La muerte del petrodólar es un legado de Biden

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La expiración del acuerdo de los petrodólares, entre Estados Unidos y Arabia Saudita, es emblemática. Es el comienzo de un desafío en cascada a la preeminencia del dólar como «moneda de reserva mundial».

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MK Bhadrakumar*.— El Estado Profundo debería haber estado alerta hace cinco años cuando el candidato Joe Biden anunció que, si era elegido presidente, estaba decidido a hacer que los gobernantes sauditas “pagaran el precio hasta convertirlos en los parias que son”.

Biden fue directo hasta el punto de ser brutal con la familia real saudita, diciendo que había “muy poco valor redentor en el actual gobierno de Arabia Saudita con el gobierno del rey Salman”.

En cambio, el Estado Profundo se sintió encantado que Biden fuera el hombre justo para suceder a Donald Trump quien olvido interesadamente las violaciones de derechos humanos de los sauditas para preservar los empleos en la industria armamentística estadounidense.

Biden probablemente ya sabía entonces que la inteligencia estadounidense había llegado a una conclusión sobre el papel de Mohammed bin Salman, el príncipe heredero saudí y líder de facto del país, en el asesinato de Jamal Khashoggi. El periodista era un «activo estratégico». de la CIA que trabajaba con el objetivo de lograr un cambio de régimen. La decapitación de Khashoggi paralizó el plan de Washington de instalar un gobernante dócil en Riad.

Hoy todo eso es historia. Pero a diferencia de los Borbones, la realeza saudita nunca olvida ni perdona. También tienen una paciencia infinita y un concepto propio del tiempo y el espacio. Y el pasado domingo 9 de junio atacaron.

Con estilo real, el domingo pasado Riad simplemente dejó que expirara el acuerdo de petrodólares de 50 años entre Estados Unidos y Arabia Saudita.

En resumen, el término “petrodólar” se refiere al papel fundamental del dólar estadounidense como moneda utilizada para las transacciones de petróleo crudo en el mercado mundial según el acuerdo entre Estados Unidos y Arabia Saudita que se remonta a 1974, poco después que Estados Unidos abandonara el patrón oro.

En la historia de las finanzas globales, pocos acuerdos han aportado tantos beneficios como el pacto del petrodólar para la economía estadounidense. En esencia, el acuerdo estipulaba que Arabia Saudita fijaría el precio de sus exportaciones de petróleo exclusivamente en dólares estadounidenses e invertiría sus excedentes de ingresos petroleros en bonos del Tesoro estadounidense y, a cambio, Estados Unidos proporcionaría apoyo y protección militar al reino.

El acuerdo -en el que, supuestamente todos ganaban- aseguró que Estados Unidos obtuviera una fuente estable de petróleo y un mercado cautivo para su deuda, mientras que Arabia Saudita garantizaba su seguridad. A su vez, la denominación del petróleo en dólares elevó el estatus del dólar como «moneda de reserva» mundial.

Desde entonces, la demanda mundial de dólares para comprar petróleo ha ayudado a mantener fuerte esta moneda; no sólo ha hecho que las importaciones sean relativamente baratas para los consumidores estadounidenses, sino que, en términos sistémicos, la afluencia de capital extranjero a los bonos del Tesoro estadounidense ha respaldado las bajas tasas de interés y un mercado de bonos sólido.

Basta decir que la expiración del acuerdo «petróleo por seguridad» entre Estados Unidos y Arabia Saudita de 1974 tiene implicaciones de largo alcance. En el nivel más obvio, destaca la cambiante dinámica de poder en el mercado petrolero con el surgimiento de fuentes de energía alternativas (por ejemplo, energías renovables y gas natural) y nuevos países productores de petróleo (por ejemplo, Brasil y Canadá) que están desafiando el  tradicional dominio de Asia occidental. Pero esto es más bien una cuestión de óptica a mediano plazo.

Fundamentalmente, la expiración del petrodólar podría debilitar al dólar estadounidense y, por extensión, a los mercados financieros estadounidenses. Si el precio del petróleo se fijara en una moneda distinta al dólar, podría provocar una disminución de la demanda mundial de esa moneda, lo que, a su vez, podría dar lugar a una mayor inflación, mayores tipos de interés y un mercado de bonos estadounidenses más débil.

Baste decir que en el futuro podemos esperar un cambio significativo en la dinámica del poder global con la creciente influencia de las economías emergentes, el cambiante panorama energético y un cambio tectónico en el orden financiero global con el ingreso de una era “postamericana”.  La conclusión es que el dominio del dólar estadounidense ya no está garantizado.

