Ni pan ni circo: la lucha por la indexación salarial continúa

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La Gaceta Ofi cial Nº 6746 pasará a la historia como el acta de defunción del salario mínimo en Venezuela. En su lugar, el Gobierno de Nicolás Maduro ha entronizado un nuevo eufemismo: el «ingreso mínimo vital», un fetiche fabricado con paja y bonos al que la cúpula del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y los sindicaleros alineados a sus designios le atribuyen poderes sobrenaturales: por ejemplo, la capacidad de conjurar la miseria en la que han sumido al país mientras un puñado de mafiosos con disfraces baratos de patriotas se ha enriquecido.

 

Pero hay otros que también le rinden culto a este nuevo fetiche: se trata de los empresarios agrupados en Fedecámaras, los principales acólitos de la religión del «aumento cero». ¡Y cómo no! Si los patronos ya no tienen que preocuparse por las vacaciones, los aguinaldos y mucho menos por las migajas que al final de la relación laboral otorgaban a los trabajadores, pues al matar el salario el Gobierno le ha dado la extremaunción también a las prestaciones sociales.

Semana tras semana oíamos a los voceros del gremio patronal dibujar su paraíso en la tierra; lo llamaban «salario de emergencia», es decir, un salario que no fuera realmente salario, sino un pago sin ningún tipo de incidencia contractual. Y el Primero de Mayo el Gobierno de Maduro no sólo ha dicho amén a la súplica de los enemigos históricos del pueblo trabajador, sino que ha camuflado su bendición con una retórica de falsa indexación que ridiculiza otro clamor para el que no tiene oídos: el de los millones de trabajadores y trabajadoras que han padecido durante los últimos cinco años la sistemática destrucción de sus ingresos y sus derechos laborales.

El presidente cultiva el oficio de mentir con esmero: a estas alturas es capaz de presentar sin inmutarse el robo del patrimonio de la clase trabajadora como un acto revolucionario. Así como presentó la farsa del supuesto anclaje del salario al petro en 2018 y de nuevo en 2019, y como ofreció en 2022 un bono de 10.000 bolívares a los jubilados que hasta el sol de hoy no se ha pagado. ¿Mentiras piadosas o descaro exacerbado?

Los trabajadores venezolanos, que ya no tienen para el pan, se han hartado de este circo en el que sólo aplauden los verdugos del pueblo y sus secuaces. Nicolás Maduro ha claudicado, pero insiste con cinismo en representar el papel de adalid de las luchas populares. Sin embargo, el número de «presidente obrero» ya no convence.

Afuera de la carpa del espectáculo gubernamental, en las calles y centros de trabajo, siguen los combates de clase, y allí se mantendrá consecuentemente el Partido Comunista de Venezuela (PCV). La lucha por un salario indexado a la canasta básica continúa y el pueblo trabajador organizado tendrá la última palabra.

Tribun Popular N° 3.038, Mayo de 2023.

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