Ecuador: barbarie oligárquica

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Ciudad de México. Editorial del diario La Jornada

El asalto a la embajada de México en Quito ordenado por el presidente Daniel Noboa constituye una violación inadmisible a la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, cuyo artículo 22 (obligatorio para todos los países firmantes, como Ecuador) señala que las sedes de la misión diplomática son inviolables y ningún agente del Estado receptor podrá penetrar en ellas sin consentimiento del jefe de la legación. Al ultraje contra la soberanía mexicana se suma la agresión perpetrada contra Roberto Canseco, jefe de Cancillería de la misión, quien fue golpeado cuando trataba de impedir que los policías entraran a la embajada y a quien se mantuvo incomunicado de manera ilegal.

Para dimensionar la gravedad de la afrenta cometida contra México, debe recordarse que la inviolabilidad de las sedes y del personal diplomáticos son el más sagrado principio de las relaciones internacionales. Esto es cierto hasta tal punto que el único antecedente de violación a una embajada en América Latina ocurrió en Guatemala bajo un régimen genocida empeñado en exterminar a los pueblos indígenas que se oponían al saqueo de sus tierras por parte de una clase terrateniente respaldada y envalentonada por la CIA en el marco de la guerra fría. Ni siquiera las dictaduras de Augusto Pinochet en Chile y de la junta militar en Argentina se atrevieron a invadir las embajadas mexicanas cuando en éstas se refugiaron centenares de personas que huían del terrorismo de Estado.

Lo injustificable de la agresión ha suscitado una oleada de solidaridad internacional con México y una condena prácticamente unánime contra Noboa. La invasión de la sede diplomática fue repudiada por gobiernos progresistas que mantienen relaciones fraternas con la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador, pero también por países que se encuentran en las antípodas ideológicas de la autodenominada Cuarta Transformación. Incluso Estados Unidos, gran valedor de la derecha ecuatoriana, condenó la irrupción policial. Asimismo, se dio un cierre de filas interno en defensa de la soberanía nacional, con figuras de la oposición colocándose del lado de México por primera vez en el sexenio (e incluso cabe decir de algunos por primera vez en sus carreras políticas).

Por el contrario, el multimillonario mandatario de la nación andina se encuentra aislado fuera y dentro de su país, donde el asalto a la embajada mexicana para secuestrar al ex vicepresidente Jorge Glas ya le costó la pérdida de la mayoría parlamentaria. Es imposible comprender la conducta irracional de Noboa sin conocer quién es y de dónde viene. Se trata del hijo del hombre más rico de Ecuador y cinco veces candidato presidencial frustrado Álvaro Noboa, quien encabeza a la oligarquía golpista, entreguista y furiosamente antipopular derrotada por el ex presidente Rafael Correa y su Revolución Ciudadana en 2007. Correa resumió el esquema mental que guía el proceder de su sucesor: se trata, dijo, de un niño rico malcriado con banda presidencial que confunde la patria con una de sus haciendas bananeras.

Los Noboa y su grupo no perdonan al líder de la izquierda institucional el haber atemperado los aspectos más dañinos del neoliberalismo y crear un Estado social que permitió a millones de ecuatorianos salir de la pobreza, así como acceder a derechos básicos que les fueron históricamente negados por el empresariado rentista, extractivista y enriquecido no por su talento para los negocios, sino mediante su captura del Estado. Por ello, desde que la traición de Lenín Moreno restauró la versión más salvaje del capitalismo y relegó a Quito a la condición de vasallo de Washington, la oligarquía puso en marcha un operativo permanente de lawfare contra Correa y el correísmo. Glas es la más reciente víctima de esta cacería para borrar el progresismo de la escena política.

En el afán de consumar su venganza contra el correísmo y desviar la atención por sus fracasos internos, Noboa olvidó que él y el grupo al que representa cedieron la soberanía de Ecuador, pero México se encuentra inmerso en un arduo proceso de recuperación de su autonomía y no permitirá ningún acto que la menoscabe. En esta coyuntura, los tres poderes del gobierno, el conjunto de la clase política y la sociedad mexicana deben acompañar al Ejecutivo federal en las denuncias que emprenderá ante la Corte Internacional de Justicia, la Corte Penal Internacional y otras instancias multilaterales para hacer que el régimen ecuatoriano responda por sus inaceptables acciones contra México.

Diplomacia pendenciera de Ecuador
Por Antonio Gershenson, diario La Jornada

Era de esperarse. Otro mandatario latinoamericano se ha propinado un espectacular autogol, al violar el derecho internacional invadiendo territorio soberano de una embajada reconocida por su gobierno.

