Intervinieron el Embajador de Siria, Milad Atieh, el Profesor e Investigador de la UCM, Pablo Sapag y el Embajador de Venezuela, Mario Isea.
No parece que cale mucho entre la gente el cuento ese de la «dictadura». A la vista está.
Intervinieron el Embajador de Siria, Milad Atieh, el Profesor e Investigador de la UCM, Pablo Sapag y el Embajador de Venezuela, Mario Isea.
No parece que cale mucho entre la gente el cuento ese de la «dictadura». A la vista está.
«Tal vez de esa manera no hubiésemos tenido tantos líos después. Porque el Partido Comunista sirvió de base para los que no querían unos cambios que el país sigue necesitando. Para garantizar el avance hacia los países civilizados el pueblo hizo su elección, y para alcanzar estos fines hay que tomar las decisiones correctas. Los ucranianos conocemos la realidad del comunismo mejor que otros países donde sigue existiendo un partido comunista», Serhii Pohoreltsev, embajador de Ucrania en España
Nacido el 17 de septiembre de 1964, Kyiv (Ucrania)
Educación:
Universidad Estatal Taras Shevchenko de Kyiv, 1986:
– Facultad de Filología Románica y Germánica;
Especialidad – traductor de español e inglés, profesor de español.
Todo gracias al comunismo de la Unión Soviética
Por cierto ¿esos países civilizados no son los que han provocado (y siguen en ello) un genocidio de más de un millón de personas en Oriente Medio?
¿Cómo llamar «elección del pueblo» a lo que fue un golpe de estado nazi?
¿Desconoce quizás la realidad del fascismo institucional ucraniano o los asesinatos de los batallones Aidar o Azov?
¿Y la masacre de Odessa?
¿Son demócratas los nazis?
Esto es tu país, degenerado Serhii Pohoreltsev


La marca blanca de Podemos en Cornellá, Cornellá en Comú, convocó una manifestación el pasado 21 de noviembre contra el racismo, y en solidaridad con las familias de los dos yihadistas detenidos días atrás por adoctrinar y reclutar a islamistas en redes sociales.
Podemos Cornellá considera que se ha criminalizado a estos dos yihadistas por ser inmigrantes y defienden junto a sus familias que son inocentes. Pese al revuelo que se organizó entre algunos ciudadanos que no estaban de acuerdo con la protesta, la formación celebró dicha manifestación acompañada por algunos familiares de los detenidos.
Publica OK Diario que. el día 21 de noviembre sobre las 12 del mediodía, miembros de la formación, vecinos, familiares y miembros de la comunidad magrebí se reunieron en el mercado municipal de san Ildefonso, para continuar por la calle la Gavarra hasta el Ayuntamiento. Cerca de esta plaza dos días antes se detuvo a Zaid. Marcharon con una pancarta gigante donde se podía leer: «Libertad detenido». La manifestación se disolvió cerca de las 14 horas.
El pasado día 4, agentes de la Guardia Civil detuvieron a dos hombres de origen marroquí acusados de estar vinculados al aparato de reclutamiento y adoctrinamiento del Estado Islámico.
Uno de los detenidos tiene nacionalidad española. El día 6 de noviembre, el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz envió a prisión a uno de ellos, Zaid Nocou. Según el magistrado, el presunto yihadista actuó como «dinamizador» de la cadena de propaganda y proselitismo de la red terrorista. Nocou está imputado por integración en organización terrorista
mediterraneodigital.com
Radical: Dícese del extremoso, tajante, intransigente, dícese también del partidario de reformas extremas, especialmente en sentido democrático. En España el mero hecho de evolucionar y hacerte radical (esa es la acusación: «Se radicalizó») provoca graves problemas. Por cierto, si seguimos al pie de la letra la teoría del señor ministro, cabe preguntarse ¿dónde están el asesino del antifacista gallego Jimmy? ¿Donde está ese radical que no oímos su palpitar? En la calle. No es musulmán.
El Correo.- El hombre de nacionalidad marroquí detenido ayer en Pamplona por la Guardia Civil por su presunta intención de integrarse en el Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) hizo vida normal hasta hace dos años, cuando comenzó a radicalizarse a través del consumo masivo de propaganda terrorista en Internet.
Según fuentes de la lucha antiterrorista, una vez que se convirtió a la versión más radical del islamismo utilizó la tetería que regentaba, situada en la calle Simonena del barrio pamplonés de San Jorge, para organizar tertulias en las que que hacía proselitismo del Estado Islámico.
Según las fuerzas de seguridad, el detenido llevaba clientes y amigos a la trastienda de su negocio y allí les mostraba las grabaciones que habitualmente utiliza el Estado Islámico para atraer adeptos hacia su causa. En este sentido, en el interior del local los agentes del instituto armado se han incautado de abundante material informático que está siendo examinado. (¿Proyectaría también películas del Far West como El bueno, el feo y el malo?)
El ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, ha resumido la evolución del arrestado al asegurar que en los últimos años se había «autoradicalizado» Cuéntanos una de indios, Jorgito.
En la imagen, el ministro español de Interior. Ignoramos si estaba abriendo una fosa común de las miles que hay en las cunetas españolas, o radicalizándose con la Iglesia Católica. Ora Pro Nobis.
Manifestó el también experto en estudios internacionales sobre América Latina, que “se han presentado datos por encuestadoras privadas que presentan una diferencia del 35% de votos ganando la oposición con el 63% y el llamado oficialismo obteniendo el 28%. Viendo unos datos así, que son muy extremos si comparamos con los últimos resultados de las presidenciales de 2013 con la victoria de Maduro, buscan provocar una desmotivación en el votante oficialista para generarle una no participación”.
Seguidamente dijo que “como sociólogo veo que el uso de una simple herramienta la encuesta, para medir sociedades tan complejas y variopintas es algo ineficiente. Encuestas que no explican muchas veces la muestra y las variables que utilizan. Por lo tanto, como hemos dicho, el sondeo cada vez más es un instrumento antidemocrático de impacto y de propaganda política que un instrumento científico”, analizó Garzón Baeza.
Al ser consultado sobre el asesinato del dirigente del partido opositor de Acción Democrática, Luis Manuel Díaz, quien de acuerdo a señalamientos de sectores adversos al gobierno bolivariano fue propiciado por presuntas bandas armadas del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), para el analista político, su deceso ha iniciado una estrategia comunicativa contra el presidente Nicolás Maduro como “responsable” de lo sucedido en un momento tan delicado como la campaña electoral.
Aunado a ello, los recientes cuestionamientos del Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, “un funcionario que poco dice de las muertes diarias de mujeres en México, de campesinos en Colombia o indígenas en Guatemala, El Salvador, o cualquier atentado a los derechos humanos en los países de América Latina más cercanos a la política neoliberal de Estados Unidos con sus tratados de Libre Comercio”, puntualizó Garzón Baeza.
Es por ello, “importante analizar los intereses que hay detrás y los impactos que se buscan con la muerte de este acto en Venezuela, pues acusar al PSUV sin pruebas recurrentes, es un mal juego político. No hay que olvidar que en toda ética democrática todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario, aunque parece que este principio humano lo ha roto y nos lo ha implementado Estados Unidos desde el 2001”.
En el marco de la entrevista, dejó en claro que el gobierno venezolano vive una dura guerra mediática, política y diplomática con actores nacionales e internacionales que constantemente están realizando injerencias contra el Estado de acusarle de crímenes que no cometió en primera instancia, como los asesinatos de las guarimbas a chavistas el año pasado.
Por lo tanto, “el Estado debe evitar muchas veces que incluso la misma derecha no auto-atente contra ella misma para intentar criminalizar al mismo Estado. Para los medios no existen las causas de la muerte, sino un venezolano murió y la derecha siempre buscará impactos mediáticos para atacar al gobierno con cualquier asesinato”.
