La prima de Mercadona: la zanahoria y el palo

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La prima de Mercadona: la zanahoria y el palo

La Inspección Provincial de Trabajo de Pontevedra ha propuesto una sanción de 50.000 euros a Mercadona por una infracción «muy grave»: negar la prima a una delegada sindical de la CIG en su tienda de la avenida de Madrid, en Vigo. La clave fue un audio, aportado por el sindicato, de la entrevista de evaluación de 2024. En él, la coordinadora del centro reprochaba a la delegada su participación en concentraciones y el uso de sus horas sindicales, y recurría al «modelo Mercadona» para justificar que no había superado la evaluación, sin señalar un solo incumplimiento profesional. La nota suspensa suponía para la trabajadora la pérdida del equivalente a tres mensualidades. Posteriormente, fue despedida junto con otros tres delegados del mismo sindicato.

Nada nuevo bajo el sol.

Quien conoce Mercadona por dentro sabe que esto no es una anécdota. Lleva décadas funcionando así. Lo que la empresa llama «prima» no es más que un complemento salarial que depende de una valoración subjetiva: se te asigna una nota y, en función de ella, se decide si cobras o no. Es el viejo sistema del palo y la zanahoria, que ya aplicaba Henry Ford: en sus fábricas, el famoso salario de cinco dólares solo lo cobraban quienes superaban la inspección de conducta de la empresa. La zanahoria es la prima; el palo, cada vez que se la quitan a alguien.

Para que el sistema funcione, no puede cobrarla todo el mundo. La cobra quien traga con todo: quien trabaja estando enfermo, quien renuncia a sus vacaciones, quien cambia su vida y sus planes cada vez que la empresa se lo pide. Quien reclama sus derechos, quien entiende que, al igual que tiene obligaciones, también tiene derechos, y quien pretende tener una vida más allá de la tienda recibe el castigo: no cobra.

El castigo económico.

Si, además, eres delegado de un sindicato que no es del agrado de la empresa, mucho peor. Durante mis 18 años en la empresa, he cobrado esa prima muy pocas veces. En mi categoría, con la máxima antigüedad, había que obtener un 8,1; yo casi siempre sacaba un 7,9. Es un castigo económico muy difícil de demostrar y de recurrir, que hace muchísimo daño, porque ese «buen salario» del que presume la empresa depende de cobrar ese dinero. Sin él, tienes un sueldo de comercio normal y corriente, con la mayor parte del salario en complementos que, además, puedes perder simplemente por estar de baja. Eso de que se cobra el 100 % durante la baja hay que explicarlo bien: se cobra el 100 % de la parte del salario que no incluye complementos, que es muy poca.

Una grabación para ganar.

Esta vez, por suerte, había una grabación, como ya ocurrió en A Coruña con una delegada de la CIG a quien su coordinador le dijo que no cobraría la prima por ser de la CIG. Con una grabación y un juez dispuesto a escucharla, es posible ganar. Sin ella, te pasa como a mí: pierdes el juicio una y otra vez, aunque todos sepamos que esto ocurre una y otra vez. Y es una lástima que haya que depender de que un coordinador meta la pata, cuando ya están más que avisados de lo que pueden y no pueden decir.

Ante el juez, la empresa sostiene que no hay persecución sindical porque los delegados de CCOO y UGT sí cobran la prima. Lo que ese juez no sabe es que no hay nada contra los sindicatos que trabajan para la empresa, cuyos delegados, en el fondo, hacen de recursos humanos. Para quienes defienden de verdad los derechos de los trabajadores, denuncian abusos y exigen que se respeten el convenio y el Estatuto de los Trabajadores, la vida no es igual. Y cuando no se les puede despedir ni conseguir que se marchen haciéndoles la vida imposible, el castigo más fácil es el que va directamente al bolsillo.

Cómplices y silencios.

Esto ocurre con la complicidad de CCOO y UGT, que aceptan y apoyan una valoración totalmente subjetiva para cobrar un complemento y, encima, le hacen publicidad como si fuera algo positivo; con el silencio de un Ministerio de Trabajo que sabe perfectamente lo que pasa; con la pasividad habitual de la Inspección, que esta vez, al menos, no ha sido tal; y con el desconocimiento de unos jueces que, al fin y al cabo, son personas y no tienen por qué saber lo que ocurre en empresas con una publicidad tan excelente, porque los medios están con ellas y los gobiernos no se atreven a decir nada.

Me alegro por la compañera. Pero 50.000 euros para Mercadona no son nada; lo que importa es que se reconozca que esto ocurre. El problema viene de muy atrás y continuará mientras exista una «prima» que no lo es, que depende de una nota subjetiva y que permite castigar al trabajador que no traga con todo, golpeándolo donde más le duele, justo cuando tanta gente lo tiene difícil para pagar el alquiler o llegar a fin de mes. Ellos lo saben. Saben el daño que hacen y el miedo que tienen los trabajadores a perderla, y os aseguro que la exprimen hasta la última gota.

 

¡Hasta la victoria siempre!

 

André Abeledo Fernández

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