Gustavo López: La centralidad de la clase obrera

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El modo de producción capitalista se funda en la apropiación privada del trabajo social.

El propietario de los medios de producción compra a los obreros su fuerza de trabajo (lo único que poseen), se apropia así del producto del trabajo, del valor de lo producido.

La fuerza de trabajo crea un valor mayor que el necesario para su reproducción, lo que los obreros producen por encima del valor de su fuerza de trabajo va a parar a manos de los capitalistas , esto es lo que el marxismo denomina plusvalía.

El desarrollo de la producción capitalista encuentra en la competencia una de sus fuerzas propulsoras.

Las leyes de la competencia determinan que la totalidad de la plusvalía apropiada por los burgueses no se reparta de modo equitativo entre todos los capitalistas. Las empresas que tienen las máquinas y la tecnología más productiva consiguen producir a menor costo obteniendo mayores ganancias, en consecuencia estas empresas aumentan constantemente la productividad del trabajo social.

La gran empresa es por regla general la más productiva y en su desarrollo envía a la ruina o absorbe a un conjunto de pequeñas empresas.

La propia evolución del capitalismo conduce a contradicciones cada vez mayores. El desarrollo de las fuerzas productivas permiten una multiplicación casi ilimitada de mercancías que podrían satisfacer las necesidades humanas, pero puestas en el mercado se enfrentan a la capacidad limitada de compra de las masas, y se suceden nuevas crisis económicas que empujan a millones de trabajadores en el mundo al desempleo.

Esta contradicción se hace aún más aguda porque a consecuencia de la libre competencia se cercena la propia competencia y se crean grandes monopolios que controlan la producción mundial en las áreas estratégicas.

De este modo se condena a la masa de productores (los trabajadores) a la pobreza y la existencia incierta al tiempo que los capitalistas acrecientan su condición de parásitos sociales.

Esta situación solo puede ser objetivamente superada cuando los trabajadores vuelvan a ser dueños de los medios de producción y se sirvan de ellos para satisfacer sus necesidades ya no desde el punto de vista individual sino colectivamente. Entonces podrán ser liberadas las fuerzas productivas, cuanto más poderosamente se desarrollen más pronto se cubrirán las necesidades sociales y menor será el tiempo de trabajo empleado para ese fin por los trabajadores.

La socialización de los medios de producción, en definitiva, la producción socialista resuelve las contradicciones inherentes a el capitalismo.

Es decir, el propio capitalismo revela el fin a que conduce, profundiza las contradicciones hasta un grado que hace insostenible el sistema y se evidencia la necesidad de su sustitución por el modo de producción socialista.

Este proceso de sustitución de un modo de producción por otro no es un proceso mecánico sino que tiene lugar a partir de la revolución social.

Todas las relaciones de producción son relaciones humanas.

La superación de estas relaciones es obra de los hombres y mujeres conscientes de sus intereses y de la lucha irreconciliable contra sus enemigos.

Los intereses de la clase obrera se enfrentan de modo antagónico a los intereses de las clases poseedoras, en la lucha de clases.

La Lucha de clases puede empezar con enfrentamientos aislados pero progresivamente en la medida que se comprende el carácter de clase de los intereses en pugna, los trabajadores se unen y crean organizaciones propias.

En el marco de estas luchas los trabajadores pasan de “clase en sí” a “clase para sí” es decir en clase portadora de un proyecto histórico y social propio.

Por tanto el socialismo no llegara por la comprensión de parte de todos los hombres razonables del hecho que es mejor que el capitalismo y resuelve sus atrocidades.

El socialismo es la consecuencia de una victoria necesaria de la clase obrera en la lucha de clases, es decir, nace de la apropia lucha de clases.

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Para emprender la tarea histórica de sepultar al capitalismo, la clase obrera necesita comprender cabalmente su función social y objetivar en la realidad su poder.

¿En que se sustenta el poder de la clase obrera?

En primer lugar en su número, los trabajadores constituyen la inmensa mayoría de la población del planeta aunque dependan circunstancialmente de una minoría para sobrevivir.