Es por ello, que el gobierno de Nicolás Maduro tiene “ese reto, conseguir la seguridad ciudadana en un país donde el terrorismo de la derecha y los sicarios están presentes” para desprestigiar al proceso bolivariano, que en su momento liderizó el comandante eterno, Hugo Chávez.
No cesa la campaña sostenida de desprestigio feroz, hipocresía, cinismo y falsedad contra Venezuela, siendo su principal adalid o baluarte el expresidente español Felipe González. El país bolivariano es un tesoro de incalculable valor para los intereses en la sombra que representa el inefable político: cuenta con las reservas de petróleo más importantes del mundo. De ahí se desprende que continuará figurando como objetivo prioritario de las iras furibundas de la elite internacional si sus gobernantes persisten en llevar a cabo acciones sociales tendentes a un reparto más equitativo de la riqueza entre sus habitantes.
Amparado y alentado por el grupo multinacional Prisa, González reparte estopa irracional y odio derechista contra Venezuela de la mano de amigos de tanta altura ética como Mariano Rajoy y el expresidente colombiano Álvaro Uribe. También se ha unido a la componenda el británico David Cameron para darle un barniz europeísta a la nueva andanada dialéctica.
Felipe González, recordemos, es un jubilado de lujo de 80.000 euros de sueldo vitalicio anual más coche oficial, escolta y dos asistentes a su completo arbitrio personal. Además, realiza chapuzas a modo de conferencias por las cuales cobra entre 30.000 y 40.000 euros por pieza. Y entre 2010 y 2015 fue consejero, gracias a las puertas giratorias, de Gas Natural Endesa, percibiendo 127.000 euros de vellón en 2014 por sus sabios conocimientos en materia energética. Completa su nómina a sueldo (se desconoce su cuantía) como asesor del multimillonario mexicano Carlos Slim. Desde esta perspectiva económica emite sus cruentas y aceradas opiniones en el asunto venezolano.
Los méritos morales de Rajoy y Cameron son de dominio general. No obstante, merece una consideración breve su aliado actual Álvaro Uribe, que presidió con mano de hierro Colombia entre 2002 y 2010. De extrema derecha por convicción e hijo de multimillonario, dejó su querido país con 32.000 desaparecidos, pesando contra él sospechas más que fundadas de genocidio, narcotráfico, represión indiscriminada y corrupción. Una joya democrática, vamos.
También son oportunas aquí dos opiniones críticas de Attac España y Amnistía Internacional sobre el último periodo de gobierno del PP y su ley mordaza. Attac asegura que la represión de las protestas ciudadanas en España contra su política neoliberal está alcanzando “extremos incompatibles con la democracia”. Según Amnistía Internacional Rajoy y su Gobierno han reducido “el respeto de los derechos humanos en España, el derecho de reunión pacífica, de asociación y expresión, y los rebaja en contra de las normas de derechos humanos y obligaciones internacionales que España ha firmado y ratificado”. Dos versiones independientes que dejan a Rajoy a la altura del betún. Sin paliativos: todo un referente negativo del peor pedigrí democrático para exigir libertad y democracia a las autoridades venezolanas. O Felipe González se ha vuelto loco o es que ya no le queda nada de ética socialdemócrata y vergüenza personal de antiguo abogado laboralista.
Lo que calla González
Sostiene González que “no decir nada también es tomar partido” en el caso de Venezuela. Añade asimismo que “la democracia es una y universal”, llegando a la conclusión con sus amigos ya mencionados de que “Venezuela grita libertad”. Bonitos eslóganes de propaganda vacía. Llama la atención que los selectivos pabellones auditivos de González no hayan escuchado en su momento los golpes de Estado en Honduras durante 2009 y en Paraguay en 2012, ni las torturas en el centro ilegal de EE.UU. en Guantánamo, ni la violencia institucional e histórica en México y Colombia. Podrían citarse muchos más ejemplos similares. En ninguno de ellos hemos visto alzarse el gesto ético y la voz indignada de Felipe González para denunciar con vigor tales desafueros antidemocráticos o de lesa humanidad.
Tomemos, pues, partido decidido por los datos fríos, los hechos crudos y la verdad que se desprende de ellos.
Por Guantánamo han pasado a la fuerza y sin supervisión judicial unos 8.000 presos, de los cuales solo 7 han sido declarados culpables, aunque de forma ilegítima y en ausencia de cauces y procedimientos con mínimas garantías legales. Allí, los detenidos han sufrido calamidades y humillaciones de todo tipo, incluyendo a adolescentes, enfermos mentales y ancianos. La lista de atrocidades perpetradas por EE.UU. no es apta para mentes demasiado pusilánimes.
En Colombia se registraron en 2014 3.500 asesinatos de sindicalistas y en lo que va de año 2015 300 líderes campesinos han muerto en circunstancias extrañas o alevosas y, por supuesto, todavía no esclarecidas ni apresados sus autores criminales.
Por lo que respecta a México, de 2007 a 2014 se han producido más de 160.000 asesinatos de civiles, cantidad que supera la cifra de ciudadanos no militares caídos en las guerras de Afganistán e Irak. En 2015 tuvo lugar la masacre de Ayotzinapa, donde 43 estudiantes, activistas de izquierda, fueron asesinados por autores que permanecen aún en el anonimato y la impunidad absoluta.
¿Dónde estaba agazapada entonces la autoridad ética y democrática de Felipe González? ¿Dónde su moralidad de político de principios insobornables en la traición al Frente Polisario por un Sáhara independiente y contra las tropelías del sionismo israelí en Palestina y su vulneración sistemática de los derechos humanos y de las resoluciones de la ONU? Como puede observarse, cuando González dirige sus invectivas contra Venezuela es cínico e hipócrita mientras calla y se esconde ante innumerables barbaries del mundo libre al que dice pertenecer y defender a ultranza.
Según datos de la ONU, UNICEF y CELAC, cuando Hugo Chávez accedió a la presidencia en Caracas la pobreza severa afectaba al 25 % de la población; en 2007 se redujo a la mitad y hoy se sitúa por debajo del 5 %. En total, se estima que en Venezuela malviven 13 millones de personas pobres. En España, son 13 millones; 11 en Argentina, 20 en Colombia, 40 en Brasil y 55 en México. Venezuela no es perfecta pero estos números reflejan una comparativa excelente para ponderar las críticas sin fundamento que se utilizan como basura ideológica con el fin de desprestigiar a la ligera la revolución bolivariana.
Más datos sobre la deuda pública de los mismos países antes reseñados. Venezuela tiene una deuda que representa alrededor del 45 % de su Producto Interior Brutos (PIB); España alcanza el 99 %; Brasil el 65 %, México el 50 %, y Argentina y Colombia alrededor del 45 % de su respectivo PIB. Cada español debe de media 22.000 euros y cada venezolano unos 2.500 euros. El peso de la deuda supone per cápita en Brasil cerca de 6.000 euros, 4.500 en Argentina, 4.000 en México y 2.600 en Colombia.
Venezuela asigna un 20 % de su PIB a inversión en el sector educativo mientras España dedica al mismo fin la mitad, el 10 %. Además, para 2016, Caracas ha previsto un aumento del 25 % en gasto social. La inversión educativa en Argentina supone un esfuerzo de casi el 25 % de su PIB, y 19 %, 17 %, y 15 % aproximadamente en México, Colombia y Brasil por este orden de mayor a menor.
Por lo que se refiere a validaciones electorales, las victorias de Hugo Chávez fueron repetidas, oscilando entre el 55 % y el 62 % de apoyo ciudadano. Sus principales oponentes de la derecha obtuvieron el respaldo del 40 %. Bien es cierto que el actual presidente Nicolás Maduro ganó al candidato de la derecha Henrique Capriles en 2013 por un estrecho margen de 220.000 sufragios. Pero ganó, y en las urnas, como tanto gozo la causa a Felipe González (en otros países con ejecutivos neoliberales y derechistas).
