Entrevista a los camaradas chinos en Berlin

En el blog Jugendwiderstand, Resistencia Juvenil en castellano, una organización juvenil proletaria, revolucionaria y anti-imperialista, muy presente en la organización de los movimientos antifascistas y anticapitalistas en Alemania, como los acaecidos en la pasada reunión de los más poderosos países imperialistas en Hamburgo durante este mes (el G-20), se publicó hace tiempo una pequeña entrevista a unos estudiantes comunistas chinos que visitaban Berlín. Aprovechando la visita, los camaradas de Resistencia Juvenil les hicieron unas preguntas sobre el capitalismo en China y la traición de la élite burocrática del PCCh a la Revolución y a la clase trabajadora y campesina china.

Los blogs Cuestionatelotodo y Victoria de los Oprimidos y Explotados, ya que la consideramos de gran interés, la hemos traducido al español para su mayor difusión (desde la traducción realizada del alemán al inglés por Redspark):

Hace unos días, algunos jóvenes camaradas chinos nos visitaron en Berlín. Aprovechando el momento, les hicimos una pequeña entrevista. En su pais son miembros de un grupo comunista de oposición que, según ellos, está orientado hacia el Marxismo-Leninismo-Maoísmo, y que ha estado intentando durante algunos años desarrollar una política revolucionaria centrándose en una famosa Universidad de China.

Sus respuestas no reflejan necesariamente nuestras percepciones o posiciones, pero en aquel momento, nos interesaba dejar que los camaradas hablaran, sin ningún comentario por nuestra parte. Las voces de los “izquierdistas” chinos, muy diferentes a la de los liberales aclamados por otros estados imperialistas, son lo bastante raras de escuchar en Europa como para no aprovechar la oportunidad y la ocasión.

¿Cuáles son vuestras acciones y perspectivas?
Somos un grupo marxista comunista de la Universidad de xxx (n.t. prefieren guardar el anonimato). Desde hace varios años hemos estado trabajando para devolver a los estudiantes el verdadero marxismo, el verdadero leninismo y la verdadera historia de la Revolución Cultural. Sin embargo, no podemos ni debemos ser demasiado abiertos con muchas de nuestras posiciones. La represión hoy es enorme en China. Tenemos reuniones de formación de forma clandestina y además, organizamos una escuela nocturna para trabajadores universitarios y empleados.

“Servimos al pueblo” también en términos concretos, por ejemplo, ayudando a las mujeres del servicio de limpieza de la universidad que son castigadas reteniendo su salario debido a presuntos “errores, para intentar que los cobren completos. También organizamos veladas musicales, como una especie de conciertos. Para ello, invitamos a los trabajadores de la construcción y a los estudiantes progresistas, a fin de ayudarles a profundizar su educación marxista. Nuestro trabajo, generalmente, se está desarrollando bien. Nos estamos haciendo más fuertes y más numerosos.

¿Hay otros grupos como el vuestro?
Hay grupos como el nuestro o similares en cualquier gran ciudad y en casi todas las universidades. Todos los revolucionarios aceptan al presidente Mao como la etapa más alta del marxismo hasta ahora, pero hay quienes se dicen seguidores del pensamiento Marxismo-Leninismo-Mao Zedong y se autodefinen marxista-leninistas-maoístas. Los círculos diferentes a veces tienen puntos de vista diferentes, pero las contradicciones, a menudo, surgen no de la posición política, sino de la práctica. Uno puede reconocer fácilmente en la práctica a quiénes son revolucionarios y a quiénes derechistas.

¿Cómo veis el Estado y la sociedad china de hoy?
En China hay una enorme explotación y un gran desarrollo del capitalismo / imperialismo. Pocos chinos saben que una gran cantidad de capital chino está en el extranjero. Hay muchas protestas y huelgas. Las masas a menudo luchan espontáneamente y sin un liderazgo claro contra los capitalistas. Los comunistas participan junto a ellos en su esfuerzo. Muchos capitalistas no llaman a la policía, sino que llaman a la mafia, simplemente porque es más barato. Se disfrazan de policías y luego aplastan la protesta. Nunca se sabe si la persona uniformada que está frente a ti es un policía o un paramilitar. Existe una alta tasa de personas sin hogar; muchos duermen en estaciones de ferrocarril o edificios vacíos. También hay una tasa muy alta de suicidios, pero no tenemos ningún problema con las drogas. La falta de dinero es un problema real.

¿Qué tipo de revolución se necesita?
Sobre la cuestión de la revolución hay dos o tres líneas en la izquierda de China: la primera defiende que es ahora cuando hay que iniciar una revolución socialista violenta por parte del proletariado; los segundos afirman que debe haber una revolución democrática dirigida por la clase obrera contra el partido “comunista” de China; la tercera y última, trata de preservar y recuperar el PCC actual. Consideramos que esta última línea es abiertamente reaccionaria.

¿Cómo es la cultura juvenil en China?
Los estudiantes de clase media han tomado prestada la cultura occidental y su música, pero no el proletariado. Casi no hay graffitis, y la juventud proletaria escucha especialmente la música folclórica. Pero en realidad, todos los jóvenes de las familias de la clase trabajadora apoyan a Mao.

¿Qué pasó con el PCMC (Partido Comunista Maoísta de China), que apareció brevemente en los medios de comunicación en 2008, y que pedía una revolución en China?
Esa fue una expresión de la lucha de los partidos internos en el PCCh. Una fracción del PCCh más “izquierdista” – a la izquierda de la camarilla gobernante, pero aún revisionista – que quería tomar el poder.

¿Qué pasa con las influencias internacionales sobre el movimiento revolucionario en su país?
Los medios de comunicación del gobierno, por supuesto no informan sobre ningún movimiento revolucionario serio en el extranjero. Tampoco tenemos acceso a muchas redes sociales, como Facebook, Twitter o Youtube. Eso es negativo.

Hemos oído hablar de la Revolución de Filipinas sólo aquí en Europa, y sobre la guerra del pueblo en la India sólo a través de la película Chakravyuh. Las luchas en Kurdistán e Irlanda también nos eran desconocidas !Pero ahora volveremos a China con muchas impresiones fuertes y más inspiración!