En segundo lugar, al número hay que agregarle la importancia económica, por su papel insustituible en la producción social.

Pero el número y su importancia económica no dan en sí mismo poder a una clase si esta no es consciente de lo uno ni de lo otro, cuando no puede identificar su situación particular, cuando soporta la dominación de sus opresores y la considera natural. Por esta razón debe tener además conocimiento y conciencia.

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La clase obrera dispone en su combate con una ciencia de la sociedad, que le permite comprender la causa de su miseria y la finalidad de su lucha.

Esta ciencia, el Marxismo, es decir, el socialismo hecho ciencia, le da rumbo y certidumbre al accionar organizado de los trabajadores.

La teoría socialista constituye uno de los elementos más destacados del poder la clase obrera.

Al número, la importancia económica, y la conciencia, hay que sumarle un factor decisivo, la organización, el partido.

Lo que transforma un conjunto numeroso de personas en una organización es la claridad de sus objetivos y la disciplina.

La disciplina consciente, la subordinación del interés individual al interés colectivo, la necesidad de unificar las fuerzas dispersas de la clase en un solo puño constituye la fuerza mayor de la organización proletaria.

Si bien la propia naturaleza del capitalismo y su evolución generan las condiciones para su superación, las clases dominantes no se suicidan y resisten violentamente en defensa de sus privilegios. A una fuerza material se le debe enfrentar otra fuerza material, solo destruyendo definitivamente el aparato burocrático militar de la burguesía y su Estado se podrá asentar los cimientos de la sociedad nueva.

En tal sentido, la violencia opera como “la partera de la historia”.

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La clase obrera y sus organizaciones no se comportan como un todo homogéneo, por el contrario, conviven en su seno múltiples contradicciones y diversas tendencias que forman parte de la lucha ideológica.

Las divergencias tácticas y metodológicas son con frecuencia expresiones de las distintas corrientes ideológicas que gravitan en las organizaciones obreras.

Es a partir de la propia experiencia, es decir, en la lucha donde los trabajadores se apropian de las concepciones correctas enfrentándose a los puntos de vista de la burguesía y de las demás corrientes que operan como agentes de la misma en el movimiento obrero.

Una correcta articulación dialéctica entre teoría y práctica posibilita armar a los trabajadores con la fuerza indestructible del marxismo.

Así, el campo de batalla de la lucha de clases es al mismo tiempo la escuela de aprendizaje y el terreno del ejercicio.

Desde el propio nacimiento del movimiento obrero como colectivo organizado y particularmente a partir de la segunda mitad el siglo diecinueve tiene lugar una lucha encarnizada entre el marxismo y las corrientes anarquistas, reformistas, y revisionistas.

El alemán Bernstein se convirtió en el exponente más conspicuo de la corriente revisionista al reclamar la revisión del programa del socialismo.

Esta lucha no se limitó a Alemania por el contrario, recorrió el mundo en el enfrentamiento entre marxismo y revisionismo, que se expresó en ese momento en la definición de un ala revolucionaria en la ii internacional, y un ala oportunista que pasó en gran parte a la traición abierta durante la Primera Guerra Mundial.

El revisionismo clásico socaba las bases revolucionarias del marxismo, niega los objetivos de la clase obrera y los sustituye por un movimiento incierto que busca mejores parciales dentro del sistema capitalista, niega la revolución social y política como el camino de liberación de la clase obrera, y busca poner a la misma detrás de reformas que apelan a las dádivas de las clases dominantes.

En nuestro país el principal exponente de estas ideas fue Emilio Frugoni, dirigente del Partido Socialista y representante del ala revisionista que existió en este Partido en sus inicios, su amplia labor marcada por plantear el eje principal de la lucha en el parlamento y el respeto a las instituciones burguesas, sumado al desprecio por las formaciones revolucionarias, nos muestran las características de esta corriente.

Otro ejemplo de las corrientes que nombrábamos es el anarquismo. Del mismo modo que el revisionismo es un enquiste burgués en el movimiento obrero. Unen una visión burguesa del mundo a “sentimientos” proletarios. El anarquismo es una ideología pequeño burguesa que en su fundamento teórico es una continuación de lógicas individualistas y subjetivistas propias de esta clase.

