La analista militar Jennifer Kavana, del centro Defense Priorities, asegura que fuera de los conflictos activos, el efecto de las señales de disuasión se vuelve apagado. En entrevista con Fiódor Lukiánov, director de investigación del club Valdái, para el canal Rossiya-24, explica que el exceso de información y las acciones híbridas dificultan que los mensajes se perciban con claridad. Esto, advierte, aumenta el riesgo de escalada.
En las últimas dos semanas, Rusia lanzó dos señales a sus adversarios occidentales: las pruebas del cohete Sarmat y los ejercicios nucleares con Bielorrusia. Ambos movimientos recordaron que sus medios de disuasión nuclear están listos. Sin embargo, las condiciones actuales son muy distintas a las de la Guerra Fría, y Kavana analiza cómo ha cambiado la eficacia de estas señales.
Señales eficaces solo dentro del conflicto
Kavana cree que enviar señales todavía tiene sentido, aunque con matices. Dentro de un conflicto activo, la señalización funciona. «Hemos visto tanto en el conflicto ucraniano como en la situación con Irán que ambas partes han logrado marcar líneas rojas», afirma la analista. Las señales nucleares rusas del otoño de 2022 influyeron en la ayuda militar de la Administración Biden a Ucrania, y los misiles iraníes contra Diego García limitaron la reacción europea y la campaña militar de Estados Unidos. Según Kavana, esto ayudó a que Trump aceptara un alto el fuego que aún se mantiene.

Fuera de un conflicto activo, la situación es muy distinta. «El efecto se vuelve más apagado», explica. No es inútil, admite, pero resulta mucho más difícil.
El problema del ruido informativo
El principal cambio respecto al pasado es el volumen de información disponible. Las redes sociales, las imágenes satelitales y la inteligencia de fuentes abiertas hacen que la actividad militar sea cada vez más transparente. «Es mucho más difícil que una señal logre abrirse paso a través del ruido», señala Kavana. Además, la abundancia de información hace que el ‘bluff’ sea más arriesgado. Los países pueden observar la base industrial de sus rivales.
Kavana pone el ejemplo de Estados Unidos en Asia. «No son efectivas porque todos saben que las reservas estadounidenses están agotadas y que los militares estadounidenses no podrían luchar contra China, aunque quisieran», afirma. Por muchos ejercicios militares que realice Washington, eso no envía una señal clara. Según la analista, es «evidente para todos» que EE.UU. no podría librar ahora una guerra contra China debido a su débil base industrial de defensa y sus reservas limitadas.
Acciones híbridas y riesgo de escalada
Aunque la niebla de la guerra y la propaganda siempre han existido, Kavana sostiene que un papel clave lo juega la propagación de las acciones híbridas. Hay actividad desde todos los lados: de Europa a Rusia, de Rusia a Europa y de Estados Unidos a todos los bandos. «Esto significa que es mucho más difícil enviar una señal, porque el nivel de actividad militar ya es de por sí muy alto», explica.
Cuando hay tantas acciones híbridas, la atmósfera empuja a los Estados a subir en la escalera de la escalada. Se ven obligados a recurrir a acciones cada vez más enérgicas para marcar cualquier línea roja. «Las señales concebidas como defensivas pueden ser malinterpretadas como ofensivas», advierte Kavana. En lugar del efecto disuasorio deseado, se obtiene una espiral de escalada diferente. La analista cree que esto es exactamente lo que ocurre ahora en Europa.
Rusia como amenaza ofensiva
Según Kavana, todo lo que hace Rusia se interpreta como una amenaza ofensiva, no como una señal defensiva. En parte, admite, esto es intencionado, porque «los líderes europeos tienen un incentivo para inflar la amenaza rusa, con el fin de justificar el gasto en defensa». Esta actitud reduce aún más el efecto de cualquier señal, porque se produce una lectura deliberadamente distorsionada. «Se ha vuelto mucho más complicado enviar una señal precisa y estar seguro de que ha sido interpretada como usted pretendía, precisamente por aquellos a quienes iba dirigida», concluye.
La escasa reacción occidental a los últimos movimientos de Rusia
Occidente prefirió actuar como si no hubiera notado las recientes señales rusas. «Creo que, en parte, es intencionado, especialmente en EE.UU.: allí deliberadamente no quieren reaccionar demasiado bruscamente a este tipo de cosas», explica Kavana. El motivo, añade, es que sigue existiendo el deseo de construir relaciones más estables con Rusia. Además, existe la sensación de que estos movimientos de Moscú envían señales más a Europa que a Estados Unidos. Si Washington adopta una postura moderada, confía en que los europeos tampoco reaccionen con brusquedad.
Por último, el factor tiempo también influye. «Ahora mismo están ocurriendo tantas cosas en Oriente Medio, además de la visita de Trump a China», recuerda Kavana. Los acontecimientos han «acallado» la atención geopolítica real sobre lo que sucede en Europa y Rusia. Ese es otro factor que, según la analista, ha limitado la reacción.


