
Víctor Lucas (Unidad y Lucha).— Tanto monta, monta tanto, la pléyade de presidentes electos en las manipuladas elecciones que se han celebrado en diferentes países de América Latina. Más allá de la captura de votos para eminentes explotadores obtenidas con fraude y/o compras de los contados y depositados en urnas, parece que tienen la intención oculta de “votar en esta ocasión para no volver a votar”.
Decía Galeano que “si las elecciones sirvieran para algo, estarían prohibidas”. Pero, sin duda, el autor de “Las venas abiertas de América Latina”, se refería al cambio revolucionario, al cambio de sistema socio-económico, deduciendo que esta frase estaría enunciada como consecuencia del golpe de estado contra Salvador Allende preparado por la CIA y operado por el siniestro Pinochet.
Al poder imperialista se le habían escapado algunas elecciones que dieron el triunfo a proyectos populares que posteriormente manifestarían unas tendencias mínimamente antiimperialistas ante el intento de imposición procedente de Washington.
No obstante, la recuperada Doctrina Monroe ha parido una serie de personajillos posicionados y fundidos con la ineptitud, la vulgaridad, la perfidia, el esperpento, que llegan a la muestra de símbolos con amenazantes intenciones que dejan en “poesía” el ¡Muera la Inteligencia! ¡Viva la Muerte!
La lucha de clases se desarrolla ahora en el continente latinoamericano con presidentes que poseen un currículo delictivo difícil de establecer en la mayoría de los mortales de nuestra especie.
Javier Milei de Argentina, utiliza la motosierra como herramienta amenazante. Degradando a los trabajadores y pensionistas, ha conseguido situarse en los primeros puestos de la chabacanería tartufa. En la Asamblea General de la ONU, ha llegado a superar a Moliere al reivindicar la pertenencia de las Malvinas a la República Argentina. Herético a más no poder, venera a la suprema divinidad de Trump; desconocemos si se va a convocar un Concilio ecuménico para abordar la doble naturaleza divina.
Al otro lado de la cordillera andina, José Antonio Kast Rist, mantiene su genética germánica ideológica a través de su padre que fue militante del Partido Nazi Alemán. No es capaz de esconderse de su militancia antiabortista inferida a través de la familia de 10 hijos a la que pertenece. Habiendo tomado posesión de su presidencia en marzo de este año, ha debutado en la 814 sesión de la ONU criticando la inoperancia de este organismo por “tolerar la presencia de gobiernos que no respetan la democracia como son Venezuela, Nicaragua y Corea del Norte”. Los pajaritos disparando a las escopetas: ¡nazi hablando de democracia!
Finalizado el desierto de Antofagasta, al norte, nos encontramos con Keiko Fujimori, hija del corrupto Alberto Fujimori, que pena larga sentencia por corrupción. Con la desesperante situación de la clase obrera peruana, interviene en la Asamblea General de la ONU en coordinación con el presidente chileno para hacer frente al viejo y malintencionado “crimen transfronterizo”. ¡Sin remedio con ellos!
Llegando al país natal de Gabriel García Márquez, nos encontramos con el reciente elegido presidente colombiano Abelardo de la Espriella que con su disposición al crimen uribista, obtuvo la victoria electoral con un fraudulento proceso de votación. Coincidiendo con sus colegas actuales de Chile y Perú, mantiene su oposición a la ONU y la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Una de sus primeras medidas ha sido la de restablecer las relaciones con el ente sionista de Israel que Gustavo Preto había adoptado por el genocidio del pueblo palestino. Fanático de la violencia, ha publicitado mítines con cadáveres envueltos en plásticos con formas de aquelarre de brujería y ocultismo. Abogado de profesión, sus clientes principales son los paramilitares de los “falsos positivos”.
Un monstruoso fraude electoral provocó la elección en Honduras de Nasry Asfura, quien, al tomar posesión de la presidencia de este país centroamericano, hizo sus primeras visitas a EEUU y a Israel. Sometido a los designios del imperialismo en la zona, el tándem que forma con Bukele no vislumbra nada positivo para el resto de los países. Los pueblos deberán lidiar esta batalla.
Obsceno, maloliente, y vomitivo resulta el panorama presidencial de estos guiñoles del imperialismo norteamericano. ¡Vaya tropa! que diría Trillo.