El autonomismo y otras corrientes intentan reflotar estas ideas ya derrotadas en el siglo pasado. Sin duda el anarquismo jugó un papel positivo en los inicios del movimiento obrero en nuestro país, pero muy tempranamente mostró sus límites. Los dogmas del anarquismo llevaron a principios del siglo diecinueve prácticas que dañaron la incipiente organizaciones obreras, prácticas como el caudillismo, las constantes abuso de decisiones de ir a “huelgas generales” resueltas por un núcleo selecto de dirigentes a espalda de los trabajadores, el antipolitiscismo que rebajaba el papel de la conciencia en el movimiento obrero y se oponía a las conquistas provenientes de las leyes del Estado Burgués, entre otras.

Capítulo aparte merece lo que podemos denominar como oportunismo o revisionismo contemporáneo que surge desde el propio seno de los Partidos Comunistas en el siglo veinte y cuya naturaleza de clase es preciso comprender para ubicarlo correctamente.

Esta corriente con importante peso en el movimiento obrero, el que hereda y centra sus esfuerzos en conservar, representa el principal obstáculo para la elevación de los grados de conciencia y movilización de la clase obrera. La misma no representa a un sector de los trabajadores que están en posiciones equivocada, sino que representa a la burguesía en el movimiento obrero, esta tendencia es un garante para esta clase social.

Marx explica la naturaleza del capitalismo como un desarrollo contradictorio que produce sin cesar nuevas contra dicciones.

El capitalismo no puede existir sino a condición de desarrollar nuevas fuerzas productivas, se extiende cada vez más y de este modo se vuelve paradójicamente cada vez más frágil. Su ley vital es al mismo tiempo la causa de su muerte.

Cada vez que se desarrolla producto de una coyuntura económica, se hunde poco después a consecuencia de una nueva crisis que exhibe su propia contradicción.

El capitalismo produce por sí mismo la fuerza que lo abatirá definitivamente, el movimiento obrero y su organización.

Comprender esto es de cardinal importancia para enfrentar las corrientes que supones que el capitalismo es simplemente una perversidad que puede ser superado a partir de una batalla “moral” o de una sucesión de reformas graduales que le devuelvan bienestar y felicidad a los opri-

midos, esto es una fantasía que solo resulta funcional a los intereses de los explotadores.

Del mismo modo es necesario enfrentar a quienes creen que el capitalismo puede ser derrotado a partir de la acción valiente de un grupo de esclarecidos y corajudos que emprendan la tarea que el marxismo le tiene reservada a la clase obrera organizada social y políticamente.

No es una potencia externa que atacara y derrotara al capitalismo sino que es una fuerza que vive en su interior y recibe de él toda su fuerza.

La lucha contra el capitalismo no es en absoluto artificial sino que durara tanto como el propio capitalismo, nuestra lucha consiste en un trabajo diario, paciente y decidido, un trabajo en el cual luchamos por mejoras concretas pero esta lucha solo tiene sentido si es parte de un todo, y el todo para nosotros es la revolución y el mundo de los trabajadores.

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Los sindicatos constituyen la forma natural y primaria de la organización de los trabajadores.

Esta forma se deriva de la función económica del proletariado como vendedor de su fuerza de trabajo, el interés inmediato de los trabajadores consiste en obtener mejores condiciones para vender su fuerza laboral, la lucha contra el patrón por mejores condiciones de trabajo y vida es la primera forma casi instintiva de la lucha de clases.

La mercancía fuerza de trabajo es pagada por debajo de su valor, el comprador abusa de la debilidad del vendedor y así lo estafa.

Cuanto más débil sea la organización de los trabajadores más duras serán las condiciones impuestas por el capital.

Los sindicatos no son propiamente organizaciones revolucionarias en sí mismo en tanto no se proponen el derrocamiento del sistema. Pero es en la lucha sindical donde los trabajadores elevan su conciencia y su capacidad de comprender que solo la superación del capitalismo podrá ofrecer resolución definitiva a sus problemas cardinales.