Sorprendente rapidez

Una tradición de calumnias contra Rusia

Manuel E. Yepe

Un enjundioso trabajo periodístico de Edward S. Herman que publicó la revista Monthly Review en su edición de julio-agosto de 2017, proporciona abundantes datos acerca de la campaña por la demonización de Rusia que ha sido un objetivo central del NYT y de la prensa de Estados Unidos en su conjunto desde hace un siglo.

Falsear noticias sobre Rusia es una tradición que se remonta, al menos, a los tiempos de la Revolución de Octubre de 1917. En un estudio acerca de la cobertura del New York Times y la prensa convencional (mainstream media o MSM) de Estados Unidos, sobre la revolución rusa, los entonces prestigiosos periodistas Walter Lippmann and Charles Merz, ambos conservadores, escribieron en el neoyorquino New Republic en marzo de 1920, que «desde el punto de vista del periodismo profesional, la divulgación sobre la revolución rusa ha sido poco menos que un desastre”.

Lippmann y Merz demostraron que el fuerte sesgo editorial en las noticias evidenciaba que los editores querían la derrota de los comunistas y en función de esa imagen denunciaron atrocidades que no ocurrieron y pronosticaron el derrumbe inminente de los bolcheviques por lo menos 91 veces. Hubo una acrítica aceptación de los partes oficiales y de confianza en las declaraciones de unas no identificadas «autoridades superiores».

Esta manipulación mentirosa de las noticias que se hizo práctica habitual en el NYT entre 1917 y 1920 fue repetida a menudo en los años subsiguientes. La Unión Soviética se convirtió en el objetivo enemigo hasta la segunda guerra mundial, y el NYT fue siempre hostil a Rusia. Al finalizar la II Guerra Mundial y siendo ya la Unión Soviética una importante potencia militar que pronto habría de ser rival de EEUU en materia del uso de la energía nuclear para fines bélicos, se inició la guerra fría.

Según el profesor emérito de la Universidad de Pennsylvania Edward S. Herman, “El anticomunismo se convirtió en la religión estadounidense y la Unión Soviética comenzó a ser acusada de aspirar a conquistar el mundo y necesitada de contención. Con esta ideología puesta a punto y bien establecidos los planes de Estados Unidos para su propia expansión global, la amenaza comunista ahora serviría para justificar el sostenido crecimiento de su complejo militar-industrial y de sus repetidas intervenciones, para hacer frente a las supuestas agresiones del imperio del mal».

Uno de los primeros y más flagrantes casos de mentiras sobre este tipo de amenaza rusa fue la utilizada para justificar el derrocamiento del legítimo gobierno progresista de Guatemala en 1954 por un ejército mercenario financiado, organizado y dirigido por Estados Unidos que invadió el país desde Nicaragua, entonces gobernada por la dictadura de los Somoza, fieles lacayos de Estados Unidos.

Herman explica que “la acción fue provocada por las reformas del gobierno de Jacobo Arbenz que tuvo la osadía de aprobar una ley que permitía la formación de sindicatos, y planeaba comprar (en valoraciones de la tasa de impuesto) y distribuir a los campesinos algunas tierras no explotadas que eran propiedad de la United Fruit Company y otros grandes terratenientes. Estados Unidos, que había apoyado la anterior dictadura de José Ubico durante sus 14 años de duración, no pudo soportar este desafío democrático y el gobierno electo, encabezado por Jacobo Arbenz, fue enseguida acusado de una serie de villanías, y acosado por haber propiciado la toma del gobierno de Guatemala por Moscú.

Tras el derrocamiento de Arbenz y luego de la instalación de una dictadura de derecha fiel a los dictados de Washington en el país, el historiador Ronald Schneider, tras estudiar más de 50.000 documentos incautados de fuentes supuestamente comunistas en Guatemala, demostró ante una corte que no sólo los comunistas nunca controlaron el país, sino que la Unión Soviética estaba demasiado preocupada por sus problemas internos para preocuparse por los de América Central. En 2011, más de medio siglo después, el Presidente del país, Álvaro Colom tuvo que pedir disculpas por el «gran crimen del derrocamiento violento del gobierno de Arbenz en 1954…” pero jamás ha habido disculpa o incluso reconocimiento de Estados Unidos por su papel en el gran crimen, ni de los editores del NYT por su complicidad. En los tiempos de la guerra contra Vietnam hubo infinidad de noticias falsas y engañosas en el NYT y la prensa estadounidense en general, cuyas líneas editoriales eran sistemáticamente de apoyo a la política de guerra.

La situación recientemente creada en torno a supuestos nexos con Rusia de la campaña de Trump indica que el Pentágono, la CIA, los liberal-demócratas y el resto de los que integran el partido guerrerista han ganado una importante escaramuza en la lucha a favor o en contra de la guerra permanente, afirma Herman.

Julio 20 de 2017

Manuel E. Yepe
Publicado originalmente en el diario POR ESTO! de Mérida, México.
Blog del autor: http://manuelyepe.wordpress.com/

Mala Praxis-R.I.P [Videoclip]

Descarga: https://mega.nz/#!0sZnFJjL!4YI56JhBZ-…
Grabación Video/Audio, Edición Video/Audio y mezcla por Mala Praxis.
Scratch: Dj Nootka // Letra e Instrumental: Kaktan

La Segunda Guerra Mundial la ganó Hollywood

Fernando Arancón

[…] El mundo occidental ha distorsionando el tamaño de los distintos actores que participaron en un momento tan importante para la Historia como la caída del nazismo. Con un mínimo de rigor histórico, a nadie escapará que el papel de la Unión Soviética fue, como mínimo, tan importante como el del bando aliado. Sin embargo, la representación de este hecho en la cultura popular es prácticamente inexistente. Como es de esperar, motivos no faltan, desde una medida campaña publicitaria y propagandística proveniente de Estados Unidos por razones geopolíticas a la rentabilidad que todavía hoy suscitan los productos relacionados con la Segunda Guerra Mundial. No es un tema menor; a fin de cuentas se dilucidaba quién había ganado uno de los conflictos bélicos más importantes de la Historia.

El poder del cine es espectacular. Su papel histórico para moldear conciencias ha ido intrínsecamente ligado a una opción de ocio tremendamente popular en los países occidentales desde los años veinte y treinta del siglo pasado. Era lo suficientemente barato como para que las clases trabajadoras pudiesen permitírselo con asiduidad y lo suficientemente popular para que los más pudientes también quisiesen asistir a las proyecciones. Esta afición hizo del cine el primer producto cultural consumido a gran escala en las sociedades desarrolladas. El poder de la imagen le otorgaba una ventaja fundamental sobre la radio, por lo que rápidamente algunos Gobiernos tomaron conciencia de los beneficios que se podían obtener de su instrumentalización política.

