América Latina descabezada

Anoche estuvimos un rato viendo las redes sociales y canales venezolanos de televisión.  El hecho de que observadores internacionales de la oposición (asesinos de pueblos enterrados en fosas comunes) que, dicho sea de paso, ni por cortesía debieron ser saludados por la canciller o el presidente Maduro, comenzaran a exigir disparates y a denunciar irregularidades, nos hizo concebir alguna esperanza, porque cuando el enemigo se queja es que algo debe irle mal.

En fin. Si no fuera por el contexto internacional, diríamos que ya eran muchas elecciones, demasiadas, creemos que 20 en 16 o 17 años, para demostrar que somos pulcros, limpios, respetuosos pero esas virtudes en la izquierda no son necesarias demostrarlas. Han sido muchas concesiones al fascismo Si hubiera existido la Unión Soviética, aún con su revisionismo a cuestas, no se habrían celebrado ni la mitad.

Y no es que estemos en contra de las elecciones. Somos partidarios de las populares, esas en las que la burguesía tiene prohibido participar como ella hace con nosotros. Nos dirán que no, que la burguesía nos facilita ejercer el voto en democracia ¿pero qué democracia? Aquella en la que tanto dinero tienes, tantos votos ganas, aquella que está manipulada por la oligarquía financiera, aquella que por las razones expuestas son auténticos pucherazos anti-obreros; por tanto es una forma de excluir el proletariado al que solo “invitan” a legitimar su basura. No puede haber democracia en ninguna sociedad basada en el poder del dinero.

Han descabezado a América Latina, así de claro. En un proceso relativamente rápido, primero fueron por la cabeza pensante: Cuba, referente ideológico durante 50 años en toda América. Esa ha sido, y no otra, la razón del restablecimiento de relaciones diplomáticas. No levantarán el bloqueo hasta que Cuba acceda a adoptar sistemas electorales similares al resto de países del continente, aún con las estructuras de poder revolucionarias intactas. También Venezuela estableció estructuras revolucionarias y ya vemos lo que ha pasado.

Apartada Cuba, fueron por la cabeza material de América Latina: Venezuela gracias a la cual se levantó el ALBA, la Celac, se independizó  Unasur. Incluso han ido por países «no beligerantes» como Argentina y Brasil que si bien no participaban de procesos bolivarianos, al menos los respetaban. En Argentina han impuesto un presidente imputado y en Brasil pueden expulsar de la presidencia a Dilma Rousseff como ya hicieran en Paraguay con Fernando Lugo. La situación económica, vinculada a la guerra cuya arma ha sido el petróleo, y los errores cometidos han generado corrupción y distanciamiento del pueblo que ahora lo pasará aún peor. De esto nunca nos habíamos hecho eco porque no damos cancha pública al adversario de clase.

También debemos entonar el mea culpa porque no hemos sabido en unos casos y podido en otros, debilitar el centro imperialista donde vivimos para que nuestros hermanos de allende los mares no se hubieran visto obligados a hacer concesiones que no compartimos pero comprendíamos porque la gente tiene que comer. Otros “compañeros” en lugar de intentarlo (otra cosa es lograrlo que ya vemos que no… por ahora) o se han mostrado muy “pulcros” o “superrevolucionarios”, apalancados y pontificando desde cómodos sofás.

En lo que a nosotros respecta y considerando las circunstancias geopolíticas existentes, hemos apoyado sin ninguna duda esos procesos que al menos pretendían vivir sin tutelas externas, pese a estar limitados históricamente por el nivel de desarrollo y su ubicación geográfica. Los seguiremos apoyando porque pese a todo ello, si el enemigo ha actuado así es porque está débil. De haber estado fuerte no habría esperado 16 años.

¿Y ahora qué? Pues como ya dijimos en el escrito “Aunque la guerra durara cien años” será el comienzo de «cambios» en UNASUR, en la Celac, el fin del ALBA, en definitiva de la independencia de los países latinoamericanos más relevantes. Ello dará paso posiblemente a un nuevo ALCA, a la revitalización de la OEA que maneja EE.UU. y a un nuevo e ignominioso periodo de sumisión, servilismo y esclavitud frente a los genocidas del norte. El golpe ha sido muy duro. Tenemos que aprender mucho de la burguesía. Estamos a años-luz de ella. La burguesía jamás concilia clases irreconciliables; por tanto dejarle las manos libres es una locura.

La luz en el horizonte tiene un nombre y se llama comunión entre política y lucha armada. Y como no queremos que nos sientan pesimistas volvemos a recordar que cuando la Comuna de París fue aplastada, el proletariado se quedó solo en medio de un océano de capitalismo imperial… pero no desesperó. Y luego surgió la Unión Soviética.

JM Álvarez

¿Censura en Diario de Noticias Navarra?

Carta abierta a a Joseba Santamaría, Director de Diario de Noticias Navarra

Estimado Joseba:

Te escribo estas líneas para expresarte mi sorpresa e incredulidad al constatar la implantación en el Diario que diriges de la censura sistemática de autores como el que suscribe la presente. Sin embargo, la persistencia de dicha actividad censora me obliga a constatar que te has contagiado del estigma inquisitorial de la “caverna mediática de la derechona” de Diario de Navarra que tanto denunciabas en tu periódico y que te has adelantado a las medidas regresivas del Gobierno de Rajoy, actuando como mero “ comisario político”.

Supongo que el encefalograma plano de tu hipotálamo ideológico te impedirá llevar a acabo una autocrítica constructiva sobre la implementación de la censura en un diario como Noticias de Navarra, autodefinido como “el periódico de todos los navarros-Nafar guztion Egunkaria”. Sin embargo, aunque te consideres la quintaesencia de la pureza democrática y el guardían de la ortodoxia del pluralismo informativo, tras el excesivo contacto con la miopía intelectual e ideológica de la «derecha navarrista», por contagio mimético has acabado estableciendo muros virtuales e impermeables a toda suerte de opinión ajena a los dictados de la voz de tu amo ( Geroa Bai-PNV) , sea en forma de cartas al director o de artículos de opinión. Ya sé que estas líneas nunca saldrán a la luz en tu periódico pero todavía quedan los medios alternativos y la prensa internacional como último reducto de una libertad de expresión que agoniza ante la nuevo ola involucionista que se avecina, tsunami regresivo que tendrá su plasmación en la futura ilegalización de medios digitales e impresos refractarios al establishmetn dominante en el Estado español, lo que aunado con la previsible ilegalización del partido independentista vasco Sortu y la prohibición de la celebración del anunciado referéndum sobre la independencia catalana, supondrán el finiquito a la más larga experiencia seudodemocrática del Estado español.

Por otra parte, debo denunciar el desapego afectivo del medio que diriges hacia el euskera o vascuence. Así, ‘Diario de Noticias Navarra’ nació el 8 de abril de 1994 como medio de comunicación de inspiración euskaltzale recogiendo el testigo dejado por su antecesor ‘Navarra Hoy’ y con el objetivo confeso (según reza en su declaración de intenciones) “de ser un periódico abierto a una población navarra dinámica y preocupada por el futuro y en cuyas páginas tengan voz todos los sectores de la comunidad foral” (Nafar Guztion Egunkaria). Sin embargo, bajo tu dirección se habría producido una sorprendente deriva ideológica que habría tenido tenido como efecto colateral una clara desafección hacia el euskera plasmada en la implementación del monocromatismo idiomático de la lengua castellana en la redacción de sus contenidos, quedando la sección semanal ‘Comarcas’ (Bortziriak) , Cartas al Director y la columna dominical de Anjel Lertxundi como “raras avis euskéricas” en el infinito páramo castellano en el que se ha convertido el actual ‘Noticias Navarra,’ debido a tu estrategia mercantilista de intentar recuperar el segmento de lectores de ‘Diario de Navarra’ de ideología izquierdista y republicana, quedando los periódicos ‘Berria’ y ‘Gara’ como últimos reductos de la difusión del euskera en prensa escrita en el territorio foral. Así, tras la implementación por tu periódico en la pasada legislatura de la estrategia de “acoso y derribo del Gobierno minoritario de Barcina” y su sustitución por el actual Cuatripartito, prosigues con tu política miópica de obviar el uso del euskera en la producción de contenidos propios ya que el segmento de población que intentas ganar con tu nuevo ideario ( votantes o simpatizantes de PSN, IU-EB y Podemos-AhalDugu), tendrían salvo honrosas excepciones un perfil monolingüe castellano, de lo que se deduce que contarías con las bendiciones de Uxue Barkos para dar prioridad al uso del castellano en los contenidos de tu diario sin percatarte de que estarías colaborando inconscientemente con “ la incesante cruzada del Gobierno navarrista de UPN contra el euskera” que tanto denunciabas en la pasada legislatura.

Esperando que estas líneas te ayuden a realizar una autocrítica constructiva, un saludo sin acritud.

GERMÁN GORRAIZ LÓPEZ- Otsagabia

Una democracia ensangrentada

En el solemne día de su particular “Constitución” se dirigían pomposamente con paso marcial, agarrados a una corona de flores hacia el Obelisco de la calle Tomás Morales, tres altos cargos de los tres ejércitos, junto a varios miembros del Partido de la Gürtel. Detrás en formación, firmes como estacas, políticos y militares, varios torturadores uniformados de gala con tricornios y medallas, dos curas obesos con sotana, entre el escaso público, junto a los empresarios y constructores donantes de sobres a políticos mafiosos, algunos criminales falangistas y de Acción Ciudadana ahora reciclados a “demócratas” de toda la vida, la hija del Conde de la Vega con su marido alemán, familiar de un nazi muy conocido por sus masacres en el gueto de Varsovia.

Luego les esperaba la millonaria celebración pagada con dinero público, el banquete, la mariscada regada con vino español en la Delegación de Gobierno de la Plaza de la Feria, antiguo centro de detención y torturas masivas desde el golpe de estado del 36.

Desde la acera del Instituto Isabel de España, María Rosa Monzón, miraba alucinada, allí estaba junto al escenario, decorando la ofrenda floral previa a los discursos y arengas militares, el requeté de Galdar, un tal Raymundo Cabrera, el mismo que había asesinado a su marido, Juan Yedra, arrojándolo a la Sima de Jinámar junto a sesenta compañeros más del Frente Popular.

El criminal, ahora funcionario, hacía funciones de organizador del evento junto a varios que parecían ser de su confianza, la gente no acudía, rellenaban el acto con afiliados de partidos del régimen borbónico, María Rosa no pudo evitar cruzar la calle, casi la atropella una guagua de la línea 2, iba ciega hacia el tipejo, se acercó, atravesó la barrera de policías nacionales, para plantarse ante el fascista Cabrera, el hombre la miró, no la conocía, esbozó una sonrisa.

-Tu mataste a mi marido hijo de la gran puta, -le dijo- el tipo no sabía dónde meterse, la gente miraba sorprendida, el ministro del bigote, famoso por sus vínculos con las multinacionales, avisó con la cabeza a los esbirros policiales, que sobre la marcha la tomaron de los brazos y la sacaron en volandas de la rotonda hacia los furgones antidisturbios, María gritaba. –Asesino cabrón, criminal, me arruinaste la vida, pero el ministro insistía con la mirada que la metieran cuanto antes en el vehículo azul. Se la llevaron enseguida, uno de los policías la golpeó en el estómago, la dejó sin respiración tumbada en la parte de atrás, la pobre mujer lloraba desesperada. –El lo mató, el lo mató, hijo de puta, -decía entre los golpes de los uniformados de azul- que se la llevaron a la super comisaría junto al Parque Romano, sacándola esposada, metiéndola en el calabozo, donde le aplicaron la ley antiterrorista, para tenerla 48 horas incomunicada, ni siquiera la dejaron llamar a su madre y a sus hijos, estuvo allí desaparecida, como estuvo su pobre Juan, alimentada con bocadillos de embutidos y queso caducado, hasta que la dejaron marcharse, era martes por la tarde, salió encorvada, todavía llorando, el vestido negro roto, el cuerpo magullado, dos policías muy altos y fuertes la acompañaron hasta la puerta, allí desorientada tomó la guagua hasta el Hospital Insular, desde allí subió caminando hasta el Paseo de San José donde vivía en su humilde casita, la que construyó su Juan con tanto esfuerzo ayudado por sus hermanos Ramón y Ambrosio también asesinados por los franquistas.

