Aquella vez que la URSS salvó al mundo (y lo que la burguesía nunca te va a contar)

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Aquella vez que la URSS salvó al mundo (y lo que la burguesía nunca te va a contar)

Camaradas, hay una injusticia que se repite cada vez que se habla de la Unión Soviética: se juzgan sus decisiones fuera del tiempo y del lugar en que fueron tomadas. Se descontextualiza a propósito, porque descontextualizar es más fácil que explicar, y mucho más rentable políticamente. Un país que nace de la nada, rodeado de potencias imperialistas dispuestas a estrangularlo desde el primer minuto, no construye el socialismo en un jardín de flores. Lo construye entre el cerco, la guerra y el hambre heredada del zarismo. Sacar de ese contexto cada medida, cada error, cada exceso, para presentarlos como la esencia del proyecto soviético, no es historia: es propaganda con toga de académico.

Y aquí está el problema de fondo. A la derecha no le faltan mamporreros dispuestos a repetir el catecismo anticomunista de siempre. Pero tampoco a la «izquierda» le faltan historiadores paniaguados, dispuestos a prostituir la memoria de la clase obrera con tal de ganarse un sitio en la mesa de los que reparten prestigio académico. Nuestra crítica, camaradas, si la hacemos, tiene que ser una crítica de clase. No la crítica burguesa que cuenta los horrores y calla los avances, que denuncia sin contextualizar, que compara la URSS con el paraíso y nunca con el capitalismo que la rodeaba.

Porque mientras se nos vende ese relato interesado, se nos oculta que la URSS fue la que trajo la sanidad universal, el derecho a la vivienda, la educación pública, un Estado laico, la igualdad salarial entre hombres y mujeres, y una Constitución que reconocía algo que hoy sigue siendo un tabú para las potencias occidentales: el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Esos no son detalles menores. Son las conquistas que después el capitalismo, con la boca llena de anticomunismo, tuvo que copiar a medias para que su propia clase obrera no mirara demasiado hacia el Este.

El día en que la URSS derrotó al mayor asesino de la historia.

Hay un nombre que casi nadie conoce y al que, sin embargo, probablemente le debas la vida: Viktor Zhdanov. Fue él quien se plantó ante la Asamblea de la Organización Mundial de la Salud con la propuesta más ambiciosa que se había planteado la humanidad en el siglo, solo comparable al viaje a la Luna: erradicar para siempre la viruela, ese virus que mataba entre el 20% y el 60% de los niños que infectaba y dejaba ciego a un tercio de los que sobrevivían. En algunos lugares del planeta ni siquiera se ponía nombre a los recién nacidos hasta que superaban la enfermedad, como quien espera a ver si la vida decide dejarte quedarte.

Nadie en la OMS creía que fuera posible. Nunca se había erradicado una enfermedad. Pero la URSS no esperó permiso: preparó a más de mil médicos y fabricó 25 millones de dosis de vacuna, con Cuba sumando otros 2 millones, dispuesta a llevar adelante el plan en solitario si hacía falta. Finalmente la OMS aprobó el plan Zhdanov, por solo dos votos de diferencia, y quince años después la viruela había sido derrotada. Millones de niños que hoy caminan por el mundo, aunque no lo sepan, caminan gracias a aquella decisión soviética.

Diez razones para no dejar que te roben la memoria.

1. Acabó con el hambre. La colectivización de la tierra convirtió a la URSS en el primer Estado de la historia en erradicar el hambre, algo que ni siquiera EEUU, hoy, ha conseguido o querido conseguir.

2. Derrotó al nazismo. El 70% del ejército de Hitler cayó en el frente oriental. 24 millones de soviéticos murieron para acabar con el fascismo, y sin embargo Hollywood ha construido un relato donde el mérito es casi exclusivamente estadounidense.

3. Erradicó la viruela con una campaña que trató 15 millones de casos en 31 países, salvando incontables vidas en el antiguo mundo colonizado.

4. Creó la primera seguridad social de la historia** con la Constitución de 1936: jornadas de siete horas, jubilaciones anticipadas para trabajos duros, bajas por maternidad de casi 20 meses, baja por enfermedad al 100% del sueldo y un mes de vacaciones pagadas. Setenta años después, sigue pareciendo ciencia ficción para el capitalismo.

5. Universalizó la sanidad, elevando la esperanza de vida de menos de 40 años en 1917 a niveles occidentales en los 80, y con ella la propia estatura media de la población, que creció veinte centímetros en pocas décadas.

6. Universalizó la educación, con las mayores tasas de alfabetización de su tiempo, comedores escolares gratuitos y guarderías gratuitas, facilitando la conciliación familiar mucho antes de que el capitalismo se dignara a hablar de ella.

7. Protagonizó el mayor crecimiento económico de la historia, convirtiendo una Rusia feudal en superpotencia. Ni siquiera Churchill, su enemigo declarado, pudo negarlo: dijo de Stalin que «cogió una Rusia con arados y la dejó equipada con la bomba atómica».

8. Ganó la carrera espacial en sus hitos fundacionales: primer satélite (Sputnik), primer ser vivo en órbita (la perra Laika), primer hombre (Gagarin) y primera mujer (Tereshkova) en el espacio, aunque el relato oficial haya decidido que la carrera solo la ganó quien llegó primero a la Luna.

9. Democratizó la cultura, siendo el país donde más libros y periódicos se vendían, y donde la clase obrera llenaba óperas y teatros que en el capitalismo siguen reservados a las élites.

10. Conquistó la igualdad entre hombres y mujeres** en sueldo, empleo y acceso a cargos públicos, décadas antes de que Occidente empezara a plantearse el problema.

Lo que perdimos cuando cayó.

Después de décadas de capitalismo sin contrapesos, millones de trabajadores en el mundo están comprobando en carne propia que aquellas advertencias no eran propaganda soviética, sino una descripción bastante exacta de lo que ocurre cuando se convierten los derechos en mercancías y las personas en beneficio. Incluso Putin, cuyo proyecto no tiene nada de socialista, lo reconoció al decir que quien no añora la Unión Soviética no tiene corazón. Como comunistas discrepamos de la segunda parte: nosotros no añoramos por nostalgia, añoramos porque tenemos memoria histórica y conciencia de clase, y sabemos exactamente lo que el mundo perdió.

Porque la sanidad pública, los derechos laborales, las pensiones, la negociación colectiva, el propio Estado del bienestar, no se entienden sin la presión que ejercía la existencia de una alternativa real. La desaparición de la URSS no debilitó solo a un país: debilitó a la clase trabajadora internacional entera, y ahí siguen, treinta años después, desmantelando pieza a pieza cada una de aquellas concesiones que el capitalismo se vio obligado a hacer.

La URSS no fue perfecta. Ningún proceso histórico lo es. Pero fue, probablemente, el mayor salto adelante que ha protagonizado la clase trabajadora en toda la historia contemporánea. Demostró que se podía alfabetizar a pueblos enteros, universalizar la sanidad, garantizar el empleo, derrotar al fascismo, conquistar el espacio, erradicar enfermedades y poner la dignidad humana por encima del beneficio privado.

Esa es también la historia de la URSS. Y quien pretende borrarla no busca comprender el pasado: busca impedir que las nuevas generaciones se atrevan a imaginar un futuro distinto. Porque los pueblos pueden ser derrotados, pueden ser engañados, incluso pueden ser traicionados. Pero mientras exista explotación, seguirá existiendo la posibilidad de construir una alternativa. Y la esperanza, por muchas derrotas que acumule, siempre acaba encontrando el camino de vuelta.

Até a vitoria sempre!

 

André Abeledo Fernández

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