Fue el viernes, cuando la Asamblea de la República de Portugal rechazó la propuesta de reforma de la ley laboral impulsada por el Ejecutivo conservador del primer ministro Luís Montenegro.
La sorpresa parlamentaria estuvo determinada por el voto en contra de la formación de ultraderecha Chega, cuyas intensas negociaciones de última hora con el Gobierno central no llegaron a fructificar. Tras solicitar un receso de media hora en el hemiciclo en un intento por alcanzar un compromiso que permitiera la admisión a trámite del proyecto, el pacto naufragó, lo que llevó a la bancada fascista dirigida por André Ventura a alinear su postura con los partidos de la oposición izquierdista para bloquear de forma definitiva el inicio de la discusión legislativa de la reforma.
Al margen del comportamiento de Chega, se debe subrayar que la reforma de la Ley laboral se encontró con el rechazo frontal de la resistencia política y social en las calles. En el último medio año, los sindicatos mayoritarios del país mostraron su rechazo absoluto mediante la convocatoria de dos huelgas generales.