En la casa todos la habían estado buscando en los hospitales de Las Palmas de Gran Canaria, ella no dijo nada, se tumbó en su cama boca abajo y estalló en llantos, solo su hermano Pedro se sentó junto a ella acariciando su pelo blanco, no dijeron nada, en sus ojos se presentía lo que había sucedido, allí quedaron los dos, con la misma impotencia del 28 de marzo del 37 cuando se llevaron a Juan de la misma casa los de la “Brigada”, la despedida entre golpes de los falangistas, dirigidos por el mismo asesino que en los 2000 organizaba la celebración del 6 de diciembre, día de la Carta Magna en España.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

No suena, «resuena» a timo

Como ha anunciado el consejero de Sanidad, Jesús Fernández Díaz, el vehículo ya ha sido desplazado del área del hospital, donde llevaba aparcado desde el pasado marzo de 2014. El camión, donde se han realizado unas 10.500 pruebas, se instaló para no equipar al complejo hospitalario con una máquina de resonancia. La medida fue tan “exitosa”, que la contrata del camión durante casi dos años ha costado casi lo mismo que uno de estos equipos, 890.000 euros.

El consejero a cargo de la cartilla de Sanidad ha asegurado que el Gobierno de Emiliano García-Page no solo va a acabar este tipo de prácticas en Ciudad Real, sino que la herencia sanitaria de Cospedal también desaparecerá de Guadalajara y Albacete.

Fernández Díaz ha criticado también la “falta de transparencia” de la que han abusado los populares a la hora de informar sobre la situación sanitaria. Díaz ha denunciado que durante el Gobierno de Cospedal, se «publicaba en la página web del Sescam que en el Hospital de Ciudad Real había una o dos personas en lista de espera para la realización de una resonancia magnética». El socialista se ha preguntado por qué las cifras de las listas de espera eran tan cortas si en el camión se llegaron a realizar 10.500 pruebas.

Page, que prometió retirar este camión del hospital, no pudo acometer esta acción debido a que el Ejecutivo de Cospedal renovó a última hora el alquiler del vehículo médico. El antiguo director del hospital, Juan José Jiménez Prieto, firmó la ampliación del contrato una semana antes de que se invistiera a Emiliano García-Page, con un Gobierno en funciones.

periodicoclm.es

En retirada el camión fantástico. Objetivo «cumplido»

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Buque de desembarco ruso «César Kunikov»cruzando el Bósforo

Militar ruso alerta y preparado para disparar un misil portátil guiado por infrarrojos denominado 9K38 «Igla» (aguja). Ojo que esto va en serio, ese tipo tiene órdenes de disparar sin ninguna duda. ¿La aviación turca? Desaparecida.

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Ojos para la paz pero también para la guerra

La organización terrorista OTAN continúa tensionando las relaciones con Rusia.

El Tratado de reunificación de Alemania llevaba consigo el compromiso de la OTAN de no extenderse hacia las antíguas repúblicas soviéticas. Pero no solo no lo han respetado sino que las provocaciones a Rusia son contínuas. Ahora en la última reunión de fin de año del consejo de ministros de la OTAN anuncian a bombo y platillo la expansión a Montenegro.

Como todos sabemos la organización terrorista fue creada supuestamente para combatir al comunismo. Desaparecida la URSS la OTAN habría tenido que disolverse. Sin embargo vuelve a buscar el pretexto del peligro de Rusia para mantenerse. Nosotros seguiremos exigiendo su disolución. ¡Ya! El camino de la paz pasa por la disolución de esta banda criminal.

Ojos para la Paz

Comenzó el intento de golpe fascista en Venezuela

¿El ex presidente colombiano Pastrana no tiene nada que decir de esto? Gran error recibir, siquiera por cortesía, a un siervo del imperialismo mientras éste tiene un barco de guerra apostado cerca de las costas de Venezuela. No parece que aprendamos algo del enemigo burgués. En ese sentido, nos lleva años-luz de ventaja. Dejemos de ser corderitos, pasemos a ser tigres de bengala.

La presidenta del CNE aseguró que en el hecho está involucrado un diputado del estado Falcón y que la Fiscalía se encargará de investigar el caso.

La presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), Tibisay Lucena, denunció este sábado la falsificación de una postulación que involucra a un diputado del estado Falcón (noroeste de Venezuela).

“Desde tempranas horas de la mañana tuvimos conocimiento de esto y comenzamos a actuar conjuntamente con la Fiscalía. Ya se tienen algunas personas detenidas”, explicó Lucena en una rueda de prensa.

“Hemos informado a la colectividad, a los electores que esto es una falsificación, se ha forjado todo el documento, hasta incluso la firma, mi firma”, destacó la presidenta del CNE.

telesurtv.net

Siria: Con Rusia en el terreno, EE.UU. debe redefinir su estrategia

Introducción

La entrada de Rusia al escenario bélico en Siria es muy relevante, ya que desde la caída de la URSS, Rusia no había tenido un protagonismo sustancial fuera de sus fronteras en lo que se refiere al ámbito militar de forma directa y abierta. Intervención, por lo demás, predecible. Rusia no iba a dejar caer tan fácilmente a Bashar Al-Asad, presidente de Siria y socio estratégico de Moscú junto con Irán.

Habría que recordar que la diplomacia rusa se había impuesto con respecto al capítulo Irán, sin embargo el capítulo Siria obligó a Rusia a actuar y dejar a un lado esa diplomacia. Rusia no se podía dar el lujo de retroceder con respecto a un punto sensible dentro de su esfera de influencia.

Con la entrada de Rusia también surgen bastantes interrogantes en lo relacionado a la estrategia utilizada por EE.UU. y sus aliados, que más que debilitar a las fuerzas desestabilizadoras las han estimulado en cierto sentido. ¿Por qué nunca vimos sistemáticamente ataques a la infraestructura petrolera controlada por estas fuerzas, antes de la entrada de Rusia? Todo el petróleo producido por ISIS, desde que pasaron a controlar su producción ¿a dónde fue a parar? ¿Qué se recibió a cambio? ¿Qué países se han beneficiado del petróleo bajo el control de ISIS o fuerzas desestabilizadoras? ¿Por qué un país de la OTAN como Turquía, sabiendo de la presencia rusa en contra de los terroristas,  derriba un avión que forma parte de los esfuerzos rusos por combatir el terrorismo en territorio sirio? ¿Por qué las armas o equipos supuestamente entregados a los «rebeldes moderados» suelen llegar a manos de ISIS?

Choque de intereses

Como podrán notar, el escenario es muy complejo. La guerra en Siria se conjugan muchos intereses, tanto nacionales como regionales. Por una parte están los intereses de EE.UU. y sus aliados principales en la zona: Arabia Saudí, Qatar, Israel, Turquía; y por otra parte, están los intereses de Siria, Rusia e Irán, y muy posiblemente los intereses de China, si logra sumarse al escenario.

Por tanto, ya podemos vislumbrar dos bloques sustanciales de intereses en la zona. Un bloque con fuerte acento pro-EE.UU. que desea en lo medular el derrocamiento del presidente de Siria, Bashar Al-Asad, y el otro bloque pro-Rusia que desea acabar con los grupos que aspiran a desestabilizar el gobierno legítimo de Siria.

El problema que existe es que el bloque pro-EEUU desde un comienzo ayudó financieramente, entregó armas y entrenó a esos grupos que desean desestabilizar al gobierno de Siria que en un principio se les conoció sencillamente como «rebeldes sirios» u «opositores al régimen» y que ahora se ha optado por llamarlos «rebeldes moderados» para no mezclarlos con los combatientes de ISIS o el Frente Al-Nusra.

Lo extraño es que los «rebeldes moderados» supuestamente eran grupos «débiles», a los cuales se les entregó armas y que, al final, muchas de estas lograron llegar a los grupos «fuertes», tales como Estado Islámico o el Frente Al-Nusra. ¿Armar a los «débiles» para engrosar a los «fuertes»? ¿Ayudar a los «débiles» para que los «fuertes» sean más fuertes? ¿Alguna estrategia? Muy probable.

Entonces vemos que abiertamente el bloque pro-EE.UU. apoyó desde un principio a los «rebeldes sirios» para desestabilizar el gobierno de Bashar Al-Asad y ahora que tienen fuerza ISIS y Frente Al-Nusra —que por lo demás algunos como Frente Al-Nusra, filial de Al Qaeda, combaten en alianza con los «rebeldes sirios» o la llamada «oposición» (1)—, ¿abiertamente se les quiere combatir? Y para que no haya confusión, ahora se remarca en los Medios a los «buenos» como «rebeldes moderados» y a los «malos» como «terroristas».

En dichas circunstancias es que entonces entra a escena Rusia, cuando estos grupos comienzan a avanzar poderosamente y curiosamente ayudando a los planes del bloque pro-EE.UU. para derrocar a Bashar Al-Asad y esto agregando, además, que los Medios habían pintado al bloque pro-EE.UU. en el sentido de que los estaban combatiendo desde el aire con bombardeos.

Con la irrupción de Rusia se fortalece el debilitado Bloque pro-Bashar Al-Asad y Rusia pasa a protagonizar el bloque que podríamos ahora denominar Bloque pro-Rusia.

Lo interesante de la entrada al terreno de Rusia es que comienzan a aclararse las cosas a tal punto que podríamos decir que todo lo anterior difundido por los grandes Medios pro-EE.UU. era más bien propaganda.

Falta de lógica

1. La lógica absurda de ISIS se desmorona 

Primero habría que decir que aquello de «ISIS» o «Estado Islámico» es un producto creado por el Bloque pro-EE.UU. y bien difundido por su maquinaria propagandística. Si ponemos atención a los Grandes Medios hoy en día, podemos ser testigos de la simplificación del mensaje: «guerra contra ISIS«, «guerra contra Estado Islámico» o «guerra contra el terrorismo». Pero antes ¿cuál había sido el mensaje? Todos los dardos parecían recaer sobre Bashar Al-Asad y su gobierno, y nos decían que los «rebeldes sirios» o la «oposición» estaban luchando para liberarse del «régimen sirio». Pues bien, EEUU en conjunto con sus aliados (Arabia Saudí, Qatar, Jordania, Israel, Turquía, Francia e Inglaterra), directa o indirectamente, armaron, entrenaron y financiaron a esos llamados «rebeldes» para derechamente derrocar al gobierno de Bashar Al-Asad (2). Como no les resultó aquello de la «Primavera Arabe» en suelo sirio, tuvieron que darle vida al «monstruo» (ISIS ó Estado Islámico). Se dejaron crecer la barba y proclamaron aquello del «califato», y curiosamente empezando su «conquista» por Siria.

Pero las curiosidades con «ISIS» no terminan. Se declaran islamistas, pero sus principales víctimas son musulmanes. Se hacen del control de todas las fuentes de crudo en Siria y curiosamente «exportan»  «su» petróleo a Turquía.

Ya con esos sencillos antecedentes podemos hacernos las siguientes preguntas: ¿ISIS no nos hace recordar a los escuadrones de la muerte patrocinados por EE.UU. en El Salvador muy conocidos en la década de 1980? Podría dar la impresión de que ISIS es como la etapa superior del paramilitarismo. Porque cuesta entender su lógica absurda de querer supuestamente conquistar medio mundo a base de cortar cabezas, atentar contra inocentes, declarar la guerra a todo el mundo, etc. ¿La ambición de ISIS podría así prosperar?

ISIS se asemeja más a un instrumento del Bloque pro-EE.UU. para satisfacer sus intereses, que a una fuerza seria de conquista, que utiliza el islam como un medio para ganar adeptos e inadaptados.

2. Turquía: «paraíso» de las fuerzas desestabilizadoras de Siria

Otra falta de lógica es el derribo pasado del bombardero ruso Su-24. Se suponía que Turquía era un significativo socio comercial con Rusia y que, además, estaba en contra del terrorismo. ¿Por qué derribar un bombardero ruso cuando Turquía sabía de los esfuerzos rusos por acabar con el terrorismo en Siria? ¿Sentirse amenazada por un aliado? ¿Acaso la OTAN quiso provocar a Rusia por medio de su «punta de lanza» (Turquía)? ¿Ya estaba agendada una agresión a Rusia, sólo había que esperar el momento propicio?