El uso del cine en la propaganda de la Alemania nazi es bien conocido y supone uno de los primeros ejemplos de cómo este arte se convierte en un pilar clave en la homogeneización del pensamiento, no ya por la censura, que cribaba qué se podía ver y qué no, sino por el despliegue técnico y artístico que hacía de la propaganda un producto agradable de ver. No hay que olvidar que el cine siempre ha sido la suma de un conjunto de elementos y el mensaje es solo uno de ellos, no necesariamente el más importante. Así, el cómo se contaba era tan importante como qué se contaba.

Estados Unidos comenzó a tomar buena nota de aquello en los años previos a su entrada en la Segunda Guerra Mundial (IIGM) y realizó un importante —aunque en muchos casos torpe— despliegue una vez quedó inmerso en el conflicto. Antes del ataque a Pearl Harbor, la división en la sociedad estadounidense entre los que propugnaban la entrada en la guerra y aquellos que reclamaban el aislacionismo más absoluto era evidente, por lo que el entonces presidente Roosevelt y especialmente su Estado Mayor eran conscientes de la acuciante necesidad de que toda la sociedad tuviese una opinión medianamente uniforme en caso de que el país tuviese que entrar en guerra. Huelga decir que la Administración de entonces, si bien tenía inclinaciones intervencionistas, eran más una cuestión estratégica que deseos reales de entrar en el conflicto. Hasta aproximadamente 1942, el único potencial del que gozaba Estados Unidos era el económico-industrial y el naval. Solo cuando la guerra estalló en Europa comenzaron a plantearse en Washington una verdadera modernización y expansión de los efectivos militares.

Ante la inminencia de la guerra, un doble problema se cernía sobre la sociedad estadounidense. Por un lado, la población, en su mayoría ajena a los sucesos que se estaban viviendo en Europa, debía ser puesta al día sobre qué ocurría en el Viejo Continente y cuáles eran los motivos por los que la Alemania nazi —y posteriormente el Imperio japonés— debían ser derrotados. La segunda cuestión consistía en formar adecuadamente a los millones de reclutas que se incorporarían a filas en cuanto fuese firmada la primera declaración de guerra. Para ambos aspectos, el cine se convertiría en una herramienta fundamental, un elemento de cohesión identitaria tanto en el territorio nacional estadounidense como en el frente.

Las Fuerzas Armadas estadounidenses plantearon reclutar a algunos de los directores de cine más reputados de la época, hoy auténticas leyendas de la cinematografía. En aquellos turbulentos cuarenta se unieron a la empresa John Ford —ya consagrado con La diligencia y Las uvas de la ira—, John Huston, William Wyler o Frank Capra, entre otros. Su misión: trascender los hasta entonces simples documentales militares y llegar al público estadounidenses con producciones de calidad, profundas y que revelasen el trasfondo de la guerra —siempre y cuando la censura militar lo permitiese, lógicamente—. Aquel proyecto tuvo una acogida dispar pese a contar con ambiciosos despliegues como el diseñado por Capra, llamado Por qué luchamos. Sin embargo, este episodio, que ha pasado a la Historia de manera bastante discreta, marcó tanto a los directores personalmente —Ford fue herido en Midway y Wyler se quedó sordo tras volar en un B-25— como su filmografía posterior y el propio devenir del cine en décadas posteriores. En absoluto es casualidad que nada más regresar de la guerra, en 1946, Capra se pusiese tras las cámaras con Qué bello es vivir, película merecidamente presente en cualquier clasificación de las mejores producciones de la Historia del cine como un alegato de la bondad humana y la primacía del bien sobre el mal.

¿Conocen Cuando pasan las cigüeñas, Masacre: ven y mira o La infancia de Iván? Las tres son películas soviéticas —de las mejores, según los críticos— sobre la Segunda Guerra Mundial. Un vistazo rápido por repositorios especializados de cine nos muestra que su popularidad es notoriamente más baja entre el público general que largometrajes como El puente sobre el río Kwai, La gran evasión o Patton, contrapartes occidentales de la misma época. Es lógico pensar que esto se puede deber a un simple sesgo de proximidad: durante la IIGM, los europeos occidentales consumen cine más cercano geográficamente, mientras que el público europeo oriental prefiere películas que se desarrollan en el extenso frente ruso. Esto, si bien tiene cierta validez por cuestiones de mercado —el europeo occidental es un mercado numeroso y de alto poder adquisitivo—, choca con la enorme asimetría de filmes que abordan la lucha en los distintos escenarios donde se desarrolló el mayor conflicto jamás visto por el ser humano.

El ejercicio es bien sencillo: ¿cuántas películas conocidas tienen como centro el frente soviético? Puede que la más conocida sea Enemigo a las puertas (Reino Unido, 2001) y Stalingrado (Alemania, 1993) como posible segunda opción. Si hilásemos en extremo, podríamos incluir El pianista, lo que también haría entrar La lista de Schindler, pero estas, temáticamente hablando, tienen más relación con el Holocausto —que sí ha sido tratado en el cine con cierta profundidad— que con la guerra en sí. La ausencia de producciones audiovisuales sobre el frente oriental es, por tanto, abrumadora. Leningrado, Moscú, Járkov, Sebastopol, Kursk, el avance sobre Europa oriental o la batalla por Berlín  aquí aparece El Hundimiento— son logros soviéticos no correspondidos en la cinematografía, por lo que no es extraño que esta tendencia continuada haya favorecido la invisibilización de la labor soviética en el conflicto.

En los años inmediatamente posteriores a la finalización del conflicto hubo en los países europeos una ola importante de cine desde esta perspectiva. En buena medida, era una forma de recomponer la identidad nacional y demostrarse cómo se habían deshecho de la Alemania nazi. Guerrilleros, mártires y héroes se entremezclaban con un costumbrismo de posguerra que intentaba aparentar cierta normalidad. La danesa La tierra será roja o la conocida cinta de Rossellini Roma, ciudad abierta, ambas de 1945, son buenos ejemplos de un estilo que se volvió común en Europa. Sin embargo, la moda no duró mucho tiempo. Conforme los países involucrados entraron en nuevas dinámicas económicas e internacionales, la IIGM, artísticamente e identitariamente hablando, perdió importancia.

