La guerra imperialista no es la guerra del proletariado

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Hace aproximadamente un mes, el Estado genocida de Israel, lanzó un ataque coordinado con los imperialistas estadounidenses a través de bombardeos sobre varias ciudades de Irán. Los iraníes respondieron bombardeando igualmente varias zonas de ocupación israelí en Palestina, además de distintas bases áreas estadounidenses en países de la península arábiga como Omán, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, todos esbirros del imperialismo estadounidense, y algunos de ellos producto artificial de Reino Unido.

 

La llamada doctrina «Donroe» abanderada por el amigo íntimo de Jeffrey Epstein, Donald Trump, demuestra que la política exterior de Estados Unidos no se limita, como si no fuera suficiente vulneración de la autodeterminación, al hemisferio occidental del planeta, sino que avanza allá donde sus intereses como potencia imperialista se vean amenazados o simple y llanamente por el afán de conseguir más recursos y ampliar su influencia como práctica para resolver la crisis interna con su burguesía. Esta situación pone de relieve que Estados Unidos, incluso en crisis, sigue siendo el principal enemigo del proletariado mundial.

Estados Unidos se involucró como principal benefactor contribuyendo con el financiamiento y el despliegue de su Fuerza Aérea y Naval a disposición del colonialismo israelí, como parte del proyecto expansionista del «Gran Israel», que ahora se extiende por el sur del Líbano y que ha generado enfrentamiento con las milicias de Hezbollah, en combates que han desatado una masacre contra familias inocentes por parte de los genocidas israelíes. Pero allí no se detiene el proyecto israelí de sometimiento y expansión sionista, pues este incluye toda la Palestina ocupada y pretende avanzar hacia el norte de Arabia Saudita, más del 50% de Irak y Siria (donde ya ocupó y anexionó la zona de Altos del Golán), e incluso se atreve también a desafiar a Turquía al tener en la mira una parte del sudeste turco, en frontera con Siria.

Como parte de su plan, el eje gringo-sionista logró el asesinato del Ayatolá Alí Jameneí (quien llevaba más de 30 años ostentando el máximo poder religioso y político) y parte de su familia luego de un bombardeo con munición de misil estadounidense-israelí, lo que significó un duro golpe para el Estado teocrático iraní. Sin embargo, días después fue elegido como sucesor su propio hijo Mojtaba Jameneí. Con la muerte del Ayatolá, la moral del pueblo musulmán chiíta (que no está concentrado únicamente en Irán, sino también en países como Irak) cayó tanto como subió, pues el martirio de su Líder Supremo les alertó, según sus tradiciones, que deberán vengarlo a cualquier costo y que están en la obligación de derrotar a sus enemigos, esto sin olvidar que antes de su muerte Alí Jameneí declaró la yihad o guerra santa contra Estados Unidos e Israel.

Después de uno de los ataques iraníes sobre Israel como represalia frente al asesinato de su líder, en redes sociales se empezó a especular sobre la muerte del genocida Netanyahu a causa de un bombardeo, pues este apareció como si nada en más de una imagen y en un video con seis dedos en sus manos como si fuera contenido realizado con inteligencia artificial. Pese a que casi de inmediato desde los medios oficiales israelíes publicaron un video en el que Netanyahu «aparece» burlándose de su supuesta muerte, todavía no ha podido ser confirmado por medios independientes o por aparición pública relevante que el primer ministro del Ente Colonial de Israel siga con vida.

En el desarrollo de esta guerra, los ataques y bombardeos efectuados por Irán han puesto en jaque a los aliados (lacayos) de Estados Unidos en la región y han obligado a los imperialistas estadounidenses a replantear su despliegue, incluso en una situación de completa asimetría y desventaja militar y armamentística frente a ese colosal enemigo de los pueblos del mundo, acelerando la descomposición de ese tigre de papel que es Estados Unidos. Esto, por supuesto, no significa ningún avance revolucionario para el proletariado mundial (pese a que pueda alegrar a algunos los golpes que reciben los imperialistas) y en cambio sí supone que es la clase explotada la que debe cargar con el precio de la guerra: poniendo a sus hijos a pelear una guerra que no es suya, asumiendo cargas impositivas en los países beligerantes y demás situaciones negativas que son producto de las guerras de la burguesía internacional.