Lo cierto es que gracias a la inteligencia rusa hoy sabemos que Turquía recibe el petróleo robado en Siria y que a cambio proporciona armas, municiones y militantes a las fuerzas desestabilizadoras de Siria. Información no menor, viniendo de un país que es parte de la OTAN, aliado de la Unión Europea y de los EE.UU. ¿Por qué la OTAN, países de la Unión Europea y EE.UU. siguen apoyando a Turquía? ¿Será que Turquía es el principal instrumento para mantener con vida al «monstruo» en Siria?

¿Por qué Turquía encarcela a periodistas que difunden con pruebas gráficas en mano el involucramiento del servicio de inteligencia turco (MIT) con la entrega de armas y municiones a los «rebeldes» en Siria (3)? ¿Por qué Turquía encarcela a militares por cumplir su trabajo de detener camiones del MIT cargados con armamento y municiones para ser dirigidos a Siria con el rótulo de «ayuda humanitaria» (4)?

3. La «vista gorda» a sus aliados (Arabia Saudí, Qatar y Kuwait)

No sabemos el por qué países de la Unión Europea o el mismo EE.UU., que ahora supuestamente quieren «acabar con el terrorismo», siguen manteniendo relaciones comerciales con países que han financiado y armado a las fuerzas desestabilizadoras en Siria. Carece de lógica. ¿Combatir a ISIS y permitir que países aliados (Arabia Saudí, Qatar y Kuwait) sigan alimentando directa o indirectamente al «monstruo»? Y nuevamente la curiosidad ¿por qué en estos países la «primavera árabe» no prosperó? ¿Por qué ISIS o el Estado Islámico no van a la conquista de esos países que aparecen dentro del mapa de su «califato»?

Muy curioso es que el «monstruo» del terrorismo funcione de mejor manera en países hostiles a los intereses de países del Golfo u hostiles a los intereses de EE.UU. Muy curioso es que el «monstruo» funcione de mejor manera allí donde las manos de Exxon Mobile (familia Rockefeller) no haya tenido mucha presencia o donde ha tenido cierta dificultad para poner su bandera.

Rusia entra al terreno

Rusia ahora pone al descubierto toda esa falta de lógica que ha estado dominando y que los Grandes Medios pro-EE.UU. se han encargado de sostener. Los Medios parecieran no hacer los análisis correspondientes y se limitan a reproducir la propaganda pro-EE.UU. Pero los hechos están a la vista.

Rusia bombardea a las fuerzas desestabilizadoras en Siria y EE.UU. salta con que son sus «rebeldes moderados» a los que están atacando. Rusia ataca infraestructura de producción petrolera bajo control de ISIS y EE.UU. salta con que están «fortaleciendo a ISIS«. Aclarándose aún más la situación cuando Turquía, país miembro de la OTAN y aliado de la Unión Europea y EE.UU., derriba el bombardero ruso Su-24 dentro de territorio sirio, lo que habrá de empujar inmediatamente a Rusia, a fortalecer la seguridad de sus fuerzas dentro del terreno, instalando el sistema de defensa antiaéreo S-400 en conjunto con el sistema de interferencia electrónica y el apoyo del crucero Moskva junto con los cazas rusos, para resguardar las operaciones aéreas en contra de las fuerzas desestabilizadoras en Siria (5).

En dichas circunstancias, EE.UU. y sus aliados deberán cambiar el discurso obsesivo contra el presidente Bashar Al-Asad, ya que ese discurso choca con los intereses de Rusia. En cambio, si logran tener un discurso exclusivamente dirigido a acabar con los grupos desestabilizadores en Siria entonces contribuirían a ponerse de acuerdo con las fuerzas pro-Rusia. Pero…

Siria: Punto sensible para los intereses de Rusia

¿Cuáles son los verdaderos intereses de EE.UU. y sus aliados en Siria? ¿Acabar con Bashar Al-Asad o acabar con ISIS? Teniendo en cuenta el rol que ha estado cumpliendo EE.UU. junto con sus aliados, desde un principio, respecto a los «rebeldes sirios» ¿sería apropiado confiar en ellos?

Lo que se juega en Siria va más allá de querer acabar con ISIS. Tanto EE.UU. como Rusia saben bien la importancia geoestratégica que tiene Siria. EE.UU.  junto a sus aliados, saben que están tocando un punto sensible para los intereses de Rusia. Mañana será el Artico y el  Mar Caspio…

Rusia no ha hecho más que sumarse al juego de la «guerra contra ISIS» que los Medios pro-EEUU se han encargado de difundir. —Muchachos, aquí estamos para ayudarles también. Juguemos pues. ¿Hay que acabar con ISIS? Acabemos con ISIS pues. Pero evitemos aquello de que habría que sacar al presidente Bashar Al-Asad. Bashar Al-Asad está colaborando desde un principio para acabar con las fuerzas desestabilizadoras que ustedes bien estimularon y robustecieron. ¿Ustedes también están dispuestos a colaborar para acabar con estas fuerzas desestabilizadoras? Porque si no están dispuestos, entonces no nos podrán ayudar en nada, mas que estorbar.

Conclusión

El riesgo de tener dos visiones distintas sobre el teatro de operaciones de Siria es muy alto. De la simple «amenaza» a «Occidente» de un insignificante actor, podríamos pasar a la amenaza real de una guerra de consecuencias insospechables que podría amenazar realmente la paz relativa con la cual los pueblos de Europa y EE.UU. se ha venido beneficiando. A algunos pareciera ser que se les olvidara la cercanía que tienen con Rusia.

Teniendo a Rusia en el terreno, lo mejor para EE.UU. y aliados (Francia, Gran Bretaña y Alemania) será redefinir sus prioridades, porque no pueden haber dos coaliciones a la vez, ni dos bloques con distintos intereses u objetivos en el terreno. Tiene que haber un solo objetivo o todo esto podría terminar muy mal.

EE.UU. y aliados deben desechar la idea de quitar a Bashar Al-Asad o las ideas de imponer sus directrices tales como: «gobierno de transición», «elecciones libres» o «nueva constitución» para Siria, tal como David Cameron ha señalado últimamente en la Cámara de los Comunes (6).

Si no estamos dispuestos a colaborar para frenar a las fuerzas desestabilizadoras en Siria, entonces lo mejor sería quedarse en casa. Rusia en conjunto con sus aliados podrían perfectamente arreglárselas solos. Pero si vamos a colaborar, entonces tratemos de colaborar de buena fe. Rusia no ha dejado de ser una potencia nuclear.

@NStolpkin

 

Fuentes consultadas

1. A Look at the Army of Conquest, a Prominent Rebel Alliance in Syria

http://www.nytimes.com/2015/10/02/world/middleeast/syria-russia-airstrikes-rebels-army-conquest-jaish-al-fatah.html

2. U.S. Begins Shipping Arms for Syrian Rebels http://www.wsj.com/articles/SB10001424127887323419604578569830070537040

3. Turkish journalists charged over claim that secret services armed Syrian rebels

http://www.theguardian.com/world/2015/nov/27/turkish-journalists-charged-over-claim-that-secret-services-armed-syrian-rebels

4. 17 Turkish Military officers who stopped intelligence trucks arrested

http://www.dailysabah.com/politics/2015/04/09/17-turkish-military-officers-who-stopped-intelligence-trucks-arrested

5. Russian S-400 missiles turn most of Syria into no-fly zone, halt US air strikes http://www.debka.com/article/25048/Russian-S-400-missiles-turn-most-of-Syria-into-no-fly-zone-halt-US-air-strikes-

6. PM’s opening statement to Commons debate on military action in Syria https://www.gov.uk/government/speeches/pms-opening-statement-to-commons-debate-on-military-action-in-syria

 

 

Barbarie y civilización; Friedrich Engels, 1884

«Ya hemos seguido el curso de la disolución de la gens en los tres grandes ejemplos particulares de los griegos, los romanos y los germanos. Para concluir, investiguemos las condiciones económicas generales que en el estadio superior de la barbarie minaban ya la organización gentil de la sociedad y la hicieron desaparecer con la entrada en escena de la civilización. «El Capital» de Marx nos será tan necesario aquí como el libro de Morgan.

Nacida la gens en el estadio medio y desarrollado en el estadio superior del salvajismo, según nos lo permiten juzgar los documentos de que disponemos, alcanzó su época más floreciente en el estadio inferior de la barbarie. Por tanto, este grado de evolución es el que tomaremos como punto de partida.

Aquí, donde los pieles rojas de América deben servirnos de ejemplo encontramos completamente desarrollada la constitución gentilicia. Una tribu se divide en varias gens; por lo común en dos; al aumentar la población, cada una de estas gens primitivas se segmenta en varias gens hijas, para las cuales la gens madre aparece como fratria; la tribu misma se subdivide en varias tribus, donde encontramos, en la mayoría de los casos, las antiguas gens; una confederación, por lo menos en ciertas ocasiones, enlaza a las tribus emparentadas. Esta sencilla organización responde por completo a las condiciones sociales que la han engendrado. No es más que un agrupamiento espontáneo; es apta para allanar todos los conflictos que pueden nacer en el seno de una sociedad así organizada. Los conflictos exteriores los resuelve la guerra, que puede aniquilar a la tribu, pero no avasallarla. La grandeza del régimen de la gens, pero también su limitación, es que en ella no tienen cabida la dominación ni la servidumbre. En el interior, no existe aún diferencia entre derechos y deberes; para el indio no existe el problema de saber si es un derecho o un deber tomar parte en los negocios sociales, sumarse a una venganza de sangre o aceptar una compensación; el planteárselo le parecería tan absurdo como preguntarse si comer, dormir o cazar es un deber o un derecho. Tampoco puede haber allí división de la tribu o de la gens en clases distintas. Y esto nos conduce al examen de la base económica de este orden de cosas.

La población está en extremo espaciada, y sólo es densa en el lugar de residencia de la tribu, alrededor del cual se extiende en vasto círculo el territorio para la caza; luego viene la zona neutral del bosque protector que la separa de otras tribus. La división del trabajo es en absoluto espontánea: sólo existe entre los dos sexos. El hombre va a la guerra, se dedica a la caza y a la pesca, procura las materias primas para el alimento y produce los objetos necesarios para dicho propósito. La mujer cuida de la casa, prepara la comida y hace los vestidos; guisa, hila y cose. Cada uno es el amo en su dominio: el hombre en la selva, la mujer en la casa. Cada uno es el propietario de los instrumentos que elabora y usa: el hombre de sus armas, de sus pertrechos de caza y pesca; la mujer, de sus trebejos caseros. La economía doméstica es comunista, común para varias y a menudo para muchas familias [1]. Lo que se hace y se utiliza en común es de propiedad común: la casa, los huertos, las canoas. Aquí, y sólo aquí, es donde existe realmente «la propiedad fruto del trabajo personal», que los jurisconsultos y los economistas atribuyen a la sociedad civilizada y que es el último subterfugio jurídico en el cual se apoya hoy la propiedad capitalista.

