La moción de censura, y la posterior formación del gobierno de Pedro Sánchez, lejos de lo que se ha publicado, no parece responder a una apresurada decisión del PSOE como ágil respuesta a la sentencia de la Gürtel. Esta sería una interpretación demasiado simple de lo que, por todos los síntomas, parece una elaborada operación para sacar a Mariano Rajoy de La Moncloa.

Veamos el desarrollo temporal de unos hechos claramente concatenados: 23 de mayo se aprueban los Presupuestos Generales del Estado (PP+Cs+PNV+CC+NC+UPN+FA), 176 votos. 24 de mayo, se publica la sentencia del caso Gürtel (Parte I) con fuertes penas, y con condena al PP a título lucrativo por un importe de 245.000 euros. 25 de mayo, el PSOE presenta su moción de censura contra Rajoy. 1 de junio, triunfa, la moción de censura en el Parlamento, y Pedro Sánchez es elegido Presidente del Gobierno (UP+ERC+PNV+PDeCAT+Compromís+Bildu+NC), 180 votos. 15 de junioM. Rajoy renuncia a su escaño, también a su condición de ex-jefe del Ejecutivo (sueldo), y no acepta su puesto en el Consejo de Estado (aquí algo suena a un dejá vu de Adolfo Suárez, que en ese caso fue dimisión, 1981. La que se le solicitaba a Rajoy durante la tramitación de la moción de censura).

El gobierno que forma Pedro Sánchez es presentado por la armada mediática como una profunda innovación en la política española, destacando tanto su composición de género, como determinados fichajes sorprendentes, y algunas declaraciones que aparentan un distanciamiento de las políticas más impopulares del PP. Queda claro que existe un compromiso fáctico coordinado de arropar al recién estrenado gobierno, para ayudarle a ganar credibilidad, y que la mayoría social llegue a creer que algo ha cambiado en la política española, orientado especialmente a aquellos sectores que en los últimos tiempos han adquirido un mayor protagonismo en los emergentes procesos de movilización social.

No se ha prestado mucha atención a la retirada monástica de Rajoy. Eso huele también a un pacto en la trastienda. Con lo peligrosa que está la situación del PP en los diferentes procesos judiciales que están abiertos y todavía pendientes de sentencia, y que se están utilizando como arma arrojadiza, aquí tiene que haber un acuerdo de una retirada haciendo mutis por el foro a cambio de impunidad en las futuras sentencias contra el PP. También puede explicar aquella extraña estancia de ocho horas en un restaurante mientras se debatía la moción de censura.

Ahora bien, ¿quién puede hacer ese pacto? Evidentemente poderosas fuerzas económicas, interesadas en el desalojo del gobierno del PP, tan poderosas como para tener capacidad de condicionar la misma actuación de los jueces. ¿También la monarquía? Es una posibilidad que no hay que descartar.

Visto así, el relevo en el gobierno responde a una necesidad objetiva del capitalismo español, que ha sido pactada en altas instancias (eso también explica la rapidez con que el nuevo Presidente ha podido formar un gobierno con tanto personaje), y donde la monarquía habría jugado un papel decisivo para conseguir cuadrar en menos de un mes un relevo de esta envergadura, consiguiendo llevar a Rajoy a dique seco y al PP a una resignada aceptación de la nueva situación.

El PCPE lleva unos años analizando la profunda crisis del capitalismo español, de sus estructuras de dominación y legitimación, y de la misma institución monárquica. Crisis de la superestructura que evidencia el agotamiento del ciclo histórico abierto con la Constitución del 78, y que plantea la necesaria renovación urgente del aparato de dominación, de sus instrumentos. Ya anteriormente Podemos y Ciudadanos surgieron como nuevas fuerzas de refresco del sistema, pero pareciera que ello no ha sido suficiente, y se recurre a un órdago como el actual, que camina más en el sentido del refuerzo del bipartidismo, asimilando a las nuevas formaciones políticas dentro de los partidos del bipartidismo de los últimos cuarenta años.

Un potente sector del capitalismo español ha elaborado y apoyado esta estrategia, no hay duda. Se han concertado numerosos medios para ello, y han logrado su objetivo. Un primer concierto de determinadas fuerzas burguesas hizo posible la aprobación de los PGE, cuestión fundamental para la estabilidad del sistema. El aparato judicial presta su colaboración publicando la sentencia de Gürtel justo al día siguiente, para crear el escenario propicio a la moción de censura. El PSOE estaba en el juego desde el principio, y se lanza de forma inmediata a la presentación de la moción de censura. En el PP hay una reducida resistencia inicial, y finalmente acepta que ha perdido los apoyos (económicos) necesarios para mantenerse en el gobierno. M. Rajoy, el gallego socarrón, sabe que en esta ocasión no tiene posibilidad alguna, y acepta su total retirada de la escena política, a cambio consigue la impunidad, es lo único que le ha quedado

¿Qué papel le toca al gobierno Sánchez? Un nuevo ciclo de gobierno socialdemócrata, que mañana pueda fagocitar a Podemos, y que enfrente los grandes problemas del sistema con una mayor capacidad táctica que el PP, ofreciendo al capitalismo español al menos unos años de mayor estabilidad, apaciguando el conflicto social que está recuperando fuerzas. Mientras tanto el bloque oligárquico prepara su estrategia a medio plazo, fuertemente condicionado por las apremiantes urgencias que plantea la crisis total de la formación capitalista, española e internacional.

El PCPE ha de jugar su papel de vanguardia luchando por liderar el bloque de las fuerzas obreras y populares, planteando un nuevo proyecto histórico para España, con la propuesta de República Socialista de carácter Confederal. El Frente Obrero y Popular por el Socialismo ha de ser la expresión práctica de la política de alianzas que se ha de articular en el fragor del combate de la lucha de masas, con una militancia comunista que trabaje día y noche por hacer de la más pequeña de las contradicciones un foco de lucha que desarrolle la conciencia revolucionaria de las masas. Organizar Comités para la Unidad Obrera en todos los sectores de producción para facilitar la unidad de la clase, y organizar centenares de Comités Populares por todo el territorio del Estado como proceso para la unidad y la confluencia en una gran estructura estatal de masas, que cambie la correlación de fuerzas y que lleve a la clase obrera y a los sectores populares a desarrollar la capacidad de disputarle el poder a la clase dominante hoy en España.

Esa es hoy nuestra tarea principal.

 

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