Pese a que hace ya más de 150 años que Louis Pasteur refutó empíricamente la teoría de la generación espontánea mediante un experimento con infusión de levadura, en el que quedó establecido científicamente el principio omne vivum ex vivo (toda vida sale de vida), sigue siendo habitual encontrarse con quienes aún defienden lo contrario en muchos órdenes de la vida.
Inducidos por una (de)formación idealista que impone la educación orientada a justificar la sinrazón histórica que, de acuerdo al carácter social de la producción, supone la propiedad privada de los medios de producción y la existencia de una sociedad dividida en clases que se fundamenta en la explotación de la clase obrera; la consideración de que las cosas ocurren así, porque no es posible que se den de otra manera al no depender de factores que las determinen, sino que surgen así naturalmente, es la forma más sibilina de autocontrol y sometimiento de las masas por la clase dominante.
Negar que “la vida social es, en esencia, práctica”1 y que, siempre en el marco de su actuación social, es la acción organizada de las masas trabajadoras la que puede transformarla, es la garantía más eficaz para asegurar la continuidad de una sociedad —la Capitalista— que, por la evidencia de sus hechos, no merece sobrevivir ni un minuto más, ya que toda su existencia es un cúmulo de crímenes, sufrimiento, destrucción y dolor.
Desde sus orígenes mediante la desposesión que propició la acumulación originaria del Capital, pasando por el colonialismo, el imperialismoy el nazi-fascismo, hasta llegar a su actualidad más inmediata, en la que pretende normalizar la guerra y el genocidio como hechos propios de la existencia humana, el Capitalismo es una formación socio-histórica que no merece más que, parafraseando a Engels, acabar cuanto antes en el museo de los horrores de la Historia empujado por la lucha de clases.
El (IN)EVITABLE AVANCE DEL AUTORITARISMO EN LAS SOCIEDADES CAPITALISTAS
Sirviendo los mismos intereses de clase que lo crearon durante la Gran Crisis del siglo pasado, supeditándolo todo a las necesidades de grandes corporaciones industriales y bancarias, en la actualidad, la dictadura de clase de la burguesía, en función del propio desarrollo de las fuerzas productivas y la altísima concentración monopolística del Capital, avanza hacia formas cada vez más despóticas del ejercicio de su poder en una suerte de nuevo fascismo del siglo XXI, que, más allá del nombre con el que corresponda sustantivarlo, es preciso analizar correctamente para combatirlo como corresponde y no errar en la articulación de la imprescindible respuesta obrera y popular con la que derrotarlo.
La sistemática activación de una detallada agenda al servicio del gran capital financiero, en la que la totalidad de los derechos están en cuestión, no obedece a la voluntad personal de nadie, tampoco a elementos tan decisivos en ese proyecto como la actual administración norteamericana, pues para nada es una cuestión de nombres, de sustituir unos políticos por otros.
Una situación a la que no se le puede responder si solo se habla de derechos y libertades en abstracto sin precisar su significado y al servicio de quién están, porque ello no conduce más que a la confusión y la posterior frustración de quienes ven cómo, aún cambiando los gestores, estos siguen con las mismas medidas que antes denunciaban. Es preciso asumir y trasladar correctamente a las masas que la urgencia no es un cambio de cromos entre los administradores del capitalismo, sino el cuestionamiento radical del capitalismo y acabar con las causas que provocan y permiten una realidad tan brutal como la actual. Es necesario decirlo claro y desenmascarar a quienes “traten de engañar al pueblo con discursos sobre la libertad en general, la igualdad en general y la democracia en general… Nada de libertad para todos, nada de igualdad para todos, sino luchar contra los opresores y los explotadores, eliminación de toda posibilidad de explotar y oprimir”2. El escenario es de una lucha frontal entre clases que, además de atender las reivindicaciones concretas e inmediatas en cada formación social de una realidad condicionada por la carestía de la vida y la pérdida de derechos, con las correspondientes alianzas sociales, debe situarse claramente en el marco estratégico de la lucha por el Socialismo y adquirir un claro compromiso internacionalista fundamentado en el derecho de los pueblos a su soberanía y la unidad de la clase obrera internacional por encima de fronteras, razas, culturas y religiones.