En los estudios estadounidenses y británicos sí hubo un goteo constante de películas sobre el tema. Había historias y momentos de sobra para narrar, especialmente en el doble frente europeo —Italia y, posteriormente, Francia—. Sin embargo, esta etapa, que se extiende sobre todo entre los años 60 y 80, es probablemente la de mayor peso propagandístico. La guerra se convierte en algo bastante limpio, sin sangre y sin los niveles de destrucción que se verán en las pantallas a partir de los noventa, y la infalibilidad estadounidense contrasta con la suma torpeza de quienes tienen la desgracia de formar parte de la Wehrmacht —Fuerzas Armadas de la Alemania nazi—. Este cine repasa todas las grandes contiendas en las que los estadounidenses —y quizás algunos de sus aliados— se vieron envueltos en Europa o el Pacífico. Además, la industria no escatima en reunir a las caras más conocidas de la época para cada una de sus películas; La batalla de Midway, con Charlton Heston, Henry Fonda, Glenn Ford y Robert Mitchum, refleja claramente cómo se enfocaban este tipo de películas.

Será durante estos años cuando el trasvase histórico se consolide. Estas películas no son cualitativamente buenas, pero sí suponen un despliegue y un tirón de público elevado. De esta manera, ante la inexistencia de cine sobre el frente oriental en Europa, se crea la percepción de que solo Estados Unidos hizo el esfuerzo necesario para vencer al nazismo. Lo que pasase en lo que en aquellos años era el otro lado del Telón de Acero era irrelevante.

También hay que considerar que, desde un punto de vista cinematográfico, el frente ruso es más homogéneo que la diversidad de escenarios del resto del conflicto. Sin entrar en la narrativa, cuyas posibilidades son siempre prácticamente infinitas, el frente oriental se divide en la gran llanura oriental europea o las ciudades. Por ello, este cine parece haberse atascado en el “Vista una, vistas todas”. Evidentemente, esta lógica no hace honor a la cantidad de situaciones políticas, sociales y bélicas vividas en el este de Europa entre 1939 y 1945; más allá de los filmes centrados en Stalingrado se han conseguido hacer otros tan decentes como La cruz de hierro (1977). No obstante, al contrario que Estados Unidos, la Unión Soviética no consiguió explotar su papel en este episodio histórico.

A pesar de hacer numerosas películas —un largometraje patriótico era un seguro para evitar la censura—, la lógica ideológico-cultural soviética los alejaba de ese escenario. Nada tenía que ver aquel cine con el de Serguei Eisenstein, quien además de introducir grandes innovaciones había fortalecido enormemente la identidad nacional soviética. Ya fuese por los menos recursos disponibles, el menor talento artístico de los directores soviéticos dedicados a este género o la omnipresencia de las autoridades en la producción de las películas —cosa que acabó cansando a directores como Tarkovski, que huyó a Suecia—, en el este de Europa no se generó un relato sólido a través del cine sobre su papel en la mayor de todas las guerras. Otra derrota soviética, como ya ocurriese con la música, en la lucha por la hegemonía cultural.

[…] El público europeo occidental sigue creyendo que la victoria aliada en la IIGM —o, más concretamente, la derrota de la Alemania nazi— fue gracias al esfuerzo estadounidense. Esta creencia está lejos de revertirse, aunque países como Rusia, por ejemplo, en un refuerzo de su identidad nacional, está rescatando episodios de su Historia durante esos seis años en largometrajes, al menos en lo visual, impactantes. Puede que con el tiempo consiga colocar alguna producción entre las más vistas o las más premiadas del año, si bien esto aún se antoja lejano. Entretanto, la Segunda Guerra Mundial la habrá ganado quien Hollywood diga.

http://elordenmundial.com/2017/07/06/hollywood-el-ganador-de-la-segunda-guerra-mundial/

Más información:

– El fugaz romance entre Hollywood y la Unión Soviética
– El cine como aparato de propaganda del Pentágono:
– En Hollywood el cine ejerce de portavoz de la Casa Blanca
– Hollywood: la fábrica de las pesadillas
– Lo que el viento se llevó
– Los Óscar de Hollywood conceden un premio a los yihadistas
– El documental sobre los ‘Cascos Blancos’ de Netflix opta a los Óscars de Hollywood

Podemos, la evolución de un discurso oportunista

Desde que en 2014 surgiera la formación morada, su discurso ha ido evolucionando en un intento de captar votos, revelando al mismo tiempo el carácter oportunista que en el pasado ya mostraron partidos como PSOE o IU. Un rápido análisis a algunas de las declaraciones realizadas en los inicios de la formación política liderada por Pablo Iglesias, comparadas con las declaraciones, los programas electorales y las posiciones adoptadas un tiempo después, bastan para comprobar cómo se han transformado las proclamas que en su día se disfrazaban de revolucionarias, en un reformismo obsceno y complaciente con el sistema.
En enero de 2014, el documento ‘Mover Ficha, convertir la indignación en cambio político’, elaborado de cara a las elecciones al Parlamento Europeo, proclamaba: «Hay que derogar el artículo 135 de la Constitución española y una moratoria para llevar a cabo una auditoría ciudadana de la deuda que determine qué partes de la misma no son legítimas; las deudas ilegítimas no se pagan». El impago de la deuda se convirtió en una de las proclamas con más fuerza entre los simpatizantes de Podemos (recordemos la situación de Grecia con Syriza en el gobierno). En noviembre de 2015, se hablaba ya de la puesta en marcha de una auditoría y una reestructuración «de la deuda pública vinculada a las ayudas públicas al sector financiero». La palabra impago desaparecía del discurso.

En este mismo sentido, también en enero de 2014, en Podemos se hablaba de «la nacionalización de la banca privada» y de la «recuperación del control público en los sectores estratégicos de la economía». En noviembre de 2015 el discurso se había suavizado bastante, y ya se hablaba de una «auditoría independiente de todas las entidades financieras que han recibido ayudas públicas para determinar las que debe asumir el sistema bancario privado», y que «las nacionalizaciones son algo excepcional». De hecho, en el programa político de coalición con IU presentado en mayo de 2016, se dejó fuera la cuestión de la nacionalización de empresas estratégicas. Otro de los puntos que se ha modificado en ese periodo es la edad de jubilación. Mientras que al principio se hablaba de reducir la edad a los 60 años, con el paso del tiempo esta medida se ha modificado para hablar de jubilación a los 65.