Pero no en todas partes se detuvieron los hombres en esta etapa. En Asia encontraron animales que se dejaron primero domesticar y después criar. Antes había que ir de caza para apoderarse de la hembra del búfalo salvaje; ahora, domesticada, esta hembra suministraba cada año una cría y, por añadidura, leche. Ciertas tribus de las más adelantadas –los arios, los semitas y quizás los turanios–, hicieron de la domesticación y después de la cría y cuidado del ganado su principal ocupación. Las tribus de pastores se destacaron del resto de la masa de los bárbaros. Esta fue la primera gran división social del trabajo. Las tribus pastoriles, no sólo produjeron muchos más, sino también otros víveres que el resto de los bárbaros. Tenían sobre ellos la ventaja de poseer más leche, productos lácteos y carne; además, disponían de pieles, lanas, pelo de cabra, así como de hilos y tejidos, cuya cantidad aumentaba con la masa de las materias primas. Así fue posible, por primera vez, establecer un intercambio regular de productos. En los estadios anteriores no puede haber sino cambios accidentales. Verdad es que una particular habilidad en la fabricación de las armas y de los instrumentos puede producir una división transitoria del trabajo. Así, se han encontrado en muchos sitios restos de talleres, para fabricar instrumentos de sílice, procedentes de los últimos tiempos de la Edad de Piedra. Los artífices que ejercitaban en ellos su habilidad debieron de trabajar por cuenta de la colectividad, como todavía lo hacen los artesanos en las comunidades gentilicias de la India. En todo caso, en esta fase del desarrollo sólo podía haber cambio en el seno mismo de la tribu, y aun eso con carácter excepcional. Pero en cuanto las tribus pastoriles se separaron del resto de los salvajes, encontramos enteramente formadas las condiciones necesarias para el cambio entre los miembros de tribus diferentes y para el desarrollo y consolidación del cambio como una institución regular. Al principio, el cambio se hizo de tribu a tribu, por mediación de los jefes de las gens; pero cuando los rebaños empezaron poco a poco a ser propiedad privada, el cambio entre individuos fue predominando más y más y acabó por ser la forma única. El principal artículo que las tribus de pastores ofrecían en cambio a sus vecinos era el ganado; éste llegó a ser la mercancía que valoraba a todas las demás y se aceptaba con mucho gusto en todas partes a cambio de ellas; en una palabra, el ganado desempeñó las funciones de dinero y sirvió como tal ya en aquella época. Con esa rapidez y precisión se desarrolló desde el comienzo mismo del cambio de mercancías la necesidad de una mercancía que sirviese de dinero.

El cultivo de los huertos, probablemente desconocido para los bárbaros asiáticos del estadio inferior, apareció entre ellos mucho más tarde, en el estadio medio, como precursor de la agricultura. El clima de las mesetas turánicas no permite la vida pastoril sin provisiones de forraje para una larga y rigurosa invernada. Así, pues, era una condición allí necesaria el cultivo pratense y de cereales. Lo mismo puede decirse de las estepas situadas al norte del Mar Negro. Pero si al principio se recolectó el grano para el ganado, no tardó en llegar a ser también un alimento para el hombre. La tierra cultivada continuó siendo propiedad de la tribu y se entregaba en usufructo primero a la gens, después a las comunidades de familias y, por último, a los individuos. Estos debieron de tener ciertos derechos de posesión, pero nada más.

Entre los descubrimientos industriales de ese estadio, hay dos importantísimos. El primero es el telar y el segundo, la fundición de minerales y el labrado de los metales. El cobre, el estaño y el bronce, combinación de los dos primeros, eran con mucho los más importantes; el bronce suministraba instrumentos y armas, pero éstos no podían sustituir a los de piedra. Esto sólo le era posible al hierro, pero aún no se sabía cómo obtenerlo. El oro y la plata comenzaron a emplearse en alhajas y adornos, y probablemente alcanzaron un valor muy elevado con relación al cobre y al bronce.

A consecuencia del desarrollo de todos los ramos de la producción –ganadería, agricultura, oficios manuales domésticos–, la fuerza de trabajo del hombre iba haciéndose capaz de crear más productos que los necesarios para su sostenimiento. También aumentó la suma de trabajo que correspondía diariamente a cada miembro de la gens, de la comunidad doméstica o de la familia aislada. Era ya conveniente conseguir más fuerza de trabajo, y la guerra la suministró: los prisioneros fueron transformados en esclavos. Dadas todas las condiciones históricas de aquel entonces, la primera gran división social del trabajo, al aumentar la productividad del trabajo, y por consiguiente la riqueza, y al extender el campo de la actividad productora, tenía que traer consigo necesariamente la esclavitud. De la primera gran división social del trabajo nació la primera gran escisión de la sociedad en dos clases: señores y esclavos, explotadores y explotados.

Nada sabemos hasta ahora acerca de cuándo y cómo pasaron los rebaños de propiedad común de la tribu o de las gens a ser patrimonio de los distintos cabezas de familia; pero, en lo esencial, ello debió de acontecer en este estadio. Y con la aparición de los rebaños y las demás riquezas nuevas, se produjo una revolución en la familia. La industria había sido siempre asunto del hombre; los medios necesarios para ella eran producidos por él y propiedad suya. Los rebaños constituían la nueva industria; su domesticación al principio y su cuidado después, eran obra del hombre. Por eso el ganado le pertenecía, así como las mercancías y los esclavos que obtenía a cambio de él. Todo el excedente que dejaba ahora la producción pertenecía al hombre; la mujer participaba en su consumo, pero no tenía ninguna participación en su propiedad. El «salvaje», guerrero y cazador, se había conformado con ocupar en la casa el segundo lugar, después de la mujer; el pastor, «más dulce», engreído de su riqueza, se puso en primer lugar y relegó al segundo a la mujer. Y ella no podía quejarse. La división del trabajo en la familia había sido la base para distribuir la propiedad entre el hombre y la mujer. Esta división del trabajo en la familia continuaba siendo la misma, pero ahora trastornaba por completo las relaciones domésticas existentes por la mera razón de que la división del trabajo fuera de la familia había cambiado. La misma causa que había asegurado a la mujer su anterior supremacía en la casa –su ocupación exclusiva en las labores domésticas–, aseguraba ahora la preponderancia del hombre en el hogar: el trabajo doméstico de la mujer perdía ahora su importancia comparado con el trabajo productivo del hombre; este trabajo lo era todo; aquél, un accesorio insignificante. Esto demuestra ya que la emancipación de la mujer y su igualdad con el hombre son y seguirán siendo imposibles mientras permanezca excluida del trabajo productivo social y confinada dentro del trabajo doméstico, que es un trabajo privado. La emancipación de la mujer no se hace posible sino cuando ésta puede participar en gran escala, en escala social, en la producción y el trabajo doméstico no le ocupa sino un tiempo insignificante. Esta condición sólo puede realizarse con la gran industria moderna, que no solamente permite el trabajo de la mujer en vasta escala, sino que hasta lo exige y tiende más y más a transformar el trabajo doméstico privado en una industria pública.

La supremacía efectiva del hombre en la casa había hecho caer los postreros obstáculos que se oponían a su poder absoluto. Este poder absoluto lo consolidaron y eternizaron la caída del derecho materno, la introducción del derecho paterno y el paso gradual del matrimonio sindiásmico a la monogamia. Pero esto abrió también una brecha en el orden antiguo de la gens; la familia particular llegó a ser potencia y se alzó amenazadora frente a la gens.

El progreso más inmediato nos conduce al estadio superior de la barbarie, período en que todos los pueblos civilizados pasan su época heroica: la edad de la espada de hierro, pero también del arado y del hacha de hierro. Al poner este metal a su servicio, el hombre se hizo dueño de la última y más importante de las materias primas que representaron en la historia un papel revolucionario; la última sin contar la patata. El hierro hizo posible la agricultura en grandes áreas, el desmonte de las más extensas comarcas selváticas; dio al artesano un instrumento de una dureza y un filo que ninguna piedra y ningún otro metal de los conocidos entonces podía tener. Todo esto acaeció poco a poco; el primer hierro era aún a menudo más blando que el bronce. Por eso el arma de piedra fue desapareciendo con lentitud; no sólo en el canto de Hildebrando, sino también en la batalla de Hastings, en 1066, aparecen en el combate las hachas de piedra. Pero el progreso era ya incontenible, menos intermitente y más rápido. La ciudad, encerrando dentro de su recinto de murallas, torres y almenas de piedra, casas también de piedra y de ladrillo, se hizo la residencia central de la tribu o de la confederación de tribus. Fue esto un progreso considerable en la arquitectura, pero también una señal de peligro creciente y de necesidad de defensa. La riqueza aumentaba con rapidez, pero bajo la forma de riqueza individual; el arte de tejer, el labrado de los metales y otros oficios, cada vez más especializados, dieron una variedad y una perfección creciente a la producción; la agricultura empezó a suministrar, además de grano, legumbres y frutas, aceite y vino, cuya preparación habíase aprendido. Un trabajo tan variado no podía ser ya cumplido por un solo individuo y se produjo la segunda gran división del trabajo: los oficios se separaron de la agricultura. El constante crecimiento de la producción, y con ella de la productividad del trabajo, aumentó el valor de la fuerza de trabajo del hombre; la esclavitud, aún en estado naciente y esporádico en el anterior estadio, se convirtió en un elemento esencial del sistema social. Los esclavos dejaron de ser simples auxiliares y los llevaban por decenas a trabajar en los campos o en los talleres. Al escindirse la producción en las dos ramas principales –la agricultura y los oficios manuales–, nació la producción directa para el cambio, la producción mercantil, y con ella el comercio, no sólo en el interior y en las fronteras de la tribu, sino también por mar. Todo esto tenía aún muy poco desarrollo. Los metales preciosos empezaban a convertirse en la mercancía moneda, dominante y universal; sin embargo, no se acuñaban aún y sólo se cambiaban al peso.

La diferencia entre ricos y pobres se sumó a la existente entre libres y esclavos; de la nueva división del trabajo resultó una nueva escisión de la sociedad de clases. La desproporción de los distintos cabezas de familia destruyó las antiguas comunidades comunistas domésticas en todas partes donde se habían mantenido hasta entonces; con ello se puso fin al trabajo común de la tierra por cuenta de dichas comunidades. El suelo cultivable se distribuyó entre las familias particulares; al principio de un modo temporal, y más tarde para siempre; el paso a la propiedad privada completa se realizó poco a poco, paralelamente al tránsito del matrimonio sindiásmico, a la monogamia. La familia individual empezó a convertirse en la unidad económica de la sociedad.

La creciente densidad de la población requirió lazos más estrechos en el interior y frente al exterior; la confederación de tribus consanguíneas llegó a ser en todas partes una necesidad, como lo fue muy pronto su fusión y la reunión de los territorios de las distintas tribus en el territorio común del pueblo. El jefe militar del pueblo –rex, basileus, thiudans– llegó a ser un funcionario indispensable y permanente. La asamblea del pueblo se creció allí donde aún no existía. El jefe militar, el consejo y la asamblea del pueblo constituían los órganos de la democracia militar salida de la sociedad gentilicia. Y esta democracia era militar porque la guerra y la organización para la guerra constituían ya funciones regulares de la vida del pueblo. Los bienes de los vecinos excitaban la codicia de los pueblos, para quienes la adquisición de riquezas era ya uno de los primeros fines de la vida. Eran bárbaros: el saqueo les parecía más fácil y hasta más honroso que el trabajo productivo. La guerra, hecha anteriormente sólo para vengar la agresión o con el fin de extender un territorio que había llegado a ser insuficiente, se libraba ahora sin más propósito que el saqueo y se convirtió en una industria permanente. Por algo se alzaban amenazadoras las murallas alrededor de las nuevas ciudades fortificadas: sus fosos eran la tumba de la gens y sus torres alcanzaban ya la civilización. En el interior ocurrió lo mismo. Las guerras de rapiña aumentaban el poder del jefe militar superior, como el de los jefes inferiores; la elección habitual de sus sucesores en las mismas familias, sobre todo desde que se hubo introducido el derecho paterno, paso poco a poco a ser sucesión hereditaria, tolerada al principio, reclamada después y usurpada por último; con ello se echaron los cimientos de la monarquía y de la nobleza hereditaria. Así los organismos de la constitución gentilicia fueron rompiendo con las raíces que tenían en el pueblo, en la gens, en la fratria y en la tribu, con lo que todo el régimen gentilicio se transformó en su contrario: de una organización de tribus para la libre regulación de sus propios asuntos, se trocó en una organización para saquear y oprimir a los vecinos; con arreglo a esto, sus organismos dejaron de ser instrumento de la voluntad del pueblo y se convirtieron en organismos independientes para dominar y oprimir al propio pueblo. Esto nunca hubiera sido posible si el sórdido afán de riquezas no hubiese dividido a los miembros de la gens en ricos y pobres, «si la diferencia de bienes en el seno de una misma gens no hubiese transformado la comunidad de intereses en antagonismo entre los miembros de la gens» (Marx) y si la extensión de la esclavitud no hubiese comenzado a hacer considerar el hecho de ganarse la vida por medio del trabajo como un acto digno tan sólo de un esclavo y más deshonroso que la rapiña.