Que un sindicato contribuya a elevar la conciencia de sus afiliados, que se proponga objetivos superiores que se eduque en la ciencia del marxismo a sus miembros, o por

el contrario que contribuya a la domesticación de los trabajadores, a la paz social con los burgueses y a la resignación reformista, depende en gran medida del carácter de su dirección.

Disputar la dirección de los sindicatos cada vez que esto sea posible es una obligación de los revolucionarios en el movimiento obrero.

También en el seno de los sindicatos operan corrientes burguesas y todas las tendencias del oportunismo contra las que estamos en lucha irreconciliable.

La militancia sindical aporta a los trabajadores un primer eslabón de conciencia, una escuela de lucha. La propia adhesión a la herramienta sindical es prueba de la aparición incipiente de la conciencia de clase.

Si bien la lucha sindical ayuda a la comprensión de la naturaleza explotadora del capitalismo, esa comprensión es aún insuficiente puesto que en la acción sindical el trabajador solo ve al empresario o a las patronales pero no a toda la clase burguesa ni al Estado como garante de los intereses de las clases poseedoras.

El obrero en lucha debe conocer también la realidad más general, adquirir una comprensión política.

Entender que detrás de los patrones y de él mismo hay clases enteras que luchan entre sí por el poder político.

Solo cuando la clase obrera ataca al capital en su conjunto puede vencer definitivamente a los capitalistas.

Solo la lucha política nos permite la comprensión general de los fenómenos sociales y un juicio correcto acerca de la táctica general de la lucha en cada momento histórico.

La práctica de la organización sindical y la lucha cotidiana enseña a los trabajadores a subordinar su interés inmediato y personal al interés general de la clase, a sacrificar su ventaja personal por la victoria del colectivo.

Cada huelga ganada, cada reivindicación obtenida por la acción común y unitaria o cada derrota sufrida educan y nos pone frente a frente con la realidad que debemos transformar.

Solo presentándose los trabajadores a la lucha como una masa coherente e indivisible podrá derrotar al poderoso Estado de clase.

No siendo en sí mismos organismos revolucionarios, los sindicatos tienen enorme importancia revolucionaria.

El marxismo ve las condiciones para la transformación revolucionaria de la realidad en las luchas cotidianas y en la organización de la clase obrera cuya función histórica sigue siendo la de convertirse en sepulturera del capitalismo.

Las masas entran en combate por sus intereses inmediatos, con conciencia, disciplina y energía aprendidas en combates anteriores. El sindicato es su organización natural pero el partido es su organización superior para el combate por el poder político.

Decía Lenin, “salvo el poder todo es ilusión”

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Artículo de Gustavo López en CRITICA – Revista teórica del Partido Comunista Marxista-Leninista de Uruguay [Año1 – Nro1 – Marzo 2021]
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Fuente: pcmlu.uy
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1 COMENTARIO

  1. (La centralidad de la clase obrera).
    Los sindicatos, si son revolucionarios, y nacieron como tales. Los sindicatos son los trabajadores organizados.
    Han sido el motor de todas las revoluciones sociales, en su persecución por dejar de ser esclavos.
    Ellos, los sindicalistas revolucionarios que crearon la Internacional, decian que la sociedad no necesitaban ni al estado, ni a los patronos, ni a la burguesía para organizar la producción y distrubución de las materias necesarias. Para autogobernarse.
    Ya en el primer congreso y en su carta fundacional, la Internacional deja muy clara la separación de clases y recalca que la emancipación de los trabajadores la harán ellos mismos o no se hará. Por si no quedase claro, luego los Sindicatos que se mantuviron seguidores a la I Internacional, en el famoso Congreso de Amiens decidieron que los sindicatos eran independientes de los partidos politicos.

    Los sindicalistas tienen otra concepción de como organizarse en sociedad, y por ahora, la del; Estado, Capital, Burguesía y sus partidos politicos, vemos que deja mucho que desear con respecto a lo que prometia su flamante sistema.

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