camino al andar” sin perder de vista a la bestia parda del imperialismo que asola todos los terrenos que pisa. Como casi siempre, aparece Lenin con su ¿Qué hacer?
Desde este espacio siempre hemos acompañado las decisiones de la Revolución porque se han adoptado desde los principios básicos del marxismo-leninismo y la implicación y la participación del pueblo soberano. Por ello, las nuevas medidas nos obligarán a interpretar la finalidad y los medios empleados para el propósito perseguido. Se destaca en las intervenciones que la propiedad colectiva de los medios de producción se mantiene como piedra angular de la construcción socialista, que se irá dinamizando con el desarrollo de las fuerzas productivas y la necesidad de profundizar en la obtención de plusvalía a partir del trabajo que operará en el tejido productivo. No es posible la construcción del socialismo sin una base material sólida.
En el Centenario del Natalicio del Comandante en Jefe, el PC de Cuba adopta decisiones que Fidel dejó enunciado en el concepto de Revolución aquel famoso 1º de mayo de 2000: “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo”.
No resulta complicado ponerle nombre a cada uno de los conceptos expresados en esta declaración, que bien podría situarse en el dintel de la puerta de entrada a la vivienda de todos y cada uno de las y los revolucionarios. La solidaridad material y política con la Revolución, el gobierno y pueblo cubano, es digerir todo lo recibido desde el 1º de enero de 1959. La Revolución es una carrera maratoniana que exige dosificación de esfuerzos y cambio de ritmo en un momento concreto.