Uno de los puntos de mayor calado entre gran parte de simpatizantes es el relativo a la pertenencia a la OTAN. En enero de 2014, se buscaba una candidatura que rechazara «las intervenciones militares» y que defendiera «la salida de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)». Meses después, en noviembre de 2014, el propio Pablo Iglesias se comprometió públicamente a sacar a España de la OTAN y romper el convenio de Defensa con EEUU. Tan solo un año después, en noviembre de 2015, la salida de la OTAN dejó de ser una posibilidad, y en Podemos se hablaba de «buscar dotar de una mayor autonomía estratégica tanto a Europa como a España» en el seno de esa organización. Julio Rodríguez, ex jefe de la cúpula militar fichado por Podemos iba más allá al declarar: «Seguiremos respetando los acuerdos de la OTAN». Este cambio de postura se vio además reflejado en el programa de coalición con IU en el que también se dejó fuera este punto.

La actitud de servilismo al sistema que ha ido adoptando sibilinamente Podemos, contrasta con la declaración de intenciones que allá por octubre de 2014 se reflejaba en el discurso de Pablo Iglesias, en el que haciendo referencia al concepto de asaltar el cielo, usado por Marx al hablar de la Comuna de París, decía aquello de «el cielo no se toma por consenso, se toma por asalto». Un año después, el propio Pablo Iglesias decía que «los asaltos se hacen llamando al timbre», mostrando la lamentable cara del reformismo y el oportunismo más rastreros.

En su origen, los líderes de Podemos se esmeraron mucho en marcar diferencias con el régimen del 78, en desmarcarse del sistema surgido tras la transición. En noviembre de 2014, Iglesias hablaba de un proceso constituyente para abrir el candado del 78, de construir una nueva alternativa frente al régimen que se derrumba, el régimen de la corrupción, hablando del régimen surgido de la transición. Un año más tarde, abandonaban la pretensión de iniciar un proceso constituyente para llevar a cabo una reforma, y Pablo Iglesias se deshacía en halagos hacia el proceso del 78: «aquella transición, a pesar de sus límites, fue un éxito político», pidiendo recuperar el «espíritu» del 78 para actualizar el «gran acuerdo» que supuso.

Este intento de desmarcarse del sistema usado originariamente para llegar a los ‘indignados’, aquellos que habían perdido la fe en las instituciones, puso mucho énfasis en equiparar a PSOE y PP como partidos de la ‘casta’, como parte del régimen que se derrumbaba. En junio de 2015, después de acusar a los dirigentes del PSOE de estar a sueldo de las eléctricas, Iglesias declaraba que no estaría dispuesto a formar parte de un gobierno que no presidiera Podemos. Tan solo 4 meses después, el propio Pablo pedía públicamente un pacto a Pedro Sánchez que convirtiera a este último en presidente de un gobierno de coalición. En los últimos meses, esta estrategia de culpar al PP de todos los males y salvar al renovado PSOE de la quema, se ha intensificado, y se habla ya abiertamente de un posible pacto electoral para hacer presidente al líder socialista.

Pero no solo de cara al público ha modificado su discurso la formación morada, también en su organización interna han habido cambios sustanciales. En febrero de 2014, en una entrevista concedida por Iglesias a lamarea.com, al ser preguntado por los contactos con Beatriz Talegón (PSOE) para ofrecerle formar parte del proyecto, el líder de Podemos contestaba que este estaba abierto a todo el que compartiera lo que se estaba haciendo, sin priorizar a políticos estrella que fueran a recibir una petición singularizada y diferente al resto. En este sentido, se hablaba de listas abiertas para la elección de los cargos del partido. En julio de 2015, se elaboró por parte de la dirección del partido, una lista con hasta 60 nombres de miembros de otros partidos como IU, de manera privada y secreta, para ofrecerles entrar a formar parte del proyecto. De las listas abiertas, se pasó a listas cerradas de candidaturas previamente elaboradas.

Todo esto es tan solo una muestra que pone a las claras el carácter oportunista de una formación política que sacó de las calles a uno de los movimientos populares más importantes de los últimos años, el 15M, y encauzó el malestar de gran parte de la clase trabajadora hacia las vías del propio sistema, con promesas de cambio que nunca podrán cumplirse, con falsas esperanzas en la renovación de las instituciones y en la reforma de un sistema irreformable, el capitalismo. Se repite la historia que en su día protagonizara un joven Felipe Iglesias al frente del PSOE.

La socialdemocracia cambia de caras, pero su intención sigue siendo la misma, sostener el sistema capitalista a costa de la miseria y explotación de la clase trabajadora. Desde el Partido Comunista Obrero Español hacemos un llamamiento a las clases populares, a trabajadores, estudiantes, parados, jubilados, a unir todas las luchas en una única que busque superar el sistema capitalista y construir el socialismo, a través de un Frente Único del Pueblo y de la HUELGA POLÍTICA DE TODO EL PUEBLO.

Por la unión de las luchas en una sóla contra el Capitalismo

Por el Frente Único del Pueblo

Por el Socialismo

Secretaría de Agitación y Propaganda del Comité Provincial de Sevilla del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)

La guerra sucia del gobierno español contra la democracia venezolana.

Ángeles Diez*

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La política española se nos presenta siempre llena de paradojas, simulacros y sobreactuaciones. Muchas de ellas son puestas en escena para tratar de convencer a los súbditos españoles de que además de utilizar las administraciones para lucrarse se ejerce algo parecido a lo que en otros sitios se conoce como gestionar lo público y defender los intereses nacionales.

Pero cuando se analiza, incluso superficialmente, la política exterior en relación a Venezuela, nos encontramos con tal cantidad de incongruencias y sinsentidos que sólo cabe pensar que hay un guión previo escrito y/o encargado desde fuera, o lo que viene a ser lo mismo, que nuestra política exterior está subordinada a los intereses del imperio estadounidense ¿Cómo explicar si no que el ministro de Asuntos Exteriores dé validez a un plebiscito organizado por la oposición venezolana sin ningún tipo de garantías y sin respaldo del Consejo Nacional Electoral, sin censo electoral, con la quema posterior de los votos, con observadores que reconocen haber cobrado de los convocantes, etc. al mismo tiempo que el gobierno español declara ilegal la consulta catalana? ¿Cómo explicar que, estando el gobierno venezolano y su presidente reconocidos como legítimos por el Estado español, el Sr. Dastis, ministro de asuntos exteriores, declare que “no es una democracia”? ¿Cómo interpretar que tras la entrevista con su homólogo estadounidense, Rex Tillerson, afirme que “hay que seguir aumentando la presión para que Venezuela vuelva a ser una democracia”1?