EL 2027 QUE SE AVECINA
En consecuencia, y ante la evidencia —conforme a lo planificado desde hace años por el Capital, la OTAN y la Casa Blanca, con el concurso unísono de todos los poderes del Estado, aparatos de dominación ideológica y política y los cuerpos represivos— de que el debate público de los próximos meses estará marcado por actualidad mediática de la preparación del relevo en el gobierno de España, es preciso situarse en una agenda propia de trabajo político y social que responda a las verdaderas necesidades de las masas trabajadoras y no caer en la trampa de limitarse al debate de posicionarse respecto a qué pata elegir entre las dos patas del mismo proyecto de gestión del capitalismo. Por mucho que sea el miedo que da que esas bestias reaccionarias, violentas y corruptas —profundamente corruptas— del PP y Vox tomen las riendas del gobierno, no es posible olvidar la realidad de la gestión sometida al Capital del Gobierno de coalición y sus aliados. Ignorar el incumplimiento de las promesas realizadas en cuanto a la derogación de las contrarreformas laborales y la ley Mordaza, así como la renovación del Acuerdo de defensa con los EE. UU. y el mayor incremento del gasto militar conforme a las exigencias de la OTAN (que demuestra a las claras su plena alineación con los mandatos de la UE y la OTAN en todos los sentidos), o disculparlo es inaceptable e injustificable desde cualquier posición de clase mínimamente coherente.
En la agenda que reivindicamos para reorganizar desde la base del movimiento obrero y popular la necesaria contraofensiva con la que enfrentar los recortes sociales y la limitación de derechos que golpean la realidad material diaria de las masas trabajadoras, más allá de determinadas consignas que siempre son necesarias y que, como las de “Paz, Techo, Trabajo”, las ha plagiado descaradamente Podemos, vaciándolas de contenido real, lo que se impone es dar luz frente a las maniobras de confusión y no enredarse en debates erróneos y espúreos en los que solo se ve el árbol y se oculta el bosque por enésima vez. A modo de ejemplo, solo para situar algunos por los que vale la pena implicarse, porque permiten abrir espacios de organización y elevación de la conciencia política de sus protagonistas: la urgencia de descifrar las razones y consecuencias de una carestía de la vida que estará muy pronto por encima del 5 % y qué se debe hacer para enfrentarla, exigiendo recuperación del poder adquisitivo de los salarios y no meras subvenciones para las diversas patronales. El origen de una deuda pública superior al 100 % del PIB que es absolutamente impagable e ilegítima tanto por su origen como destino: ¿por qué tiene que seguir siendo su pago una prioridad constitucional por encima de la atención de los servicios públicos? El compromiso con la guerra en Europa y el militarismo del Estado español. El control del Estrecho de Gibraltar y las consecuencias de los planes de los EE. UU. y la OTAN en ese sentido, incluida la situación en Ceuta. Desvelar las garras del sector financiero en el futuro del Sistema Público de Pensiones y de la sanidad y educación pública. El modelo energético: ¿hacia un modelo soberano o al servicio de los monopolios?; la lucha por la necesaria soberanía alimentaria y una reforma agraria integral que enfrente la nueva realidad de concentración de la tierra en manos de fondos de inversión y los monopolios de la agroindustria. Turismo: ¿qué turismo?; qué hacer para garantizar el derecho a la vivienda: ¿acaso es posible decir que es un derecho y no una mercancía, sin cuestionar la Constitución y las leyes de la UE que amparan la situación actual?
Estos debates imprescindibles y otros muchos similares es preciso situarlos desde la independencia de clase y la firmeza política de que solo con la acción y organización de las masas trabajadoras en defensa de sus intereses y necesidades se pueden resolver. Esa es la diferencia entre la opción revolucionaria que defiende el PCPE y la que sitúa el reformismo una vez más, en su enésima propuesta de “unidad de la izquierda” para defender la democracia liberal y el poder burgués.
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1 Tesis de Feuerbach. K. Marx
2 El poder soviético y la posición de la mujer. Lenin


