
El Gobierno del Reino Unido anunció una drástica reducción en su presupuesto de ayuda internacional, que afectará especialmente a los países menos desarrollados de África y Oriente Medio. La secretaria de Asuntos Exteriores, Yvette Cooper, justificó la medida como una «elección difícil» ante las amenazas internacionales, destinando los fondos ahorrados a fortalecer el gasto en defensa a raíz del conflicto de Estados Unidos e Israel contra Irán y la meta hacia del 5% del PIB pactada por la OTAN.
Esta reforma implica que, para el periodo 2028-29, la ayuda bilateral sufrirá un recorte del 56%, dejando la inversión en ayuda internacional en niveles históricamente bajos. Agencias humanitarias advirtieron que esta decisión dejará «la reputación del Reino Unido por los suelos», fomentando un mundo más desigual e inestable al retirar el apoyo a programas básicos de salud y educación en países que necesitan asistencia.

El impacto más severo se sentirá en naciones como Mozambique, Pakistán, Afganistán y Yemen, donde la ayuda al desarrollo será eliminada casi en su totalidad o sustituida por alianzas de inversión. En Etiopía y Tanzania, se prevé que los recortes dejen a niños y personas mayores en una situación de extrema vulnerabilidad, reduciendo drásticamente el acceso a la escolarización para menores con discapacidad.
A pesar de los recortes generales, el Ministerio de Asuntos Exteriores confirmó que se mantendrá el financiamiento para zonas de conflicto activo como Palestina, Sudán y Líbano. Estas asignaciones específicas buscan, según las autoridades, reducir los factores que impulsan la migración irregular hacia Europa y garantizar la seguridad geopolítica en regiones bajo fuego cruzado.
Diputados laboristas y organizaciones como Bond (la red británica de ONG) han criticado la medida, señalando que recortar la inversión en estabilidad ralentiza el desarrollo y solo obliga a esperar nuevas crisis.
Además, denunciaron que el costo de alojar a solicitantes de asilo en hoteles británicos se deduce del presupuesto de ayuda, lo que reduce la inversión real en el extranjero al 0.24% del ingreso nacional.
Finalmente, el Gobierno británico planea transitar hacia un modelo de contribuciones a través de organismos multilaterales como el Banco Mundial, abandonando los programas bilaterales tradicionales.
Expertos de la campaña ONE, la organización global que aboga por las inversiones necesarias para crear oportunidades económicas y una vida más saludable en África, alertaron de que esta retirada de África conlleva el riesgo de un resurgimiento de enfermedades mortales y la pérdida de décadas de avances en atención médica básica para mujeres y niños.