Estrategia reaccionaria contra Maduro
En la estrategia de la derecha internacional por desacreditar a Maduro y el movimiento bolivariano todo es rigurosamente limpio y moral, estando fijada una fecha clave inmediata, el 6 de Diciembre, día que se celebrarán elecciones parlamentarias en el país. Han de meter máxima presión e intentar poner en duda un hipotético resultado adverso de sus conmilitones reaccionarios en Venezuela. Por ello, a partir de ya sonarán trompetas de guerra para procurar socavar la posible victoria de Maduro y la izquierda en su conjunto.
El esfuerzo intoxicador viene de lejos, habiendo convertido en mártires a dos políticos de la ultraderecha más rancia con el fin de poner en dar una estocada mortal a la legitimidad democrática de Maduro y su gobierno. Los dos luchadores por la libertad elegidos de una terna de impresentables son Antonio Ledezma y Leopoldo López.
Ledezma vive de la política activa con diferentes cargos de responsabilidad a su espalda desde 1984. Entró en liza como miembro de Acción Democrática, liderado entonces por Carlos Andrés Pérez, expresidente de Venezuela y amigo íntimo de Felipe González condenado en sentencia firme por corrupción y malversación de fondos públicos.
La hoja de servicios públicos de Ledezma está plagada de acontecimientos luctuosos o autoritarios y decisiones más que dudosas: toques de queda, suspensión de garantías constitucionales, masacres en cárceles, represión policial con resultado de víctimas mortales, malversación de caudales, persecución política, despido injustificado de trabajadores y golpismo. Todo presunto. Entre sus amigos internacionales figuran Mariano Rajoy, Aznar, Uribe, Mauricio Macri, Netanhayu y el ínclito González.
Leopoldo López, por su parte, elevado a la cumbre de campeón de la libertad, estudió en Harvard y se le vincula a la CIA. Hijo de papá, de ideología de extrema derecha, ha tenido gusto toda su vida por el golpismo y las tramas entre bambalinas contra los procesos democráticos en Sudamérica. Algunas informaciones lo relacionan con Pablo Casado y Ángel Carromero en acciones o escarceos desestabilizadores de baja intensidad contra Cuba. Un chico listo de cartera gorda y estudios en las mejores escuelas con perfil guapo y resultón. Eso es López. Nada más pero nada menos.
El último eslabón de esta cadena de mentiras urdidas en contra de la revolución bolivariana tuvo lugar el 25 de Noviembre, cuando un militante de la oposición a Maduro cayó abatido por las balas durante la celebración de un mitin con presencia de Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López. Toda la oposición acusó al instante, sin ninguna prueba, al gobierno de Nicolás Maduro. El eco de resonancia de los mentores internacionales de López y su camarilla hizo el resto: condenar la violencia que reina en Venezuela y censurar el proceso electoral inminente.
Pero la verdad es otra, que no han recogido ni en notas sueltas los mass media proclives a satanizar a Venezuela sistemáticamente desde los tiempos de Chávez. Luis Manuel Díaz, el activista asesinado, estaba siendo investigado por homicidio desde 2010 y era cabecilla de una banda sindical amarillista del sector petrolero. Al parecer, según todos los indicios, la criminal acción corresponde a un ajuste de cuentas puro y duro por autores miembros de otra banda rival. De hecho, ya hay tres detenidos como presuntos asesinos de Díaz.
No importa la escrupulosa realidad, lo que González y sus secuaces pretenden es crear alarma social y provocar en Venezuela un clima insoportable de tensión política con el agregado de una psicosis colectiva que permita invalidar las elecciones y poner en entredicho la credibilidad de Maduro. En esas están y nunca se sabe hasta donde alcanzará su inquina en un país en permanente vigilancia y acoso por parte de EE.UU., con intento de asonadas golpistas repetidas y constantes.
A pesar de todo lo expuesto, Felipe González sigue contumaz en su cruzada anti-Venezela. En su PSOE, la gente adora su imagen icónica de santón venerable y los barones le ríen las gracietas como si nada, adulándole en público y en privado como una vieja gloria intachable e inatacable desde ningún punto de vista.
Gónzalez vive del sistema y por el sistema a las mil maravillas. Pero hay que salir al paso de sus hipocresías, cinismo, intereses ocultos y mentiras manifiestas porque mantiene un crédito alto en el escenario mediático que puede hacer un enorme daño en mentes de izquierda poco avisadas con las maniobras dialécticas y sucios manejos ideológicos que se gasta el susodicho.
Felipe González tiene mucho peligro: juega con su pasado izquierdista para ganar adeptos a la causa de las elites. Es incluso más peligroso que Aznar: a este se le ve venir. González, por su parte, usa de su añejo prestigio de moderación equidistante para destilar su odio a pequeñas dosis, entre silencios elocuentes y cobardes y declaraciones ampulosas a favor de lo más rancio de la derecha internacional y el imperio USA.
¡Qué fácil e indecente es lanzar ponzoña contra Venezuela al tiempo que se tienen excelentemente cubiertas las espaldas por el poder de las elites internacionales! Así es Felipe González, un demócrata narcisista de toda la vida fuerte con los débiles y débil con los fuertes. Uno más de la cuerda neoliberal con etiqueta de izquierdista de pacotilla y mucha labia estética y vacía.
«Según Tácito, los germanos eran un pueblo muy numeroso. Por César nos formamos una idea aproximada de la fuerza de los diferentes pueblos germanos. Según él, los usipéteros y los teúcteros, que aparecieron en la orilla izquierda del Rin, eran 180.000, incluidos mujeres y niños. Por consiguiente, correspondían cerca de 100.000 seres a cada pueblo [1], cifra mucho más alta, por ejemplo, que la de la totalidad de los iroqueses en los tiempos más florecientes, cuando en número menor de 20.000 fueron el terror del país entero comprendido desde los Grandes Lagos hasta el Ohio y el Potomac. Si tratáramos de señalar en un mapa el emplazamiento de los pueblos de las márgenes del Rin, que conocemos mejor por los relatos llegados hasta nosotros, veríamos que cada uno de ellos ocupa en el mapa, poco más o menos, la misma superficie de un departamento prusiano, o sea unos 10.000 kilómetros cuadrados ó 182 millas geográficas cuadradas. La «Germania Magna» de los romanos, hasta el Vístula, abarcaba en números redondos 500.000 kilómetros cuadrados. Pues bien; tomando para cada pueblo la cifra media de 100.000 individuos, la población total de la «Germania Magna» se elevaría a 5 millones, cifra considerable para un grupo de pueblos bárbaros, pero en extremo baja para nuestras actuales condiciones –10 habitantes por kilómetro cuadrado, ó 550 por milla geográfica cuadrada–. Pero esa cifra no incluye, ni mucho menos, a todos los germanos que vivían en aquella época. Sabemos que a lo largo de los Cárpatos, hasta la desembocadura del Danubio, vivían pueblos germanos de origen gótico –los bastarnos, los peukinos y otros–, tan numerosos, que Plinio los tiene por la quinta tribu principal de los germanos; unos 180 años antes de nuestra era; esos pueblos servían ya como mercenarios al rey macedonio Perseo y en los primeros años del imperio de Augusto avanzaron hasta llegar a Andrinópolis. Supongamos que sólo fuesen un millón, y tendremos, en los comienzos de nuestra era, un total probable de 6 millones de germanos, por lo menos.
Después de fijar su residencia definitiva en Germania, la población debió de crecer con rapidez cada vez mayor; prueba de ello son los progresos industriales de que antes hablamos. Los descubrimientos hechos en los pantanos de Schleswig son del siglo III, a juzgar por las monedas romanas que forman parte de los mismos. Así, pues, por aquella época había ya en las orillas del Mar Báltico una industria metalúrgica y una industria textil desarrolladas, se desplegaba un comercio activo con el imperio romano y entre los ricos existía cierto lujo, indicio todo ello de una población más densa. Pero también por aquella época comienza la ofensiva general de los germanos en toda la línea del Rin, de la frontera fortificada romana y del Danubio, desde el Mar del Norte hasta el Mar Negro, prueba directa del aumento constante de la población, la cual tendía a la expansión territorial. La lucha duró tres siglos, durante los cuales todas las tribus principales de los pueblos góticos –excepto los godos escandinavos y los burgundos– avanzaron hacia el Sudeste, formando el ala izquierda de la gran línea de ataque, en el centro de la cual los altoalemanes –herminones– empujaban hacia el alto Danubio y en el ala derecha los istevones, llamados a la sazón francos, a lo largo del Rin. A los ingevones les correspondió conquistar la Gran Bretaña. A fines del siglo V, el imperio romano, débil, desangrado e impotente, se hallaba abierto a la invasión de los germanos.