Henos ya en los umbrales de la civilización, que se inicia por un nuevo progreso de la división del trabajo. En el estadio más inferior, los hombres no producían sino directamente para satisfacer sus propias necesidades; los pocos actos de cambio que se efectuaban eran aislados y sólo tenían por objeto excedentes obtenidos por casualidad. En el estadio medio de la barbarie, encontramos ya en los pueblos pastores una propiedad en forma de ganado, que, si los rebaños son suficientemente grandes, suministra con regularidad un excedente sobre el consumo propio; al mismo tiempo encontramos una división del trabajo entre los pueblos pastores y las tribus atrasadas, sin rebaños; y de ahí dos grados de producción diferentes uno junto a otro y, por tanto, las condiciones para un cambio regular. El estadio superior de la barbarie introduce una división más grande aún del trabajo: entre la agricultura y los oficios manuales; de ahí la producción cada vez mayor de objetos fabricados directamente para el cambio y la elevación del cambio entre productores individuales a la categoría de necesidad vital de la sociedad. La civilización consolida y aumenta todas estas divisiones del trabajo ya existentes, sobre todo acentuando el contraste entre la ciudad y el campo –lo cual permite a la ciudad dominar económicamente al campo, como en la antigüedad, o al campo dominar económicamente a la ciudad, como en la Edad Media–, y añade una tercera división del trabajo, propio de ella y de capital importancia, creando una clase que no se ocupa de la producción, sino únicamente del cambio de los productos: los mercaderes. Hasta aquí sólo la producción había determinado los procesos de formación de clases nuevas; las personas que tomaban parte en ella se dividían en directores y ejecutores o en productores en grande y en pequeña escala. Ahora aparece por primera vez una clase que, sin tomar la menor parte en la producción, sabe conquistar su dirección general y avasallar económicamente a los productores; una clase que se convierte en el intermediario indispensable entre cada dos productores y los explota a ambos. So pretexto de desembarazar a los productores de las fatigas y los riesgos del cambio, de extender la salida de sus productos hasta los mercados lejanos y llegar a ser así la clase más útil de la población, se forma una clase de parásitos, una clase de verdaderos gorrones de la sociedad, que como compensación por servicios en realidad muy mezquinos se lleva la nata de la producción patria y extranjera, amasa rápidamente riquezas enormes y adquiere una influencia social proporcionada a éstas y, por eso mismo, durante el período de la civilización, va ocupando una posición más y más honorífica y logra un dominio cada vez mayor sobre la producción, hasta que acaba por dar a luz un producto propio: las crisis comerciales periódicas.

Verdad es que en el grado de desarrollo que estamos analizando, la naciente clase de los mercaderes no sospechaba aún las grandes cosas a que estaba destinada. Pero se formó y se hizo indispensable, y esto fue suficiente. Con ella apareció el «dinero metálico», la moneda acuñada, nuevo medio para que el no productor dominara al productor y a su producción. Se había hallado la mercancía por excelencia, que encierra en estado latente todas las demás, el medio mágico que puede transformarse a voluntad en todas las cosas deseables y deseadas. Quien la poseía era dueño del mundo de la producción. ¿Y quién la poseyó antes que todos? El mercader. En sus manos, el culto del dinero estaba bien seguro. El mercader se cuidó de esclarecer que todas las mercancías, y con ellas todos sus productores, debían prosternarse ante el dinero. Probó de una manera práctica que todas las demás formas de la riqueza no eran sino una quimera frente a esta encarnación de riqueza como tal. De entonces acá, nunca se ha manifestado el poder del dinero con tal brutalidad, con semejante violencia primitiva como en aquel período de su juventud. Después de la compra de mercancías por dinero, vinieron los préstamos y con ellos el interés y la usura. Ninguna legislación posterior arroja tan cruel e irremisiblemente al deudor a los pies del acreedor usurero, como lo hacían las leyes de la antigua Atenas y de la antigua Roma; y en ambos casos esas leyes nacieron espontáneamente, bajo la forma de derecho consuetudinario, sin más compulsión que la económica.

Junto a la riqueza en mercancías y en esclavos, junto a la fortuna en dinero, apareció también la riqueza territorial. El derecho de posesión sobre las parcelas del suelo, concedido primitivamente a los individuos por la gens o por la tribu, se había consolidado hasta el punto de que esas parcelas les pertenecían como bienes hereditarios. Lo que en los últimos tiempos habían reclamado ante todo era quedar libres de los derechos que tenía sobre esas parcelas la comunidad gentilicia, derechos que se habían convertido para ellos en una traba. Esa traba desapareció, pero al poco tiempo desaparecía también la nueva propiedad territorial. La propiedad plena y libre del suelo no significaba tan sólo facultad de poseerlo íntegramente, sin restricción alguna, sino que también quería decir facultad de enajenarlo. Esta facultad no existió mientras el suelo fue propiedad de la gens. Pero cuando el nuevo propietario suprimió de una manera definitiva las trabas impuestas por la propiedad suprema de la gens y de la tribu, rompió también el vínculo que hasta entonces lo unía indisolublemente con el suelo. Lo que esto significaba se lo enseñó el dinero descubierto al mismo tiempo que advenía la propiedad privada de la tierra. El suelo podía ahora convertirse en una mercancía susceptible de ser vendida o pignorada. Apenas se introdujo la propiedad privada de la tierra, se inventó la hipoteca –véase Atenas–. Así como el heterismo y la prostitución pisan los talones a la monogamia, de igual modo, a partir de este momento, la hipoteca se aferra a los faldones de la propiedad inmueble. ¿No quisisteis tener la propiedad del suelo completa, libre, enajenable? Pues, bien ¡ya la tenéis! «Tu l’as voulu, George Dandin!» [2].

Así, junto a la extensión del comercio, junto al dinero y la usura, junto a la propiedad territorial y la hipoteca progresaron rápidamente la concentración y la centralización de la fortuna en manos de una clase poco numerosa, lo que fue acompañado del empobrecimiento de las masas y del aumento numérico de los pobres. La nueva aristocracia de la riqueza, en todas partes donde no coincidió con la antigua nobleza tribal, acabó por arrinconar a ésta –en Atenas, en Roma y entre los germanos–. Y junto con esa división de los hombres libres en clases con arreglo a sus bienes, se produjo, sobre todo en Grecia, un enorme acrecentamiento del número de esclavos [3], cuyo trabajo forzado formaba la base de todo el edificio social.

Veamos ahora cuál fue la suerte de la gens en el curso de esta revolución social. Era impotente ante los nuevos elementos que habían crecido sin su concurso. Su primera condición de existencia era que los miembros de una gens o de una tribu estuviesen reunidos en el mismo territorio y habitasen en él exclusivamente. Ese estado de cosas había concluido hacia ya mucho. En todas partes estaban mezcladas gens y tribus; en todas partes esclavos, clientes y extranjeros vivían entre los ciudadanos. La vida sedentaria, alcanzada sólo hacia el fin del Estado medio de la barbarie, se veía alterada con frecuencia por la movilidad y los cambios de residencia debidos al comercio, a los cambios de ocupación y a las enajenaciones de la tierra. Los miembros de las uniones gentilicias no podían reunirse ya para resolver sus propios asuntos comunes; la gens sólo se ocupaba de cosas de menor importancia, como las fiestas religiosas, y eso a medias. Junto a las necesidades y los intereses para cuya defensa eran aptas y se habían formado las uniones gentilicias, la revolución en las relaciones económicas y la diferenciación social resultante de ésta habían dado origen a nuevas necesidades y nuevos intereses, que no sólo eran extraños, sino opuestos en todos los sentidos al antiguo orden gentilicio. Los intereses de los grupos de artesanos nacidos de la división del trabajo, las necesidades particulares de la ciudad, opuestas a las del campo, exigían organismos nuevos; pero cada uno de esos grupos se componía de personas pertenecientes a las gens, fratrias y tribus más diversas, y hasta de extranjeros. Esos organismos tenían, pues, que formarse necesariamente fuera del régimen gentilicio, aparte de él y, por tanto, contra él. Y en cada corporación de gentiles a su vez se dejaba sentir este conflicto de intereses, que alcanzaba su punto culminante en la reunión de pobres y ricos, de usureros y deudores dentro de la misma gens y de la misma tribu. A esto se añadía la masa de la nueva población extraña a las asociaciones gentilicias, que podía llegar a ser una fuerza en el país, como sucedió en Roma, y que, al mismo tiempo, era harto numerosa para poder ser admitida gradualmente en las estirpes y tribus consanguíneas. Las uniones gentilicias figuraban frente a esa masa como corporaciones cerradas, privilegiadas; la democracia primitiva, espontánea, se había transformado en una detestable aristocracia. En una palabra, el régimen de la gens, fruto de una sociedad que no conocía antagonismos interiores, no era adecuado sino para una sociedad de esta clase. No tenía más medios coercitivos que la opinión pública. Pero acababa de surgir una sociedad que, en virtud de las condiciones económicas generales de su existencia, había tenido que dividirse en hombres libres y en esclavos, en explotadores ricos y en explotados pobres; una sociedad que no sólo no podía conciliar estos antagonismos, sino que, por el contrario, se veía obligada a llevarlos a sus límites extremos. Una sociedad de este género no podía existir sino en medio de una lucha abierta e incesante de estas clases entre sí o bajo el dominio de un tercer poder que, puesto aparentemente por encima de las clases en lucha, suprimiera sus conflictos abiertos y no permitiera la lucha de clases más que en el terreno económico, bajo la forma llamada legal. El régimen gentilicio era ya algo caduco. Fue destruido por la división del trabajo, que dividió la sociedad en clases, y remplazado por el Estado.

Hemos estudiado ya una por una las tres formas principales en que el Estado se alza sobre las ruinas de la gens. Atenas presenta la forma más pura y preponderantemente de los antagonismos de clase que se desarrollaban en el seno mismo de la sociedad gentilicia. En Roma la sociedad gentilicia se convirtió en una aristocracia cerrada en medio de una plebe numerosa y mantenida aparte, sin derechos, pero con deberes; la victoria de la plebe destruyó la antigua constitución de la gens e instituyó sobre sus ruinas el Estado, donde no tardaron en confundirse la aristocracia gentilicia y la plebe. Por último, entre los germanos vencedores del imperio romano el Estado surgió directamente de la conquista de vastos territorios extranjeros que el régimen gentilicio era impotente para dominar. Pero como a esa conquista no iba unida una lucha seria con la antigua población, ni una división más progresiva del trabajo; como el grado de desarrollo económico de los vencidos y de los vencedores era casi el mismo, y, por consiguiente, subsistía la antigua base económica de la sociedad, la gens pudo sostenerse a través de largos siglos, bajo una forma modificada, territorial, en la constitución de la marca, y hasta rejuvenecerse durante cierto tiempo, bajo una forma atenuada, en gens nobles y patricias posteriores y hasta en gens campesinas como en Dithmarschen [4].

Así, pues, el Estado no es de ningún modo un poder impuesto desde fuera de la sociedad; tampoco es «la realidad de la idea moral», «ni la imagen y la realidad de la razón», como afirma Hegel. Es más bien un producto de la sociedad cuando llega a un grado de desarrollo determinado; es la confesión de que esa sociedad se ha enredado en una irremediable contradicción consigo misma y está dividida por antagonismos irreconciliables, que es impotente para conjurar. Pero a fin de que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna no se devoren a sí mismas y no consuman a la sociedad en una lucha estéril, se hace necesario un poder situado aparentemente por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el choque, a mantenerlo en los límites del «orden». Y ese poder, nacido de la sociedad, pero que se pone por encima de ella y se divorcia de ella más y más, es el Estado.

Frente a la antigua organización gentilicia, el Estado se caracteriza en primer lugar por la agrupación de sus súbditos según «divisiones territoriales». Las antiguas asociaciones gentilicias, constituidas y sostenidas por vínculos de sangre, habían llegado a ser, según lo hemos visto, insuficientes en gran parte, porque suponían la unión de los asociados con un territorio determinado, lo cual había dejado de suceder desde largo tiempo atrás. El territorio no se había movido, pero los hombres sí. Se tomó como punto de partida la división territorial, y se dejó a los ciudadanos ejercer sus derechos y sus deberes sociales donde se hubiesen establecido, independientemente de la gens y de la tribu. Esta organización de los súbditos del Estado conforme al territorio es común a todos los Estados. Por eso nos parece natural; pero en anteriores capítulos hemos visto cuán porfiadas y largas luchas fueron menester antes de que en Atenas y en Roma pudiera sustituir a la antigua organización gentilicia.

