ESA/Rosetta/MPS for OSIRIS Team MPS/UPD/LAM/IAA/SSO/INTA/UPM/DASP/IDA

El enigma de los chorros que expulsa de manera cíclica el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko ha quedado resuelto gracias a un estudio que ha elaborado un equipo científico internacional.

Las emisiones que ese cuerpo celeste dispara a varios kilómetros se conocen desde que fueron detectadas en 1986 y, a partir de entonces, los astrónomos trataban de entender qué procesos provocan este fenómeno.

En 2014, la sonda Rosetta de la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) aterrizó sobre este cometa de unos cuatro kilómetros de diámetro y estudió durante cerca de dos años sus eyecciones diarias de polvo y gas.

Este dispositivo captó más de 70.000 imágenes y descubrió que esa actividad matutina se debe a que los rayos del Sol provocan la evaporación del hielo que se forma sobre su superficie por la noche.

Los chorros de gas y polvo que se observan “son muy estables: aparecen cada mañana en los mismos lugares y con la misma forma”, explica Xian Shi, investigador del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar (Alemania).

Gracias a unas simulaciones computerizadas, la investigación liderada por ese organismo alemán ha revelado que el proceso del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko se debe a su topografía áspera.

Si tuviera una forma más regular, las emisiones se distribuirían de manera más homogénea pero, en su caso, el hielo se evapora con rapidez en las zonas bien iluminadas y de manera más lenta de las áreas en sombra o con menos altitud: de hecho, sus huecos y estructuras cóncavas concentran las eyecciones.

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