
Jefes de Estado y de gobierno, ministros, representantes de la sociedad civil, historiadores y especialistas en derecho internacional que representan a más de 80 países se han reunido en Accra, la capital de Ghana, para una conferencia de tres días sobre la trata de esclavos que acabó ayer.
Hace casi tres meses la Asamblea General de la ONU declaró el tráfico de esclavos como el crimen más grave contra la humanidad. La conferencia contará con un evento el 19 de junio en el Castillo de Osu, una fortaleza del siglo XVII en la capital construida por los daneses que sirvió como centro para la trata de esclavos.
Un total de 123 países votaron en la ONU a favor de la declaración, mientras que tres, Estados Unidos, Israel y Argentina, votaron en contra y 52, incluido Reino Unido y todos los países miembros de la Unión Europea, se abstuvieron vergonzosamente.
La trata transatlántica de esclavos duró unos 400 años, desde principios del siglo XVI hasta finales del siglo XIX.
La resolución de la ONU marcó un momento decisivo para la campaña del continente africano por lo que califican como “justicia reparadora”, como la devolución de los objetos robados. En 1993 la Proclamación de Abuja exigió reparaciones por el colonialismo y la trata transatlántica de esclavos.
Una declaración del gobierno de Ghana dice que la época de los gestos conmemorativos se ha acabado y que los legados de la esclavitud continúan hoy.
El mes pasado el Papa León XIV pidió disculpas por el papel del Vaticano en la legitimación de la esclavitud y por el retraso en la condena de la práctica.