El segundo rasgo característico es la institución de una «fuerza pública», que ya no es el pueblo armado. Esta fuerza pública especial se hace necesaria porque desde la división de la sociedad en clases es ya imposible una organización armada espontánea de la población. Los esclavos también formaban parte de la población; los 90.000 ciudadanos de Atenas sólo constituían una clase privilegiada, frente a los 365.000 esclavos. El ejército popular de la democracia ateniense era una fuerza pública aristocrática contra los esclavos, a quienes mantenía sumisos; mas, para tener a raya a los ciudadanos, se hizo necesaria también una policía, como hemos dicho anteriormente. Esta fuerza pública existe en todo Estado; y no está formada sólo por hombres armados, sino también por aditamentos materiales, las cárceles y las instituciones coercitivas de todo género, que la sociedad gentilicia no conocía. Puede ser muy poco importante, o hasta casi nula, en las sociedades donde aún no se han desarrollado los antagonismos de clase y en territorios lejanos, como sucedió en ciertos lugares y épocas en los Estados Unidos de América. Pero se fortalece a medida que los antagonismos de clase se exacerban dentro del Estado y a medida que se hacen más grandes y más poblados los Estados colindantes. Y si no, examínese nuestra Europa actual, donde la lucha de clases y la rivalidad en las conquistas han hecho crecer tanto la fuerza pública, que amenaza con devorar a la sociedad entera y aun al Estado mismo.

Para sostener en pie esa fuerza pública, se necesitan contribuciones por parte de los ciudadanos del Estado: los «impuestos». La sociedad gentilicia nunca tuvo idea de ellos, pero nosotros los conocemos bastante bien. Con los progresos de la civilización, incluso los impuestos llegan a ser poco; el Estado libra letras sobre el futuro, contrata empréstitos, contrae «deudas de Estado». También de esto puede hablarnos, por propia experiencia, la vieja Europa.

Dueños de la fuerza pública y del derecho de recaudar los impuestos, los funcionarios, como órganos de la sociedad, aparecen ahora situados por encima de ésta. El respeto que se tributaba libre y voluntariamente a los órganos de la constitución gentilicia ya no les basta, incluso si pudieran ganarlo; vehículos de un Poder que se ha hecho extraño a la sociedad, necesitan hacerse respetar por medio de las leyes de excepción, merced a las cuales gozan de una aureola y de una inviolabilidad particular. El más despreciable polizonte del Estado civilizado tiene más «autoridad» que todos los órganos del poder de la sociedad gentilicia reunidos; pero el príncipe más poderoso, el más grande hombre público o guerrero de la civilización, puede envidiar al más modesto jefe gentil el respeto espontáneo y universal que se le profesaba. El uno se movía dentro de la sociedad; el otro se ve forzado a pretender representar algo que está fuera y por encima de ella. Como el Estado nació de la necesidad de refrenar los antagonismos de clase, y como, al mismo tiempo, nació en medio del conflicto de esas clases, es, por regla general, el Estado de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que, con ayuda de él, se convierte también en la clase políticamente dominante, adquiriendo con ello nuevos medios para la represión y la explotación de la clase oprimida. Así, el Estado antiguo era, ante todo, el Estado de los esclavistas para tener sometidos a los esclavos; el Estado feudal era el órgano de que se valía la nobleza para tener sujetos a los campesinos siervos, y el moderno Estado representativo es el instrumento de que se sirve el capital para explotar el trabajo asalariado. Sin embargo, por excepción, hay períodos en que las clases en lucha están tan equilibradas, que el poder del Estado, como mediador aparente, adquiere cierta independencia momentánea respecto a una y otra. En este caso se halla la monarquía absoluta de los siglos XVII y XVIII, que mantenía a nivel la balanza entre la nobleza y la burguesía; y en este caso estuvieron el bonapartismo del Primer Imperio francés [5], y sobre todo el del Segundo, valiéndose de los proletarios contra la clase media, y de ésta contra aquéllos. La más reciente producción de esta especie, donde opresores y oprimidos aparecen igualmente ridículos, es el nuevo imperio alemán de la nación bismarckiana: aquí se contrapesa a capitalistas y trabajadores unos con otros, y se les extrae el jugo sin distinción en provecho de los junkers prusianos de provincias, venidos a menos.

Además, en la mayor parte de los Estados históricos los derechos concedidos a los ciudadanos se gradúan con arreglo a su fortuna, y con ello se declara expresamente que el Estado es un organismo para proteger a la clase que posee contra la desposeída. Así sucedía ya en Atenas y en Roma, donde la clasificación era por la cuantía de los bienes de fortuna. Lo mismo sucede en el Estado feudal de la Edad Media, donde el poder político se distribuyó según la propiedad territorial. Y así lo observamos en el censo electoral de los Estados representativos modernos. Sin embargo, este reconocimiento político de la diferencia de fortunas no es nada esencial. Por el contrario, denota un grado inferior en el desarrollo del Estado. La forma más elevada del Estado, la república democrática, que en nuestras condiciones sociales modernas se va haciendo una necesidad cada vez más ineludible, y que es la única forma de Estado bajo la cual puede darse la batalla última y definitiva entre el proletariado y la burguesía, no reconoce oficialmente diferencias de fortuna. En ella la riqueza ejerce su poder indirectamente, pero por ello mismo de un modo más seguro. De una parte, bajo la forma de corrupción directa de los funcionarios, de lo cual es América un modelo clásico, y, de otra parte, bajo la forma de alianza entre el gobierno y la Bolsa. Esta alianza se realiza con tanta mayor facilidad, cuanto más crecen las deudas del Estado y más van concentrando en sus manos las sociedades por acciones, no sólo el transporte, sino también la producción misma, haciendo de la Bolsa su centro. Fuera de América, la nueva república francesa es un patente ejemplo de ello, y la buena vieja Suiza también ha hecho su aportación en este terreno. Pero que la república democrática no es imprescindible para esa unión fraternal entre la Bolsa y el gobierno, lo prueba, además de Inglaterra, el nuevo imperio alemán, donde no puede decirse a quién ha elevado más arriba el sufragio universal, si a Bismarck o a Bleichröder. Y, por último, la clase poseedora impera de un modo directo por medio del sufragio universal. Mientras la clase oprimida –en nuestro caso el proletariado– no está madura para libertarse ella misma, su mayoría reconoce el orden social de hoy como el único posible, y políticamente forma la cola de la clase capitalista, su extrema izquierda. Pero a medida que va madurando para emanciparse ella misma, se constituye como un partido independiente, elige sus propios representantes y no los de los capitalistas. El sufragio universal es, de esta suerte, el índice de la madurez de la clase obrera. No puede llegar ni llegará nunca a más en el Estado actual, pero esto es bastante. El día en que el termómetro del sufragio universal marque para los trabajadores el punto de ebullición, ellos sabrán, lo mismo que los capitalistas, qué deben hacer.

Por tanto, el Estado no ha existido eternamente. Ha habido sociedades que se las arreglaron sin él, que no tuvieron la menor noción del Estado ni de su poder. Al llegar a cierta fase del desarrollo económico, que estaba ligada necesariamente a la división de la sociedad en clases, esta división hizo del Estado una necesidad. Ahora nos aproximamos con rapidez a una fase de desarrollo de la producción en que la existencia de estas clases no sólo deja de ser una necesidad, sino que se convierte positivamente en un obstáculo para la producción. Las clases desaparecerán de un modo tan inevitable como surgieron en su día. Con la desaparición de las clases desaparecerá inevitablemente el Estado. La sociedad, reorganizando de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación libre de productores iguales, enviará toda la máquina del Estado al lugar que entonces le ha de corresponder: al museo de antigüedades, junto a la rueca y al hacha de bronce.

Por todo lo que hemos dicho, la civilización es, pues, el estadio de desarrollo de la sociedad en que la división del trabajo, el cambio entre individuos que de ella deriva, y la producción mercantil que abarca a una y otro, alcanzan su pleno desarrollo y ocasionan una revolución en toda la sociedad anterior.

En todos los estadios anteriores de la sociedad, la producción era esencialmente colectiva y el consumo se efectuaba también bajo un régimen de reparto directo de los productos, en el seno de pequeñas o grandes colectividades comunistas. Esa producción colectiva se realizaba dentro de los más estrechos límites, pero llevaba aparejado el dominio de los productores sobre el proceso de la producción y sobre su producto. Estos sabían qué era del producto: lo consumían, no salía de sus manos. Y mientras la producción se efectuó sobre esta base, no pudo sobreponerse a los productores, ni hacer surgir frente a ellos el espectro de poderes extraños, cual sucede regular e inevitablemente en la civilización.

Pero en este modo de producir se introdujo lentamente la división del trabajo, la cual minó la comunidad de producción y de apropiación, erigió en regla predominante la apropiación individual, y de ese modo creó el cambio entre individuos –ya examinamos anteriormente cómo–. Poco a poco, la producción mercantil se hizo la forma dominante.

Con la producción mercantil, producción no ya para el consumo personal, sino para el cambio, los productos pasan necesariamente de unas manos a otras. El productor se separa de su producto en el cambio, y ya no sabe qué se hace de él. Tan pronto como el dinero, y con él el mercader, interviene como intermediario entre los productores, se complica más el sistema de cambio y se vuelve todavía más incierto el destino final de los productos. Los mercaderes son muchos y ninguno de ellos sabe lo que hacen los demás. Ahora las mercancías no sólo van de mano en mano, sino de mercado en mercado; los productores han dejado ya de ser dueños de la producción total de las condiciones de su propia vida, y los comerciantes tampoco han llegado a serlo. Los productos y la producción están entregados al azar.

Pero el azar no es más que uno de los polos de una interdependencia, el otro polo de la cual se llama necesidad. En la naturaleza, donde también parece dominar el azar, hace mucho tiempo que hemos demostrado en cada dominio particular la necesidad inmanente y las leyes internas que se afirman en aquel azar. Y lo que es cierto para la naturaleza, también lo es para la sociedad. Cuanto más escapa del control consciente del hombre y se sobrepone a él una actividad social, una serie de procesos sociales, cuando más abandonada parece esa actividad al puro azar, tanto más las leyes propias, inmanentes, de dicho azar, se manifiestan como una necesidad natural. Leyes análogas rigen las eventualidades de la producción mercantil y del cambio de las mercancías; frente al productor y al comerciante aislado, surgen como factores extraños y desconocidos, cuya naturaleza es preciso desentrañar y estudiar con suma meticulosidad. Estas leyes económicas de la producción mercantil se modifican según los diversos grados de desarrollo de esta forma de producir; pero, en general, todo el período de la civilización está regido por ellas. Hoy, el producto domina aún al productor; hoy, toda la producción social está aún regulada, no conforme a un plan elaborado en común, sino por leyes ciegas que se imponen con la violencia de los elementos, en último término, en las tempestades de las crisis comerciales periódicas.

Hemos visto cómo en un estadio bastante temprano del desarrollo de la producción, la fuerza de trabajo del hombre llega a ser apta para suministrar un producto mucho más cuantioso de lo que exige el sustento de los productores, y cómo este estadio de desarrollo es, en lo esencial, el mismo donde nacen la división del trabajo y el cambio entre individuos. No tardó mucho en ser descubierta la gran «verdad» de que el hombre también podía servir de mercancía, de que la fuerza de trabajo del hombre podía llegar a ser un objeto de cambio y de consumo si se hacía del hombre un esclavo. Apenas comenzaron los hombres a practicar el cambio, ellos mismos se vieron cambiados. La voz activa se convirtió en voz pasiva, independientemente de la voluntad de los hombres.

Con la esclavitud, que alcanzó su desarrollo máximo bajo la civilización, se realizó la primera gran escisión de la sociedad en una clase explotadora y una clase explotada. Esta escisión se ha sostenido durante todo el período civilizado. La esclavitud es la primera forma de la explotación, la forma propia del mundo antiguo; le sucede la servidumbre, en la Edad Media, y el trabajo asalariado en los tiempos modernos. Estas son las tres grandes formas del avasallamiento, que caracterizan las tres grandes épocas de la civilización; ésta va siempre acompañada de la esclavitud, franca al principio, más o menos disfrazada después.