Antes estuvimos junto a la cuna de la antigua civilización griega y romana. Ahora estamos junto a su sepulcro. La garlopa niveladora de la dominación mundial de los romanos había pasado durante siglos por todos los países de la cuenca del Mediterráneo. En todas partes donde el idioma griego no ofreció resistencia, las lenguas nacionales tuvieron que ir cediendo el paso a un latín corrupto; desaparecieron las diferencias nacionales, y ya no había galos, íberos, ligures, nóricos; todos se habían convertido en romanos. La administración y el Derecho romanos habían disuelto en todas partes las antiguas uniones gentilicias y, a la vez, los últimos restos de independencia local o nacional. La flamante ciudadanía romana conferida a todos, no ofrecía compensación; no expresaba ninguna nacionalidad, sino que indicaba tan sólo la carencia de nacionalidad. Existían en todas partes elementos de nuevas naciones; los dialectos latinos de las diversas provincias fueron diferenciándose cada vez más; las fronteras naturales que habían determinado la existencia como territorios independientes de Italia, las Galias, España y África, subsistían y se hacían sentir aún. Pero en ninguna parte existía la fuerza necesaria para formar con esos elementos naciones nuevas; en ninguna parte existía la menor huella de capacidad para desarrollarse, de energía para resistir, sin hablar ya de fuerzas creadoras. La enorme masa humana de aquel inmenso territorio, no tenía más vínculo para mantenerse unida que el Estado romano, y éste había llegado a ser con el tiempo su peor enemigo y su más cruel opresor. Las provincias habían arruinado a Roma; la misma Roma se había convertido en una ciudad de provincia como las demás, privilegiada, pero ya no soberana; no era ni punto céntrico del imperio universal ni sede siquiera de los emperadores y gobernantes, pues éstos residían en Constantinopla, en Tréveris, en Milán. El Estado romano se había vuelto una máquina gigantesca y complicada, con el exclusivo fin de explotar a los súbditos. Impuestos, prestaciones personales al Estado y censos de todas clases sumían a la masa de la población en una pobreza cada vez más angustiosa. Las exacciones de los gobernantes, los recaudadores y los soldados reforzaban la opresión, haciéndola insoportable. He aquí a qué situación había llevado el dominio del Estado romano sobre el mundo: basaba su derecho a la existencia en el mantenimiento del orden en el interior y en la protección contra los bárbaros en el exterior; pero su orden era más perjudicial que el peor desorden, y los bárbaros contra los cuales pretendía proteger a los ciudadanos eran esperados por éstos como salvadores.
No era menos desesperada la situación social. En los últimos tiempos de la república, la dominación romana se reducía ya a una explotación sin escrúpulos de las provincias conquistadas; el imperio, lejos de suprimir aquella explotación, la formalizó legislativamente. Conforme iba declinando el imperio, más aumentaban los impuestos y prestaciones, mayor era la desvergüenza con que saqueaban y estrujaban los funcionarios. El comercio y la industria no habían sido nunca ocupaciones de los romanos, dominadores de pueblos; en la usura fue donde superaron a todo cuanto hubo antes y después de ellos. El comercio que encontraron y que había podido conservarse por cierto tiempo, pereció por las exacciones de los funcionarios; y si algo quedó en pie, fue en la parte griega, oriental, del imperio, de la que no vamos a ocuparnos en el presente trabajo. Empobrecimiento general; retroceso del comercio, de los oficios manuales y del arte; disminución de la población; decadencia de las ciudades; descenso de la agricultura a un grado inferior; tales fueron los últimos resultados de la dominación romana universal.
La agricultura, la más importante rama de la producción en todo el mundo antiguo, lo era ahora más que nunca. Los inmensos dominios –«latifundia»– que desde el fin de la república ocupaban casi todo el territorio en Italia, habían sido explotados de dos maneras: o en pastos, allí donde la población había sido remplazada por ganado lanar o vacuno, cuyo cuidado no exigía sino un pequeño número de esclavos, o en villas, donde masas de esclavos se dedicaban a la horticultura en gran escala, en parte para satisfacer el afán de lujo de los propietarios, en parte para proveer de víveres a los mercados de las ciudades. Los grandes pastos habían sido conservados y hasta extendidos; las villas y su horticultura se habían arruinado por efecto del empobrecimiento de sus propietarios y de la decadencia de las ciudades. La explotación de los «latifundia», basada en el trabajo de los esclavos, ya no producía beneficios, pero en aquella época era la única forma posible de la agricultura en gran escala. El cultivo en pequeñas haciendas había llegado a ser de nuevo la única forma remuneradora. Una tras otra fueron divididas las villas en pequeñas parcelas y entregadas éstas a arrendatarios hereditarios, que pagaban cierta cantidad en dinero, o a «partiarii» –aparceros–, más administradores que arrendatarios, que recibían por su trabajo la sexta e incluso la novena parte del producto anual. Pero de preferencia se entregaban estas pequeñas parcelas a colonos que pagaban en cambio una retribución anual fija; estos colonos estaban sujetos a la tierra y podían ser vendidos con sus parcelas; no eran esclavos, hablando propiamente, pero tampoco eran libres; no podían casarse con mujeres libres, y sus uniones entre sí no se consideraban como matrimonios válidos, sino como un simple concubinato –«contibernium»–, por el estilo del matrimonio entre esclavos. Fueron los precursores de los siervos de la Edad Media.
Había pasado el tiempo de la antigua esclavitud. Ni en el campo, en la agricultura en gran escala, ni en las manufacturas urbanas, daba ya ningún provecho que mereciese la pena; había desaparecido el mercado para sus productos. La agricultura en pequeñas haciendas y la pequeña industria a que se veía reducida la gigantesca producción esclavista de los tiempos del imperio, no tenían dónde emplear numerosos esclavos. En la sociedad ya no encontraban lugar sino los esclavos domésticos y de lujo de los ricos. Pero la agonizante esclavitud aún era suficiente para hacer considerar todo trabajo productivo como tarea propia de esclavos e indigna de un romano libre, y entonces lo era cada cual. Así, vemos, por una parte, el aumento creciente de las manumisiones de esclavos superfluos, convertidos en una carga; y, por otra parte, el aumento de los colonos y los libres depauperados –análogos a los «poor whites» [2] de los antiguos Estados esclavistas de Norteamérica–. El cristianismo no ha tenido absolutamente nada que ver con la extinción gradual de la esclavitud. Durante siglos coexistió con la esclavitud en el imperio romano y más adelante jamás ha impedido el comercio de esclavos de los cristianos, ni el de los germanos en el Norte, ni el de los venecianos en el Mediterráneo, ni más recientemente la trata de negros [3]. La esclavitud ya no producía más de lo que costaba, y por eso acabó por desaparecer. Pero, al morir, dejó detrás de sí su aguijón venenoso bajo la forma de proscripción del trabajo productivo para los hombres libres. Tal es el callejón sin salida en el cual se encontraba el mundo romano: la esclavitud era económicamente imposible, y el trabajo de los hombres libres estaba moralmente proscrito. La primera no podía ya y el segundo no podía aún ser la forma básica de la producción social. La única salida posible era una revolución radical.