Cualquier persona sensata podría aplicar un sencillo cuestionario que le ayudara a entender que en Venezuela se libra una de las batallas más importantes de una Guerra Mundo liderada por EEUU, y que el gobierno español no es sino un vasallo servil al servicio de la lógica imperialista. Sin duda, primero tendría que hacer un esfuerzo de desintoxicación informativa para que lo evidente no quedara neutralizado por la propaganda mediática que ingerimos diariamente. Pero en realidad bastaría con aplicar a los medios de comunicación masivos los mismos criterios y sospechas que tenemos sobre ellos cuando dan noticias sobre nuestro propio país. Veamos cuál sería este cuestionario:

1.- ¿A qué se debe que la potencia bélica más grande del mundo (800 bases militares distribuidas por todo el mundo, el presupuesto militar más alto del planeta, 200.000 soldados desplegados en 100 países)2 declare con un decreto ejecutivo que Venezuela es una “amenaza inusual y extraordinaria”, un país que no tiene bases militares fuera de su territorio y su ejército ocupa el puesto 62 en el ranking mundial?

2.-¿Qué recursos naturales y morales posee Venezuela que la convierten en una amenaza para el imperio y sus socios?

3.- Si Venezuela es una dictadura cómo es que desde que Chávez ganó la presidencia (1999) se hayan celebrado más 20 elecciones, el Centro estadounidense Carter, que actúa como observador en procesos electorales, haya reconocido su sistema electoral como uno de los más limpios y transparentes del mundo, que el gobierno bolivariano de Nicolás Maduro ocupe un puesto destacado en las principales Comisiones de Naciones Unidas donde se necesita ser elegido por votación (Venezuela tiene el mandato simultáneo de siete Comisiones incluida la presidencia del Consejo de Derechos Humanos de la ONU hasta el 2018).

4.- Sólo en enero de 2017 se registraron en México 1.938 homicidios3, de marzo de 2016 a marzo del 2017 fueron asesinados en Colombia un total de 156 líderes sociales y defensores de derechos humanos4; a qué se debe entonces que los medios masivos sólo hablen de la violencia en Venezuela y que el ministro de asuntos exteriores español diga que la situación en Venezuela es insostenible?

5.- Si la situación en Venezuela es tan insostenible cómo es que su tasa de emigrantes es la más baja de américa latina (0,4% frente al 11,8% de México por ejemplo), la tasa de desempleo esté en el 6% (en España es del 20,9%), que junto con Cuba Venezuela sea el país menos desigual del continente (España es el país más desigual de la OCDE), que no haya personas desnutridas (En España la población en riesgo de pobreza es del 28,3%), que la mortalidad infantil se encuentre por debajo de la media regional y que no haya periodistas asesinados ni desapariciones forzosas?5

Cuando intentamos responder a estas cinco preguntas la primera conclusión es que los ataques actuales del gobierno español a Venezuela tienen otras razones distintas a las esgrimidas públicamente y que dichas razones están lejos de cualquier interés por la paz o la mejora de las condiciones de vida del pueblo venezolano.

Hasta hace poco, el tema venezolano había formado parte de la política interna nacional. El show electoral español ha condicionado la agenda de todos los partidos políticos del espectro tanto de derechas como de izquierdas. Así, una vez consolidada la criminalización mediática, Venezuela ha sido un arma arrojadiza para acusar de populistas, radicales y autoritarios a Podemos, pero también para éstos ha sido un lastre incómodo del que tratar de zafarse continuamente en aras de una razón instrumental de dudoso calado moral. La mayoría de los partidos políticos de ámbito nacional con opciones electorales se han posicionado abierta o tímidamente, por activa o por pasiva, en la lógica de la guerra sucia contra el gobierno bolivariano.

El doble papel de servir a las campañas electorales al tiempo que se hacía el servicio a Estados Unidos irradiando la imagen negativa de Venezuela ha sido la tónica dominante en la política española.

Pero en estos momentos hay elementos que indican que el gobierno español ha asumido un papel mucho más activo en la guerra sucia contra Venezuela y especialmente, como ya hizo en su día con Cuba, para influir en los gobiernos europeos. Ha aumentado la frecuencia de los pronunciamientos contra el gobierno bolivariano, ha subido el tono y se ha convertido en el portavoz de las tesis golpistas de la oposición venezolana, los medios de comunicación españoles han radicalizado su campaña tóxica y, en general, unos y otros están reproduciendo punto por punto la propaganda estadounidense.

Todo apunta a que los principales actores políticos españoles están cumpliendo el encargo de crear las condiciones para que tanto la opinión pública española como la europea sean favorables a una intervención armada. Baste como ejemplo las declaraciones del dudosamente democrático expresidente Felipe González afirmando que no se debe celebrar una Asamblea Constituyente en Venezuela. Un exmandatario que no puede ocultar sus excelentes relaciones e intereses compartidos con la oligarquía venezolana y que no ha dudado en hacer causa común con el expresidente Aznar en contra del gobierno bolivariano6.

En el caso de Estados Unidos es evidente que en la actual escalada bélica, doblegar a Venezuela es un objetivo priorizado si se valora uno de los posibles escenarios previstos por los think tank: Una conflagración con otras potencias con equivalente potencia militar como Rusia. Para este escenario se presenta como necesario recuperar zonas de influencia y control de fuentes de energía y abastecimiento, a saber, el considerado por los políticos estadounidenses “patio trasero latinoamericano”.

Venezuela es una pieza clave desde esta perspectiva ya que la propia página oficial de la CIA señalaba, en el año 2015, que Venezuela era el país con más reservas de petróleo comprobadas en el mundo (18 % del total), y por supuesto con grandes reservas de gas, recursos hídricos y minerales raros.

Hay otro factor importante que nunca veremos reflejado en ningún análisis de los tanques pensantes y es que también en Venezuela se encuentran hoy en día importantes recursos morales: la defensa de su soberanía e independencia política, la integración regional basada en criterios de cooperación, el apoyo a las causas justas como la Palestina, un proyecto de igualdad y justicia social de carácter socialista… Podríamos decir que después de la resistencia heroica de Cuba, el testigo ha sido tomado por los venezolanos.