El estadio de la producción de mercancías, con el que comienza la civilización, se distingue desde el punto de vista económico por la introducción: 1) de la moneda metálica, y con ella del capital en dinero, del interés y de la usura; 2) de los mercaderes, como clase intermediaria entre los productores; 3) de la propiedad privada de la tierra y de la hipoteca, y 4) del trabajo de los esclavos como forma dominante de la producción. La forma de familia que corresponde a la civilización y vence definitivamente con ella es la monogamia, la supremacía del hombre sobre la mujer, y la familia individual como unidad económica de la sociedad. La fuerza cohesiva de la sociedad civilizada la constituye el Estado, que, en todos los períodos típicos, es exclusivamente el Estado de la clase dominante y, en todos los casos, una máquina esencialmente destinada a reprimir a la clase oprimida y explotada. También es característico de la civilización, por una parte, fijar la oposición entre la ciudad y el campo como base de toda la división del trabajo social; y, por otra parte, introducir los testamentos, por medio de los cuales el propietario puede disponer de sus bienes aun después de su muerte. Esta institución, que es un golpe directo a la antigua constitución de la gens, era desconocida en Atenas aun en los tiempos de Solón; se introdujo muy pronto en Roma, pero ignoramos en qué época [6]. En Alemania la implantaron los clérigos para que los cándidos alemanes pudiesen instituir con toda libertad legados a favor de la Iglesia.

Con este régimen como base, la civilización ha realizado cosas de las que distaba muchísimo de ser capaz la antigua sociedad gentilicia. Pero las ha llevado a cabo poniendo en movimiento los impulsos y pasiones más viles de los hombres y a costa de sus mejores disposiciones. La codicia vulgar ha sido la fuerza motriz de la civilización desde sus primeros días hasta hoy, su único objetivo determinante es la riqueza, otra vez la riqueza y siempre la riqueza, pero no la de la sociedad, sino la de tal o cual miserable individuo. Si a pesar de eso han correspondido a la civilización el desarrollo creciente de la ciencia y reiterados períodos del más opulento esplendor del arte, sólo ha acontecido así porque sin ello hubieran sido imposibles, en toda su plenitud, las actuales realizaciones en la acumulación de riquezas.

Siendo la base de la civilización la explotación de una clase por otra, su desarrollo se opera en una constante contradicción. Cada progreso de la producción es al mismo tiempo un retroceso en la situación de la clase oprimida, es decir, de la inmensa mayoría. Cada beneficio para unos es por necesidad un perjuicio para otros; cada grado de emancipación conseguido por una clase es un nuevo elemento de opresión para la otra. La prueba más elocuente de esto nos la da la introducción de la maquinaria, cuyos efectos conoce hoy el mundo entero. Y si, como hemos visto, entre los bárbaros apenas puede establecerse la diferencia entre los derechos y los deberes, la civilización señala entre ellos una diferencia y un contraste que saltan a la vista del hombre menos inteligente, en el sentido de que da casi todos los derechos a una clase y casi todos los deberes a la otra.

Pero eso no debe ser. Lo que es bueno para la clase dominante, debe ser bueno para la sociedad con la cual se identifica aquélla. Por ello, cuanto más progresa la civilización, más obligada se cree a cubrir con el manto de la caridad los males que ha engendrado fatalmente, a pintarlos de color de rosa o a negarlos. En una palabra, introduce una hipocresía convencional que no conocían las primitivas formas de la sociedad ni aun los primeros grados de la civilización, y que llega a su cima en la declaración: la explotación de la clase oprimida es ejercida por la clase explotadora exclusiva y únicamente en beneficio de la clase explotada; y si esta última no lo reconoce así y hasta se muestra rebelde, esto constituye por su parte la más negra ingratitud hacia sus bienhechores, los explotadores [7].

Y, para concluir, véase el juicio que acerca de la civilización emite Morgan:

«Los hermanos se harán la guerra y se convertirán en asesinos unos de otros; hijos de hermanas romperán sus lazos de estirpe».

(…)

«Desde el advenimiento de la civilización ha llegado a ser tan enorme el acrecentamiento de la riqueza, tan diversas las formas de este acrecentamiento, tan extensa su aplicación y tan hábil su administración en beneficio de los propietarios, que esa riqueza se ha constituido en una fuerza irreductible opuesta al pueblo. La inteligencia humana se ve impotente y desconcertada ante su propia creación. Pero, sin embargo, llegará un tiempo en que la razón humana sea suficientemente fuerte para dominar a la riqueza, en que fije las relaciones del Estado con la propiedad que éste protege y los límites de los derechos de los propietarios. Los intereses de la sociedad son absolutamente superiores a los intereses individuales, y unos y otros deben concertarse en una relación justa y armónica. La simple caza de la riqueza no es el destino final de la humanidad, a lo menos si el progreso ha de ser la ley del porvenir como lo ha sido la del pasado. El tiempo transcurrido desde el advenimiento de la civilización no es más que una fracción ínfima de la existencia pasada de la humanidad, una fracción ínfima de las épocas por venir. La disolución de la sociedad se yergue amenazadora ante nosotros, como el término de una carrera histórica cuya única meta es la riqueza, porque semejante carrera encierra los elementos de su propia ruina. La democracia en la administración, la fraternidad en la sociedad, la igualdad de derechos y la instrucción general, inaugurarán la próxima etapa superior de la sociedad, para la cual laboran constantemente la experiencia, la razón y la ciencia. Será un renacimiento de la libertad, la igualdad y la fraternidad de las antiguas gens, pero bajo una forma superior». (Morgan, «La Sociedad Antigua», pág. 552.)

Notas de la edición

[1] Sobre todo en las costas noroccidentales de América –véase Bancroft–. En los haidhas, en la isla de la Reina Carlota, pueden encontrarse economías domésticas que abarcan hasta setecientas personas. Entre los notkas, tribus enteras vivían bajo el mismo techo. (Nota de Engels).

[2] ¡Así lo has querido, Jorge Dandin! (Molière, «Jorge Dandin», acto I, escena 9) (N. de Edit. Progreso)

[3] Véase –«Génesis del Estado ateniense»– el total de esclavos en Atenas. En Corinto, en los tiempos florecientes de la ciudad, era de 460.000; en Egina, de 470.000; en los dos casos, el número de esclavos era diez veces el de los ciudadanos libres. (Nota de Engels; Engels da la página de la 4ª edición en alemán: 104).

[4] El primer historiador que se ha formado una idea, por lo menos aproximada, acerca de la naturaleza de la gens, es Niebuhr. La debe –así como también los errores aceptados al mismo tiempo por él– al conocimiento que tenía de las gens dithmársicas. (Nota de Engels).

[5] El Primer Imperio existió en Francia de 1804 a 1814.(N. de Edit. Progreso)

[6] «El Sistema de los derechos adquiridos» –«system der erworbenen Rechte»– de Lassalle en su segunda parte gira principalmente sobre la tesis de que el testamento romano es tan antiguo como Roma misma, que «nunca hubo una época sin testamento» en la historia romana, y que el testamento nació del culto a los difuntos, antes de la época romana. Lassalle, en su calidad de buen hegeliano de la vieja escuela, no deriva las disposiciones del Derecho romano de las relaciones sociales de los romanos, sino del «concepto especulativo» de la voluntad, y de este modo llega a ese aserto absolutamente antihistórico. No debe extrañar eso en un libro que en virtud de este mismo concepto especulativo llega a la conclusión de que en la herencia romana era una simple cuestión accesoria la transmisión de los bienes. Lassalle no se limita a creer en las ilusiones de los jurisconsultos romanos, especialmente de los de la primera época, sino que va aún más lejos que ellos. (Nota de Engels).

[7] Tuve intenciones de valerme de la brillante crítica de la civilización que se encuentra esparcida en las obras de Charles Fourier, para exponerla paralelamente a la de Morgan y a la mía propia. Por desgracia, no he tenido tiempo para eso. Haré notar sencillamente que Fourier consideraba ya la monogamia y la propiedad sobre la tierra como las instituciones más características de la civilización, a la cual llama una guerra de los ricos contra los pobres. También se encuentra ya en él la profunda comprensión de que en todas las sociedades defectuosas y llenas de antagonismos, las familias individuales –«les familles incohérentes»– son unidades económicas, su mismo grupo. MacLennan llama «tribus» exógamas a los primeros, endógamas a los segundos, y a renglón seguido y sin más circunloquios señala que existe una antítesis bien marcada entre las «tribus» exógamas y endógamas. Y aún cuando sus propias investigaciones acerca de la exogamia le meten por los ojos el hecho de que esa antítesis en muchos, si no en la mayoría o incluso en todos los casos, existe solamente en su imaginación, no por eso deja de tomarla como base de toda su teoría. Según esta, las tribus exógamas no pueden tomar mujeres sino de otras tribus, cosa que, dada la guerra permanente entre las tribus, tan propia del estado salvaje, sólo puede hacerse mediante el rapto. (Nota de Engels).» (Friedrich Engels; El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, 1884)

¿Partidos obreros o «partidos burgueses de la clase obrera»?; Enver Hoxha, 1964

«Los partidos socialdemócratas, ¿son realmente partidos de la clase obrera?

Para poder juzgar si un partido es partido de la clase obrera, no debemos fijarnos en el nombre que ha adoptado. ¡También el partido de Hitler se denominaba nacional«socialista»! El único criterio justo al respecto es si defiende y expresa los intereses de la clase obrera, si lucha por su causa. Y para dilucidar esta cuestión hay que ver en interés de quién obra la ideología, la política y toda la actividad práctica de este o aquel partido. Lenin nos enseña:

«No hagan caso de las palabras, ¡Fíjense mejor a quién beneficia»! (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿A quién beneficia?, 1913)

Y si esta cuestión la miramos a través de este prisma, desde el punto de vista, de clase, que es el único criterio correcto, marxista-leninista, todo verdadero comunista podrá ver con claridad que los partidos socialdemócratas no son partidos de la clase obrera, sino tal como Lenin los ha caracterizado, «partidos burgueses de la clase obrera». Más arriba hemos demostrado con numerosos hechos que la actual socialdemocracia, tanto desde el punto de vista ideológico como político, y también en toda su actividad, no es más que, como decía Lenin, «un destacamento político de la burguesía», «propagador de su influencia», «verdadera agencia de la burguesía en el movimiento obrero».

Pero también desde el punto de vista de su composición de clase, en los partidos socialdemócratas se han operado y se están operando visibles cambios. El número de obreros disminuye cada vez más en sus filas y aumentan los elementos pequeño burgueses y la burocracia obrera. Los actuales reformistas han difundido la consigna de la «desproletarización» de los partidos socialdemócratas [5]. Y esto ha encontrado su expresión en los nuevos programas de numerosos partidos socialdemócratas. Así por ejemplo, en el programa del Partido Socialista Suizo, se dice:

«En un principio el socialismo era una causa solamente de la clase obrera, que era explotada por el capitalismo. Hoy el socialismo es la causa de toda la humanidad. Es la causa de cualquier persona que tiene sentido de responsabilidad por el bienestar de la sociedad». (Partido Socialista Suizo; Programa, 1959)

Esto en lo que concierne a la base de los partidos socialdemócratas, mientras que en lo referente a los cuadros dirigentes a medida que se asciende en la escala jerárquica de estos partidos, tanto menos obreros se encuentran. En efecto, muchos cabecillas socialdemócratas se han transformado, desde hace tiempo, en verdaderos capitalistas, muchos de ellos participan en los consejos de administración de los bancos más importantes y poseen sólidos paquetes de acciones, obteniendo cada año millones y millones de ingresos. Así por ejemplo, según algunos datos de los últimos años, 410 funcionarios principales del Partido Socialdemócrata de Alemania ocupaban 929 cargos, percibiendo sueldos muy elevados, en los bancos y en las grandes sociedades de Alemania Occidental, 62 personalidades socialdemócratas eran directores en los consorcios Manesmann, Klekner, Kiupp, Flick, etc. Una situación similar se da en los demás partidos socialdemócratas de los países de Occidente, como en Francia, Inglaterra, Bélgica, países escandinavos, etc.