No hay duda que Arabia Saudita tiene una hoja de ruta elaborada. Cuatro días antes de la expiración del “acuerdo de petróleo por seguridad”, Reuters informó que Arabia Saudita se sumo a una prueba transfronteriza de moneda digital del banco central de China, «en lo que podría ser otro paso hacia una reducción del comercio mundial de petróleo en dólares estadounidenses”.

El anuncio del 4 de junio provino del Banco de Pagos Internacionales [BIS], con sede en Suiza, una institución financiera internacional propiedad de los bancos centrales de los países miembros.  Esto significa que el banco central saudí se ha convertido en un “participante de pleno derecho” del Proyecto mBridge, una iniciativa lanzada en 2021 por los bancos centrales de China, Hong Kong, Tailandia y los Emiratos Árabes Unidos.

El anuncio del BIS tomó nota que mBridge había alcanzado la etapa de «producto mínimo viable», es decir, está listo para pasar de la fase de prototipo. Por cierto, 135 países y uniones monetarias, que representan el 98% del PIB mundial, están explorando actualmente las monedas digitales de los bancos centrales, o CBDC.

La entrada en este mecanismo financiero de Arabia Saudita, una importante economía del G20 y el mayor exportador de petróleo del mundo, un escenario que anuncia la ampliación del comercio internacional de materias primas en una plataforma fuera del dólar, con una nueva tecnología detrás. Curiosamente, las transacciones mBridge pueden utilizar el código en el que se basa el e-yuan de China. La intención es modernizar los pagos con nuevas funcionalidades y proporcionar una alternativa al dinero físico, que de todos modos parece estar en declive terminal.

China domina el proyecto mBridge y está llevando a cabo el piloto CBDC nacional más grande del mundo, que ahora llega a 260 millones de personas y cubre 200 escenarios, desde comercio electrónico hasta pagos de estímulo gubernamental.

De hecho, otras grandes economías emergentes, incluidas India, Brasil y Rusia, también planean lanzar monedas digitales en los próximos uno o dos años, mientras que el Banco Central Europeo ha comenzado a trabajar en un proyecto piloto del euro digital con un posible lanzamiento en 2028.

Ahora, hay que añadir el plan maestro de Rusia para crear un nuevo sistema de pagos BRICS que evite por completo el dólar. La Bolsa de Moscú anunció el miércoles pasado que dejará de negociar dólares y euros a partir del jueves 13 de junio.

Por lo tanto, la expiración del acuerdo entre Estados Unidos y Arabia Saudita del fin de semana pasado es emblemática. Es el comienzo de un desafío en cascada a la preeminencia del dólar como «moneda de reserva mundial». En la práctica, se acerca el fin de la libertad ilimitada que disfrutaba Estados Unidos para imprimir dólares a voluntad y vivir mucho más allá de sus posibilidades e imponer su hegemonía global.

Existe una creciente inquietud entre la elite estadounidense ante la posibilidad que la buena vida esté llegando a su fin como consecuencia de la aplastante carga de la deuda que puede hundir  su economía.

En una entrevista con CNBC, la Secretaria del Tesoro, Janet Yellen, advirtió que las altas tasas de interés también están aumentando la carga mientras Estados Unidos trata de gestionar su enorme carga de deuda de 34,7 billones de dólares.

Por supuesto, todavía no hay alternativas claras al dólar estadounidense como principal moneda de reserva del mundo, pero lo que está escrito en la pared es que las tensiones comerciales globales y el uso de aranceles o sanciones podrían socavar su papel más temprano que tarde. De hecho las preocupaciones de los inversores extranjeros están aumentando las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda pública de Estados Unidos.

FitchRatings señaló el viernes pasado que “los grandes déficits primarios y los mayores costos de los servicios de intereses aumentarán la carga de la deuda soberana de Estados Unidos después de las elecciones de noviembre, independientemente de quién gane”.

En resumen, lo que hasta ahora parecía una rivalidad geopolítica en torno a la expansión de la OTAN y Taiwán (o el establecimiento de estándares comerciales y tecnológicos en la Cuarta Revolución Industrial) está adquiriendo una dimensión existencial para Washington mientras el futuro del dólar está en juego. Hay suficientes indicios que atestiguan las medidas coordinadas de Moscú y Beijing para acelerar el proceso de “desdolarización”.

Por un lado, Rusia está haciendo todo lo posible para presentar al mundo en la próxima cumbre de los BRICS un sistema de pago distinto del dólar para el comercio internacional, mientras que, por otro lado, China se está deshaciendo sistemáticamente de sus tenencias de bonos del Tesoro estadounidense que le dará más libertad cuando llegue el momento decisivo.

*Diplomático senior indio

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