Durante este conflicto bélico, el Estrecho de Ormuz lleva prácticamente un mes cerrado por la Guardia Revolucionaria Islámica iraní, y las implicaciones en los mercados internacionales y en la especulación financiera no se han hecho esperar. Resulta que, a través de este estrecho que es de jurisdicción de Irán y Omán, circula alrededor del 25% del comercio marítimo mundial y casi el 50% del crudo petrolífero (que ha alcanzado precios por encima de los 110 dólares, comparados con el precio habitual de entre 50 y 70 dólares), sin contar la escasez de elementos como el helio que son necesarios en las plantas de microelectrónica como las de Corea del Sur y Taiwán para el desarrollo y ensamble de microchips para procesadores, memorias RAM, tarjetas gráficas y demás dispositivos altamente consumidos en todo el mundo.

Como medida de presión, en los últimos días Irán ha impuesto un peaje de 2 millones de dólares que se podrán pagar en yuanes chinos (negando el paso de barcos estadounidenses y de sus aliados), de modo que el papel de la China socialimperialista toma mayor claridad: se posiciona como potencia valiéndose de su poder financiero en su hemisferio, sin tener que recurrir a la intervención militar directa para lograr su cometido. Esto no quiere decir que su imperialismo sea mejor que el estadounidense, sino que sus métodos son diferentes, pero aun moviéndose bajo intereses económicos evidentes y para nada solidarios.

Viendo las consecuencias de esta guerra «regional», Trump buscó ayuda en Japón, Francia y demás países imperialistas europeos para tratar de romper el bloqueo iraní en el estrecho, pero la respuesta de casi todos fue la misma: prefieren buscar otra solución, pues el costo de participar en esta avanzada imperialista es demasiado alto para las burguesías y los Estados de esos países, y los beneficios para ellos serían minúsculos comparados a los percibidos por Estados Unidos. En contraste, recientemente los hutíes de Yemén anunciaron que cerrarían el estrecho de Bab el-Mandeb en apoyo a Irán y el denominado Eje de la Resistencia (Palestina, Irak, Irán y Corea del Norte como aliado), además de adjudicarse un ataque con misiles a Israel.

Debido a la negativa de sus supuestos aliados y la resistencia de Irán, los gringos han reculado y declararon públicamente que le propusieron a Irán a través de Trump una salida negociada al cierre del estrecho, pero sin mencionar por ninguna el cese de hostilidades o al fuego. El gobierno iraní negó rotundamente cualquier negociación y manifestó que llevarán esta guerra hasta las últimas consecuencias si Estados Unidos, Israel y los países que facilitan el apoyo logístico y la cadena de suministros de ambos, no se rinden y cesan los ataques.

Este panorama tan devastador nos recuerda que las guerras «regionales» como esta que ocurre en Oriente Medio (o Asia Occidental) y, en general aquellas guerras de la burguesía internacional, hacen parte de los preparativos de la guerra imperialista por el nuevo reparto del mundo, la reconfiguración de bloques económicos y las pugnas por materias primas. No son guerras del proletariado por su liberación. Frente a esto, el proletariado mundial, y particularmente el proletariado revolucionario, tiene no solo la necesidad sino la obligación de organizarse a nivel Internacional para hacerle frente a sus gobiernos e impedir que avancen a un punto desastroso para los pueblos del mundo o, en su defecto, deberán prepararse para convertir la guerra imperialista en sus países, en la guerra civil revolucionaria para derrocar el viejo Estado con la coordinación del internacionalismo proletario hacia Estados obreros y campesinos y, por supuesto, hacia la Revolución Proletaria Mundial.

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