¡He aquí qué «clase obrera» representan los partidos socialdemócratas! Y esta es la razón de que los revisionistas modernos, que no son sino traidores a la clase obrera, se denominan «partidos obreros» y llegan a poner esta etiqueta no ya sólo a los socialdemócratas, sino también a cualquier partido conservador burgués, si esto lo dicta el plan de su actividad antimarxista, contrarrevolucionaria.

Así pues, resulta claro que la afirmación de los revisionistas modernos de que los partidos socialdemócratas son partidos de la clase obrera, es enteramente falsa. Por consiguiente, también su consigna sobre la «necesidad de la unidad de la clase obrera» es una consigna demagógica, un pretexto para justificar la unión con los «partidos burgueses de la clase obrera».

Casi en todos los países capitalistas desarrollados el movimiento obrero se encuentra desunido. Pero ¿quién es el responsable de esta escisión? ¿Quién obstaculiza la unidad de acción en el movimiento obrero? En la Declaración de Moscú de 1960 se subraya que los responsables y los continuadores de la escisión a escala nacional e internacional, son «las clases dominantes, los dirigentes de derecha de la socialdemocracia y los líderes reaccionarios de los sindicatos». En estas condiciones, los marxistas-leninistas revolucionarios, para poder realizar la unidad de acción en el movimiento obrero, tienen presente: a) que la unidad de acción se puede conseguir solamente luchando contra los escisionistas, y por eso, desarrollan una lucha de principios, implacable y consecuente contra los escisionistas, los cabecillas traidores socialdemócratas; b) que es necesario concentrar todas las fuerzas para poder conseguir la unidad de acción de la clase obrera en la base, con las masas obreras de los partidos socialistas, que la consigna de los marxistas-leninistas sobre la unidad de la clase obrera puede y debe ser: apoyarse en la base, aliarse con la izquierda, luchar intransigentemente contra los cabecillas de derecha, traidores y escisionistas, para su desenmascaramiento y aislamiento; c) que, buscando la unidad de acción con los socialistas, los partidos comunistas deben considerar este paso no como una colaboración entre dos partidos políticos de la clase obrera, sino como colaboración entre el partido proletario con un partido no proletario, para conseguir algunos objetivos determinados. En este caso se deben tener siempre presente y se deben aplicar rigurosamente las enseñanzas de Lenin, el cual ha subrayado más de una vez que es indispensable que el partido revolucionario de la clase obrera, al entrar en alianza y acuerdo con los demás movimientos, sobre esta o aquella cuestión o sobre tal o cual objetivo, conserve en cualquier momento o situación su independencia política y se separe netamente en el plano ideológico y político de todas las demás clases y los demás partidos, para que no olvide, en ningún momento los intereses fundamentales de la clase obrera y la lucha por conseguir su objetivo final: el triunfo del socialismo y del comunismo.

Cualquier alejamiento de estas posiciones marxistas-leninistas trae como consecuencia el alejamiento de la clase obrera del camino revolucionario y su deslizamiento a la charca del oportunismo. Tal es la actitud de los marxista-leninistas con relación a la cuestión de la unidad del movimiento obrero.

Pero, ¿cuál es la actitud que mantienen con respecto a esta cuestión los revisionistas modernos? Ellos no solamente han renunciado a la lucha contra los escisionistas del movimiento obrero, los cabecillas derechistas socialdemócratas, sino que además están por la unidad «a toda costa» y «a cualquier precio» con estos escisionistas y traidores. Los revisionistas se lanzan asimismo contra todos los que combaten a los cabecillas derechistas socialdemócratas y desenmascaran su traición considerando esta lucha como actitud «sectaria» y «dogmática», como «insultos», «ofensas» y «ataques dañinos», etc.

Pero ya todos saben que los cabecillas socialdemócratas como Spaak, Mollet y otros, con los que Jruschov y sus adeptos desarrollan «cordiales conversaciones» y buscan llegar a la unidad «a todo costa», son lacayos y agentes de la burguesía, que en numerosos países capitalistas han llegado a estar y siguen estando a la cabeza de los gobiernos burgueses. Así la unidad con estos traidores no es ni remotamente la unidad, del movimiento obrero, sino una tentativa para conseguir la «unidad» de la clase obrera con la burguesía, para someter la clase obrera a la burguesía, para lograr la unidad y colaboración con los gobiernos reaccionarios burgueses, pretendidamente «socialistas».

Antes, cuando todavía no habían mostrado tan abiertamente su catadura traidora, los revisionistas modernos decían que estaban contra los cabecillas socialdemócratas de derecha, que con ellos no podía haber unidad alguna, etc.; incluso han llegado a decir una que otra cosa contra ellos. Fue precisamente Jruschov quien declaró en el XXIº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, que la unidad de la clase obrera la obstaculizan:

«La reacción imperialista y sus lacayos en el movimiento obrero, como es el caso de los líderes anticomunistas de la socialdemocracia, Guy Mollet y Paul-Henri Spaak. A estos cabecillas del anticomunismo los conocemos todos por su nombre y cuando hablamos sobre la unidad de acción de la clase obrera no contamos para nada con ellos». (Nikita Jruschov; Informe al XXIº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, 1961)

Mas ahora, es precisamente el mismo Jruschov el que «conversa cordialmente» y solicita de tales líderes anticomunistas, como Guy Mollet, Paul-Henri Spaak, Harold Wilson y otros, ¡la colaboración y la «unidad de la clase obrera»! Una de dos: ¡o Guy Mollet, Paul-Henri Spaak y compañía han dejado de ser anticomunistas, o bien Nikita Jruschov ha dejado de ser comunista y hace causa común con los cabecillas del anticomunismo, con los lacayos de la reacción imperialista! Hasta ahora no existe nada que prueba la primera hipótesis, mientras que para la segunda existen todas las pruebas.

Independientemente de las consignas demagógicas que emplean para engañar a las masas, los revisionistas modernos están, en efecto, no sólo por la «unidad a toda costa» con los socialdemócratas, incluyendo también a sus cabecillas traidores, sino que han ido más lejos al expresarse por la unidad y la colaboración con aquéllos «sobre cualquier base». Así, en un artículo de la revista «Komunist» del Partido Comunista de la Unión Soviética, se dice:

«Con los reformistas, aún con los más fanáticos, la unidad de acción sobre estas o aquellas cuestiones, es siempre factible, si ellos hacen verdaderamente todo lo posible para conseguir cualquier reforma, por pequeña que sea, en favor de la clase obrera, de los trabajadores». (Revista «Komunist»; Nº3, 1960)

Por otra parte la dirección del Partido Comunista Francés, en base a la decisión del Pleno del Comité Central con fechas 27-28 de septiembre de 1961, relativa a la cuestión de la colaboración con el Partido Socialista Francés y con los demás partidos, ha declarado:

«Nosotros, por nuestra parte, estamos dispuestos a colaborar sobre cualquier base». (Revista «Komunist», N° 3, 1962)

Así pues, los revisionistas, especulando con la consigna de la «unidad», sacrifican los principios, borran la diferencia entre los comunistas y los socialdemócratas, pisotean y sacrifican los intereses vitales de la clase obrera. Se trata de una unidad falsa, una unidad en favor de la burguesía y de su agencia en el movimiento obrero, una unidad que tiende a someter enteramente el movimiento obrero a la influencia burguesa y reformista, a liquidar el espíritu revolucionario y el partido revolucionario de la clase obrera. Esta es una gran traición a la causa de la clase obrera y del socialismo.
De todo esto se extrae la importe conclusión de que la verdadera unidad, sobre sólidas bases, del movimiento obrero puede ser y será realizada sobre una dura lucha no sólo contra los cabecillas de derecha socialdemócratas, sino también contra los revisionistas modernos, contra sus peligrosos intentos de someter totalmente al movimiento obrero a la influencia venenosa y contrarrevolucionaria de la socialdemocracia y de sus traidores capitostes de derecha». (Enver Hoxha; Los revisionistas modernos en el camino de la degeneración socialdemócrata y su fusión con la socialdemocracia, 1964)

 _______________

Anotaciones de Bitácora (M-L):

[5] La práctica de la desproletarización de los partidos comunistas es la técnica más eficaz del revisionismo para combatir el noble espíritu revolucionario del partido, pues con dicha estrategia se introduce la ideología y los hábitos de las clases menos concienciadas e incluso de las clases explotadoras. Tomemos el ejemplo del revisionismo chino, he aquí como Georgi Dimitrov, en calidad de presidente de la Komintern, reprende a Mao Zedong y al resto del partido chino por sus desviaciones:

«Hacemos mención especial que la línea correcta en la creación del frente unido antijaponés significa el fortalecimiento general del partido y el ejército rojo. Por lo tanto, estamos muy preocupados por su decisión de que todo el que desee puede ser aceptado en el partido, sin ninguna consideración de su origen social, que el partido no tema que algunos arribistas busquen su camino en el partido, así como de su mensaje sobre las intenciones de aceptar incluso a Zhang Xueliang en el partido. En la actualidad, más que en cualquier otro momento, es necesario para mantener la pureza de las filas y el carácter monolítico del partido. Mientras conducimos el alistamiento sistemático de personas en el partido y así lo reforzamos, especialmente en el territorio del Kuomintang, es necesario que al mismo tiempo evitemos la inscripción masiva en el partido, aceptemos sólo a las mejores y probadas personas de entre los obreros, campesinos y estudiantes». (Georgi Dimitrov; Telegrama de la Secretaria del Comité Ejecutivo de la Komintern al Secretariado del Partido Comunista de China, 15 de agosto de 1936)

Para ver una contrapartida a estos errados conceptos, vemos como el propio Georgi Dimitrov, años después, ya como líder de la República Popular de Bulgaria, animaría al partido a mejorar el partido, tanto en composición social, como en sus deberes ideológicos, establecimiento un recordatorio y reforzamiento de las reglas marxista-leninistas para evitar las desviaciones que hemos visto en otros revisionismos:

«Para continua y firmemente reforzar nuestro partido, debemos hacer lo siguiente:

1) Purgar nuestras organizaciones de partido de todos los elementos hostiles, arribistas y en general que accidentalmente se haya infiltrado en nuestras filas.

2) Hacer una estricta selección entre los nuevos miembros y candidatos que desean entrar en el partido y regular su composición social por la adhesión estricta a las reglas e ir sistemáticamente aumentando la composición de obreros.

3) Desarrollar la democracia interna en el partido venciendo los viejos vestigios de liderazgo. Hablar y decidir problemas de partido en conjunto con los líderes de partido y organizaciones. Confiar a cada miembro de partido una tarea concreta y observar su cumplimiento. Animar la crítica sana y la autocrítica en el partido, aumentar la actividad general de sus miembros, apretar la disciplina de partido y la unidad en sus organizaciones.

4) Organizar la educación sistemática marxista-leninista colectiva e individual de cada miembro de partido y de los candidatos de base a integrarlo. Un miembro que no quiere aprender, educarse y avanzar no es y no puede ser un verdadero miembro de nuestro partido». (Georgi Dimitrov; Informe al Vº Congreso del Partido Obrero (Comunista) Búlgaro, 1948)

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Valoran próxima gira de Presidente del Parlamento de Vietnam

De especial importancia en el plano multilateral y bilateral fue valorada hoy aquí la próxima gira por Turkiye e Italia que realizará el presidente de la Asamblea Nacional (Parlamento) de Vietnam, Tran Thanh Man.

Trump cede ante victoria iraní

Irán aseguró que Donald Trump perdió la guerra al ceder a su plan de diez puntos, que contempla compensaciones por daños a la nación persa y el cese de las agresiones.

El sombrío pronóstico sobre la recuperación de exportaciones de gas de Oriente Medio

Según el secretario general de la Unión Internacional del Gas, las exportaciones del GNL dependen de una cadena frágil: infraestructuras complejas, buques especialmente diseñados y rutas de tránsito predecibles.

«El tiempo se agota»: Irán declara que exclusión del Líbano del alto el fuego...

El ataque de Israel contra el Líbano consistió en el bombardeo de 100 objetivos en Beirut y otras ciudades en un lapso de apenas 10 minutos.