Todos los datos objetivos señalan que desde hace tiempo se ha puesto en marcha la guerra sucia contra Venezuela, que con el presidente estadounidense B. Obama apretó el acelerador y con Donald Trump continúa cumpliendo el plan trazado de la intervención. En abril de este año el almirante estadounidense jefe del Comando Sur, Kurt Tidd dijo ante el Comité de Servicios Militares del Senado de Estados Unidos que la situación en Venezuela estaba empeorando y que esto podría desencadenar una “crisis humanitaria que requeriría una intervención a nivel regional”, después tuvo que aclarar que no estaba hablando de una intervención militar pero no cabe duda de que sus palabras avalan lo que la oposición denomina Hora Cero para Venezuela.

La resistencia del pueblo venezolano defendiendo su democracia a pesar de la guerra económica, el no haber conseguido quebrar al ejército bolivariano, los repetidos intentos del gobierno de Nicolás Maduro por abrir cauces de diálogo y su propuesta de Asamblea Constituyente como estrategia para derrotar pacíficamente a la oposición golpista, han acelerado la hoja de ruta de la intervención que responde, con grandes similitudes a la que se dio en Chile previo al golpe de Pinochet, a las siguientes pautas : 1.-aumentar el nivel de violencia y provocación tanto de la Asamblea Nacional en desacato como de los grupos paramilitares que actúan en las calles, 2.-conformar un gobierno paralelo legitimado por organismos internacionales controlados por EEUU y por países afines, 3.- conseguir una masa crítica con el plebiscito fraudulento del 16 de julio, 4.- obstruir y sabotear la administración pública para colapsar la prestación de bienes y servicios, 5.- aumentar la presión económica y financiera hasta reventar definitivamente la economía, 6.- campañas sistemáticas de desinformación, post-verdad y fake news , 7.- preparar huelgas y paros en servicios, transporte y sector petrolero, 8.- boicotear la entrada en el país de alimentos y medicinas, paralizar las importaciones, 8.- incrementar las noticias sobre violación de DDHH, crisis humanitaria etc., 9.- crear un gobierno de transición con el reconocimiento de la OEA y algunos gobiernos europeos, especialmente el español.

No se trata de una nueva forma de Guerra sucia. Tanto la secuencia de los acontecimientos como el tipo de acciones ya se han aplicado repetidamente en el entorno latinoamericano: golpes de Estado, intervenciones militares, financiación de paramilitares, opositores y contrainsurgencia, guerra sicológica, golpes blandos, intervención humanitaria… El protocolo de aislar, demonizar e intervenir sigue cumpliéndose con distintos niveles de complejidad. La diferencia es que la resistencia del pueblo venezolano está obligando al imperialismo a complejizar y diversificar las formas de intervención.

Si en el caso de EEUU parece claro los intereses que están detrás y por qué se está priorizando la agresión a Venezuela ¿Qué mueve al gobierno español a sumarse tan activamente a este plan bélico? Basten algunos datos para argumentar que, dado que en estos momentos no hay elecciones a la vista, las razones hay que buscarlas en otro lado.

Tras la incorporación de España a la OTAN en 1982 se firmó el Convenio de Cooperación para la defensa (1988), con varias ratificaciones y enmiendas, que desembocaron en el impulso de la Nueva Agenda Trasatlántica (1995), el reforzamiento de las relaciones bilaterales a partir del 2001 cuando se firmó con la Secretaria de Estado norteamericana, Madeleine Albright, una Declaración Conjunta que supuso un salto cualitativo en las relaciones bilaterales profundizándose nuestra dependencia de EEUU no solo a nivel político, sino también en el ámbito de la defensa y la seguridad, en materia de cooperación económica y financiera, científica, industrial, tecnológica y cultural.

A partir de la presidencia de Obama y después de un pequeño enfriamiento por la retirada de las tropas españolas de Irak, las relaciones bilaterales con Estados Unidos se volvieron a intensificar. Se produce el encuentro de Rajoy y Obama en Washington (enero 2014), viajes continuos de distintos ministros, viaje oficial de los Reyes, visita del secretario de Estado John Kerry y el secretario de Defensa Ashton Carter a España, etc.

El propio Ministerio de Asuntos exteriores afirma en su página web que se trata de un aliado con el que “pocos países en el mundo tienen unos vínculos históricos, culturales y lingüísticos tan fuertes y con el que compartimos los mismos valores democráticos e intereses geoestratégicos”7. Cualquiera que sepa leer entre líneas verá que la relación entre un país como España sin recursos naturales significativos, con un endeudamiento exterior que sobrepasa el PIB, con una alta dependencia de recursos energéticos, etc. No puede ser una relación entre iguales sino una relación subordinada y dependiente.

Para Estados Unidos acabar con el gobierno venezolano tiene rango de política Estado, forma parte de la Guerra Mundo que la administración estadounidense explicita como “defender los intereses norteamericanos en cualquier parte del mundo” Un imperio por muy decadente que sea, o por muy disminuido que esté su poder, no puede hacer otra cosa que extender la guerra para mantener su hegemonía. Por otro lado, el imperialismo no es sino la forma que adopta la expansión capitalista y en estos momentos Venezuela constituye uno de sus más importantes obstáculos. La guerra que se libra contra Venezuela es pues una guerra que nos compete a todos ya que es sólo una de las partes más visibles de la Tercera guerra mundial que ya está en marcha.

En el caso del gobierno y el Estado español su posicionamiento activo y beligerante a favor de la hoja de ruta estadounidense forma parte del servilismo, la incapacidad y subordinación de nuestra clase política.

En esta guerra contra el pueblo venezolano y su gobierno no cabe la equidistancia, ni la neutralidad, ni las buenas intenciones. Sólo cabe desenmascarar y denunciar el papel de España, y apoyar los esfuerzos heroicos de un país por defender su independencia y soberanía que en estos momentos ha de ser la bandera que nos una a todos contra el imperialismo.