La situación no era mejor en las provincias. Las más amplias noticias que poseemos se refieren a las Galias. Allí, junto a los colonos, aún había pequeños agricultores libres. Para estar a salvo contra las violencias de los funcionarios, de los magistrados y de los usureros, se ponían a menudo bajo la protección, bajo el patronato de un poderoso; y no fueron sólo campesinos aislados quienes tomaron esta precaución, sino comunidades enteras, de tal suerte que en el siglo IV los emperadores tuvieron que promulgar con frecuencia decretos prohibiendo esta práctica. Pero, ¿de qué servía a los que buscaban protección? El señor les imponía la condición de que le transfiriesen el derecho de propiedad de sus tierras y en compensación les aseguraba el usufructo vitalicio de las mismas. La Santa Iglesia recogió e imitó celosamente esta artimaña en los siglos IX y X para agrandar el reino de Dios y sus propios bienes terrenales. Verdad es que por aquella época, hacia el año 475, Salviano, obispo de Marsella, se indignaba aún contra semejante robo y relataba que la opresión de los funcionarios romanos y de los grandes señores territoriales había llegado a ser tan cruel, que muchos «romanos» huían a las regiones ocupadas ya por los bárbaros, y los ciudadanos romanos establecidos en ellas nada temían tanto como volver a caer bajo la dominación romana. El que por entonces muchos padres vendían como esclavos a sus hijos a causa de la miseria, lo prueba una ley promulgada contra esta práctica.
Por haber librado a los romanos de su propio Estado, los bárbaros germanos se apropiaron de dos tercios de sus tierras y se las repartieron. El reparto se efectuó según el orden establecido en la gens; como los conquistadores eran relativamente pocos, quedaron indivisas grandísimas extensiones, parte de ellas en propiedad de todo el pueblo y parte en propiedad de las distintas tribus y gens. En cada gens, los campos y prados se dividieron en partes iguales, por suertes, entre todos los hogares. No sabemos si posteriormente se hicieron nuevos repartos; en todo caso, esta costumbre pronto se perdió en las provincias romanas, y las parcelas individuales se hicieron propiedad privada alienable, alodios –«alod»–. Los bosques y los pastos permanecieron indivisos para su uso colectivo; este uso, lo mismo que el modo de cultivar la tierra repartida, se regulaba según la antigua costumbre y por acuerdo de la colectividad. Cuanto más tiempo llevaba establecida la gens en su poblado, más iban confundiéndose germanos y romanos y borrándose el carácter familiar de la asociación ante su carácter territorial. La gens desapareció en la marca, donde, sin embargo, se encuentran bastante a menudo huellas visibles del parentesco original de sus miembros. De esta manera, la organización gentilicia se transformó insensiblemente en una organización territorial y se puso en condiciones de adaptarse al Estado, por lo menos en los países donde se sostuvo la marca –Norte de Francia, Inglaterra, Alemania y Escandinavia–. No obstante, mantuvo el carácter democrático original propio de toda la organización gentilicia, y así salvó –incluso en el período de su degeneración forzada– una parte de la constitución gentilicia, y con ella un arma en manos de los oprimidos que se ha conservado hasta los tiempos modernos.
Si el vínculo consanguíneo se perdió con rapidez en la gens, se debió a que sus organismos en la tribu y en el pueblo degeneraron por efecto de la conquista. Sabemos que la dominación de los subyugados es incompatible con el régimen de la gens, y aquí lo vemos en gran escala. Los pueblos germanos, dueños de las provincias romanas, tenían que organizar su conquista. Pero no se podía absorber a las masas romanas en las corporaciones gentilicias, ni dominar a las primeras por medio de las segundas. A la cabeza de los cuerpos locales de la administración romana, conservados al principio en gran parte, era preciso colocar, en sustitución del Estado romano, otro Poder, y éste no podía ser sino otro Estado. Así, pues, los representantes de la gens tenían que transformarse en representantes del Estado, y con suma rapidez, bajo la presión de las circunstancias. Pero el representante más propio del pueblo conquistador era el jefe militar. La seguridad interior y exterior del territorio conquistado requería que se reforzase el mando militar. Había llegado la hora de transformar el mando militar en monarquía, y se transformó.
Veamos el imperio de los francos. En él correspondió a los salios victoriosos la posesión absoluta no sólo de los vastos dominios del Estado romano, sino también de todos los demás inmensos territorios no distribuidos aún entre las grandes y pequeñas comunidades regionales y de las marcas, y principalmente la de todas las extensísimas superficies pobladas de bosques. Lo primero que hizo el rey franco, al convertirse de simple jefe militar supremo en un verdadero príncipe, fue transformar esas propiedades del pueblo en dominios reales, robarlas al pueblo y donarlas o concederlas en feudo a las personas de su séquito. Este séquito, formado primitivamente por su guardia militar personal y por el resto de los mandos subalternos, no tardó en verse reforzado no sólo con romanos –es decir, con galos romanizados–, que muy pronto se hicieron indispensables por su educación y su conocimiento de la escritura y del latín vulgar y literario, así como del Derecho del país, sino también con esclavos, siervos y libertos, que constituían su corte y entre los cuales elegía sus favoritos. A la más de esta gente se les donó al principio lotes de tierra del pueblo; más tarde se les concedieron bajo la forma de beneficios, otorgados la mayoría de las veces, en los primeros tiempos, mientras viviese el rey. Así se sentó la base de una nobleza nueva a expensas del pueblo.
Pero esto no fue todo. Debido a sus vastas dimensiones, no se podía gobernar el nuevo Estado con los medios de la antigua constitución gentilicia; el consejo de los jefes, cuando no había desaparecido hacía mucho, no podía reunirse, y no tardó en verse remplazado por los que rodeaban de continuo al rey; se conservó por pura fórmula la antigua asamblea del pueblo, pero convertida cada vez más en una simple reunión de los mandos subalternos del ejército y de la nueva nobleza naciente. Los campesinos libres propietarios del suelo, que eran la masa del pueblo franco, quedaron exhaustos y arruinados por las eternas guerras civiles y de conquista –por estas últimas, sobre todo, bajo Carlomagno– tan completamente, como antaño les había sucedido a los campesinos romanos en los postreros tiempos de la república. Estos campesinos, que originariamente formaron todo el ejército y que constituían su núcleo después de la conquista de Francia, habían empobrecido hasta tal extremo a comienzos del siglo IX, que apenas uno por cada cinco disponía de los pertrechos necesarios para ir a la guerra. En lugar del ejército de campesinos libres llamados a filas por el rey, surgió un ejército compuesto por los vasallos de la nueva nobleza. Entre esos servidores había siervos, descendientes de aquéllos que en otro tiempo no habían conocido ningún señor sino el rey, y que en una época aún más remota no conocían a señor ninguno, ni siquiera a un rey. Bajo los sucesores de Carlomagno, completaron la ruina de los campesinos francos las guerras intestinas, la debilidad del poder real, las correspondientes usurpaciones de los magnates –a quienes vinieron a agregarse los condes de las comarcas instituidos por Carlomagno, que aspiraban a hacer hereditarias sus funciones– y, por último, las incursiones de los normandos. Cincuenta años después de la muerte de Carlomagno, yacía el imperio de los francos tan incapaz de resistencia a los pies de los normandos, como cuatro siglos antes el imperio romano a los pies de los francos.
