Del uso del agua y otras historias

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Los domingos dan para mucho. Son los días en los que los politicastros se quitan la corbata para aparentar cercanía con el populacho. Pero con corbata o sin ella, las tonterías son las mismas.

 

Ayer tanto en Francia como en Alemania se utilizaron los mismos discursos: se avecinan conflictos sociales. Por culpa de Putin, naturalmente. Y para ello, hay que preparar el terreno.

En Francia, el ministro de Economía y Finanzas, ese que cuando se aprobaron las sanciones a Rusia dijo que se iba a librar “una guerra económica y financiera total contra Rusia con la que vamos a provocar su colapso”, dijo ayer que “hay que prepararse para un corte total del gas ruso” y que están viendo qué empresas tienen que reducir su consumo y cuáles no, al tiempo que la población “debe ir tomando conciencia de que el invierno puede ser duro”. Solo le faltó decir que hay que arrimar el hombro para salvar a los títeres que gobiernan que, ya se sabe, lo hacen todo por nuestro bien.

En Alemania, tres cuartos de lo mismo. Hoy Gazprom ha cortado el suministro de gas por el único gasoducto disponible, el Corriente del Norte 1 (el 2 es el que está cerrado por las presiones de EEUU), formalmente por cuestiones de mantenimiento. En la práctica, aún no ha llegado la turbina que retenía Canadá. En consecuencia, ayer el “verde” ministro de Economía y Clima dijo que puede haber “disturbios sociales”, sobre todo en la antigua Alemania del Este. En este territorio nada menos que el 79% de la población se opone a la política antirrusa (un porcentaje que se reduce al 44% en el oeste alemán).

Y es lógico. La presión inflacionaria cada vez es mayor sobre la población de clase trabajadora. Pero los “verdes” tienen la solución: menos duchas y con agua fría. Y ya hay cortes de gas, por lo que el agua caliente solo puede usarse de 4 de la madrugada a 8 de la mañana, de 11 de la mañana a 1 de la tarde, y de 5 a 9 de la tarde. Es decir, un racionamiento de 14 horas diarias. Esto es lo que se lee por ahí: “Muchos inquilinos en Alemania están recibiendo cartas desagradables estos días. A medida que los precios de la energía aumentan drásticamente, los propietarios y las empresas de administración de propiedades aumentan la tarifa plana mensual para los costos de calefacción. Una empresa inmobiliaria de Berlín anuncia un aumento del 100 % en los precios de la calefacción para apartamentos calentados con gas o petróleo. (…) GdW, una asociación que representa a 3.000 empresas de vivienda, ha calculado que cada hogar tendría que presupuestar hasta 3.800 euros más para energía el próximo año”.

Me imagino a la condesa de la UE duchándose a esas horas, como cualquier ciudadana. Democracia en estado puro. Todos por igual.

Pero no solo es el agua lo que se raciona. Además de la ducha con agua fría, fuera de esas horas, se pide a los ayuntamientos que apaguen los semáforos por la noche, que no se iluminen los edificios históricos y los monumentos, que no se pongan los aparatos de aire acondicionado o se rebaje sustancialmente su temperatura.

Me imagino a la condesa de la UE “trabajando” sin aire acondicionado.

La cosa es que Alemania ya está en el “segundo nivel de alerta” por todo ello. Técnicamente eso significa que todo lo anterior son recomendaciones, pero no órdenes. Estas órdenes solo se pueden dar en el tercer nivel de alerta.

Como es lógico, las empresas inmobiliarias no están esperando y ya aplican las recomendaciones a sus inquilinos.

Pero eso no es todo. Esta semana ha habido movilizaciones y protestas campesinas en Países Bajos, Alemania, Polonia e Italia. Han sido la avanzadilla de lo que va a venir.

En los Países Bajos, ese país “tranquilo y próspero”, se han bloqueado carreteras, centros comerciales y supermercados. La Oficina Central de Comercio de Alimentos dijo que eso era inaceptable y pidió al gobierno “una intervención inmediata”. Dicho y hecho. El gobierno dijo que las protestas tenían que moderarse, actuar en el marco de la legalidad y bla, bla, bla. Pero no. Pronto se acabó la verborrea “democrática” y se mandó a los mamporreros policiales, que llegaron a disparar contra los manifestantes. Como es habitual, el discurso es el de siempre: defensa propia porque se había arremetido con tractores contra los coches de policía. Que todo fuese cubierto por vídeos, y que en ninguno apareciese ese ataque con tractores es lo de menos. La policía no miente, faltaría más. Es cierto que apareció un tanque por ahí, literalmente, pero nada más. Un país “líder en términos de productividad y exportación de productos agrícolas” no puede protestar así, y menos dar esa imagen.

El seguidismo a los plutócratas de Bruselas y las sanciones contra Rusia es ya un todo. El boomerang ha vuelto y les está golpeando en la cabeza. Los Países Bajos no dependen del gas ruso como Alemania y, en menor medida, Francia, pero sí dependen de los fertilizantes. Y esa es la razón de la protesta de los campesinos. Esta es la misma razón que dieron los campesinos en Italia en sus movilizaciones.

El seguidismo irracional del zombi europeo a EEUU está destrozando lo poco que queda de Europa. Pero frente a esos calentones reivindicativos, una ducha de agua fría viene bien para rebajar los ánimos. No me sorprendería que esta fuese otro de los grandes hallazgos de quienes, dicen, tienen “intereses, seguridad y valores” muy sólidos. Y con la música de la orquesta tocando mientras el barco se hunde.

El Lince

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