*Doctora en CC. Políticas y Sociología, profesora de la Universidad Complutense de Madrid, miembro del Foro Contra la Guerra imperialista y la OTAN. Julio 2017

3 El animal político, El 2017 tiene el arranque más violento del que haya registro, http://www.animalpolitico.com/2017/02/2017-aumento-de-homicidios/

4 El País.com.co, 156 líderes sociales fueron asesinados en 14 meses en Colombia: Defensoría, <http://www.elpais.com.co/colombia/registran-156-asesinatos-de-lideres-sociales-en-colombia-en-los-ultimos-14-meses.html>

5 Todos los datos, tanto para España como para Venezuela son del 2015 y de fuentes oficiales, del INE, de la OCDE en el caso de España y de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) de Naciones Unidas para Venezuela.

6 El Mundo, Felipe González y Aznar, unidos para pedir la liberación de los presos políticos en Venezuela, 16/02/2017, <http://www.elmundo.es/internacional/2017/02/16/58a535e1e2704ef3418b45b0.html&gt;

La prensa de Estados Unidos habla de ‘victoria’ de Putin en Oriente Medio

El anuncio a bombo y platillo de que a partir de ahora Estados Unidos dejará de apoyar a los yihadistas en Siria ha sido recibido en las redacciones de las grandes cadenas como una victoria de Putin. Es una constante en la historia del imperialismo estadounidense: cada vez que se ven obligados a firmar un acuerdo con alguien lo consideran como una derrota.

Como ya expusimos hace un año y medio, en 2013 la CIA puso en marcha la Operación Timber Sycamore para apoyar la guerra de los yihadistas contra el gobierno de Bashar Al-Assad. Entonces el Washington Post, portavoz oficioso de la CIA, reconoció que dicho operativo se hizo necesario porque los yihadistas estaban perdiendo terreno (1).

No obstante, la CIA había planeado, armado y organizado a los yihadistas bastante antes del inicio de la guerra en 2011, por lo que la prolongación de la misma, los sufrimientos de la población y la destrucción de las infraestructuras es de la exclusiva responsabilidad de los imperialistas.

El operativo cayó cuando en setiembre de 2015 Rusia entró en la guerra porque los yihadistas volvieron a perder terreno alarmantemente. La batalla de Alepo fue la puntilla que ha obligado al cambio de estrategia. Las cosas no son, pues, como las cuenta Washington Post; Trump no está cambiando la política exterior de Estados Unidos (2). Lo que ocurre es que ha fracasado en el único terreno en el que los fracasos de los imperialistas son definitivos: el militar.

De ahí que la prensa intoxicadora lo lleve al terreno técnico y personal, a las nuevas políticas de Trump y a la renuncia a imponer condiciones al reconocimiento de la derrota, polarizadas siempre en la exigencia de la salida de Bashar Al-Assad del gobierno, un signo de que los tiempos han cambiado en Oriente Medio y, por lo tanto, quienes quieran ser protagonistas sobre el terreno deben tomar buena nota.

No es el caso de Israel, que no admite el acuerdo entre Estados Unidos y Rusia porque es otro de los grandes derrotados en la Guerra de Siria y, además, ha quedado fuera de juego.

Otro de los signos que cambian es el siguiente: ahora Rusia está desplegando 400 soldados en la zona de distensión del Golán para vigilar el cumplimiento del acuerdo de alto el fuego. Ni Siria, ni Irán, ni Hezbollah admiten otro tipo de tropas que sean rusas.

(1) http://www.washingtonpost.com/world/national-security/cia-ramping-up-covert-training-program-for-moderate-syrian-rebels/2013/10/02/a0bba084-2af6-11e3-8ade-a1f23cda135e_story.html

(2) http://www.washingtonpost.com/world/national-security/trump-ends-covert-cia-program-to-arm-anti-assad-rebels-in-syria-a-move-sought-by-moscow/2017/07/19/b6821a62-6beb-11e7-96ab-5f38140b38cc_story.html

Más información:
– Timber Sycamore: la CIA desató la guerra contra Siria

Rusia ensaya el equipo que bloqueará ataques desde el espacio

«Hemos comenzado las pruebas de un futurista sistema de guerra electrónica con base en tierra, destinado a bloquear las amenazas en el ámbito de ataques aeroespaciales. Se trata de un sistema que reemplazará a las instalaciones Krasuja-2 y Krasuja-4», indicó el consejero del director general del consorcio ruso Tecnologías Radioelectrónicas (KRET, por sus siglas en ruso), Vladímir Mijéyev, citado por RIA Novosti.

«Sin embargo, no ‘nos despedimos’ de ellos [Krasuja-2 y Krasuja-4], ya que tenemos preparado un proyecto para su profunda actualización», agregó el funcionario al ser entrevistado en el salón aeroespacial MAKS 2017, que transcurre estos días en las afueras de Moscú.

La instalación de guerra electrónica Krasuja-4 está destinada a contrarrestar el funcionamiento de radares de satélites espía, de aviones de ataque, de alerta temprana y otras aeronaves de adversarios potenciales.

Esta instalación de interferencias activas de banda ancha de frecuencias neutraliza completamente el funcionamiento de radares enemigos en un radio de 300 kilómetros.

Países miembros de bloque ALBA-TCP rechazan amenazas de EE.UU. contra Venezuela

Las naciones que integran la organización internacional se unieron en solidaridad con Venezuela. | Foto: @evoespueblo

Los países miembros de la organización realizaron un comunicado, en rechazo a las amenazas emitidas por el Gobierno estadounidense.

Los países que conforman la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) rechazaron este viernes las amenazas intervencionistas que ha recibido Venezuela por parte de Estados Unidos.

«Los países del ALBA–TCP rechazan a aquellos países que no sólo ignoran el ordenamiento jurídico venezolano y el gobierno constitucional y legítimo del Presidente Nicolás Maduro Moros, sino que también ponen en riesgo el estatus de América Latina y el Caribe como zona de paz alcanzada en la Cumbre de la CELAC en el año 2014».

A través de un comunicado, las naciones que integran el organismo rechazan la imposición de sanciones, ya que esta medida «constituye una clara violación del derecho internacional y una inaceptable aplicación intervencionista de las leyes estadounidenses».

Asimismo, el organismo internacional confirma que esta decisión «en nada contribuye a la resolución de la situación que atraviesa el país», al tiempo que señaló que «impedirán su desarrollo» posteriormente.

El pasado lunes, el presidente estadounidense Donald Trump amenazó con tomar «rápidas y fuertes acciones económicas» contra Venezuela, si el mandatario Nicolás Maduro lleva a cabo la Asamblea Nacional Constituyente (ANC).

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