Y no sólo había la misma impotencia frente al exterior, sino casi el mismo orden, o más bien desorden social en el interior. Los campesinos francos libres se vieron de una situación análoga a la de sus predecesores, los colonos romanos. Arruinados por las guerras y por los saqueos, habían tenido que colocarse bajo la protección de la nueva nobleza naciente o de la iglesia, siendo harto débil el poder real para protegerlos; pero esa protección les costaba cara. Como en otros tiempos los campesinos galos, tuvieron que transferir la propiedad de sus tierras, poniéndolas a nombre del señor feudal, su patrono, de quien volvían a recibirlas en arriendo bajo formas diversas y variables, pero nunca de otro modo sino a cambio de prestar servicios y de pagar un censo; reducidos a esta forma de dependencia, perdieron poco a poco su libertad individual, y al cabo de pocas generaciones, la mayor parte de ellos eran ya siervos. La rapidez con que desapareció la capa de los campesinos libres la evidencia el libro catastral –compuesto por Irminón– de la abadía de Saint-Germain-des-Prés, en otros tiempos próxima a París y en la actualidad dentro del casco de la ciudad. En los extensos campos de la abadía, diseminados en el contorno, había entonces, por los tiempos de Carlomagno, 2.788 hogares, compuestos casi exclusivamente por francos con apellidos alemanes. Entre ellos se contaban 2.080 colonos, 35 lites [4], 220 esclavos, ¡y nada más que ocho campesinos libres! La práctica declarada impía por el obispo Salviano, y en virtud de la cual el patrón hacía que le fuera transferida la propiedad de las tierras del campesino y sólo permitía a éste el usufructo vitalicio de ellas, la empleaba ya entonces de una manera general la Iglesia con respecto a los campesinos. Las prestaciones personales, que iban generalizándose cada vez más, habían tenido su modelo tanto en las «angariae» romanas, cargas en pro del Estado, como en las prestaciones personales impuestas a los miembros de las marcas germanas para construir puentes y caminos y para otros trabajos de utilidad común. Así, pues, parecía como si al cabo de cuatro siglos la masa de la población hubiese vuelto a su punto de partida.
Pero esto no probaba sino dos cosas: en primer lugar, que la diferenciación social y la distribución de la propiedad en el imperio romano agonizante habían correspondido enteramente al grado de producción contemporánea en la agricultura y la industria, siendo, por consiguiente, inevitables; en segundo lugar, que el estado de la producción no había experimentado ningún ascenso ni descenso esenciales en los cuatrocientos años siguientes y, por ello, había producido necesariamente la misma distribución de la propiedad y las mismas clases de la población. En los últimos siglos del imperio romano, la ciudad había perdido su dominio sobre el campo y no lo había recobrado en los primeros siglos de la dominación germana. Esto presupone un bajo grado de desarrollo de la agricultura y de la industria. Tal situación general produce por necesidad grandes terratenientes dotados de poder y pequeños campesinos dependientes. Las inmensas experiencias hechas por Carlomagno con sus famosas villas imperiales, desaparecidas sin dejar casi huellas, prueban cuán imposible era injertar en semejante sociedad la economía latifúndica romana con esclavos o el nuevo cultivo en gran escala por medio de prestaciones personales. Estas experiencias sólo las continuaron los conventos, y no fueron productivas más que para ellos pero los conventos eran corporaciones sociales de carácter anormal, basadas en el celibato. Es cierto que podían realizar cosas excepcionales, pero, por lo mismo, tenían que seguir siendo excepciones.
Y sin embargo, durante esos cuatrocientos años se habían hecho progresos. Si al expirar estos cuatro siglos encontramos casi las mismas clases principales que al principio, el hecho es que los hombres que formaban estas clases habían cambiado. La antigua esclavitud había desaparecido, y habían desaparecido también los libres depauperados que menospreciaban el trabajo por estimarlo una ocupación propia de esclavos. Entre el colono romano y el nuevo siervo había vivido el libre campesino franco. El «recuerdo inútil y la lucha vana» del romanismo agonizante estaban muertos y enterrados. Las clases sociales del siglo IX no se habían formado con la decadencia de una civilización agonizante, sino entre los dolores de parto de una civilización nueva. La nueva generación, lo mismo señores que siervos, era una generación de hombres, si se compara con sus predecesores romanos. Las relaciones entre los poderosos terratenientes y los campesinos que de ellos dependían, relaciones que habían sido para los romanos la forma de ruina irremediable del mundo antiguo, fueron para la generación nueva el punto de partida de un nuevo desarrollo. Y además, por estériles que parezcan esos cuatrocientos años, no por eso dejaron de producir un gran resultado: las nacionalidades modernas, la refundición y la diferenciación de la humanidad en la Europa occidental para la historia futura. Los germanos habían, en efecto, revivificado a Europa y por eso la destrucción de los Estados en el período germánico no llevó al avasallamiento por normandos y sarracenos, sino a la evolución de los beneficios y del patronato –encomienda– hacia el feudalismo y a un incremento tan intenso de la población, que dos siglos después pudieron soportarse sin gran daño las fuertes sangrías de las cruzadas.
Pero, ¿qué misterioso sortilegio era el que permitió a los germanos infundir una fuerza vital nueva a la Europa agonizante? ¿Era un poder milagroso e innato a la raza germana, como nos cuentan nuestros historiadores patrioteros? De ninguna manera. Los germanos, sobre todo en aquella época, eran una tribu aria muy favorecida por la naturaleza y en pleno proceso de desarrollo vigoroso. Pero no son sus cualidades nacionales específicas las que rejuvenecieron a Europa, sino, sencillamente, su barbarie, su constitución gentilicia.
Su capacidad y su valentía personales, su espíritu de libertad y su instinto democrático, que veía un asunto propio en los negocios públicos, en una palabra, todas las cualidades que los romanos habían perdido y únicas capaces de formar, del cieno del mundo romano, nuevos Estados y nuevas nacionalidades, ¿qué era sino los rasgos característicos de los bárbaros del estadio superior de la barbarie, los frutos de su constitución gentilicia?
Si transformaron la forma antigua de la monogamia, suavizaron la autoridad del hombre en la familia y dieron a la mujer una situación más elevada de la que nunca antes había conocido el mundo clásico, ¿qué les hizo capaces de eso sino su barbarie, sus hábitos de gentiles, las supervivencias, vivas en ellos, de los tiempos del derecho materno?
Si por lo menos en los tres países principales, Alemania, el Norte de Francia e Inglaterra salvaron una parte del régimen genuino de la gens, trasplantándola al Estado feudal bajo la forma de marcas, dando así a la oprimida clase de los campesinos, hasta bajo la más cruel servidumbre de la Edad Media, una cohesión local y una fuerza de resistencia que no tuvieron a su disposición los esclavos de la antigüedad y no tiene el proletariado moderno, ¿a qué se debe sino a su barbarie, a su sistema exclusivamente bárbaro de colonización por gens?
Y, por último, si desarrollaron y pudieron hacer exclusiva la forma de servidumbre mitigada que habían empleado ya en su país natal y que fue sustituyendo cada vez más a la esclavitud en el imperio romano, forma que, como Fourier ha sido el primero en evidenciarlo, ofrece a los oprimidos medios para emanciparse gradualmente como clase –«fournit aux cultivateurs des moyens d’affranchissement collectif et progressif»–, superando así con mucho a la esclavitud, con la cual era sólo posible la manumisión inmediata y sin transiciones del individuo –la antigüedad no presenta ningún ejemplo de supresión de la esclavitud por una rebelión victoriosa–, al paso que los siervos de la Edad Media llegaron poco a poco a conseguir su emancipación como clase, ¿a qué se debe esto sino a su barbarie, gracias a la cual no habían llegado aún a una esclavitud completa, ni a la antigua esclavitud del trabajo ni a la esclavitud doméstica oriental?
Toda la fuerza y la vitalidad que los germanos aportaron al mundo romano, era barbarie. En efecto, sólo bárbaros eran capaces de rejuvenecer un mundo senil que sufría una civilización moribunda. Y el estadio superior de la barbarie, al cual se elevaron y en el cual vivieron los germanos antes de la emigración de los pueblos, era precisamente el más favorable para ese proceso. Esto lo explica todo.
Notas de la edición
[1] Esta cifra la confirma el siguiente pasaje de Diodoro de Sicilia acerca de los celtas galos: «En la Galia viven numerosos pueblos, desiguales por su fuerza numérica. Los más grandes, son de unos 200.000 individuos y los pequeños de 50.000» («Diodorus Siculos», V, 25). O sea, por término medio, 125.000. Algunos pueblos galos, por efecto de su mayor grado de desarrollo, debieron ser, indudablemente, más numerosos que los germanos. (Nota de Engels.)