Al parecer, Daniel Roy Gilchrist Noboa Azín, presidente de Ecuador, no conoce los convenios que resguardan los derechos internacionales de asilo político. O tal vez los ignore por voluntad propia.

Recordemos cómo el gobierno de Lenín Moreno autorizó una especie de autoviolación diplomática al permitir que el grupo de espionaje llamado Scotland Yard irrumpiera en su propia embajada para arrestar –ilícitamente– a Julian Assange, periodista refugiado político en esa sede ecuatoriana durante siete años.

No queda duda, para dirigir un país no sólo es necesario obtener la mayoría de votos libres, es necesario que el aspirante a gobernar demuestre, con hechos, el incuestionable perfil político y, sobre todo, una incorruptible voluntad democrática.

En el caso de Daniel Noboa, empresario ecuatoriano y también estadunidense, ha demostrado ignorancia en los asuntos de política exterior, aunque también queda en evidencia su gran falta de cultura general y conocimiento sobre los convenios que ha firmado el país que gobierna.

Podríamos suponer, en todo caso, que la violación a la embajada mexicana se trata de una especie de ignorancia supina, combinada con una postura arrogante y pendenciera. Y si no es así, ¿por qué el trato violento al cuerpo diplomático mexicano?

La política exterior ecuatoriana está diseñada, en el gobierno actual, para ser un enclave intervencionista por parte de Estados Unidos. El repudio a los gobiernos progresistas del área por parte de la oligarquía estadunidense y la nacional, mantiene vigente la posibilidad de intervenir militarmente en todo aquel país que se atreva a defender su independencia y soberanía, que afecte la economía y la política de los gobiernos republicanos o demócratas.

Claramente, el gobierno de Ecuador justificó las medidas tomadas para secuestrar a Jorge David Glas Espinel, vicepresidente en el gobierno de Lenín Moreno y expulsado posteriormente, acusado de desviar fondos para programas sociales durante el periodo de Rafael Correa, ex presidente de esa nación.

En 2007, Glas dirigió el Fondo de la Solidaridad de ese país sudamericano, con la instrucción de utilizar las ganancias de esa organización para invertirlas en diversos programas sociales que caracterizaron al gobierno de Correa.

En el caso del secuestro de Glas, puesto que ya era refugiado político en la embajada de México, el asalto a la sede y maltrato al personal diplomático no procede como acto legal inscrito, ya sea en el convenio de Viena o en cualquier otro referente al derecho internacional.

La declaración de las autoridades judiciales ecuatorianas intenta avalar el atropello al territorio de la embajada de México en Ecuador. Y, por más que quieran disfrazar de lícito el acto de secuestro a un ex funcionario, la violación al derecho internacional de asilo político la han consumado.

Esta forma de actuar es un signo de que Noboa, además de poner en riesgo a la población ecuatoriana, también se autodevalúa como gobernante.

Cometieron un delito demasiado provocador. El 5 de abril de 2024 violaron flagrantemente la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas. La embajada mexicana, en cualquier parte del mundo, tiene derecho a proporcionar el asilo a quien lo solicite, por la razón que sea y, por supuesto, por motivos de persecución política.

En el artículo 22 de la convención firmada por Ecuador en 1961, claramente está escrito que son inviolables todos los espacios de las misiones diplomáticas. Ningún sitio puede ser objeto de ningún registro, requisa, embargo o medida de ejecución por parte de las autoridades del Estado receptor, es decir, de Ecuador, en este caso.

Al más puro estilo gringo, un comando policiaco asaltó la soberanía de un país hermano. Porque así nos hemos identificado históricamente.

La opinión internacional está fijando su postura. Varios países, entre ellos, Brasil, Cuba, Nicaragua, Chile, Venezuela y otros más, han manifestado su apoyo al pueblo y al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, único presidente en funciones que ha solicitado personalmente al presidente Joseph Biden que se respeten los derechos humanos violentados por su política belicista y atrasada en cuestión humanitaria.

Bienvenida la solidaridad internacionalista. Aunque les afecte emocionalmente a los amplios sectores de la caduca oligarquía mundial.

1 COMENTARIO

  1. El 24 de junio de 1976 fue secuestrada de la embajada de Venezuela en el Uruguay la maestra Elena Quinteros por grupos militares de la dictadura y eso llevo a la ruptura de relaciones diplomaticas entre Uruguay y Venezuela hasta finalizada la dictadura

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