Compartir

La basura no es sólo un problema terrenal. El hombre ha dejado una sucia huella en el espacio y este 2018 comenzamos a vivir las consecuencias. El polémico regreso de la estación espacial china ‘Tiangong-1’ para mediados de año resulta un llamado de atención sobre este fenómeno también humano.

El ser humano llevó su polución al espacio y los desechos que orbitan más allá de nuestras cabezas podrían regresar, tal como se espera con el primer laboratorio espacial no tripulado que Pekín puso en órbita en 2011: ‘Tiangong-1’.

Desde luego esto no estaba en los planes, como al parecer sucede con las más de 10.000 piezas de basura que circulan alrededor de nuestro planeta, según aseguran los científicos. Esta cifra incluye objetos que ya no son útiles para el hombre como cohetes, satélites artificiales o incluso partículas desprendidas durante las misiones espaciales, como pintura.

Según La Razón, las autoridades chinas confirmaron que el ‘Tiangong-1’ caerá a la Tierra de manera controlada en la primera mitad de este año sin suponer un peligro para la población. En septiembre de 2016 la agencia espacial CNSA de China confirmó que perdieron el control de este laboratorio, poniendo fin a meses de especulaciones.

‘Tiangong-1’ tiene un peso de más de 8.5 toneladas y aunque la mayor parte de su composición desaparecerá al entrar en contacto con la atmósfera, se pronostica que habrá materiales potencialmente peligrosos que sobrevivirán al reingresar a la Tierra.

Sin embargo, el diseñador del aparato citado por La razón asegura que el mismo está siendo constantemente controlado por los científicos, y que los restos del incendio de su entrada a la atmósfera caerán en un área designada en el Océano Pacífico.

A pesar de que el pasado 15 de diciembre  la Estación Espacial Internacional (ISS) recibió entre su suministro de investigaciones científicas un sensor de desechos espaciales, el panorama que orbita sobre nuestras cabezas es desolador.

Este sensor de un metro cuadrado medirá el entorno de residuos orbitales alrededor de ISS durante los próximos dos o tres años, así como proporcionará detección y grabación de impacto de escombros casi en tiempo real.

Los desechos además representan un riesgo para la propia estación y los satélites de cuales tanto dependemos ya que el riesgo de perforación se incrementa con la propulsión. Por ello se espera que los datos proporcionados por el sensor contribuyan a reducir atentados tanto para la vida humana como para las comunicaciones.

En 2014 la ISS tuvo que trasladarse tres meses de su posición habitual para evitar una colisión con los desechos que orbitan a su alrededor. También en los años ‘90 un pequeño trozo de pintura flotante perforó la ventana principal del transbordador espacial Challenger creando un agujero de un milímetro.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here