[2] Pobres blancos. (N. de Edit. Progreso)
[3] Según el obispo Liutprando de Cremona, en el siglo X y en Verdún, por consiguiente en el santo imperio alemán, el principal ramo de la industria era la fabricación de eunucos que se exportaban con gran provecho a España, para los harenes de los moros. (Nota de Engels)
[4] Categoría social intermedia entre los colonos y los esclavos. (N. de Edit. Progreso)». (Friedrich Engels; El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, 1884)
«¡Cuánto os hemos echado de menos!», les ha dicho Felipe VI de Franco a los descendientes de los sefardíes expulsados en 1492 que han recuperado la nacionalidad española. «Caminemos juntos, porque todos somos ciudadanos españoles, en la construcción de una España cada día mejor».
Y estos ¿por qué no son ciudadanos españoles si vivieron aquí varios siglos?
La exclusión de los moriscos de la nacionalidad española, que sí ha sido otorgada a los judíos sefardíes, es un acto «racista que emana de una política segregacionista», ha lamentado la Asociación de Memoria de los Andalusíes, que agrupa a los descendientes de los moriscos.
La asociación criticó en un comunicado publicado hoy la aprobación del Parlamento español el pasado jueves de una ley que otorga la nacionalidad española a los descendientes de los sefardíes expulsados a finales del siglo XV.
La asociación, que agrupa a los descendientes de los moriscos que viven en Marruecos (también los hay en Túnez y Argelia) deploró que este acto «ignore el crimen cometido por las mismas autoridades españolas contra la población morisca, que fue arrancada masivamente de sus tierras, por decretos reales españoles, parecidos a los que decidieron la expulsión de los sefardíes».
El comunicado valora sin embargo la concesión de nacionalidad a los sefardíes, pero reclama a los gobernantes y los legisladores españoles «que también reconozcan la injusticia que sufrieron los moriscos y que respeten el derecho a la rehabilitación de su memoria histórica».
Por cierto, mucho más reciente: A los saharauis que eran españoles de pleno derecho y que en cuestión de unos dias, de la mano de Juan Carlos de Borbón y Franco, dejaron de serlo ¿no se les va a devolver la nacionalidad?

El relato oficial dice que entre la muerte de Franco en 1975 y el fallido golpe de Estado de Tejero (23 de febrero de 1981), España sería una Arcadia idílica (de apellido Transición), en la que los líderes de la oposición al régimen de Franco y los reformistas del interior pactaron una agenda para preparar al Estado español para su anhelada entrada en Europa así como garantizar la democracia y el progreso generalizado, todo ello bajo la supervisión del rey Juan Carlos I como valedor de la balbuciente democracia. Sin embargo, al cabo de 4 décadas, la crisis económica , la desafección política de la sociedad española motivada por los sangrantes casos de corrupción de la élite político-económica y el creciente descrédito de la institución Monárquica han hecho revisar tales esquemas, incluida la tesis de la supuesta reconciliación nacional propagada por la “mass media” de la época de la Transición , todavía pendiente de su finiquito legal.
La obscenidad de la Banca y los restos del naufragio económico
Según la agencia EFE, la gran Banca española (Santander, BBVA, CaixaBank, Bankia, Popular y Sabadell) obtuvo en el primer trimestre del 2015 un beneficio neto de 4.138 millones € (un 67´5 % % más que en el mismo período del 2014) a pesar del descenso del crédito de más de 500.00 millones desde el 2008, de la disminución de las tasas de rentabilidad del 20% del 2008 al 6´5% actual y de una reducción drástica de los presupuestos para obras sociales, (un 60% menos desde el 2008) mientras según el FROB, cerca de 167.000 afectados por la venta irregular de preferentes de Bankia, NCG Banco o Catalunya Banc no podrán recuperar ni tan siquiera un pequeño porcentaje de su inversión al tiempo que se producirían 100 desahucios diarios ( aumento del 2,1 %) y del parque de viviendas viviendas vacías que podrían destinarse al alquiler social, un mínimo de 600.000 serían propiedad de entidades financieras o del Banco malo según un informe de la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca). De todo ello, se deduce que la Banca se habría convertido en un parásito hematófago (chinche doméstico), organismos chupópteros que no viven permanentemente sobre su hospedador o víctima sino que sólo se acercan a él para alimentarse y tras succionar hasta la última gota de sangre los abandonan exangües y desahuciados.
Por otra parte, según el Consejo Económico y Social, 422.600 hogares vivían gracias a la pensión de los abuelos con ingresos medios de 840 € y que a pesar de su exigüidad, constituía hasta hoy el último salvavidas de los restos del naufragio económico español , pero teniendo en cuenta que se ha establecido por Ley un mínimo incremento de las pensiones de un 0,25 %, el colchón familiar verá reducido su grosor y se elevará el riesgo de pobreza y fractura social. Así, según el último informe de Intermon Oxfam sobre “Crisis, desigualdad y pobreza”,se advierte que de continuar los recortes sociales, la pobreza en España podría llegar a afectar al 40 % de la población en el horizonte de la próxima década (en la actualidad, según dicha ONG, la tasa de pobreza se situaría en el 27% de la población y afectaría ya a 13 millones de personas). Finalmente, añadir que según Cáritas tres millones de personas vivirían ya en situación de «pobreza severa» ( menos de 307 euros al mes) mientras el número de millonarios en España habría aumentado un 13% en el último año según datos de Eurostat, con lo que se estaría agudizando de forma vertiginosa una fractura social de resultados imprevisibles.
La distopía del Estado español
En el plano político, asistimos en el Estado español a un escenario distópico fruto del Tejerazo de 1.981, en el que los líderes políticos confinados en el Congreso fueron “invitados” a aceptar un acuerdo tácito por el que se declaraban intocables el status quo (establishment) asociado al sistema monárquico (Juancarlismo) , al sistema político bipartidista ( implantación de las listas cerradas y de la Ley D´Hont) y a la defensa de la “unidad indisoluble de la nación española”, pasando Navarra desde entonces a ser considerada “cuestión de Estado”. El término distopía fue acuñado a finales del siglo XIX por John Stuart Mill en contraposición al término eutopía o utopía, empleado por Tomas Moro para designar a un lugar o sociedad ideal. Así, distopía sería “ una utopía negativa donde la realidad transcurre en términos antagónicos a los de una sociedad ideal”.Las distopías se ubican en ambientes cerrados o claustrofóbicos enmarcados en sistemas antidemocráticos, donde la élite gobernante se cree investida del derecho a invadir todos los ámbitos de la realidad en sus planos físico y virtual e incluso , en nombre de la sacro-santa seguridad del Estado, a eliminar el principio de inviolabilidad ( habeas corpus) de las personas, síntomas todos ellos de una posterior deriva totalitaria del sistema.
El establishment del Estado español estaría formado por las élites financiera-empresarial,política, militar, jerarquía católica,universitaria y mass media del Estado español que serían los herederos naturales del legado del General Franco y que habrían fagocitado todas las esferas de decisión (según se desprende de la lectura del libro “Oligarquía financiera y poder político en España” escrito por el ex-banquero Manuel Puerto Ducet).
La metástasis de la corrupción afectaría a cargos electos de la mayoría de los partidos políticos que detentan el Poder en cualquiera de los corruptos Reinos de Taifas en que se ha convertido el Estado español (PP, PSOE,CDC, PNV, Coalición Canaria, IU y UPN), convirtiendo la escena política en un inmenso queso taladrado por la corrupción y envuelto en la capa de la inviolabilidad (estatus de aforado) establecido por la doctrina del Tribunal Supremo, devenido en dique de contención de los recursos populares contra la parasitaria y corrupta clase política establecida en cualquier segmento de poder (establishment).
Recordar que el bipartidismo establecido en el acuerdo tácito entre los partidos políticos tras el simulacro de golpe de mano de Tejero (23-F del 1981), tuvo su culminación con la llegada al poder del PSOE y el nombramiento como Presidente del Gobierno de Felipe González ( 1.982), con quien asistimos al finiquito de la idílica e inacabada Transición y al inicio de la deriva totalitaria del sistema, mediante la implementación del llamado “terrorismo de Estado” o “guerra sucia” contra ETA y su entorno, del que serían paradigma los Grupos Armados de Liberación (GAL) y de la Ley Anti-terrorista, primeros pasos de la deriva involucionista hacia el Estado Tardo-franquista. La Ley Anti-terrorista todavía vigente, sería pues un anacronismo propio de la dictadura franquista, un limbo jurídico que habría convertido los sótanos de cuartelillos y comisarías en escenarios distópicos de naturaleza real (no ficitica) y en Guantánamos virtuales refractarios al control de jueces, fiscales y abogados y que facilitarían la labor de los Cuerpos de Seguridad del Estado para obtener evidencias delictivas mediante prácticas inadecuadas (léase tortura), prácticas confirmadas por las declaraciones de Luis Roldán, Director General de la Guardia Civil con Felipe González
El Tardofranquismo
El Tardofranquismo sería hijo del Tejerazo o golpe blando de 1.981 en el que los líderes políticos confinados en el Congreso fueron “invitados” a aceptar un acuerdo tácito por el que se declaraban intocables el establishment asociado al sistema monárquico, al sistema político bipartidista y a la “unidad indisoluble de la nación española” y estaría plasmado en la todavía vigente Constitución de 1.978, Carta Magna que estaría blindada ante cualquier cambio institucional que se pueda producir en el Estado español con lo que se cumpliría una vez más la profecía : “Todo está atado y bien atado”. Y con el actual Gobierno del PP, estaríamos asistiendo a la fase final de la implementación de dicho Estado Tardofranquista, doctrina que bebe de las fuentes del centralismo jacobino francés y del paternalismo de las dictaduras blandas y que estaría refrendado por iniciativas como la aprobación de la nueva Ley de Educación (Lomce);la Ley Antiaborto de Gallardón, la implementación de la censura en Internet tras el cierre decretado por la AN de la web “Ateak Ireki” y la previsible modificación del Código Penal para constriñir hasta su nimiedad los derechos de huelga, reunión y manifestación. Así, no sería descartable la próxima modificación de la actual Ley de Huelga a petición de la CEOE y una nueva y agresiva reforma del Código Penal, en la que se penalizará la resistencia a la autoridad (tanto activa como pasiva) y la convocatoria de concentraciones violentas por cualquier medio de comunicación, (incluido Internet y las redes sociales como Facebook, Twitter), con el objetivo inequívoco de hacer realidad la frase de Fraga en su etapa de Ministro de la Gobernación del régimen franquista (“La calle es mía”) aunado con la adopción en las ciudades gobernadas por el PP como Madrid, de medidas anticívicas calcadas de la Ley franquista de Buen Gobierno (1948) y la posterior implantación en todo el Estado español de un clon de la Ley de Vagos y Maleantes (ley nacida en la II República y adoptada por aclamación por el régimen franquista).
Finalmente, como culminación del paroxismo regresivo, asistiremos a la implementación de la Doctrina Aznar que tendría como ejes principales la culminación de la «derrota institucional de ETA para impedir que el terrorismo encuentre en sus socios políticos el oxígeno que le permita sobrevivir a su derrota operativa» y el mantenimiento de la «unidad indisoluble de España «, lo que se traducirá en el finiquito de la representación institucional lograda por EH Bildu en base al apoyo popular mediante la ilegalización del partido abertzale Sortu (tras la remisión por UPyD a la Fiscalía del TSJPV de una denuncia penal contra el presidente de Sortu, Hasier Arraiz, al que acusa de «justificar y reivindicar la actuación de ETA») y en la prohibición de la celebración del referéndum sobre la independencia en Cataluña, medidas que conllevarán el final de la más larga experiencia seudodemocrática de la historia del Estado española (35 años).
¿Hacia la III República?
Para entender el cambio que se avecina habrá que recurrir a Hermann Hesse, quien en su libro “El lobo estepario” (Der Steppenwolf,1.927), plasma el sentimiento de angustia, desesperanza y desconcierto que se apoderó de la sociedad europea en el período de entreguerras y critica mordazmente la sociedad burguesa (“la decadencia de la civilización”), dictadura invisible que anula los ideales del individuo primigenio y le transforma en un ser acrítico, miedoso y conformista que sedado por el consumismo compulsivo de bienes materiales pasa a engrosar ineludiblemente las filas de una sociedad homogénea, uniforme y fácilmente manipulable. Recordar que la entrada en recesión de las economías europeas ha implementado el estigma de la incertidumbre y la incredulidad en una sociedad inmersa en la cultura del Estado de Bienestar del mundo occidental, derivando posteriormente en un shock traumático al constatarse el vertiginoso tránsito desde niveles de bienestar hasta la cruda realidad de la pérdida del trabajo y posterior desahucio, inmersión en umbrales de pobreza y dependencia en exclusiva de los subsidios sociales, por lo que se antoja inevitable un proceso de catarsis y posterior metanoia colectiva.
El término Metanoia, traducido a la actual coyuntura, sería “transformar la mente para adoptar una nueva forma de pensar, con ideas nuevas, nuevos conocimientos y una actitud enteramente nueva ante la irrupción del nuevo escenario socio-político ”, lo que implicaría la doble connotación de movimiento físico (desandar el camino andado) y psicológico (cambio de mentalidad tras desechar los viejos estereotipos económicos y políticos vigentes en las últimas décadas) y que tendrá como efectos benéficos la liberación de la parte indómita del individuo primigenio ( el lobo estepario) que ha permanecido agazapado en un recodo del corazón, sedado y oprimido por la tiranía de la manipulación consumista de el actual sistema dominante, de filiación neoliberal y monárquica. En consecuencia, asistiremos a la aparición de un nuevo individuo reafirmado en una sólida conciencia crítica y sustentado en valores caídos en desuso como la solidaridad y la indignación colectiva ante la corrupción e injusticia imperantes (de lo que sería paradigma la irrupción en el firmamento político del fenómeno electoral Podemos), generador de un posterior tsunami popular de denuncia del déficit democrático, social y de valores de la actual Casta dominante e instaurador del caos constructivo. Dicha vorágine o caos terminará por diluir el opiáceo inhibidor de la conciencia crítica ( consumismo compulsivo) y provocar la necesaria metanoia en la sociedad, no siendo descartable el retorno a escenarios ya olvidados de frentepopulismo en las próximas elecciones Municipales del 2015 que tras un previo consenso de mínimos dará prioridad en lo social a la revitalización del llamado “Estado social y democrático de Derecho” y en lo político a la reinstauración de la República en el horizonte del 2016.
GERMÁN GORRAIZ LÓPEZ-Analista
El Gobierno venezolano es nuevamente blanco de difamación por medios nacionales y extranjeros por la muerte de Luis Manuel Díaz, un dirigente político de oposición, y cuya responsabilidad se le atribuye – sin presentar pruebas que lo sustenten- al Partido Socialista Unido de Venezuela, a solo dos semanas de que se realicen las elecciones parlamentarias.
El jefe de Estado, Nicolás Maduro, dijo que las primeras versiones de la investigación apuntan a que el crimen fue resultado de un sicariato entre bandas rivales y que la acusación del secretario general del partido de oposición Acción Democrática, Henry Ramos Allup, es falsa y temeraria. «Ellos andan buscando algo. Andan buscando llenar el país de violencia».
Maduro alertó que maneja información de inteligencia sobre planes de desestabilización que prepara la oposición como parte de su campaña electoral para las venideras elecciones del 6 de diciembre.
De acuerdo a cómo sucedieron los hechos y las acusaciones, se trata del escenario más esperado y probable de quienes calculan la violencia política necesaria para forzar el calentamiento de las calles, tal como ha pasado en otras oportunidades (golpe de Estado a Hugo Chávez en 2002, la descarga de la “arrechera” que pidió Henrique Capriles en 2013 y guarimbas de 2014).
telesurtv.net